sábado, 9 de julio de 2011

¡No me digas!

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No hay nada. No hay nadie. Nadie a quien guiar. Nada que controlar. Nada que limitar. No reglas. No límites. No tiempo. No futuro. No pasado. No presente. No obstáculos. No aquí. No allí. No planes. No ausencia de planes. No deseos. No ausencia de deseos. No hay «sí». No hay «no». No hay camino. No hay que ser. No hay «no-ser». No cordura. No locura. No esclavitud. No liberación. No vida. No muerte. No placer. No dolor. No presencia. No ausencia. No «dentro». No «fuera». No «bien». No «mal». No «santidad». No «perversidad».

Hay un Único Sí, desnudo, que tiene «alma» de No.

Soy infinito, ilimitado, ingobernable, indescriptible, incontrolable, solo Yo Soy.

Para el iluso soy «rebelde», «desobediente», «peligroso», «perverso», «heterodoxo», «santo», «demonio», «sabio», «ignorante», «tiempo», «camino», «nadidad», «totalidad», «unidad», «dualidad», «amor», «reglas», «orden», «desorden», «existencia», «inexistencia»... pero solo Yo Soy, más allá de todas las ilusiones del iluso.

No hay manera de que la mente finita pueda comprenderme. Solamente puedo ser vivido. Y solo Yo Soy.

No «yo soy». Sí. No límites. No. Sí. ¿?
*

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