martes, 3 de julio de 2012

Unos libros de psicología

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Los incluyo en la Biblioteca, la cual la he seguido actualizando de vez en cuando. En este post, reúno unos pocos libros de psicología con sus respectivos links de descarga, por si a alguien le va el tema:

«El mito de la enfermedad mental». 1961. Autor: Thomas Szasz (psiquiatra). Link de descarga: http://nytz.files.wordpress.com/2012/07/0011961el-mito-de-la-enfermedad-mental-szasz-thomas-ed-amorrortu-2008.pdf

«Ideología y enfermedad mental». 1970. Thomas Szasz. Link de descarga: http://nytz.files.wordpress.com/2012/07/0021970ideologc3ada-y-enfermedad-mental-szasz-thomas.pdf

«El libro del Ello». 1923. Georg Groddeck (médico). Link de descarga: http://nytz.files.wordpress.com/2012/07/0071923el-libro-del-ello-georg-groddeck.pdf

Thomas Szasz es un psiquiatra que se atrevió a poner en tela de juicio algunos de los paradigmas centrales de la psiquiatría, considerándolos mitos (en cierto modo: prejuicios). Sus libros son un referente dentro del mundo de la psicología/psiquiatría. Ficha en la Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Szasz

Georg Groddeck fue un médico anti-convencional, quien simpatizó con el psicoanálisis pero lo aplicó no sólo a lo mental, sino a sus propios pacientes con enfermedades físicas, con resultados sorprendentes. Fue considerado, en cierto modo, un raro entre los raros. http://es.wikipedia.org/wiki/Georg_Groddeck

Dejo unas frases de Thomas Szasz, de otro de sus libros («El segundo pecado»):

Filosofía es, literalmente, amor al conocimiento; fobosofía es miedo al mismo. Obviamente, en el mundo hay más «fobósofos» que «filósofos». 

Nota: en los siguientes ejemplos se refiere al "poder" de las palabras o del lenguaje. A veces, llamando a las cosas con otro nombre, se hace pensar que son cosas diferentes.

Mendacidades médicas: 

☼ A la prevención de la paternidad la llaman «paternidad planificada». 

☼ Al homicidio cometido por médicos lo llaman «eutanasia».

☼ Al encarcelamiento ordenado por los psiquiatras lo llaman «hospitalización mental ». 

Quod licet Jovi, non licet bovi (Lo que se permite a Júpiter no se permite a la vaca): 

☼ Los policías reciben sobornos; los políticos reciben aportaciones a la campaña. 

☼ La marihuana y la heroína las venden traficantes; de cigarrillos y el alcohol los venden comerciantes. 

☼ Los pacientes mentales que recurren a los tribunales para recuperar su libertad son agitadores; los psiquiatras que usan los tribunales para privar a los pacientes de su libertad son terapeutas.

☼ Si la General Motors vende coches, lo llaman publicidad; si el Instituto Nacional de la Salud Mental vende psiquiatría, lo llaman educación; si una buscona vende relaciones sexuales, lo llaman importunar; si un pillete callejero vende heroína, lo llaman traficar con droga.

 Nota: Los dos libros de Thomas Szasz que incluyo arriba como descargas son de un tema más serio y profundo que estos ejemplos ligeros sacados de otro de sus libros, que son sobre otro tema pero estos ejemplos cortos quedan mejor para citar algo breve en un post.

Otra cita de Thomas Szasz, también del libro «El segundo pecado»: El tema dramático central de la vida puede reducirse a la siguiente exigencia que las personas se hacen unas a otras: «¡Acepta, haz válida y refuerza mi fantasía acerca de mí mismo! Si no, no te amaré, te castigaré, te dejaré, te mataré». Resumiendo: «¡Certifica mi autenticidad, o ya verás!».

Y de ese mismo libro, pero tocando ya parte de lo que es el tema principal en los libros linkeados arriba, extraigo estos fragmentos:

Idiopático: palabra de la jerga médica que significa «No sabemos qué es, cuál es su causa ni que podemos hacer para curarlo..., pero no lo reconoceremos ante los profanos y parientes». [Efectivamente, en la Wikipedia leemos: Idiopático es un adjetivo usado primariamente en medicina, que significa de irrupción espontánea o de causa obscura o desconocida. La combinación de raíces del griego significa "una enfermedad de etiología desconocida"]

Palabras tranquilizadoras: tipo de mendacidad médica consistente en que el doctor le comunica al paciente falsedades calculadas que, según el doctor, son lo que el paciente quiere oír. 

Tratamiento: 1. Intervención que el paciente pide al médico para aliviar o curar una enfermedad. 2. Castigo (como en la expresión «Vamos a aplicarle el tratamiento...»); goza de especial popularidad en las instituciones psiquiátricas y en los países totalitarios. 3. Cualquier cosa, generalmente de naturaleza desagradable, que queramos hacerle a otra persona. A menudo se confunde con lo que nuestros insensibles antepasados llamaban «castigo», pero que ahora, gracias a los descubrimientos de la psiquiatría moderna, comprendemos que son formas de tratamiento médico. 

El concepto de «tratamiento» es el gran legitimador de nuestra época. Llamen «tratamiento» a lo que quieran hacer y al instante les aclamarán como grandes bienhechores y científicos. Freud decidió escuchar a las personas y hablar con ellas, de modo que llamó «terapia» a la conversación y a ahora se reconoce el psicoanálisis como una forma de tratamiento médico. Cerletti decidió aplicar sacudidas eléctricas a las personas, así que llamó «terapia» al electrochoque y también a éste se le reconoce ahora como un tipo de tratamiento médico. Masters decidió enseñar a los hombres a actuar sexualmente, de manera que llamó «terapia» a proporcionarles prostitutas y el proxenetismo se convirtió en una nueva variedad de tratamiento médico. 

Cuando una persona come demasiado acortan sus intestinos; a esto lo llaman «operación de derivación por obesidad». 

Cuando una persona piensa demasiado le extirpan parte del cerebro: a esto lo llaman «lobotomía frontal por esquizofrenia».

(...)

El diagnóstico psiquiátrico es una afirmación relativa al paciente que tiene utilidad para el psiquiatra. El síntoma psiquiátrico es una afirmación relativa al paciente que es útil para el paciente. 

So capa de diagnosticar una enfermedad, el psiquiatra descalifica las desviaciones. 

El problema de los diagnósticos psiquiátricos no estriba en que carezcan de sentido, sino en que pueden usarse y a menudo se usan como porras semánticas: romper la dignidad y la respetabilidad del paciente le destruye tan eficazmente como partirle el cráneo. La diferencia es que todo el mundo reconoce al de la porra como un criminal, pero no ocurre lo mismo en el caso de quien empuña un diagnóstico psiquiátrico. 

La formación psiquiátrica es el adoctrinamiento ritualizado del joven médico en la teoría y la práctica de la violencia psiquiátrica.

[...]

No hay ni puede haber abusos de la psiquiatría institucional porque la psiquiatría institucional es ella misma un abuso, del mismo modo que no había ni podía haber abusos de la Inquisición porque la misma Inquisición era un abuso. A decir verdad, de igual manera que la Inquisición era el abuso característico y, quizá evitable, del cristianismo, la psiquiatría institucional es el abuso característico y tal vez inevitable de la medicina. 

El problema principal de la psiquiatría institucional es la violencia: la posible y temida violencia del loco, y la violencia real de la sociedad y la psiquiatría institucional contra él. 

La legitimidad de la psiquiatría institucional se apoya directamente en la premisa dual de que los «pacientes» carecen de autodominio y, por consiguiente, son incapaces de ejercer la autodeterminación, y de que los «terapeutas» no sólo poseen estas cualidades, sino que son además expertos capacitados profesionalmente para la «protección de los mejores intereses de los enfermos mentales». 

La psiquiatría institucional satisface una necesidad básica de los seres humanos: validarse uno mismo como bueno (normal) invalidando al otro como malo (enfermo mental). 

El «depresivo» tiene la moral abatida; el psiquiatra se la levanta por medio de fármacos. 

El «maníaco» tiene la moral alta; el psiquiatra utiliza fármacos para bajársela.

Estos ejemplos ilustran el principio en que se basa la psiquiatría institucional (y orgánica): todo lo que haga el paciente está mal, y todo lo que haga el psiquiatra está bien. 

La psiquiatría institucional se ocupa de juicios; la teoría psicoanalítica, de justificaciones.

Los hospitales mentales son los campos de prisioneros de nuestras guerras civiles no declaradas ni expresadas. 

La hospitalización mental voluntaria: la amenaza de que «Si no vienes por las buenas, será peor para ti» aplicada a personas a las que se acusa de enfermedad mental. 

La hospitalización mental forzosa: según los pacientes de los hospitales mentales, encarcelamiento por un período indefinido sin delito, juicio ni sentencia; según los psiquiatras de los hospitales mentales, un procedimiento tan raro que prácticamente no existe, al que sólo se recurre para proteger a los enfermos mentales y que únicamente rechazan los que sienten temores paranoicos y hostilidad ante los psiquiatras institucionales. 

De hecho ninguna persona encerrada en un hospital mental es libre de irse cuando quiera. No obstante, la ley distingue entre dos clases de pacientes de hospital mental: voluntarios y forzosos. Los pacientes voluntarios piensan que pueden irse del hospital; los forzosos saben que no pueden. El paciente voluntario está equivocado y el forzoso está en lo cierto. No obstante, los psiquiatras insisten en que los pacientes voluntarios sufren de enfermedades mentales benignas, mientras que las que padecen los pacientes forzosos son graves. Ello se debe a que los primeros tienen creencias falsas que convienen al psiquiatra, mientras que los segundos tienen creencias verdaderas que no le convienen. 

Desde hace mucho tiempo, está de moda lamentar, y denunciar la inhumanidad de encarcelar a hombres cuerdos en manicomios. Según los que piensan así, encarcelar a los supuestos locos es permisible, toda vez que para ellos la «hospitalización» es una forma de tratamiento médico, sin duda desagradable, pero siempre necesario y a menudo útil. 

Esta opinión es desacertada, y no sólo porque la enfermedad mental no existe. También lo es porque se basa en un error fundamental al interpretar la ética médica. En medicina se permite una intervención peligrosa o mutiladora no tanto porque ayude a la persona enferma a recuperarse de su enfermedad como porque dicha persona la desea. Por ejemplo, a un paciente que tiene cáncer de pulmón se le puede extirpar parte de ese órgano. Sería verdaderamente horrible si un cirujano le hiciera lo mismo a una persona cuyo pulmón está sanísimo. Pero también sería horrible si un cirujano se lo hiciera a un enfermo de cáncer contra la voluntad de éste. Porque, a fin de cuentas, lo que hace que una intervención médica sea permisible desde el punto de vista moral no es el hecho de que sea terapéutica, sino que el paciente la desea. De modo parecido, lo que hace que la intervención casi médica de la hospitalización psiquiátrica forzosa no sea moralmente permisible no es su carácter dañino, sino que se trate de algo que el supuesto paciente no quiere.

La hospitalización mental involuntaria es como la esclavitud. Mejorar los criterios que rigen el ingreso en un hospital mental viene a ser como adornar las plantaciones de esclavos. El problema no consiste en cómo mejorar los requisitos de ingreso, sino en cómo abolir esta clase de hospitalización.

[...]

Hoy día [este libro, El segundo pecado, fue publicado en 1972], especialmente en Estados Unidos, todas las dificultades y todos los problemas de la vida se consideran enfermedades psiquiátricas y, en mayor o menor medida, a casi todo el mundo se le considera un enfermo mental. De hecho, no es exagerado decir que la vida misma se ve ahora como una enfermedad que empieza con la concepción y termina con la muerte, y que mientras dura necesita a cada paso la ayuda de los médicos y sobre todo de los profesionales de la salud mental.

En los libros linkeados arriba lo explica de manera larga y profunda, detallando exactamente a qué se refiere, con numerosos ejemplos y haciendo un repaso a la historia de la psiquiatría, en lo que resulta una crítica fuerte aunque en su opinión constructiva, pues es necesario percatarse de los errores para corregirlos. 

Ahora una referencia acerca de Georg Groddeck, copiada de la Wikipedia: «Aquel que llega a la conclusión de que yo medico mentalmente a un humano que se rompió la pierna tiene razón —pero ajusto la fractura y protejo la herida. Y entonces le doy un masaje, hago ejercicios con él, le doy a la pierna baños diarios con agua a 45°C por media hora y cuido que no se inflame ni supure, y cada tanto le pregunto: ¿por qué se rompió la pierna, “usted mismo”?».

Copié dos frases de Georg Groddeck en este post: http://jugandoalegremente.blogspot.com.es/2012/06/lo-que-rechazas-en-otros-es-lo-que-no.html

¡Saludos!
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