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domingo, 27 de febrero de 2011

No hay necesidad de que ganes lo que ya Eres

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No hay un lugar al que llegar más allá de donde estás.

No podemos alcanzar lo inalcanzable. No podemos llegar a un destino del que nunca hemos salido. Tan sólo podemos saber que estamos aquí —Ahora—.

Todas las posibilidades son opciones viables. Aquello que determina lo que experimentamos y lo que no apenas es una elección.

La cuestión, entonces, no es tanto lo que elegimos hacer como la intención con la que lo hacemos.

No hay necesidad de que ganes lo que ya Eres.

El Uno


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sábado, 26 de febrero de 2011

¿Quién soy? No hay reglas definitivas para Uno reconocerse como el Testigo

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No hay reglas definitivas respecto a lo que está bien y lo que está mal, más allá de las que has creado para ti mismo.

(...)

A medida que te separas de los detalles de tu conflicto personal, y obedeces tu rutina estandarizada como un robot, empiezas a observarte desde la perspectiva de la pura conciencia. Este nivel de tu conciencia es susceptible de separarse de la personalidad que identificas como tu «yo» y observar objetivamente la interpretación del personaje que has creado. Conforme te sumerges más profundamente en tu propia esencia, distingues con claridad aquello que eres en realidad y aquello que es una obra maestra de tu creación.

(...)

Si decides impugnar los estándares autoimpuestos, has de saber que puedes hacerlo asumiendo plenamente las implicaciones de esa decisión y evitando así las consecuencias de la vibración de represalia. No eres víctima de tus adicciones, tus anhelos o deseos desenfrenados. Eres un actor plenamente responsable de tus reacciones ante las decisiones adoptadas. Al abordar así todas las alternativas, contribuyes a disipar la carga vibratoria que atrae consecuencias indeseables.

Si te llevas a la boca un dulce proscrito, hazlo aceptando tu decisión, saboreándolo y respetándote al hacerlo, en lugar de poner en ello la energía del engaño y odiarte por eso. Toma tus decisiones plena y conscientemente, y así serán lo mejor para ti.

No hay decisiones acertadas o erróneas. Sólo acción y reacción. Y ambas se entretejen en la eterna danza de la vida. Podrás afinar tu habilidad cuando te distancies de la ilusión de la danza y te observes a ti mismo mientras la practicas. El siguiente paso lógico consiste en preguntarse quién es el observador. Si no eres la ilusión que gira sumisamente en la pista de baile, ¿quién es el coreógrafo y la audiencia del Uno?

Esta eterna pregunta es el punto central que marca el principio de tu búsqueda para trascender el reino de la ilusión y experimentar la plenitud del universo de posibilidades. Aquí es donde en realidad vives. Aquí, en la infinitud de tu desenfrenado gozo en la experiencia de la vida.

La visión de la identidad que representas te permite trascender la limitación de ese mismo ejemplo y conocerte como realmente eres. La identidad se construye a partir de los cimientos de aquello que has hecho. Y lo que eres no tiene que ver con lo que has hecho. Aquel a quien quieres descubrir en el proceso de esta búsqueda no necesita hacer nada para conocer quién Es realmente. En el estado de «Es-idad» no hay lugar para el juicio o cuestiones como el mérito o la falta de mérito. Uno Es, simplemente. El gozo que nos embarga con el mero acto de ser es invulnerable a los aspectos susceptibles de distraer a quien está atrapado en el drama de la ilusión. Aquel a quien has tenido una fugaz oportunidad de conocer no se ve afectado por las pruebas y tribulaciones de tu conflicto. Ese Uno sencillamente Es. Y conoce. E irradia el gozo de esa «Es-idad» —ese conocimiento—.

Tras haber experimentado ese aspecto de lo que eres, tendrás un punto de referencia al que recurrir cuando entren en juego los inevitables retos que surgen en el mundo de la ilusión. Este centro intocable es semejante al ojo del huracán, donde todo está tranquilo y sereno a pesar de los torbellinos circundantes. Este centro es el refugio que en realidad habitas. En última instancia, el punto de vista de ese centro es el que llevas contigo al internarte en el mundo de la ilusión. Asumirás la perspectiva del testigo. Y poco a poco, a medida que te distancies de los detalles de tu conflicto, sentirás que planeas sobre la superficie de las circunstancias más turbulentas, consciente de que ya no te afectan.

La verdad de quien eres yace en tu interior. Ahora mismo. No es algo que puedas alcanzar escuchando un número determinado de sermones de los individuos más instruidos. No necesitas padecer grandes austeridades para alcanzarlo ni nada que entrañe sufrimiento o sacrificio. No es un estado que puedas «comprar» con la obediencia a uno de los muchos dogmas religiosos que tu mundo ofrece. El Uno se experimenta a través del vehículo de la visión original de uno de esos caminos, o en el sendero que trazamos en las inexploradas junglas de la propia conciencia. Se experimenta y se conoce. Y nunca se olvida.

Tal vez hayas pasado buena parte de tu vida buscando un conocimiento que todo el tiempo guardabas en tu interior; y, tal vez, hayas vislumbrado parcialmente aquello que buscabas, sin advertir de qué se trataba. El estado de conciencia silenciosa no es fácil de reconocer. Es sutil. Tan sólo está ahí —y estás ahí— y, después, regresas abrazando la ilusión, una y otra vez. Empiezas con un relámpago de iluminación, la sensación de una visión de conjunto, y, luego, esa lucidez se evapora una vez más.

Por último, retenemos la perspectiva de la pura conciencia. Y a medida que seguimos ascendiendo vibratoriamente a través de los niveles sucesivos de la percepción física, advertimos que hemos encarnado la «Es-idad» que descubrimos en el ojo del huracán. Cuando reconoces esta perspectiva y adviertes que preside la conciencia, sabes —sin saber cómo lo sabes— que ya no estás donde estás.

Desde ese punto de vista, el mundo en que has nacido, y en el que has representado animadas escenas de tu conflicto personal, está condenado al reino de los recuerdos —un archivo de experiencias que puedes visitar a voluntad—. Sin embargo, ahora, al volver a esos episodios, lo haces desde una perspectiva global.

(...)

Ahora, la comprensión es instantánea. Y el autorreconocimiento apenas produce un murmullo en las aguas de la conciencia. Tan sólo el conocimiento de lo que era —gracias al punto de vista de lo que ahora Es— y un aplastante sentido de la gratitud por la riqueza de la aventura.

La perspectiva del testigo no permite la auto-recriminación o el lamento. Las circunstancias fueron así por una buena razón. (...) No habrías alcanzado la perspectiva del verdadero conocimiento si no hubieras pasado por los detalles vívidos de tu verdadera experiencia.

Ahora debes ofrecer a otros la lucidez de una experiencia ganada a pulso. Ahora puedes ayudar de verdad a quienes se encuentran en pleno proceso de despertar. Ahora estás en posición de dejar tu huella en el mundo —un momento compasivo—. Ahora puedes hablar desde el autoconocimiento. Y ese punto de vista sólo es posible al contemplar con ojos atentos la reposición de tu película.

(...)

El Yo al que nos referimos ha pasado de la miope definición lineal del yo con el que emerges a tu conciencia en esta vida a una percepción expandida de lo que uno Es. La ilusión que conformaba la suma total de la identidad lineal también caerá. Y en su lugar, experimentarás la percepción de ti mismo sin límites en el tiempo y el espacio.

Cuando uno está preparado para dar un paso adelante ataviado únicamente con conciencia de sí mismo, habrá realizado la transformación que marca el punto de inflexión largo tiempo anunciado como iluminación. Éste es un hito en tu camino, un punto focal de la conciencia que denominarás «alma». Y es un remanso en el camino de ascensión que se ha convertido en el asunto principal de esta vida.


El Uno (capítulo 33 del libro)

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viernes, 25 de febrero de 2011

Muchos caminos, infinitos caminos... cada camino es único aunque todos conducen a un mismo destino

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Hay muchos caminos tradicionales que ofrecen fórmulas pensadas para llevar al buscador espiritual a sucesivos niveles de conciencia en la conexión Divina. Y esos métodos han ayudado a muchos en esta búsqueda atemporal. Sin embargo, hay que comprender que no es necesario adoptar uno de los métodos tradicionales o de las aceptadas disciplinas espirituales a fin de alcanzar los niveles disponibles.

Ningún menú te limita a la hora de alcanzar El Uno, pues los posibles caminos que te conducen al destino de tu viaje son ilimitados. Algunos han sido descubiertos y desarrollados con elaborados sistemas que, si se siguen meticulosamente, facilitan el viaje. Sin embargo, para algunos este enfoque es como «pintar siguiendo los números». De cualquier modo, el resultado quedará plasmado en el lienzo. Cada uno puede elegir cómo experimentar el proceso de creación del propio trabajo artístico.

Quizá prefieras hacer el viaje por un camino bien señalado, junto a otros, con mapas, guías y maestros que quieran mostrarte la senda. Pero, inevitablemente, se trata de un camino interior. Las guías y libros de viaje no pueden llevarte más lejos. Una vez marcada tu trayectoria, el viaje pasa a ser una experiencia solitaria que no puede imitarse. No se te exige seleccionar ni practicar una reconocida disciplina espiritual ni adoptar una religión para realizar plenamente tu sagrado viaje al Uno.

(...)

Muchos preferirán no experimentar el viaje sagrado a través de un camino establecido y buscarán en su santuario interior una senda que los lleve al mismo destino. No hay caminos correctos ni caminos falsos hacia El Uno. Y no hay modo de determinar, entre el infinito número de caminos posibles, cuál es el más directo, pues cada camino es único.

(...) Todo cuanto hayas leído o escuchado, o lo que te hayan enseñado respecto a cuál es el camino espiritual correcto, es menos importante que lo que te ha mostrado tu experiencia. (...)

(...) (varias páginas después...)

Lo que buscas está dentro de ti mismo.

(...)

Asimismo, no cedas a la tentación de tratar de convertir a tu familia y amigos a tu nueva dirección espiritual, si no han mostrado cierta predisposición. Tu camino es sólo tuyo. Y tienes tanto derecho a convencer a otro ser de tu verdad personal como ellos de hacerlo contigo. Concede a los demás la libertad que buscas para ti, y habrás demostrado aquello que más deseas compartir con los demás.

Enseña con el ejemplo aquello que ansías compartir.

(...)

Es mucho más poderoso vivir tu vida que predicarla.


"El Uno", fragmentos del capítulo 29 (referencia sobre este libro: aquí).

Y del capítulo 32 extraigo lo siguiente:

Tu propio resplandor ayudará a iluminar la senda de quienes caminan junto a ti, aunque sólo sea un instante, simplemente por compartir la sinceridad de tu propio momento. No es necesario intentar nada para ayudar a otro que pasa por una lección que tú has aprendido duramente. Por el mero hecho de estar presente y sistener esa vibración trascendente, le proporcionas el estímulo necesario para descubrir lo que tenía ante sus ojos todo ese tiempo. Y así has obrado.

(...)

En realidad, hay un solo Ser.

(...)

Resulta evidente que no hay hechos azarosos. Las presuntas coincidencias, a las que antes no dabas importancia, distan mucho de ser irrelevantes.

(...)

Es el ser colectivo el que asciende, aunque, desde tu punto de vista personal, te da la impresión de que sólo tú efectúas los saltos cuánticos.

(...)

Eres ese Uno.


El Uno (***)
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jueves, 24 de febrero de 2011

Diversidad en la Unidad

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Al repasar lo que consideras tu historia, observarás que, salvo raras excepciones, la raza humana ha sido constante a la hora de denunciar a sus semejantes por su diferencia. Se considera que si nuestras percepciones son correctas y, en consecuencia, verdaderas, la percepción distinta de otro ser constituye, por lo tanto, una falsedad. Apenas ahora la conciencia colectiva comienza a asumir que las incontables diferencias de perspectiva entre los seres no evidencian un mundo de falsedad, sino que son una muestra de los infinitos niveles de la verdad Divina, personificados en cada ser.

Cada cual habita una visión única y cada experiencia individual de la conexión Divina es diferente. Tal vez describas tu experiencia del despertar con las mismas palabras que otro individuo, o acaso descubras, al escuchar o leer las palabras de otro, que sus sentimientos describen los tuyos. Sin embargo, el lenguaje apenas se aproxima a la esencia de la experiencia. Y aunque muchas presuntas autoridades han salpicado el camino con señales tranquilizadoras y reconocibles, la experiencia real es tuya y sólo tuya. El lenguaje apenas alcanza a rozar la sensación de unidad con la propia Divinidad.

Así pues, al hablar debes saber que hablas para ti mismo. Tu verdad no puede ser la verdad de otro, pues cada cual percibe la vida a través de una lente que ofrece una visión adaptada únicamente a sus ojos. Al encontrarnos con las percepciones contradictorias de otro, tenemos la ocasión de contemplar, con fascinación, esas diferencias. La percepción diferente del otro no invalida la tuya, tan sólo añade la riqueza del contraste a la visión unificada del Uno.

(...)

Nadie ha encontrado nunca a otro ser que perciba el mundo exactamente como él. Y así es como debe ser. Vuestras diferencias en el macrocosmos de tu mundo han inspirado históricamente guerras y atrocidades perpetradas recíprocamente. En estos tiempos, esas diferencias inspirarán el reconocimiento colectivo de la armonía potencial inherente a esa diversidad. Si todos silbaran la misma nota, no habría música. Si todos pintaran el lienzo de su creación vital con el mismo color, lo colectivo sería una visión insípida desprovista de contraste o detalle.

Al dejar de malgastar la energía invalidando las percepciones de otro como medio para reforzar las propias, creamos el espacio necesario para validar todas las variaciones de una visión compartida y asentamos el trabajo previo para una experiencia mutua de armonía. Este principio se puede aplicar interpersonal e interculturalmente, y forma la base a partir de la cual las diferencias que ahora te apartan de otro ser pasan a ser la fuerza que os une.

La clave para armonizar con la verdad de la visión de otra persona consiste en mantener la propia verdad como un tesoro que hay que honrar, valorar y proteger. En el reconocimiento de la verdad de tu perspectiva en la experiencia de la vida, descubres que la tuya es una valiosa pieza de la visión global de la realidad. Resístete a la tentación de renunciar a lo que tu experiencia y sensibilidad te han mostrado que eres. Inevitablemente, habrá presiones para que abandones tu visión y te unas a la actitud colectiva.

(...)

Conserva tu visión. Y sabe que tu perspectiva es la que es porque tú eres quien eres: único. Tu propósito en la forma física es encarnar ese carácter único, no para imponérselo a otro, sino para manifestarlo gráficamente ante ti mismo.


"El Uno", capítulo 29 (libro mencionado aquí).
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domingo, 20 de febrero de 2011

Un libro interesante: «El Uno»

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Es un libro sobre la Unidad en el contexto de los "tiempos actuales". Copio el texto que aparece en la contraportada:

El Uno

En una revelación divina sin precedentes, El Uno ofrece a la humanidad una asombrosa visión de quiénes somos en realidad y de adónde nos dirigimos.

En febrero de 1998, Rasha inició un profundo diálogo con la Presencia universal, "El Uno" —la Divinidad que todos compartimos—. A medida que El Uno la fue guiando paso a paso a través de la angustia de un viaje experiencial hacia la comprensión Divina, Rasha documentó concienzudamente los principios del fenómeno que llamamos "vida".

Estas páginas muestran una deslumbrante visión de los cambios que están alterando silenciosamente la fibra de nuestras vidas y nuestro mundo. Nos muestran cómo la realidad se manifiesta vibratoriamente, y cómo nuestras respuestas emocionales disponen el escenario para atraer la experiencia vital. Aprenderemos a reconocer los signos y síntomas del proceso de ascensión —el ingreso de nuestra conciencia en niveles acelerados de realidad— y también cómo aprovechar ese potencial.

Sembrado de brillantes conceptos metafísicos y catalizadores del cambio, El Uno habla sin tecnicismos y de una forma amorosa y personal. Este libro nos lleva a los confines de nuestra propia humanidad y a las profundidades de la Divinidad interior. Leerlo se convierte en una experiencia sagrada, un viaje que proporciona al lector las herramientas atemporales para una verdadera transformación.


Lo siguiente es breve, es el párrafo final del capítulo 15:

Quizás percibas que tu mundo se reajusta por sí solo de una manera apenas perceptible, y luego, momentos más tarde, descubres que todo es muy diferente a como lo recordabas. A medida que te involucres más profundamente en el proceso, advertirás que sólo hay un factor que permanece constante en tu percepción de la realidad. Una conciencia. Un sentido del ser como algo no separado de todo cuanto nos rodea, pero que se reconoce a sí mismo como la consumada integración de todo lo que es percibido y todo lo que percibe. Es la experiencia del Uno hacia la que te encaminas. Es la experiencia que constituirá tu realidad antes de lo que imaginas.

Más posts con fragmentos de El Uno, aquí: http://jugandoalegremente.blogspot.com/search/label/El%20Uno
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