lunes, 5 de abril de 2010

El Fuego Amable de la Paz brilla eternamente en nuestro Corazón

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No hay nada afuera de este Momento. Siempre nos encontramos, a salvo, en el Abrazo de la Divinidad. La Belleza, el Amor y la Paz nos envuelven permanentemente, pues son nuestro propio Ser, nuestra Esencia o Naturaleza Real.

Nada puede dañarnos, nada puede faltarnos. En la Creación no existe nada que sea ajeno a nuestro propio Ser. Un Amor infinito nos nutre permanentemente, se ocupa cada Momento de nosotros. Amor y Abundancia es Lo Que Somos, y es lo que tenemos a nuestra disposición eternamente, es nuestro Regalo para siempre. Podemos preocuparnos y creer en lo irreal, y luego de eso creernos separados de la Plenitud y tratar de buscarla, pero en cierto modo eso es como buscar las gafas que llevamos puestas, o buscar las llaves sin darnos cuenta de que las sostenemos en nuestra mano o las tenemos en el bolsillo. Esos sueños (preocuparnos por lo irreal) no son problemáticos; no pueden hacernos daño. Ningún sueño puede dañar la Realidad. Ningún espejismo puede dañar en lo más mínimo al Hijo de Dios, el cual es Plenitud Eterna.

Soñaremos mientras una parte de nosotros siga sintiendo el deseo de adormecerse en lo irreal, insistiendo en jugar con los sombras. Pero todo esto no son sino espejismos, no hechos consumados. Todos estamos destinados a despertar, puesto que los espejismos acaban por resultar cansinos y aburridos, y un día u otro acabamos por soltarlos, dejar de creer en ellos y recordar la Verdad Eterna de nuestro SER.

Los sueños, sueños son. Podemos elegir no dejarnos perturbar por ellos. Son espejismos sin importancia, aunque puedan parecer muy dolorosos cuando creemos en ellos. Sin embargo, un día vamos a cansarnos de todo esto, sintiéndonos aburridos de escuchar el mismo disco, la misma canción durante siglos y milenios. Y entonces vamos a despertar, vamos a recordar la Realidad, vamos a recordar que nunca hemos salido del Cálido Hogar Eterno, donde el Todo nos ama y nos refleja nuestra propia Plenitud. Tenemos derecho a ser felices, abundantes, a sentirnos plenos en nuestra eterna inmortalidad, pues todo eso es lo que somos. Tenemos derecho a disfrutar eternamente del Amor y la Felicidad que somos. Nunca hemos hecho nada malo. Nunca nadie ha hecho nada malo. Eso es imposible. Fueron sueños. El mal es imposible, pues sólo existe un SER y ese SER es AMOR.

Siempre podemos elegir si seguir creyendo en los sueños que hemos forjado, o si queremos recordar la Realidad, que es Amor. Vamos a despertar. Porque nos vamos a aburrir de seguir soñando siempre un triste sueño sin relevancia, totalmente irreal. La Verdad del Amor eterno nos mira y cuida constantemente, con ojos amorosos, nos reconoce como el Hijo de Dios que somos, y nos cuida mientras dormimos, preparándonos un dulce despertar.

Despertamos del sueño cuando estamos totalmente dispuestos a ello. Aburridos ya del mundo irreal y con ardiente deseo de recordar la Verdad, estando dispuestos a dejar de dar tanta credibilidad a lo irreal, para poner en cambio nuestra confianza en lo único que es Real: el Amor del SER que todos somos y Su Mundo de Felicidad.

Los sueños ya finalizaron. El tiempo no existe. El mundo irreal ya se disolvió. Y cuando estemos dispuestos, la Verdad va a amanecer tiernamente y vamos a despertar. Vamos a dejar de enfocar nuestra atención en el pasado, en los sueños. Y vamos a recordar lo benditos que somos, y disfrutar de nuestra Herencia Divina, nuestro Radiante Esplendor Inmortal.

Todos estamos a salvo en el Único Ser que existe, que es el AMOR del cual todos formamos parte. Los espejismos nada pueden contra lo eterno. Y nuestra eternidad es algo a lo que no podemos renunciar. Ni siquiera en sueños. Porque es Lo Que Somos.

Es muy digno y sensato permitirnos disfrutar. Y sentirnos con la confianza de quien se sabe divino, protegidos por el Poderoso y Amable Brazo de nuestro Padre, el Creador.
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