jueves, 18 de junio de 2015

Abierto a lo Uno

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Todo lo que quiere Dios es Darse a Sí Mismo, compartir Su Ser. 

En cada ahora... ¿estamos recibiéndoLe? ¿O rechazándoLe?

No obstante, en cada ahora seguimos estando invitados a permitir que, en nosotros, Él se reconozca a Sí Mismo. Aún más: que tanto en "nosotros" como en "todas partes" haya un reconocimiento de lo que es. Y así saborear lo que desde siempre se ES, en eterna plenitud única, unida, amorosa, libre, feliz e intemporal. Ahora. En el eterno Momento de brillante y apacible bondad, infinitamente rico en su espontánea inmutabilidad. Una inmutabilidad no "muerta", sino brillante, imprevisible, ilimitada, viva, alegre, creativa, "burbujeante": Dios no se cansa de sorprenderse constantemente a Sí Mismo, siempre para bien, sin que ello implique un cambio en Su naturaleza inmutable. Tampoco implica tiempo, porque en Dios no hay tiempo. Mejor dejar aquí lo que de todos modos no se puede describir con palabras. Si hubiera que insinuarlo, como pista, con una sola palabra, valdría cualquiera de las palabras que suelen inspirar: Amor, Felicidad, Paz, Unidad, etc. Pero tal vez mi preferida en este instante sea la palabra Plenitud.
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