lunes, 12 de septiembre de 2011

Sucede

*
Aquel que no rechaza nada
sino que permite
que la luz de la comprensión ilumine todo
sin excepción
se desprende del velo del «quién»
y descubre lo indómito desconocido;
lo inmutable, feliz, sereno, eterno.

Aquello que, brillando en nuestro interior,
no odia nada
sino que ama y comprende todo,
es Dios infinito,
lo eternamente rejuvenecido,
el inseparable niño divino sonriente
jugando en el jardín de nuestro corazón.

Sabio es quien no clava las palabras
sino que las quema y se calienta con su fuego.
*

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