sábado, 11 de febrero de 2012

Liberación en un instante inmaculado

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Elige este preciso instante, ahora mismo, y piensa en él como si fuese todo el tiempo que existe.

Un Curso de Milagros (UCDM), Texto, Capítulo 15, I, 9, 5

La frase anterior forma parte del siguiente fragmento, que copio ahora más largo (quien disponga de UCDM puede leer si lo prefiere la primera sección completa, de ese capítulo 15):

Tal como el ego usa el tiempo, es imposible librarse del miedo. Pues el tiempo, de acuerdo con las enseñanzas del ego, no es sino un recurso de enseñanza para incrementar la culpabilidad hasta que ésta lo envuelva todo y exija venganza.

El Espíritu Santo quiere desvanecer todo esto
ahora. No es el presente lo que da miedo, sino el pasado y el futuro, mas éstos no existen. El miedo no tiene cabida en el presente cuando cada instante se alza nítido y separado del pasado, sin que la sombra de éste se extienda hasta el futuro. Cada instante es un nacimiento inmaculado y puro en el que el Hijo de Dios emerge del pasado al presente. Y el presente se extiende eternamente. Es tan bello, puro e inocente, que en él sólo hay felicidad. En el presente no se recuerda la obscuridad, y lo único que existe es la inmortalidad y la dicha.

Esta lección no requiere tiempo para aprenderse. Pues, ¿qué es el tiempo sin pasado ni futuro? El que te hayas descarriado tan completamente ha requerido tiempo, pero ser lo que eres no requiere tiempo en absoluto. Empieza a usar el tiempo tal como lo hace el Espíritu Santo: como un instrumento de enseñanza para alcanzar paz y felicidad. Elige este preciso instante, ahora mismo, y piensa en él como si fuese todo el tiempo que existe. En él nada del pasado te puede afectar, y es en él donde te encuentras completamente absuelto, completamente libre y sin condenación alguna. Desde este instante santo donde tu santidad nace de nuevo, seguirás adelante en el tiempo libre de todo temor y sin experimentar ninguna sensación de cambio con el paso del tiempo.

El tiempo es inconcebible sin cambios, mas la santidad no cambia. Aprende de este instante algo más que el simple hecho de que el infierno no existe. En este instante redentor reside el Cielo. Y el Cielo no cambiará, pues nacer al bendito presente es librarse de los cambios. Los cambios son ilusiones que enseñan los que no se pueden ver a sí mismos libres de culpa. En el Cielo no se producen cambios porque Dios es inmutable. En el instante santo, en que te ves a ti mismo resplandeciendo con el fulgor de la libertad, recuerdas a Dios. Pues recordarle es recordar la libertad.


UCDM, Texto, Capítulo 15, sección I, desde el final del párrafo 7 (7, 6) hasta el párrafo 10 completo

Un poco más abajo, menciona algo importante, relacionado con no excluir a nadie de nuestro bien, pues el instante santo donde soltamos la mente limitada, el pasado y el futuro, es como un amor resplandeciente que llevamos con nosotros en todo momento a todas partes, compartiéndolo con todo y con todos:

Mas nunca le podrás dar al Espíritu Santo ese instante santo en favor de tu liberación, mientras no estés dispuesto a dárselo a tus hermanos en favor de la suya. Pues el instante de la santidad es un instante que se comparte, y no puede ser sólo para ti. Cuando te sientas tentado de atacar a un hermano, recuerda que su instante de liberación es el tuyo. Los milagros son los instantes de liberación que ofreces y que recibirás. Dan testimonio de que estás dispuesto a ser liberado y a ofrecerle el tiempo al Espíritu Santo a fin de que Él lo use para Sus propósitos.

UCDM, Texto, Capítulo 15, sección I, párrafo 12

Cuando incurrimos en innecesarias discusiones o roces con nuestros hermanos, esto es síntoma de que aún no hemos soltado completamente el pasado. No vemos a nuestro hermano, sino al pasado que proyectamos sobre él. Pero ni el pasado ni el futuro pueden aferrarse al instante santo, como tampoco pueden permanecer los pensamientos o emociones de separación. En el instante santo, todo es uno y no hay ni pasado ni futuro ni ninguna "guerra" posible. Es pura paz.

En la sección II, comenta también:

¿Cuánto tiempo se puede tardar en llegar allí donde Dios quiere que estés? Pues ya estás donde siempre has estado, y donde has de estar eternamente. Todo lo que tienes, lo tienes para siempre. El instante bendito se extiende para abarcar al tiempo, del mismo modo que Dios se extiende a Sí Mismo para abarcarte a ti. Tú que te has pasado días, horas e incluso años encadenando a tus hermanos a tu ego a fin de apoyarlo y proteger su debilidad, no percibes la Fuente de la fortaleza. En este instante santo liberarás a todos tus hermanos de las cadenas que los mantienen prisioneros y te negarás a apoyar su debilidad o la tuya.

No te das cuenta de cuán desacertadamente has utilizado a tus hermanos al considerarlos fuentes de apoyo para el ego. (...) Siempre se puede reconocer a un Hijo de Dios que ha sido liberado a través del Espíritu Santo en un hermano. No puede ser negado. Si todavía tienes dudas, es tan sólo porque no has otorgado completa liberación. Y debido a ello todavía no le has dado al Espíritu Santo un solo instante completamente. Pues cuando lo hayas hecho, no te cabrá la menor duda de que lo has hecho. Estarás seguro porque Su testigo hablará tan claramente en favor de Él, que oirás y entenderás. Seguirás dudando hasta que oigas un testigo al que hayas liberado completamente a través del Espíritu Santo. Y entonces ya no dudarás más.

Aún no has tenido la experiencia del instante santo. Pero la tendrás y la reconocerás con absoluta certeza. (...) Puedes practicar el mecanismo del instante santo y aprender mucho de ello. Mas no puedes suplir su deslumbrante y reluciente fulgor, que literalmente te cegará sólo con que lo veas, impidiéndote ver este mundo. Y todo ello se encuentra aquí, en este mismo instante, completo, consumado y plenamente otorgado.

Empieza ahora a desempeñar el pequeño papel que te corresponde en el proceso de aislar el instante santo. Recibirás instrucciones muy precisas a medida que sigas adelante. Aprender a aislar este segundo y a experimentarlo como algo eterno, es empezar a experimentarte a ti mismo como que no estás separado. No tengas miedo de que no se te vaya a ayudar en esto. El Maestro de Dios y Su lección respaldarán tu fortaleza. Es sólo tu debilidad lo que se desprenderá de ti cuando comiences a practicar esto, pues al hacerlo experimentarás el poder de Dios en ti. Utilízalo aunque sólo sea por un instante, y nunca más lo negarás. ¿Quién puede negar la Presencia de aquello ante lo cual el universo se inclina con júbilo y agradecimiento? Ante el reconocimiento del universo que da testimonio de Ella, tus dudas no pueden sino desaparecer.


UCDM, Texto, Capítulo 15, sección II, párrafos 3 al 6 (aunque no completo)

En realidad todo el capítulo 15, que se titula "EL INSTANTE SANTO", va sobre este tema, aunque puestos a leerlo completo, casi mejor sondear el leer antes los 14 capítulos anteriores y así entender el sentido con el que las explicaciones van hilvanadas. Los fragmentos que he copiado pueden dar una idea, aunque incompleta, de uno de los aspectos de la enseñanza de Un Curso de Milagros.

¡Saludos!
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