martes, 23 de agosto de 2011

Sonrisa invisible, sonrisa eterna

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La Vida siempre está sonriéndote. Eres Tú sonriendo. No hay nada más que Tú. No dos. Únicamente tu sonrisa invisible, sin boca. No existen palabras que puedan describirTe con justicia. Pero se siente; sin sentidos ni sensaciones: se siente. Lo sientes Tú, sólo Tú, el Corazón Único, lo Ilimitado.

La Gracia no deja de sonreírte. Dichosa lluvia eterna. Espléndido chaparrón; aplastante lluvia de Bondad, Amor triturador. Tras esta lluvia no queda nada. No hay nada. Sólo Tú.

Esta lluvia, esta sonrisa, este amor, esta bondad, no son algo delimitado al espacio ni al tiempo. No hay tiempo. Sólo Tú. Sólo Yo. Sólo Ser. Desde siempre y para siempre. Eternamente. Ahora.

Llévatelo todo. No quiero nada.

Sólo te quiero a Ti. Sólo me quiero a Ti. No existo si no es en Ti. Si «yo» existiera, detestaría todo lo que fuese sin Ti. No anhelo nada, ni tan siquiera existir. Tú y sólo Tú. Nada más. Plenitud serena.

Llévatelo todo. No quiero nada.

Plenitud sin fin.

De hecho, te lo llevaste todo, si es que acaso algo hubo que arrebatar. De hecho, nunca hubo un «yo» que nada quisiese.

Plenitud sin fin. Eternamente Ahora. Qué importan, pues, los disparates mentales.

Que desaparezca todo, si es que algo hay. No quiero nada de nada, ni siquiera un «yo» que pudiera querer.

Plenitud sin fin. Es Bello. El velo siempre fue un disparate inexistente, imaginado por el deseo y el miedo, o sea: las «ganas» de jugar.

¡Plenitud! Gozo gozándose a Sí mismo.
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