jueves, 24 de febrero de 2011

Diversidad en la Unidad

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Al repasar lo que consideras tu historia, observarás que, salvo raras excepciones, la raza humana ha sido constante a la hora de denunciar a sus semejantes por su diferencia. Se considera que si nuestras percepciones son correctas y, en consecuencia, verdaderas, la percepción distinta de otro ser constituye, por lo tanto, una falsedad. Apenas ahora la conciencia colectiva comienza a asumir que las incontables diferencias de perspectiva entre los seres no evidencian un mundo de falsedad, sino que son una muestra de los infinitos niveles de la verdad Divina, personificados en cada ser.

Cada cual habita una visión única y cada experiencia individual de la conexión Divina es diferente. Tal vez describas tu experiencia del despertar con las mismas palabras que otro individuo, o acaso descubras, al escuchar o leer las palabras de otro, que sus sentimientos describen los tuyos. Sin embargo, el lenguaje apenas se aproxima a la esencia de la experiencia. Y aunque muchas presuntas autoridades han salpicado el camino con señales tranquilizadoras y reconocibles, la experiencia real es tuya y sólo tuya. El lenguaje apenas alcanza a rozar la sensación de unidad con la propia Divinidad.

Así pues, al hablar debes saber que hablas para ti mismo. Tu verdad no puede ser la verdad de otro, pues cada cual percibe la vida a través de una lente que ofrece una visión adaptada únicamente a sus ojos. Al encontrarnos con las percepciones contradictorias de otro, tenemos la ocasión de contemplar, con fascinación, esas diferencias. La percepción diferente del otro no invalida la tuya, tan sólo añade la riqueza del contraste a la visión unificada del Uno.

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Nadie ha encontrado nunca a otro ser que perciba el mundo exactamente como él. Y así es como debe ser. Vuestras diferencias en el macrocosmos de tu mundo han inspirado históricamente guerras y atrocidades perpetradas recíprocamente. En estos tiempos, esas diferencias inspirarán el reconocimiento colectivo de la armonía potencial inherente a esa diversidad. Si todos silbaran la misma nota, no habría música. Si todos pintaran el lienzo de su creación vital con el mismo color, lo colectivo sería una visión insípida desprovista de contraste o detalle.

Al dejar de malgastar la energía invalidando las percepciones de otro como medio para reforzar las propias, creamos el espacio necesario para validar todas las variaciones de una visión compartida y asentamos el trabajo previo para una experiencia mutua de armonía. Este principio se puede aplicar interpersonal e interculturalmente, y forma la base a partir de la cual las diferencias que ahora te apartan de otro ser pasan a ser la fuerza que os une.

La clave para armonizar con la verdad de la visión de otra persona consiste en mantener la propia verdad como un tesoro que hay que honrar, valorar y proteger. En el reconocimiento de la verdad de tu perspectiva en la experiencia de la vida, descubres que la tuya es una valiosa pieza de la visión global de la realidad. Resístete a la tentación de renunciar a lo que tu experiencia y sensibilidad te han mostrado que eres. Inevitablemente, habrá presiones para que abandones tu visión y te unas a la actitud colectiva.

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Conserva tu visión. Y sabe que tu perspectiva es la que es porque tú eres quien eres: único. Tu propósito en la forma física es encarnar ese carácter único, no para imponérselo a otro, sino para manifestarlo gráficamente ante ti mismo.


"El Uno", capítulo 29 (libro mencionado aquí).
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1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho este escrito que has escogido para aportar ; resueno con lo que expresa.

    Saludos Cordiales

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