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martes, 17 de noviembre de 2020

El ultimátum de Nisargadatta (por Pradeep Apte)

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Se trata de un librito basado en breves frases contundentes de Nisargadatta Maharaj, recopiladas de siete de sus famosos libros de diálogos. Fundirnos interiormente con cualquiera de estas sentencias conduce al deshacimiento de esa ilusión llamada ego, y por tanto a la iluminación.
 
Está escrito en inglés, bajo el título de "The Nisargadatta Ultimatum". Pradeep Apte, autor de esta recopilación de sentencias de Nisargadatta Maharaj, explica en la introducción:
 
He llamado a esta obra "El ultimátum de Nisargadatta" porque esa fue la sensación que tuve mientras preparaba este texto. Sri Nisargadatta Maharaj nos está dando un ultimátum: «Mira, te estoy entregando algo directamente, o lo tomas o sigues sufriendo y llevas una vida miserable como individuo». 
 
Estas breves citas tienen el poder de llevarte directamente al Parabrahman o Absoluto. Sri Nisargadatta Maharaj mismo ha dicho: «Toma una frase de lo que se ha dicho aquí y quédate con ella. Es suficiente; te llevará a tu fuente».
 
Lo he traducido como "El ultimátum de Nisargadatta". En este post voy a incluir un buen número de frases resonantes de este libro, y para quien quiera leerlo completo indicaré al final del post los links pertinentes (el del blog original en inglés, y dos links a documentos PDF con las dos ediciones de la traducción que he hecho, una de ellas únicamente en español, y la otra una edición bilingüe en inglés/español para quien quiera comparar las sentencias en inglés y español para ahondar en el significado). 

Los 7 libros en los que se basa la recopilación son: 
 
I   —   Yo Soy Eso
II  —   Semillas de consciencia
III —  Antes de la consciencia
IV —  La consciencia y lo Absoluto
V  —  La Experiencia de la Nada
VI —  El néctar de la inmortalidad
VII — La Medicina Suprema (se publicó también como: La Medicina Última)

Selección de sentencias (como en el libro van numeradas indico su localización):

¿Qué eras antes de haber nacido? ("Aperitivo")
 
* ¿Eres un simple cuerpo o algo más? ¿O quizás nada en absoluto? (I.1)
 
* Antes de todos los comienzos, después de todos los finales —yo soy. (I.2)
 
* Lo que eres, ya lo eres. (I.3)
 
* Nunca naciste, jamás morirás. (I.8)

* Lo que no tiene comienzo está comenzando eternamente. (I.10)

* Encuentra lo que nunca has perdido. (I.11)

* Ignora lo transitorio y cambiante y descubrirás que eres lo que está siempre presente y nunca cambia. (I.12)

* Pase lo que pase, yo permanezco. (I.13)

* Sólo la realidad es, no hay nada más. (I.19)
 
* Lo que cambia no es real, lo que es real no cambia. (I.23)

* Lo real no muere, lo irreal nunca vivió. (I.26)

* No eres el cuerpo ni estás en el cuerpo; no existe tal cosa como el cuerpo. (I.27)

* Lo Absoluto precede al tiempo. Lo Absoluto... ES. (I.28)

* Estás completo aquí y ahora, no necesitas absolutamente nada. (I.32)

* Lo real siempre está contigo; no necesitas esperar para ser lo que eres. (I.34)

* No eres lo que percibes. (I.35)

* Ningún suceso afecta a tu ser real —esta es la absoluta verdad. (I.37)

* La transitoriedad es la mejor prueba de irrealidad. (I.38)

* Cualquier cosa que seas invariablemente, no hay duda alguna de que eso es lo que eres. (I.40)

* En realidad nunca naciste y nunca morirás. (I.43)
 
* No seas nada, no sepas nada, no tengas nada. (I.44)

* Llega a la conclusión de que no eres la consciencia. (II.3)

* Cuando todo se ha ido quedas tú, lo real. (II.6)

* Tu verdadera identidad está más allá de esta cualidad de "yo-soydad". (II.7)

* El estado anterior a tu nacimiento y posterior a tu muerte es tu cualidad permanente. (II.8)

* Antes de que apareciera en ti el conocimiento de que "yo soy", eso es Parabrahman. (II.9)

* Si retornas adecuadamente a tu estado previo, la consciencia de que "yo soy" desaparecerá. (II.10)

* El eterno Uno es eso que nunca has olvidado. (II.13)

* Antes del presenciar, tú eres. (II.16)

* Cuando no tenías el cuerpo había una satisfacción completa. (II.18)

* La "yo-soydad" es parte del juego. Tú eres anterior a la "yo-soydad". (II.20)

* No has nacido y así seguirás por siempre —innacido. (II.32)

* Antes de que la eseidad/existencia apareciera, mira eso que había y quédate en ese estado. (III.6)

* No es cuestión de entrar en ese estado; estás en el estado Supremo. (III.13)

* A medida que te acerques a la verdad, perderás interés en los asuntos mundanos. (III.15)

* Mi verdadera naturaleza es la que había antes de que surgieran el cuerpo y la consciencia. (III.16)

* Es muy simple: todo lo que está sujeto al tiempo es falso. (III.17)

* ¿Cuál era tu estado antes de que surgiera el "yo soy"? Vuelve al origen. (III.19)

* Entregando el yo consigues brahma, entregando brahma consigues Parabrahman. (III.25)

* La enseñanza que destruye al individuo es exactamente lo que éste busca. (III.26)

* Simplemente ánclate en el conocimiento de que el individuo nunca estuvo ahí. (III.27)

* Debes conocerte a ti mismo desprovisto de la sensación corporal. (III.33)

* En tu verdadero estado de Parabrahman, Maya no existe. (III.36)

* Lo que has escuchado de mí debe ser entendido, utilizado y abandonado. (III.40)

* Sin la sensación del cuerpo soy perfecto, total y completo. (III.41)

* Eres inmutable y permanente. (III.42)

* No tienes principio ni fin, eres eterno. (III.43)

* Parabrahman es tu estado eterno; no puedes recordarlo porque nunca lo has olvidado. (III.44)

* Al escuchar estas palabras, todo tu conocimiento se evaporará de repente y quedarás asombrado. (III.48)

* Yo como el Absoluto no necesito esta consciencia actual. (III.49)

* ¿Dónde está la pregunta cuando se deja de lado al preguntador? (III.50)

* Uno es el Absoluto (la ausencia del "yo soy"), dos es la consciencia (el "yo soy"), tres es el espacio (el mundo). (III.57)

* Saber que no eres nada es verdadera liberación. (III.58)
 
* Si has entendido realmente, no pueden surgir preguntas; las preguntas le surgen sólo a una entidad. (III.65)
 
* Mientras creas que eres una entidad, la salvación espiritual y toda esta charla serán inútiles. (III.66)
 
* Como entidad, quieres conocer el Absoluto; no es posible, porque eres el Absoluto. (III.67)

* Cuando realmente entiendes de manera intuitiva lo que estoy diciendo, es el final de tu búsqueda espiritual. (III.68)

* El estado previo a la consciencia siempre está ahí. Ahora mismo está ahí. (III.70)

* Esta sensación de presencia es irreal, como un sueño. (III.72)

* Reflexiona sobre el estado que había antes de que empezaras a tener experiencias. (III.74)

* Incluso cuando la consciencia desaparece tú prevaleces —siempre estás— como lo Absoluto. (III.75)

* Es la consciencia la que se libera; no hay entidad. (III.76)

* Debe suceder que la consciencia ya no sea consciente de sí misma. (III.77)

* El conocimiento en su estado último es no-conocimiento, no-saber. (III.78)

* Si has entendido claramente lo que estoy diciendo, no te va a quedar ninguna intención o interés específico. (III.79)

* Siempre exististe y existes por toda la eternidad. (IV.2)

* La esencia y totalidad de toda esta charla se llama Sat-guru Parabrahman, ese estado en el que no hay necesidades ni obligaciones. (IV.5)

* Cuando la existencia/eseidad se olvida de sí misma, ese estado es Parabrahman. (IV.13)

* Yo, que estoy ahí antes de la consciencia, no estoy en modo alguno interesado por nada de lo que sucede en la consciencia. (IV.14)

* ¿Cómo surgí? Ésa es la pregunta que hay que investigar. (IV.16)

* La consciencia nunca viene ni se va, simplemente parece haber venido. (IV.17)

* ¿Cómo puede morir aquel que no ha nacido? (IV.19)

* Es sólo la consciencia la que va a desaparecer, el Absoluto siempre está ahí. (IV.20)

* Te has identificado con el cuerpo, pero no eres el cuerpo. (IV.23)

* Lo constante (la "yo-soydad" conocida por medio del cuerpo) está a tu disposición, aprovéchalo todo lo que puedas, pero entiende que tú no eres lo constante. (IV.24)

* Una vez que descartas este uniforme de constante "yo-soydad", lo que queda es el Parabrahman. (IV.25)

* Lo que está eternamente presente es el Parabrahman. (IV.26)

* No deberías implicarte en lo que ha aparecido. (IV.29)

* Lo Absoluto siempre permanece presente. (IV.32)

* Sólo hay una cosa que entender, y es que eres lo no-nacido, sin forma e intemporal. (IV.33)

* Nadie muere, porque nadie ha nacido. (IV.34)

* Todo lo que se consume y se agota es irreal. (IV.40)
 
* Antes de tu nacimiento y de recibir el mensaje "yo soy", ¿cómo funcionabas, qué eras? (IV.41)
 
* Sólo hay una verdad en el mundo, y es que todo es irreal. (IV.43)

* Sé lo que eras antes de ponerte una etiqueta o título (nombre, forma), sé eso. (IV.45)

* Basta con comprender, sin la más mínima duda, con gran convicción, que existe un estado previo al surgimiento de la consciencia. (IV.48)

* Nada que sea temporal y de duración limitada puede ser la verdad. (IV.51)

* Todo este juego está sucediendo en el destello de tu consciencia y llegará a su fin. (IV.53)

* Cuando finalmente sepas que no nay ningún individuo no habrá preguntas que plantear. (IV.54)

* Lo que es, es el Absoluto inmanifestado. Lo que aparece, como en un sueño, es lo manifestado. (IV.55)

* Estabilízate en el conocimiento de que "yo soy" y, en el proceso, trasciéndelo. (IV.58)

* Cuando no hay nada, tú sigues ahí. (IV.67)

* Tú, el Absoluto, observas la consciencia; por lo tanto, no eres ella. (IV.68)

* El "tú" Último nunca se puede perder, sólo perderás lo que conoces. (IV.71)

* Sin la sensación de "yo soy", tú todavía eres. (IV.74)

* Del cuerpo brotan sonidos, son simples palabras, no es alguien hablando, es simplemente lo que está sucediendo, no es alguien haciendo nada. (IV.77)

* Sólo lo Absoluto prevalece; no hay nada excepto lo Absoluto. (IV.78)
 
* Cuando eres Eso y estás convencido de ello, no hay dudas sobre qué opción elegir (no hay alternativas, ni un decidir; fluyes espontáneamente) ni necesitas repetir "yo soy Eso, yo soy Eso" (IV.79)

* La consciencia no ha ocurrido en absoluto. Cuando trata de comprenderse a sí misma, se estabiliza a su debido tiempo en lo Absoluto. (IV.80)

* El cuerpo es tan útil ahora como antes del nacimiento y después de la muerte. (IV.81)

* Todo mi conocimiento ha sido fulminado, estoy despreocupado. (IV.83)

* La presencia ("yo soy") en sí misma no está ahí en el Absoluto. (V.1)

* En el nivel más alto, el de la realidad, no hay nada. En el nivel mundano (el de lo irreal), hay de todo. (V.5)

* En el proceso de tratar de comprender, te purificas y el proceso se calma. (V.6)

* Todo desaparecerá, pero tú no desaparecerás, no morirás. (V.10)

* El conocimiento elimina la ignorancia y se disuelve a sí mismo, y lo que queda al final es el Absoluto. (V.12)

* Todo lo que digo se reducirá a la ilusión cuando alcances lo más elevado. (V.18)

* Sólo el individuo que ha perdido su individualidad se ha fusionado con el Parabrahman. (V.24)

* Descártalo todo. En ese estado no tendrás color, diseño, forma ni nombre. (V.27)

* Aceptar las palabras del gurú con total convicción puede transformar todo tu destino, toda tu vida. (V.30)

* ¡Soy únicamente el Parabrahman! Adhiérete a este principio fundamental. (V.31)

* Pase lo que pase, mantén la confianza de que eres el Brahman manifiesto, o de que eres el Absoluto. (V.40)

* Cualquier cosa que pienses, no eres tú; no puedes pensar en ti mismo (no puedes conceptualizarte). Percibe esto claramente y sé libre de pensamientos. (VI.1)

* Discernir y permanecer en ese estado anterior a la concepción es lo más elevado. (VI.2)

* Comprende la existencia/eseidad y su juego, trasciéndela y permanece en el estado previo a la concepción. (VI.8)

* Si has entendido lo que "tú" realmente eres, ¿hay alguna necesidad de actividades o búsquedas espirituales? (VI.9)

* "Tú", el Absoluto, no eres el cuerpo, y ni siquiera el ser interior. (VI.13)

* El principio último es anterior a la esfera del sujeto-objeto. (VI.14)

* Cuando el dhyana-yoga se hace correctamente, el ser se disuelve gradualmente en el "no-ser". (VI.16)

* Mi proceso es atma-yoga, que significa permanencia en el Ser. (VI.17)

* Trascendiendo la individualidad, uno es únicamente la eseidad manifiesta. En este proceso, lo Inmanifestado se revela. (VI.18)

* Lo Inmanifestado significa quietud, descanso, tranquilidad total; entonces no hay nacimiento y muerte, no hay ir y venir. (VI.19)

* Al no identificarte con el sentido cuerpo-mente, primero trascenderás la individualidad alcanzando la eseidad, y finalmente también trascenderás la eseidad. (VI.21)

* Aquel que trasciende el tiempo, la eseidad y sus atributos, permanece en el Absoluto. (VI.24)

* En el estado anterior a tu nacimiento, estás desprovisto de vigilia, sueño y conocer. Permanece en ese estado durante la meditación. (VI.28)

* El Samadhi estará allí, pero tú, el Absoluto, no estás en el Samadhi. (VI.29)

* Al transcenderse el conocimiento "yo soy", prevalece el Absoluto. Tal estado se llama Parabrahman, mientras que el conocimiento "yo soy" se denomina Brahman. (VI.30)

* El conocimiento "yo soy" —la existencia o eseidad— es una ilusión. (VI.31)

* Cuando se trasciende el Brahman sólo queda el Parabrahman, sin rastro del conocimiento "yo soy". (VI.32)

* ¿Puede haber alguna necesidad de eseidad en el Parabrahman? (VI.33)

* La eseidad es una superposición, un manto de ilusión sobre el Absoluto. (VI.34)

* ¿Cómo era yo en ausencia del mensaje "yo soy", es decir, antes de la existencia o eseidad? (VI.35)

* Antes de experimentar el "yo soy" y el mundo, permanecía en mí mismo, en mi eterno estado Absoluto. (VI.36)

* Cuando el estado de existencia/eseidad es tragado completamente, lo que queda es ese "yo" eterno. (VI.40)

* Estabilízate en la fuente de tu ser y trascenderás el tiempo y prevalecerás por siempre en la eternidad. (VI.42)

* Cuando te establezcas en el estado libre final, el conocimiento "yo soy" se convierte en "no-conocimiento". (VI.43)

* Tú prevaleces por siempre sin identidad de forma corporal, nombre o cualquier otro dato ilusorio. (VI.45)

* La "yo-soydad" aparece y desaparece; yo, lo Absoluto, no puedo ser eso, yo prevalezco por siempre. (VI.47)

* A pesar de tus actividades mundanas, eres innacido, estás aparte de todo. (VI.48)

* Una vez que te das cuenta de que no eres el cuerpo, entonces eres uno con la consciencia. A su debido tiempo trasciendes la consciencia y te estableces en lo más Elevado. (VI.54)

* Retrocede al día antes de tu concepción, que es el estado Parabrahman sin necesidad de nada. (VI.58)

* Aférrate al conocimiento "yo soy" en la meditación y en ese proceso te darás cuenta de que "yo", el Absoluto, no soy el "yo soy". (VI.59)

* Ve a la raíz de tu eseidad/existencia. En el proceso, la eseidad/existencia será trascendida y sólo queda el "Tú" último, entonces sin el conocimiento "tú eres". (VI.65)

* Complací a mi "yo-soydad" al entenderla y en el proceso también descubrí que yo, el Absoluto, no soy ese "yo soy". (VI.67)

* La palabra o sensación "yo soy" que tienes dentro de ti no es lo eterno. Pero Tú sí eres eterno y ancestral. (VI.68)

* Lo que cambia constantemente es irreal. En lo real no se puede hacer ningún cambio. (VI.71)

* Esta manifestación errática, pasajera e inconstante no puede ser el verdadero Tú. (VII.2)

* Ánclate en la eseidad durante algún tiempo y ese deseo también desaparecerá, entonces eres el Absoluto, el estado más esencial. (VII.5)

* Al permanecer en la consciencia, entiendes su naturaleza y te sumerges, te sumerges y te sumerges hasta que la consciencia desaparece y queda el Absoluto. (VII.6)

* En mi pura Absolutidad que no ocupa espacio, ni tiene silueta o forma, surgió este conocimiento "yo soy", que tampoco tiene silueta o forma; por lo tanto (teniendo un comienzo), es una ilusión. (VII.7)

* ¿Puedes aferrarte a alguna identidad que sea exclusivamente tuya y que no vaya a desaparecer? (VII.9)

* No hay ninguna posibilidad de dualidad porque no existe nada excepto yo. Sólo yo existo. (VII.11)

* Ese estado en el que la eseidad está ausente es el estado eterno y, por ser eterno, es la verdad. (VII.15)

* Aquel que entiende mientras vive que es nirguna —sin cualidades, sin atributos—, sólo él conoce a Parabrahman. (VII.17)

* Mantén siempre tu identidad separada de este cuerpo mientras trabajas, piensas y hablas; él ha aparecido en ti, tú no eres el cuerpo. (VII.19)

* En realidad no hay muerte porque no eres el cuerpo. (VII.23)

* Esté el cuerpo ahí o no, tu existencia siempre está ahí; lo está eternamente. (VII.24)

* Eres anterior a esta consciencia y a cualquier cosa que suceda en ella. Estás totalmente aparte de ella. Ahora aférrate a ella. (VII.27)

* Lo único que hay que recordar es que estás separado de este cuerpo y de la consciencia. (VII.28)

* Cualquier cosa que se haya posado sobre tu estado original está sujeta al tiempo, pero tú eres intemporal y no-espacial. (VII.29)

* Comprender es una función de la consciencia y tú no eres la consciencia, por lo que para ti no hay cuestión de comprender o no comprender. (VII.30)

* Cualquier información que tengas de antes de haber nacido, es la única correcta. Ese conocimiento es el Parabrahman. (VII.36)

* No puedes olvidar tu verdadero estado y es por eso que no puedes recordarlo. Todo lo que olvides no es la verdad, recuerda esto siempre. (VII.37)

* No puedes ser algo que no eres. No puedes sino ser perfecto desde el principio. Por lo tanto ya eres eso. (VII.41)

* La autorrealización ya está ahí. Si sientes que no está ahí, nunca te vas a realizar. (VII.42)

* Regresa constantemente a ese punto desde donde pareces haber venido, y mira si realmente has venido, si realmente has nacido. (VII.44)

* Comprende la naturaleza temporal —y similar a un invitado pasajero— de la consciencia y siente que no tienes nada que ver con ella. (VII.45)

* ¿Tienes en ti alguna noción de una identidad permanente, que está siempre contigo y nunca desaparece? (VII.46)

* Lo que sabes y ves no es verdad, y lo que dice que no sé nada es tu verdadera naturaleza. (VII.47)

* En ti no hay ningún cambio en absoluto, sólo por ignorancia te parece que te estás moviendo por todo el mundo. (VII.48)

* ¿Qué había antes de que apareciera este cuerpo y la noción de que "yo soy"? (VII.49)

* Eres eso espontáneamente, el Parabrahman; sólo tienes que apoyarlo con convicción. (VII.52)

* Estoy en ese estado en el que ser y no-ser —existir o no existir— no importa en absoluto. (VII.53)

* Cuando estás en posición de observar o ser testigo de la consciencia, te quedas al margen de ella. (VII.56)

* El estado Absoluto no se puede recordar, porque no se puede olvidar. (VII.57)

* El recuerdo del ser —de la existencia/eseidad— sólo aparenta existir. (VII.58)

* Tu verdadero estado eterno sin forma es lo que eres (swarupa) y permanecer en él es tu única religión (swadharma). (VII.59)

* Estar estabilizado en esa eseidad que no tiene nombre ni forma es en sí mismo liberación. (VII.60)

* El hecho es que nada ha nacido. No hay mundo. El mundo aparece pero no está ahí. No hay ningún nacimiento en absoluto; incluso ahora no hay nacimiento. (VII.61)

* La convicción de que este mundo jamás ha existido puede ocurrirle únicamente al Parabrahman. Si esta es realmente tu convicción, entonces eres el Parabrahman. (VII.62)

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Para leer el libro completo:

Fuente original en inglés (blog del autor, Pradeep Apte): https://thenisargadattasadhana.blogspot.com/2011/08/nisargadatta-ultimatum.html


Edición bilingüe en inglés/español en formato PDF (resultado de combinar mi traducción al español con el original encontrado en el blog en inglés) (32 páginas): https://nytz.files.wordpress.com/2020/11/el-ultimatum-de-nisargadatta-edicion-bilingue.pdf

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viernes, 10 de enero de 2020

Maestros iluminados y no iluminados

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Lo siguiente es un comentario sobre un tema sobre el que en varias ocasiones se me ha preguntado a través del email o en los comentarios de mis blogs. Es un tema que en ocasiones resulta controvertido o donde se producen malinterpretaciones innecesarias. Aprovechando que se me ha pedido una vez más que comente sobre esto, esta vez en el foro Concordia y Plenitud, copio aquí en el blog el intercambio, pues de hecho es en otros posts de este foro donde surgió el contexto para plantear este tipo de dudas.

Quien prefiera leer el intercambio original en el foro, el link es este: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t360-maestros-iluminados-y-no-iluminados (el título del hilo del foro, así como de este post, lo dejo tal cual: es el elegido por la persona que planteó el tema).

Maestros iluminados y no iluminados

Pregunta:

Buenas Toni, y buenas a todos,

En uno de tus post, compartías lo siguiente:

"Aquí incluyo, como posible opinión desmitificadora, algunos de los maestros que he sondeado y que me parecieron no estar iluminados (al menos en el momento en que escribieron los libros que leí de ellos). Algunos de estos maestros son: David Carse, Tony Parsons, Ramesh Balsekar, Ilie Cioara, Jeff Foster, Adyashanti, Papaji (Poonjaji), Osho, Steve Taylor (autor de "El salto"), Wayne Liquorman, Jan Kersschot, Josh Baran, Alan Watts, Rupert Spira, Mooji, Karsten Ramser, Chogyam Trungpa, Anam Thubten, Robert Wolfe, Rebekah Maroon, Sailor Bob Adamson, Alan Cohen, Gina Lake, Michael Langford, Yolande Durán Serrano, Douglas Harding, Nathan Gill, Francis Lucille, Eckhart Tolle, Melvyn Wartella, Leo Hartong, Aurobindo, Ken Wilber, David R. Hawkins, los dos Krishnamurti, etc etc etc

Debo decir rápidamente que lo que compartí fue simplemente basándome en mis sensaciones (a partir de los libros que leí de esas personas, o de sus charlas en vídeos de internet cuando no dispuse de libro), y que ahí incluí a algunos maestros que me parecen realmente muy avanzados e incluso algunos de ellos a mí me han inspirado mucho en algunos aspectos. Y que alguien no esté iluminado no significa que no pueda ser muy valioso como inspiración, sobre todo en los aspectos en los que están más acertados, aparte de que la escalera del despertar tiene muchos peldaños y todos son útiles temporalmente, según la etapa en que cada cual se encuentre.

De todos modos, la lista de "no-iluminados" sería inacabable (de ahí el "etc etc etc" final), pues en esa lista estamos incluidos todos, excepto los muy pocos que realmente han alcanzado la iluminación."

(Sacado del siguiente post: https://jugandoalegremente.blogspot.com/2019/09/nathan-gill-1960-2014.html )

Coincido contigo bastante, aunque hay algunos maestros, como Mooji y Ramesh Balsekar, que pensaba que estaban iluminados.

Se que solo es tu opinión, basada en tus sensaciones, pero tengo dos preguntas:
Además de Ramana y Nisargadatta, ¿quiénes más crees que están iluminados?
¿Crees que Ken Wapnick se iluminó antes de "morir"?

Muchas gracias!

Respuesta:

Hola, clark3 Smile

Este es un tema del que tiendo a hablar cada vez menos, al ser controvertido y de escasa utilidad. El lado útil es que seamos conscientes de que determinadas ideas/enseñanzas no profundizan hasta el final, aunque puedan encontrarse en las enseñanzas de maestros muy famosos (y útiles en gran medida). Por otro lado es un tema muy fácil de malinterpretar, ya sea idolatrizando a los que uno considere como efectivamente iluminados, o menospreciando a los que uno considere que no lo están. Hay maestros avanzadísimos cuyas enseñanzas podrían resultarnos inmensamente útiles aunque ellos no estuviesen del todo iluminados, y también puede haber iluminados que no digan gran cosa en palabras.

Es más fácil notar que alguien no está iluminado (pues basta con algún detalle que muestre claramente una distorsión) que poder afirmar al 100% que alguien lo está (pues no conocemos a nadie al 100% si nos basamos en los pocos datos que tenemos sobre sus biografías, siendo esos datos además potencialmente erróneos). No aseguro ni siquiera que Ramana Maharshi o Nisargadatta Maharaj estuviesen iluminados (en algunos posts de mis blogs comenté algunos de los criterios que utilizo sobre la iluminación, y uno es la completa liberación de cualquier tipo de dolor), pero sin duda eran maestros tan avanzados que incluso si no estuviesen iluminados la diferencia sería casi insignificante y sería tonto no aprovechar sus enseñanzas si nos resuenan. Además hay valiosos materiales que nos pueden guiar en nuestro proceso de despertar a pesar de que no fueron traídos por iluminados, por ejemplo la mayoría de los libros de Kenneth Wapnick probablemente fueron escritos cuando aún no estaba iluminado, y el propio Curso de Milagros vino por la mediación de Helen Schucman que tampoco estaba iluminada. De Ramana y Nisargadatta hay algunos pocos testigos que mencionan que al final de sus vidas sufrieron dolor, pero claro, cabe dudar si son esos testigos los que se equivocan con su testimonio (o los traductores, etc).

De Nisargadatta leí en alguna parte que en los últimos días de su enfermedad (cáncer) se oían sus gritos de dolor desde el otro lado de la casa. Y el propio Nisargadatta leí alguna vez que decía algo parecido a que el dolor (de su enfermedad) era muy intenso (lo dijo metafóricamente, al estilo de "como cien escorpiones" o alguna expresión ilustrativa) pero que no le impedía estar centrado en el Ser.

De Ramana Maharshi hay datos opuestos, a veces no sentía dolor en situaciones comúnmente "dolorosas" (andar descalzo pisando cardos, etc) pero al final de su vida y tras su enfermedad (cáncer en el codo), parece que hay algunos testimonios de que sintió dolor, por ejemplo uno de sus discípulos bien conocidos, Sadhu Arunáchala (Comandante A. W. Chadwick) estaba allí en aquellos tiempos finales y dijo sobre los últimos días de Ramana lo siguiente: "Por la noche, cuando no era consciente de que le podían oír, gemía y gritaba de dolor tumbado en su sofá" (Esta cita sí la tengo localizada, en "Mis recuerdos de Ramana Maharshi, pág. 32). ¿Realmente sufrió dolor o es un error de los testigos? Quién sabe.

Hay también algunos comentarios atribuidos en los libros a Ramana que justifican el dolor, y de ser cierto que los dijo parece difícil que pudiese estar iluminado. Por ejemplo en "Guru Ramana", de S. S. Cohen, se cita la siguiente conversación (pág. 134):

Pregunta: El que vive en sahaya samadhi, ¿siente algún dolor físico? Por ejemplo, una picadura de un insecto o un corte.

Ramana: Todos los dolores, incluso los físicos, están en la mente. Todo el mundo siente dolor cuando se produce un corte o una picadura pero en el caso del gñani, al tener la mente sumida en la dicha, siente el dolor como si fuera un sueño.


En otro libro, "Sea lo que usted es", se cita una conversación parecida (o quizás sea otra versión de la misma del otro libro), en la pág. 60 (o en entre las páginas 36 y 37 si uno lo mira en el PDF de ese libro que se encuentra en internet):

Pregunta: ¿No hay ninguna dehatma buddhi [idea yo-soy-el-cuerpo] para el jñani? Si, por ejemplo, Sri Bhagavan es picado por un insecto, ¿no hay ninguna sensación?

Respuesta: Hay la sensación y hay también el dehatma buddhi. Esto es común al jñani y al ajñani con esta diferencia, que el ajñani piensa: solo el cuerpo es mí mismo, mientras que el jñani sabe que todo es del Sí mismo, o que todo esto es Brahman. Si hay dolor, que lo haya. Es también parte del Sí mismo. El Sí mismo es purna [todo].


Puede que sea error de los transcriptores o de los traductores. O puede que realmente Ramana dijese algo parecido. Pero en cualquier caso, y siempre en mi opinión, si alguien afirma la parte que he destacado en negritas (pues las otras partes son más interpretables) es muy probable que no esté iluminado.

Y entonces, ¿quién está iluminado? En los comentarios de otro post del blog (este) me preguntaron (el 7 de mayo de 2019) algo similar. Copio la pregunta y lo que comenté:

Hola me quedé como intrigada un poco con la lista de "personas no iluminadas" difiero con 4 de ellos pero me observo y se que es mi opinión personal desde una experiencia propia. Me interesaría que informadas de los que tú "crees" que son iluminados más allá de curiosidad como documentación sería de esta búsqueda, hacia mí misma. Lee esto y me caen fichas.
Muchas gracias


«Cuando el discípulo está preparado, el maestro aparece».

Nos encontramos con los maestros avanzados (iluminados o no, pero todos útiles) conforme progresamos en nuestro camino espiritual (pueden aparecer en forma humana o en forma de enseñanza u otras).

No tiene mucho sentido tratar de dar nombres. Por otro lado, ¿cómo distinguir a un iluminado total de un maestro muy avanzado? A nivel de la forma no hay modo de diferenciarlos. Así que tal vez lo más sensato es seguir con humildad y tranquilidad nuestro propio camino, con aquellos que nos resuenen, y si en algún momento es conveniente que nos llegue algo más, no hay duda de que llegará en el momento oportuno.

El objetivo de esa lista no era incitar a comparaciones, ni menospreciar a nadie, sino simplemente indicar que es útil estar atentos para no idealizar más allá de lo que realmente hay en cada caso. Pero incluso de esos nombres mencionados, hay muchos que están bien avanzados, y la totalidad de ellos tienen alguna utilidad e inspiraciones para compartir. Tal vez unos sean más profundos que otros en algún aspecto, pero cada buscador puede encontrar a aquel que le resuene.

Saludos


Aunque no me gusta demasiado dar nombres, en el ámbito de UCDM es probable que David Hoffmeister esté iluminado, y que Kenneth Wapnick también lo estuviese en algún momento de su vida, al menos quizá los dos o tres últimos años (lo digo a boleo, porque quién sabe).

Tiene que haber muchos, aunque igualmente es posible que muchos de ellos no se hayan dado a conocer o sean poco conocidos. Posiblemente Bill Thetford se iluminara al final de su vida, si lees su biografía puedes intuir que algo muy profundo experimentó en las últimas 24 o 48 horas de su vida, probablemente una enorme liberación de ego o incluso la total iluminación. Es probable que también estuviese iluminado el 16º Karmapa del budismo tibetano, llamado Rangjung Rigpe Dorje, que vivió entre 1924 y 1981 (le mencioné aquí: click). Se podrían dar muchos nombres, pero mejor dejamos eso para quien sepa a ciencia cierta. Además sería una actitud errónea separar idolátricamente entre iluminados y no iluminados, teniendo en cuenta que siempre ha habido maestros tan avanzados que poca diferencia podríamos encontrar con un iluminado, si es que alguna en ciertos casos. La escalera espiritual tiene muchos peldaños y son útiles los peldaños que nos resuenen, sin necesidad de averiguar si de quien viene la inspiración se había liberado por completo del ego o aún no.

Lo más relevante de todo es que todos tenemos dentro un verdadero iluminado, nuestro verdadero Ser, que nos ofrece su inspiración constantemente, y que podremos escucharlo cada vez más nítidamente a medida que vamos deshaciendo cada uno nuestro ego. Con Su ayuda, cualquier enseñanza y cualquier evento que percibamos se convertirá en un peldaño útil para nuestro despertar, y toda información nos será útil al dejar que Él nos la aclare, independientemente de si la información original viene de un iluminado o no. Si uno escucha al Maestro interior, ¡podría iluminarse incluso leyendo simplemente la guía telefónica!  Very Happy

Saludos

(Fin del copiado) (Con esto tenemos aquí lo relevante, independientemente de si algún día en ese hilo del foro alguien añade algún comentario más; en cualquier caso el link directo a ese hilo del foro lo puse más arriba al comenzar este post) (Por cierto, aquí abajo, en los links relacionados, uno de ellos incluye unos breves comentarios de David Hoffmeister comentando o insinuando sobre algunos ilustres gurús como Ramana Maharshi, Nisargadatta Maharaj y algún otro más, aunque solo sea eso, unos comentarios un tanto ambiguos)

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Unos links relacionados (hay más, pero a través de estos pueden encontrarse los demás links):

¿Qué es la iluminación?: https://jugandoalegremente.blogspot.com/2019/10/que-es-la-iluminacion.html

Unas metáforas sobre la iluminación: https://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/09/unas-metaforas-sobre-la-iluminacion.html

Iluminación: la desaparición del dolor: https://jugandoalegremente.blogspot.com/2015/03/iluminacion-la-desaparicion-del-dolor.html

El dolor es una ilusión: https://jugandoalegremente.blogspot.com/2014/01/el-dolor-es-una-ilusion.html

David Hoffmeister sobre Ramana Maharshi, Nisargadatta Maharaj, Ramakrishna y el Advaita Vedanta: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t263-david-hoffmeister-comentando-brevemente-sobre-ramana-maharshi-ramakrishna-y-nisargadatta-maharaj#2544 O si preferís ver una versión resumida, en formato PDF, de solo 2 páginas: https://nytz.files.wordpress.com/2020/01/david-hoffmeister-sobre-ramana-maharshi-y-el-advaita.pdf

Mi encuentro con Ramana Maharshi (por Mercedes de Acosta): https://concordiayplenitud.foroactivo.com/t396-mi-encuentro-con-ramana-maharshi-por-mercedes-de-acosta


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miércoles, 4 de marzo de 2015

Nisargadatta (un breve relato)

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El siguiente relato lo extraigo del libro de Mahendra Tevar y Joana Martín, titulado: "¡Levántate y ruge! Un viaje al amanecer de la conciencia (Autobiografía Espiritual)". En España ha sido publicado por la editorial Sirio. Es un libro ameno de leer, entre otras cosas por los continuos viajes que relata Mahendra Tevar, quien conoció a famosos maestros como Nisargadatta Maharaj, Papaji, Krishnamurti, Arthur Osborne, Amma, Hira Ratan Manek, etc. Al final de uno de los capítulos, relata la siguiente anécdota sobre Nisargadatta Maharaj: 

Algunos acontecimientos excepcionales acicalaban la vida de Nisargadatta. Cuentan que, en una ocasión, la hija del Maestro se hallaba gravemente enferma y sintió fuertes deseos de tomar un helado. Corrió presto el padre a satisfacer el último anhelo de su hija pero, cuando regresó, la muchacha había abandonado ya este mundo. El erudito, no obstante, se dirigió a aquel ser amado en estos términos: 

—Hija, mejor hubiera sido que aguardaras a tu padre que con tanta premura corrió a satisfacer tu deseo. Pues ¿qué sentido tiene que me hayas alejado de ti en tus últimos momentos, sin haber disfrutado de lo que me habías pedido? Despierta, hija mía, y toma tu helado. 

La chiquilla abrió los ojos y, ante la sorpresa de todos, tomó el helado de manos de su padre y comenzó a comerlo como si tal cosa. Cuando acabó, el Maestro le preguntó:

—¿Quieres continuar viviendo?

—No, padre —fue la respuesta rotunda de la hija. Y, cerrando los ojos, se entregó al sueño sin retorno de la muerte.

Fuente: "¡Levántate y ruge!", de Mahendra Tevar, editorial Sirio, pág. 184.
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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Recordando a Nisargadatta Maharaj (Parte 2) [Última parte]

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Con esta segunda parte se completa esta traducción. Recordad que la entrevista es tan larga que por eso convenía dividirla en dos partes, pero es una sola entrevista continua. Quien no haya leído la primera parte, puede leer la entrevista completa comenzando por la primera parte disponible aquí: http://jugandoalegremente.blogspot.com/2013/11/recordando-nisargadatta-maharaj-parte-1.html

Recordemos también que la fuente original, en idioma inglés, es la siguiente web: http://www.davidgodman.org/

Y ahora sí, continuamos con la traducción de la entrevista en el punto en que la habíamos dejado:

Harriet: ¿Qué hizo que él te gritara?

David: Me acuerdo de una vez tratando de hablar con él sobre el esfuerzo. Creo que estaba yo hablando de los diversos esfuerzos que había hecho para realizar el Ser. Esto fue al poco tiempo de empezar a ir a verlo. En aquel momento todavía no me había dado cuenta de que la palabra ‘esfuerzo’ era tabú en esa habitación. En realidad a él no le gustaba que nadie la usara. La idea de que hubiera una persona que hiciera algo para lograr algún estado espiritual era un completo anatema para él. Él parecía considerar que eso mostraba una total falta de comprensión de sus enseñanzas.

Cuando empezó a molestarse conmigo por usar esa palabra, yo simplemente seguí insistiendo, pensando inocentemente que probablemente no había entendido lo que yo estaba tratando de decir. Cuanto más trataba de describir mis ‘esfuerzos’ y justificarlos, más se irritaba conmigo. Terminé siendo abroncado por mi mala comprensión y mi actitud equivocada. Me quedé muy desconcertado en ese momento. Nunca me había encontrado antes con un maestro que desacreditara el trabajo duro y el esfuerzo en el camino espiritual. Por el contrario, todos los otros que había encontrado habían apoyado con entusiasmo tales actividades. Es por eso que al principio pensé que debía haber sido algún tipo de malentendido. Me di cuenta más tarde que cuando Maharaj hablaba, no estaba dando instrucciones que él quisiera que tú siguieses. Él estaba simplemente hablándote de quién y qué eres tú. Se trataba de que entendieras y experimentaras lo que él estaba diciendo, no de convertirlo en una práctica. Hacer una práctica de eso simplemente le confirmaba a él que realmente no habías entendido lo que estaba diciendo. Una pregunta que siempre le aclaraba lo desencaminado que alguien estaba era: “Sí, Maharaj, entiendo intelectualmente lo que estás diciendo, pero ¿qué debo hacer para realmente experimentarlo?”. Si decías eso, es que no le habías entendido, ni lo que él estaba tratando de hacer, en absoluto.

Tengo un recuerdo vergonzoso de otra ocasión en la que se enojó conmigo. Una tarde mi atención divagaba y mi mente estaba embrollada en alguna interminable fantasía del ego. Yo estaba ausente, absorto en mi pequeño mundo, en realidad no estaba escuchando lo que se estaba diciendo. Maharaj dejó la respuesta que le estaba dando a otra persona, al parecer en medio de una frase, y se volvió hacia mí y empezó a gritarme, exigiendo saber si estaba escuchando y entendiendo lo que él estaba diciendo. Hice una pequeña postración a modo de disculpa y traje mi atención de vuelta a lo que estaba hablando. Más tarde, algunas personas querían saber por qué él había lanzado de repente tan feroz ataque contra mí. Que ellos supieran yo estaba simplemente sentado allí pensando en mis cosas. No hay duda, sin embargo, de que yo merecía aquello. En retrospectiva, puedo decir que eso aumentó tanto mi atención como mi fe en él. Cuando sabes que el maestro que tienes delante está monitoreando continuamente todos tus pensamientos y sentimientos, eso te hace limpiar bastante tus actos mentales.

En otra ocasión Maharaj se enfadó conmigo simplemente porque uno de los traductores no entendió mi pregunta. Yo dije que el día anterior él había dicho una cosa, mientras que esta mañana estaba diciendo lo que parecía ser exactamente lo contrario. El traductor de alguna manera supuso que estaba criticando la calidad de la traducción del día anterior y le comunicó mi crítica a Maharaj. Él realmente se enfadó conmigo por eso, pero no me importó porque inmediatamente me di cuenta de que todo se debía a un malentendido. Finalmente alguien le explicó al traductor lo que yo realmente había dicho, y él se disculpó por todas las molestias que sus comentarios habían causado.

Harriet: ¿Eran buenos todos los traductores? Me han dicho que algunos eran mejores que otros.

David: Sí, había buenos y no tan buenos. Creo que todo el mundo sabía quién era bueno y quién no, pero eso no daba lugar a que los buenos fueran llamados a hacer el trabajo si sucedía que estaban allí. Parecía haber algún proceso relacionado con la antigüedad en el asunto. Los traductores que habían estado allí por más tiempo eran llamados los primeros, independientemente de la capacidad, y los que podrían haber hecho un mejor trabajo tenían que esperar hasta que los devotos más antiguos estaban ausentes. La primera vez que fui, un hombre llamado Sapre hizo la mayor parte de las traducciones matutinas. Él era muy fluido y parecía tener una buena comprensión de las enseñanzas de Maharaj, pero interpolaba muchas cosas de su propia cosecha en sus respuestas en inglés. Dos frases de Maharaj podían resultar en un discurso de dos minutos de Sapre. A pesar de que la mayoría de nosotros no sabíamos nada de marathi, sabíamos que tenía que estar añadiendo un montón de su propia cosecha simplemente porque estaba hablando durante tanto tiempo. Varias personas se quejaban ante Maharaj acerca de esto, pero él siempre apoyó a Sapre y generalmente se enojaba con la gente que se quejaba de él. Esa fue la causa de la explosión que acabo de mencionar. Maharaj pensó que yo era también otra persona más quejándose de las traducciones de Sapre.

Mullarpattan era el siguiente según ese orden de antigüedad. Me gustaba porque era muy literal. Posiblemente no tan fluido como algunos de los otros, pero él ganaba puntos conmigo porque le daba a la secuencia de comandos en ambos sentidos. Una vez le hice a Maharaj una pregunta a través de él y, cuando llegó la respuesta, eso no tenía ningún sentido en absoluto. Mullarpattan, sin embargo, estaba sonriéndome como si él acabara de dar una gran perla de la sabiduría.

Pensé de nuevo y todavía no tenía sentido, así que dije, un tanto en tono de disculpa, “yo no entiendo nada de esa respuesta. No tiene ningún sentido para mí en absoluto”.

— “Ya lo sé” —respondió Mullarpattan—, “no tiene ningún sentido para mí tampoco. Pero eso es lo que dijo Maharaj y eso es lo que yo traduje”.

Algo aliviado, le pedí que le dijera a Maharaj que ninguno de nosotros había entendido lo que había dicho y le pidiera que explicara el tema de nuevo, de manera un poco diferente. De este modo pudimos reconducir la conversación.

Yo realmente respetaba a Mullarpattan por esto. No trató de poner algo de sentido en la respuesta, y tampoco le dijo a Maharaj que su respuesta no tenía ningún sentido. Él sólo tradujo las palabras para mí de una manera literal, porque esas fueron las palabras que Maharaj había destinado para que yo las escuchara.

Bien abajo en la lista, en cuanto a la antigüedad, estaba Ramesh Balsekar. Él no vino a ver a Maharaj hasta algún momento de 1978. Pensé que esto era lamentable porque en mi opinión, y en opinión de muchos de los otros extranjeros allí, él era, con mucho, el más hábil de todos los traductores. Tenía una buena comprensión de la manera de funcionar de las mentes extranjeras y del modo como los extranjeros se expresaban, y buena inteligencia y la memoria suficiente para recordar y traducir cinco minutos de incoherente monólogo de un visitante. Así que obviamente era el mejor; muchos de nosotros esperábamos hasta que le llegaba el turno de traducir. Eso significaba que a veces surgían algunos largos  y embarazosos silencios, cuando los otros traductores estaban de servicio. Todo el mundo estaba esperando a que se ausentaran, de manera que Balsekar pudiera traducir para ellos.

Cada traductor tenía su propio estilo y sus propias frases distintivas. Cuando leía los libros de Jean Dunne en la década de 1980, ellos me transportaban de vuelta hacia atrás hasta la habitación de Maharaj porque estaría oyendo las palabras, no sólo leyéndolas. Yo miraba un par de líneas, reconocía el estilo de Mullarpattan, o de cualquier otro que estuviese, y desde entonces podía escuchar las palabras en mi mente como si viniesen de la boca del traductor.

Harriet: Así que todos estos libros son simplemente una transcripción de lo que el intérprete decía el día de la charla. ¿No son traducciones del marathi original?

David: Yo no sé acerca de los otros libros, pero sé qué es lo que hizo Jean. Durante un par de semanas pasé las tardes en su piso, que estaba cerca Chowpatthy Beach. En esa visita en particular, mi propio sitio estaba demasiado lejos, así que yo simplemente dormía allí por la noche. Jean estaba haciendo las transcripciones del libro “Semillas de Consciencia” en aquel entonces y de vez en cuando ella me pedía ayuda en la comprensión de palabras difíciles de la cinta, o me pedía opinión sobre si un determinado diálogo merecía la pena incluirlo o no. Sé por la observación de su trabajo y más tarde por la lectura de sus libros que ella estaba trabajando con las palabras del intérprete solamente.

Harriet: ¿Preguntó ella a Maharaj si podía hacer este trabajo? ¿Cómo consiguió ella este trabajo?

David: Por lo que recuerdo, fue al revés. Él le pidió a ella que empezara a hacer el trabajo. Esto creó un poco de resentimiento entre algunos de los devotos marathi, algunos de los cuales pensaban que ellos tenían los derechos sobre las palabras de Maharaj. Allí había una organización, un Kendra que se había creado en su nombre para promoverle a él y sus enseñanzas, y ciertos miembros parecían un poco molestos de haber quedado al margen de esta decisión. Uno de ellos llegó a la sesión matutina y de hecho le dijo a Maharaj que él (el visitante) tenía el derecho de publicar las palabras de Maharaj porque él era la persona en el Kendra que era responsable de tales cosas. A mí me pareció que él estaba mostrando una actitud absurda: si estableces una organización para promover las enseñanzas de tu Guru, y el Guru nombra a alguien para llevar a cabo un libro sobre sus enseñanzas, la organización debería tratar de ayudar y no obstaculizar la publicación. Maharaj vio las cosas de la misma manera.

En su contundente estilo habitual, dijo: “Yo decido quién publica mis enseñanzas, no tú. Esto no tiene nada que ver contigo. He nombrado a esta mujer para hacer el trabajo y tú no tienes ninguna autoridad para vetar esa decisión”.

El hombre se fue y nunca lo volví a ver.

Harriet: ¿Nunca te sentiste tentado a escribir sobre Maharaj tú mismo? Parece que has escrito sobre el resto de los maestros con los que has estado.

David: En una de mis primeras visitas Maharaj me preguntó qué trabajo hacía yo en Ramanasramam. Le dije que me ocupaba de la biblioteca del ashram y que también hacía un poco de críticas de libros para la revista del ashram.

Él me lanzó una fuerte mirada y dijo: “¿Por qué no escribes sobre las enseñanzas?”.

Recuerdo que me quedé un poco sorprendido en ese momento, porque en aquel punto de mi vida yo no había escrito una sola palabra acerca de Ramana Maharshi o de cualquier otro maestro. Y lo que es más, nunca había sentido ningún interés ni ganas de hacerlo. Maharaj fue la primera persona en decirme que esto era lo que debía hacer con mi vida.

En cuanto a escribir sobre Maharaj, realmente la oportunidad nunca se presentó. En los años en que lo estaba visitando, yo no estaba escribiendo en absoluto, y en los años 80 y 90 tenía un montón de otros proyectos y temas de los que ocuparme.

Harriet: Tienes algunas buenas historias que contar, y algunas interpretaciones interesantes de lo que piensas que Maharaj estaba tratando de hacer con la gente. Yo estoy encontrando todo esto interesante, y estoy segura de que a otras personas les parecería lo mismo, si te tomaras la molestia de escribirlo.

David: Sí, como hoy he estado hablando de todas estas cosas, una parte de mí ha estado diciendo, “Deberías escribir esto”. El sentimiento ha ido creciendo conforme seguía hablando contigo. Luego cuando te marches, tal vez voy a empezar y tratar de ver lo que puedo recordar.

Harriet: Supongo que deberíamos haber hablado de esto mucho antes, pero ¿cómo fue la primera vez que oíste hablar de Maharaj, y qué fue lo que inicialmente te atrajo a él?

David: En algún momento de 1977 di un libro, ‘Cutting Through Spiritual Materialism’ [en español se publicó con el título ‘Más allá del materialismo espiritual’], de Chögyam Trungpa, a un amigo mío, Murray Feldman, y le dije que él probablemente iba a disfrutar de la lectura. Yo sabía que él había tenido una formación en budismo y había hecho algunas prácticas tibetanas, así que supuse que le gustaría. Él respondió dándome una copia de ‘Yo Soy Eso’, diciendo que estaba seguro de que yo disfrutaría con eso. Murray había sabido de Maharaj durante años e incluso había ido a verlo cuando Maurice Frydman era un visitante habitual. Recuerdo una vívida descripción de Murray de los dos [Frydman y Maharaj] juntos: dos ancianos teniendo discusiones intensamente animadas, durante las cuales ambos estaban tan entusiasmados y excitados, que se lanzaban los argumentos nariz frente a nariz, con un montón de gritos y agitando los brazos. Él [Murray] no tenía ni idea de lo que estaban hablando, pero podía sentir la pasión de ambos. En aquellos días, si visitabas a Maharaj, era posible que la única persona allí fueses tú. Podías tomar una taza de té y tener la ocasión de mantener una seria discusión cara a cara con él, sin nadie más presente.

Unos años más tarde me enteré de que Maharaj había dicho: “Yo solía tener una vida tranquila, pero ‘Yo Soy Eso’ ha convertido mi casa en un andén de estación de tren”.

De todos modos, volvamos al tema. Estoy divagando antes incluso de haber empezado. Estuve sondeando el libro y tengo que admitir que tenía un poco de resistencia a muchas de las cosas que decía Maharaj. Yo estaba viviendo en Ramanasramam en aquel entonces y practicaba las enseñanzas de Bhagavan. Había claras similitudes entre lo que Maharaj estaba diciendo y lo que Bhagavan había enseñado, pero me encontré con las diferencias: declaraciones de que el ‘yo soy’ no era en última instancia real, por ejemplo. Sin embargo, el libro poco a poco maduraba en mí, y al final me quedé enganchado. En retrospectiva, creo que diría que el poder que había inherente en esas palabras de alguna manera superó a mi resistencia intelectual a algunas de las ideas.

Volví al libro una y otra vez. Parecía atraerme hacia sí, pero cada vez que lo tomé, me di cuenta de que no podía leer más de unas pocas páginas por vez. No es que me pareciera aburrido, o que no estuviera de acuerdo con lo que se estaba diciendo. Más bien, había una sensación de satisfecha saciedad cuando llevaba leídos algunos párrafos. Entonces yo cerraba el libro y dejaba que las palabras resonaran dentro de mí por un rato. Yo no estaba pensando en ellas o tratando de entenderlas o preguntándome si estaba de acuerdo con ellas. Las palabras estaban justo allí, al frente de mi conciencia, exigiendo una intensa atención.

Creo que se trataba de las palabras y las enseñanzas, que fueron en un principio las que me fascinaron, más que el hombre mismo, porque en las primeras semanas después de leer el libro no recuerdo que yo tuviera un deseo demasiado fuerte de ir a verle. Sin embargo, todo eso cambió cuando algunos de mis amigos y conocidos empezaron a ir a Bombay a sentarse con él. Todos ellos, sin excepción, volvían con críticas entusiastas. Y no eran sólo sus comentarios lo que me impresionaba. Algunos de ellos regresaban pareciendo totalmente transfigurados. Me acuerdo de una mujer estadounidense que se llamaba Pat, que reapareció radiante, brillando con una luz interior, después de una visita de sólo dos semanas.

Papaji solía contar una historia sobre una chica alemana que regresó a Alemania  y se encontró con su novio en el aeropuerto. El novio, que nunca había conocido a Papaji y que nunca había estado en la India, se postró a sus pies [de ella] de cuerpo entero, en el suelo del aeropuerto.

Él le dijo después: “No pude evitarlo. Tú habías experimentado una luminosa transformación tan obvia, que me sentí compelido a hacerlo”.

Sé cómo se sentía él. Nunca me postré ante ninguna de las personas que habían regresado de Bombay, pero podía reconocer las transformaciones radicales que muchos de ellos habían experimentado. Aun así, creo que eso fue varios meses antes de que me decidiera a ir y ver por mí mismo lo que estaba sucediendo en Bombay.

Harriet: ¿Por qué tardaste tanto? ¿Qué hizo que esperaras?

David: Algo acaba de surgir en mi memoria, algo que no había pensado desde hace años. Después de leer ‘Yo Soy Eso’ unas cuantas veces, creció en mí una gran fe en el estado y el poder de Maharaj. Yo sabía que él era auténtico. Sabía que si fuera a verle aceptaría cualquier consejo que me diera. Por aquel entonces escuché noticias de que un par de extranjeros que yo conocía, habían ido a verle, y que él les había aconsejado a los dos que regresaran a sus respectivos países. Esto me alarmó un poco. Yo estaba muy apegado a estar en Tiruvannamalai, y definitivamente no quería volver a Occidente. Algo dentro de mí sabía que si Maharaj me dijera que volviese a Inglaterra, yo obedecería. Yo no quería dejar la India, así que me retuve de ir a verle durante algunos meses.

Había otra cuestión no resuelta. Yo no estaba seguro en ese momento de si necesitaba un Guru humano o no. La línea de partido de Ramanasramam siempre ha sido que Bhagavan puede ser el Guru para todo el mundo, incluso para las personas que nunca le conocieron mientras estaba vivo. Me parece recordar que yo tenía conocimiento de todas las citas en los libros de Ramanasramam y en ‘Yo Soy Eso’ en las que se mencionaba el tema de los Gurus. Yo los leía muy a menudo, sin jamás llegar a una conclusión definitiva sobre si necesitaba un Guru humano o no.

Harriet: ¿Qué te hizo finalmente superar tu resistencia a ir a Bombay?

David: Una mujer australiana, que había estado antes, sugirió que fuéramos, y yo estuve de acuerdo. Siempre supe que iría tarde o temprano. Sólo necesitaba un empujón para animarme a ir, y esta invitación lo fue. Estoy tratando de recordar cuándo fue eso. Creo que fue a mediados de 1978, pero no puedo ser más preciso que eso.

Harriet: ¿Cuáles fueron tus primeras impresiones? ¿Qué pasó cuando llegaste?

David: Recuerdo estar sentado en su habitación, esperando a que él viniera escalera arriba. Estaba muy nervioso y preocupado, pero no puedo recordar por qué. Recuerdo haber intentando iniciar una conversación con el hombre que estaba sentado a mi lado, pero él me pidió que me mantuviera callado, así él podría meditar.

Maharaj entró y unos minutos más tarde me encontré sentado frente a él, diciéndole quién era y por qué había venido. Fue una sesión vespertina y no había muchas personas allí. Como de los presentes yo era el único nuevo, me llamó para averiguar quién era y lo que quería.

Le expliqué que había venido de Ramanasramam, que había pasado dos años allí, y que había estado practicando las enseñanzas de Bhagavan sobre la auto-indagación con bastante intensidad. En este período de mi vida a menudo solía meditar ocho horas diarias, aunque en el momento en que conocí a Maharaj esto comenzaba a disminuir un poco.

Maharaj finalmente me preguntó si tenía alguna pregunta y le contesté: “De momento no. Sólo quiero sentarme y escuchar por un tiempo”.

Él aceptó y me permitió que desapareciera al fondo de la sala. Debo decir en este momento que yo había sentido ya el poder y la paz de su presencia en la habitación. Eso era algo muy tangible.

Harriet: ¿Fuiste allí con preguntas que querías preguntarle? ¿Había algo de lo que querías hablar con él?

David: Realmente no puedo recordar. Yo sabía que terminaría hablando con él, pero no tenía ninguna cuestión candente en particular.

Harriet: ¿Cuánto tiempo te llevó reunir el valor necesario para iniciar un diálogo con él?

David: Creo que fue al día siguiente, en la sesión de la tarde. Eso significa que debí haber asistido a dos sesiones enteras, a escuchar lo que otras personas tenían que decir, y lo que Maharaj tenía que decirles.

Finalmente, cuando se produjo una pausa en la conversación le pregunté: “He estado haciendo auto-indagación, tratando de mantener la atención en la sensación interna de ‘yo’, por varios años, pero no importa con cuánta intensidad trate de hacerlo, no consigo que mi atención permanezca en el ‘yo’ por más de unos pocos segundos. No parece haber un progreso en mi capacidad para mantener la atención en la sensación interna de ‘yo’. ¿Tengo que conseguir alargar más y más los períodos de ser consciente del ‘yo’ hasta que se convierta en algo más o menos constante?”.

— No —respondió—, sólo tener el fuerte deseo de buscar el ‘yo’ e investigar eso es suficiente. No te preocupes sobre cómo de bien o cuánto tiempo estás sosteniendo esto. El fuerte deseo de conocer el ‘yo’ te traerá de vuelta a esto cuando tu atención divague. Si algo es importante para ti, seguirá viniendo a tu mente. Si conocer el ‘yo’ es importante para ti, te encontrarás a volviendo a ello una y otra vez.

Después de eso creo que hablé con él casi todos los días, sobre todo acerca de diversos aspectos de sus enseñanzas sobre la conciencia. Parece que él me alentaba a preguntar, y yo siempre disfruté haciéndolo. Sin embargo, los detalles exactos de las preguntas y respuestas parecen haber caído en el olvido de mi memoria.

Harriet: Toda esta charla sobre Ramana Maharshi me ha recordado algo que quería preguntarte. Empezamos esta tarde con la cuestión de por qué no han surgido libros que traten aspectos biográficos de la vida de Maharaj, por lo menos no libros largos. Algunas personas han escrito breves notas, pero nunca han llegado a coagular en forma de un libro completo sobre vivencias con él. Muchos de los libros de Ramana Maharshi están llenos de historias de hechos milagrosos que parecían estar teniendo lugar a su alrededor. Muchos de sus devotos cuentan historias de cómo la fe en Bhagavan cambió sus vidas o de algún modo, de una manera improbable, transformó sus destinos. Sé que Bhagavan mismo repudió toda responsabilidad personal por estos eventos, pero eso no impidió que la gente los escribiera y los atribuyera a la gracia de Bhagavan.

Supongo que mi pregunta es, ¿sucedieron cosas similares alrededor de Maharaj?, y si las hubo, ¿por qué nadie se molestó nunca en escribirlas?

David: No sé cómo eran de corrientes sucesos tales como estos, pero sé que sucedían. Y si cosas similares sucedieron a otras personas, realmente no sé por qué los que saben de estos eventos no quisieron escribirlos.

Permíteme restablecer el equilibrio contando una historia muy larga y encantadora.

En algún momento a finales de la década de 1970 se me pidió llevar a una mujer sudamericana, llamada Anna-Marie, a Bombay, y cuidar de ella porque casi no hablaba una palabra de inglés. Su lengua materna era el español y creo que ella vivía en Venezuela, pero tengo un vago recuerdo de que esta no era su nacionalidad. Yo estaba planeando ir a Bombay del modo que fuese para ver a Maharaj, así que accedí a llevarla y cuidar de ella. Muy pronto en nuestro camino —estábamos todavía en Madrás— me di cuenta de que me habían dado un caso un poco perdido para cuidar. Anna-Marie era completamente incapaz de cuidar de sí misma, y era increíblemente olvidadiza. Antes incluso de que hubiéramos subido al tren a Bombay, se las arregló para perder todo su dinero y su pasaporte. Al volver sobre nuestros pasos, finalmente seguimos la pista hacia una librería cerca de la estación. Milagrosamente, el gerente había encontrado el bolso y lo había mantenido con él por si alguien regresaba a buscarlo.

A las pocas horas, en el viaje en tren desde Madrás a Bombay, Anna-Marie fue al baño. En los trenes de la India eso significa un baño de los de ponerse en cuclillas, en los que hay un agujero en el suelo con reposapiés a cada lado. Anna-Marie estaba sentada allí, haciendo su asunto, cuando el tren sufrió una sacudida en las vías. Sus gafas se cayeron y desaparecieron por el agujero de abajo en el suelo. Resultó ser su único par, y sin ellas era más o menos ciega. Me di cuenta de esto más adelante en ese día, cuando nos detuvimos en una de las estaciones siguientes de la línea. Anna-Marie estaba de pie en el andén cuando el tren comenzó a salir de la estación. Ella no hizo ningún movimiento para subirse. Cuando me percaté de lo que estaba pasando, salté afuera y la empujé hacia adentro del tren en movimiento. Ya me había dado cuenta de que ella estaba teniendo problemas para ver las cosas, pero no me había dado cuenta de lo mal que realmente estaban las cosas hasta que descubrí que no podía ver un tren en movimiento, con cerca de veinticinco vagones, que estaba a unos tres metros frente a ella. Supe que mi primera prioridad, una vez que llegáramos a Bombay, sería la de obtener un nuevo par de gafas para ella. Me acordé de que había una óptica muy cerca de la casa de Maharaj. Me había fijado en eso en mis viajes anteriores mientras estaba esperando para tomar un autobús para ir al centro.

A la mañana siguiente, tan pronto como la tienda abrió, la llevé allí para que le revisaran la vista y conseguirle unas gafas. La prueba llevó mucho tiempo, en parte por la deficiencia de Anna-Marie con el idioma inglés, y en parte porque el óptico no podía calcular qué graduación era la que ella necesitaba.

Después de alrededor de media hora salió y dijo: “Ella tiene que ir a un hospital oftalmológico especializado. Aquí con los instrumentos que tengo no consigo averiguar cuál debe ser su prescripción. Hay algo seriamente mal en sus ojos, pero no sé exactamente lo que es. Llévala a ‘tal y tal’ Hospital Oftalmológico”.

Cualquiera que fuese el nombre, yo nunca había oído hablar de él. Empezó a darme indicaciones, pero como yo no conocía Bombay no era capaz de seguirlas. Así estábamos, cuando el primer ‘milagro’ del día sucedió. Iba a ser el primero de muchos.

— No os preocupéis —dijo el óptico—, os llevaré allí yo mismo.

Cerró su tienda —él no tenía ayudantes que atendieran el negocio mientras tanto— y nos pusimos en marcha en una caminata a través de Bombay. Debimos haber caminado más de una milla antes de que finalmente llegáramos al hospital. Él nos llevó a la oficina de un cirujano ocular que conocía allí y explicó que sus instrumentos no eran lo suficientemente sofisticados para averiguar qué había mal con los ojos de Anna-Marie. Luego nos dejó y volvió a su tienda. Me he encontrado con muchos actos de bondad en todos los años que he estado en la India, pero todavía me maravillo cuando pienso en este hombre que cerró su tienda durante un par de horas y caminó un par de millas de ida y vuelta sólo para ayudarnos.

El cirujano se puso a trabajar en los ojos de Anna-Marie. Incluso estaba impresionado por lo complicado de sus ojos. Él la probó en varias máquinas y gadgets, pero al igual que el óptico antes que él, no pudo llegar a una prescripción.

“¿Qué está mal en esta mujer?” , se preguntó. “¿Cómo ha podido acabar con unos ojos como estos?”.

Me encogí de hombros:

— No tengo ni idea. Apenas la conozco y casi no habla nada de inglés.

Nos fuimos a otra parte del hospital que, al parecer de mi ojo no entrenado, parecía tener aparatos más grandes y sofisticados. Esta nueva combinación de pertrechos finalmente sirvió para hacer un diagnóstico a Anna-Marie. Nuestra curiosidad se había despertado por este largo y complicado proceso, así que probamos a comunicarnos con ella a través del lenguaje por señas y mediante las pocas palabras inglesas que ella conocía, a fin de descubrir cómo los ojos de Anna-Marie habían llegado a tan peculiar situación. Después de algunos intentos fallidos, ella se dio cuenta de lo que estábamos preguntando. Resultó que se había caído de un edificio en Sudamérica y había caído cara abajo, sobre su rostro. Después de haber visto su comportamiento y actividades en los dos días previos, encontré esta posibilidad como un escenario completamente creíble. No creo que me haya encontrado jamás con nadie que fuese tan propenso a los accidentes.

Sus ojos habían sido dañados en la caída y habían sido suturados en varios lugares. Como resultado de esta cirugía había lugares en el globo ocular que tenían una curvatura muy excéntrica. Esto explicaba la incapacidad del primer óptico para poder averiguar lo que ella necesitaba. Incluso el hospital oftalmológico grande tardó casi una hora en averiguarlo.

Estuve hablando con el cirujano ocular y descubrí que teníamos un conocido mutuo en Tiruvannamalai. De hecho, él conocía a un buen número de devotos de Bhagavan. Al igual que el óptico antes que él, decidió llevarnos bajo su ala.

— ¿Dónde vais a conseguir que esta prescripción sea realizada?, —preguntó.

— Bueno, el primer hombre al que fuimos, el que nos ha traído hasta aquí, ha sido muy servicial con nosotros. Me gustaría volver con él para darle el negocio, dado que nos ha tratado con tanta amabilidad.

— No, no —dijo el cirujano—, él sólo tiene una pequeña tienda. Él no podrá cumplir con una orden como esta. Es demasiado complicado. Os llevaré a la mayor óptica de Bombay.

Él también cerró su oficina y nos llevó en otro viaje a través de Bombay. Tan pronto como entramos por la puerta de la tienda a la que nos llevó, todo el mundo nos prestaba atención. Era claramente una figura muy respetada en el mundo de la oftalmología.

— Estos son mis amigos —anunció, saludándonos con la mano—. Ellos tienen una prescripción difícil de cumplir. Por favor, háganlo lo más rápido posible porque esta mujer no puede ver nada sin gafas. Sin ellas está prácticamente ciega.

Nos dejó en manos del gerente de la tienda y se dirigió de nuevo al hospital. La enorme y radiante sonrisa del gerente duró el tiempo que le llevó leer la prescripción. La puso sobre el mostrador y empezó a hablar con nosotros muy consternado.

— Normalmente disponemos de lentes para cada prescripción posible aquí en la tienda. Tenemos un gran volumen de ventas, por lo que podemos darnos el lujo de hacer y mantener lentes que no tienen ningún cliente en concreto aún. Tarde o temprano alguien va a venir a comprarlas, y todo el mundo aprecia el hecho de que pueden conseguir lo que quieren en el momento, sin tener que esperar a que sus gafas sean fabricadas. Pero esta prescripción es una combinación tan improbablemente absurda que nadie iba a pensar en fabricarla o mantenerla. Hasta que lo he visto no me hubiera imaginado que nadie en el mundo pudiera tener los ojos que correspondan con estos números. Tendremos que hacer una orden especial y esto nos llevará un largo tiempo, porque los molinos de vidrio están en huelga actualmente. Incluso si vuelven al trabajo es probable que pasen semanas antes de que podamos llegar a recibir un pedido como este, porque ya tienen una gran cantidad de pedidos pendientes. Lo siento, no puedo ayudaros, y nadie más en la ciudad será capaz de ayudaros porque esta prescripción es demasiado inusual como para que alguien pueda proveerla.

Esta disculpa tardó en desarrollarse alrededor de cinco minutos. Mientras tanto, uno de los chicos de la tienda, que obviamente no sabía nada de inglés, recogió el papel y se fue al depósito a buscar las gafas. Ese era su trabajo: recoger las prescripciones de la oficina principal y encontrar las lentes correspondientes en el almacén. Justo cuando el gerente estaba llegando a su conclusión, el muchacho volvió a aparecer con dos lentes que correspondían exactamente a los números de la prescripción. El gerente estaba absolutamente estupefacto.

— Esto no es posible, —continuó diciendo—. A nadie en su sano juicio se le ocurriría fabricar y mantener unas lentes como estas.

Finalmente justificó esa imposibilidad diciendo que alguien debía de haber encargado esas lentes hace mucho tiempo y se habría olvidado de recogerlas.

Como habíamos sido declarados amigos del gran y famoso cirujano ocular —sólo le conocíamos desde hacía un par dos horas— nos hicieron un enorme descuento y media hora más tarde Anna-Marie salió de la tienda llevando lo que yo estaba absolutamente convencido que eran las únicas gafas en el planeta tierra con las que ella podría realmente ver. Ahora bien, ¿hubo un milagro allí, o fuimos sólo los afortunados destinatarios de una secuencia sorprendentemente casual de acontecimientos?

‘Yo’ decidí escoger al óptico inicial que se comprometió a cerrar su tienda y llevarnos a un cirujano ocular de la ciudad, quien resultó estar interesado en Ramana, quien nos llevó personalmente, sin habérselo pedido, a la única tienda en Bombay donde tales lentes se podían encontrar para Anna-Marie. Soy un poco escéptico, y en mi prejuiciada opinión hay demasiadas cosas buenas en esa secuencia como para que se atribuyan a la casualidad solamente.

Mi propia creencia es que cuando vas al Guru, el poder de ese Guru se ocupa de los problemas físicos que puedan surgir. Él no lo hace a sabiendas; es sólo que hay un aura a su alrededor que se encarga de todos estos problemas. Nosotros ni siquiera le dijimos nada a Maharaj sobre las gafas de Anna-Marie. Cuando nos pusimos en marcha esa mañana, yo simplemente suponía que ella tenía los ojos bastante normales y que en media hora o así podríamos comprar unas gafas que le fueran bien.

Este no fue el final de la historia. Te dije que era muy larga. Anna-Marie estuvo sentada con Maharaj cada día durante una semana, pero por supuesto, no podía entender ni una palabra de lo que se estaba diciendo. No había nadie allí que hablara español. Entonces, una mañana, ella apareció con los ojos muy enrojecidos y le pregunté qué estaba pasando.

— Estuve despierta toda la noche —dijo ella en un inglés horrible—, rezando para que un traductor español venga hoy. Hay algo que tengo que decirle a Maharaj, y necesito un traductor para hacerlo.

Más tarde esa mañana, cuando estábamos todos sentados en un café en Grant Road, en el intervalo de descanso entre el final de los bhajans y el comienzo de la sesión de preguntas y respuestas, notamos una nueva cara extranjera en una mesa contigua —una mujer que estaba leyendo un ejemplar de ‘Yo Soy Eso’. Nos presentamos y descubrimos que, sorpresa, sorpresa, era una traductora profesional de español-inglés que trabajaba en Bombay y que había llegado recientemente a través de las enseñanzas de Maharaj. Ella había concebido vagamente la idea de venir algún día a visitar a Maharaj, pero no había sido hasta esa misma mañana que esa vaga idea se tradujera por fin en acciones concretas. Anna-Marie, por supuesto, estaba en la luna de feliz. El traductor por el que había pasado toda la noche orando, se había manifestado milagrosamente en la mesa de al lado de ella, unos quince minutos antes de que la sesión de preguntas y respuestas comenzara.

Todos volvimos a la habitación de Maharaj, curiosos por saber lo que Anna-Marie quería decirle. Esto es más o menos lo que ella tenía que decir a través del traductor:

“Yo estaba viviendo en Venezuela cuando tuve un sueño de una montaña y dos hombres. Me enteré poco después de que uno de los dos hombres era Ramakrishna, pero durante mucho tiempo no supe quién era el otro hombre o qué podría ser la montaña. Entonces, el año pasado, vi una foto de Ramana Maharshi y me di cuenta de que este era el segundo hombre del sueño. Cuando hice un poco de investigación para averiguar más sobre él, pronto me di cuenta de que la montaña en el sueño era Arunachala. En el sueño Ramana Maharshi me miraba de una manera muy especial y me transmitía un conocimiento de sus enseñanzas. Él no lo hacía verbalmente. Él sólo me miraba, y mientras estaba mirando, sentí que me estaba llenando con una comprensión de sus enseñanzas, un conocimiento que yo podía articular con claridad, a pesar de que no hubo ningún intercambio de palabras entre nosotros. Supe que tenía que venir a la India para obtener más información sobre él. Convencí a un amigo mío para que me trajera aquí, aunque yo sabía que Ramana Maharshi ya no estaba vivo. Yo intuía que aquí en la India había algún tema para mí, y algo me empujaba intensamente a venir. Mientras estaba en Tiruvannamalai oí de ti, y supe que tenía que venir a verte a ti también. Esa misma compulsión que me hizo venir a la India para averiguar sobre Ramana Maharshi me hizo venir también aquí. No sé qué es esto, pero yo sabía que tenía que venir”.

Maharaj intercedió en este punto: “¿Cuáles fueron las enseñanzas que te fueron transmitidas en el sueño? ¿Qué te dijo Ramana Maharshi cuando estaba revelando sus enseñanzas en silencio?”.

Anna-Marie habló en español durante unos cinco minutos, sin que ninguna traducción fuese dada por la intérprete. Al final de ese período la traductora empezó a explicar lo que había dicho. Todos nosotros nos sentamos allí, absolutamente estupefactos. Ella dio un resumen perfecto y fluido, de cinco minutos de duración, de las enseñanzas de Maharaj. Eran claramente no las enseñanzas de Ramana sino las de Maharaj, y esta mujer estaba dando una maravillosa presentación de las mismas. Pienso que fue uno de los mejores resúmenes en cinco minutos de las enseñanzas que yo jamás había oído. Y recuerda, esto vino de una mujer que estaba en su primera visita, alguien que había tenido muy poco conocimiento de las enseñanzas de Maharaj antes de venir allí aquel día.

Maharaj parecía estar tan impresionado como todos los demás allí. Se puso de pie, llevó a Anna-Marie escaleras abajo y la inició en el mantra de su linaje, escribiéndolo en su lengua [idioma de ella] con su dedo [el dedo de Maharaj]. He mencionado antes que él se ofrecía de buen grado a dar a conocer el mantra si alguien quería. Si alguien le pedía por ello, él ordinariamente se lo susurraba al oído. Este es el único caso que conozco en el que dio el mantra sin que se lo pidieran primero, y es también el único caso que conozco en el que lo escribió con su dedo en la lengua de un devoto. ¿Qué significa todo esto? No tengo la menor idea. Renuncié hace mucho tiempo a tratar de adivinar o racionalizar por qué los Gurus hacen las cosas que hacen.

Harriet: ¡Esa es una gran historia! Así que, ¿dirías que Maharaj cuidaba por el bienestar de los devotos, de la misma manera que otros grandes Gurus lo hacían?

David: Me gustaría responder con un condicional “sí” a esta pregunta. “Sí”, ya que es la naturaleza de los seres iluminados ser así —ellos no tienen ninguna opción en el tema porque estas cosas pasan a su alrededor de forma automática. Sin embargo, en un nivel más superficial, la respuesta podría ser “no”. Si la gente le llevaba sus problemas personales, él podía enfadarse y decir que no eran asuntos de su incumbencia. Él no se percibía a sí mismo como alguien que tratara con personas individuales que tenían problemas. Vi varias personas yendo a él para decirle que les habían robado todo su dinero o su pasaporte, y su respuesta habitual era reñirles por ser descuidados. Yo le dije una vez que estaba preocupado por lo mucho que estaba durmiendo. En aquel momento, sin embargo, yo pensaba que eso era una legítima cuestión espiritual porque había leído a muchos maestros que habían dicho que era malo dormir mucho.

Su respuesta, sin embargo, fue: “¿Por qué me traes tus problemas médicos? Si piensas que eso es un problema, ve a ver a un doctor”.

En ese caso en particular su consejo resultó ser perfectamente correcto. Más tarde descubrí que yo estaba sufriendo de una importante infestación por anquilostoma, casi sin duda como resultado de caminar alrededor de la India durante años sin calzado. Los anquilostomas se comen los glóbulos rojos de la sangre, y si se ponen fuera de control se comen más de los que el cuerpo puede producir. Finalmente, te pones muy anémico, lo que significa sentirse cansado y con sueño todo el tiempo. Por lo tanto, en este caso particular, lo que parecía ser una respuesta irritable y desdeñosa, era la cosa más útil que pudiera decir. Yo diría que el Ser pone las palabras adecuadas en su boca en el momento justo, pero en ese momento ninguno de nosotros sabía exactamente cuánta razón tenían tales palabras.

A pesar de su respuesta generalmente irritable cuando la gente iba a él en busca de ayuda personal, pienso que él era plenamente consciente de que estaba cuidando por el bienestar de todos sus devotos, a pesar de que puede que eso no haya sido visto así en gran parte del tiempo.

Harriet: Una vez más, ¿puedes darme un ejemplo de esto, o se trata sólo de conjeturas?

David: Me acuerdo de un enorme hombre gordo de Madrás que vino a ver a Maharaj con lo que él decía ser un problema: “He estado haciendo japa durante muchos años y he adquirido siddhis como resultado. Si estoy muy contento con alguien, le suceden cosas muy buenas automáticamente. Yo no pienso en eso ni en hacer nada. Eso simplemente sucede por sí mismo. Pero si me enfado con alguien, sucede lo contrario. Entonces suceden cosas muy malas, y a veces incluso la persona muere. ¿Cómo puedo evitar que éstas cosas sucedan?”.

Maharaj le dijo: “Todos estos siddhis han llegado como consecuencia de tu japa. Si dejas de hacer el japa, los siddhis también se detendrán”.

— No creo que pueda hacer eso —respondió el hombre—. El japa me ha tomado tan completamente que ya no es voluntario. Simplemente sucede por sí mismo, tanto si quiero como si no.

Maharaj repitió su consejo, pero el hombre no estaba interesado en llevarlo a cabo. Parecía muy satisfecho de sí mismo y me dio la sensación de que había llegado allí sólo para mostrar sus logros. Mi opinión se confirmó cuando anunció que ahora estaba dispuesto a responder a las preguntas de cualquier persona en la habitación. Él no había venido allí para recibir consejo, había venido para darlo.

Maharaj le pidió que se fuera y le dijo que si estaba realmente interesado en sus enseñanzas podía ir a última hora de la tarde a la casa de una de sus mujeres devotas —una profesora de sánscrito que a veces hacía traducciones para él—, y ella se las explicaría. Se le dijo que no volviera a la habitación [de Maharaj]. Sospecho que Maharaj quería mantenerlo alejado de nosotros, porque había algo extraño y amenazador en él. No soy una persona muy psíquica pero yo podía claramente sentir una energía desagradable viniendo de este hombre. Era algo que me hizo sentir físicamente mareado. Él realmente tenía un aura de energía negativa alrededor de él. Hablé con algunos de los demás después y algunos de ellos habían sentido lo mismo.

Todo esto sucedió en una sesión matutina. Al anochecer, la profesora de sánscrito se presentó con una hora de retraso, parecía muy nerviosa. Maharaj inmediatamente quiso saber lo que estaba pasando.

— Ese hombre de Madrás vino a mi casa y no podía conseguir que se fuera. Le dije que ya era hora de que yo viniera aquí, pero él no se levantaba para irse. No quise obligarlo a que se fuera. Podría haberse enfadado conmigo, y entonces me podría haber muerto.

Maharaj pareció indignado. Él sacó pecho como un gallo de pelea que va a la batalla y anunció, muy enfadado: “Nadie puede dañar a mis devotos. Tú estás bajo mi protección. Ese hombre no puede hacerte ningún daño. Si él viene a hablar contigo otra vez, échalo cuando sea la hora en la que vienes aquí. Nada te va a pasar”.

Esta fue la única ocasión en que oí a Maharaj hacer una potente declaración pública de que él estaba protegiendo y cuidando a sus devotos.

Maharaj mismo no tenía miedo de gente como esa. Una vez nos contó sobre un yogui que había llegado a su tienda de beedi para poner a prueba sus poderes. Este yogui tenía al parecer muchos siddhis y vino a ver si Maharaj, de quien él había oído grandes cosas, podría enfrentarle. Maharaj sólo hacía su trabajo en la tienda y rehusó responder a todos los desafíos para mostrar lo que podía hacer. Finalmente, en un intento de provocarle a hacer algo, el yogui dijo que le maldeciría y haría que algo muy malo le sucediera.

Maharaj al parecer lo miró con una completa indiferencia y le dijo: “Tú puedes ser capaz de hacer caer mil soles del cielo, pero no me puedes hacer daño y no me impresionas. Ahora vete”.

Harriet: ¿Qué hay de ti? ¿Hubo situaciones en las que llegaras a sentir que él estaba mirando por ti, cuidando de tu bienestar físico así como de tu salud espiritual?

David: No hay nada ni remotamente tan espectacular como la visita de Anna-Marie, pero puedo contar la historia de un viaje que hice a verlo. Hay algunos incidentes que no parecen tener nada que ver con lo que estás pidiendo, pero de momento dame la oportunidad de llegar al final, entonces te darás cuenta de lo que se trata.

En 1980 quería ver a Maharaj, pero no tenía nada de dinero. No podía permitirme comprar el billete de tren, y definitivamente no podía permitirme permanecer en Bombay durante más de un día o dos. Acepté una invitación para dar una charla sobre Bhagavan en un seminario en Delhi con la condición de que pudiera volver a través de Bombay. Mi billete de tren fue pagado por los organizadores, así que ellos se encargaron de los arreglos del transporte. Mis exiguos fondos me permitirían dos días en Bombay, así que reservé los billetes de acuerdo con esto. En la India tienes que reservar tus billetes de tren al menos con siete o diez días de antelación para conseguir el tren que deseas.

Hice mi discurso en Delhi y luego tomé el tren a Bombay. En el tren suburbano que iba desde la estación principal de Bombay a Grant Road me robaron todo mi dinero, el pasaporte (en realidad un documento de viaje temporal que se me dio mientras esperaba un nuevo pasaporte) y mi ticket-bono para posteriores estaciones de tren. Fue un trabajo clásico. Siempre hay un montón de gente apelotonada en el vagón al mismo tiempo. En la melé general alguien se las arregló para cortar la parte inferior de mi bolsa y sacar mi cartera. Mi primera reacción fue de hecho admiración. Había sido un trabajo tan hábil como profesional. La hendidura era sólo la mitad de una pulgada más grande que el tamaño de la cartera, y toda la operación había sido llevada a cabo en un par de segundos mientras yo estaba tratando de asegurarme de que conseguía el tren.

Afortunadamente, mi billete de tren local estaba en el bolsillo de mi camisa. En aquellos días, había una multa de 10 rupias (unos 20 centavos de dólar al cambio de hoy) para el viaje sin boleto, y yo no habría sido capaz de pagar, si ni siquiera hubiera sido capaz de financiar un billete para mi destino. Cuando llegué a Grant Road, yo ni siquiera tenía esa cantidad de dinero a mi nombre. Creo que sólo tenía un poco más de una rupia en monedas en uno de los bolsillos de mi pantalón. Esto constituía toda mi riqueza de este mundo. Caminé hasta el 10 de Lane, Khetwadi, el callejón donde vivía Maharaj, e invertí todo mi cambio en una taza de té y un periódico matutino. Era muy temprano en la mañana y sabía que pasarían un par de horas antes de que apareciera alguien que yo conociera. Yo no quería ir y decirle a Maharaj que me habían robado porque había visto cómo había reaccionado con otras personas en esa situación. Tenía la esperanza de conseguir un préstamo de algún conocido y luego encontrar un piso para dormir, ya que sin un pasaporte no me resultaría posible registrarme en un hotel.

Jean Dunne apareció aproximadamente a la hora que yo había previsto y le dije lo que había sucedido. Yo la conocía bien porque ella había vivido en Ramanasramam durante un par de años antes de que ella comenzara a visitar a Maharaj en Bombay. Ella me prestó unos pocos cientos de rupias, que supuse serían suficientes para pasar un par de días en Bombay y volver a Tiruvannamalai. Pensaba ir a la estación de tren más tarde en esa misma mañana y obtener una nueva copia de mi ticket-bono del tren. Maharaj, sin embargo, tenía otros planes para mí.

Alguien le dijo que yo había sido robado en el tren de cercanías y me preparé para el probable sermón. En cambio, él fue sorprendentemente comprensivo. Habló con uno de sus asistentes, un funcionario del banco, y le pidió que me alojara durante la duración de la visita. Terminé en una casa muy agradable en una zona muy buena de Bombay. Todo un cambio con respecto a las pensiones que por lo general tenía que frecuentar. Más tarde esa mañana fui a la estación de VT para obtener un nuevo ticket. Para mi gran sorpresa, no había constancia de mi nombre en ninguno de los trenes que salían de Madrás. En aquellos días no había computadoras, todas las reservas eran anotadas a mano en grandes libros. Un funcionario de ferrocarriles muy civilizado y comprensivo (¡no encuentras muchos de ellos cuando no estás en asuntos de Gurus en la India!) se tomó un par de horas libres para estudiar minuciosamente todos los libros para averiguar los detalles de mi ticket. Hay cerca de 750 personas en cada tren y creo que había tres o cuatro trenes que salían de Madrás el día que había planeado irme. Después de escanear más de 2000 nombres para ayudarme, al final lamentablemente anunció que no tenía una reserva en ninguno de los trenes que salían ese día. Empecé a sospechar que algún poder quería que me quedara en Bombay, porque los errores de este tipo son muy raros en el sistema de reservas de tren. En los veintisiete años que he estado usando los trenes aquí, nunca me ha pasado llegar a una estación y descubrir que el billete reservado simplemente no existe. No tuve otra alternativa que ir a comprar un nuevo ticket, lo cual hice con los fondos que había tomado de Jean. El siguiente tren con una plaza vacante no salía hasta aproximadamente dos semanas después, lo que significaba que tenía mucho tiempo para estar con Maharaj.

Había llegado con muy poco dinero, esperando una visita relámpago de dos días. En cambio, por cortesía de Maharaj y por un evento misterioso en el despacho de billetes de tren, tuve una lujosa estancia de dos semanas en la casa de un devoto.

Me dirigí a la casa de Maharaj y descubrí que alguien le había mencionado la charla sobre las enseñanzas de Ramana Maharshi que yo había dado en Delhi algunos días antes. Eso era algo sobre lo que yo quería callar. Maharaj tenía duras opiniones sobre las personas no-iluminadas que daban discursos públicos sobre la iluminación. Yo sólo había accedido a hacerlo para tener una oportunidad de venir a verlo, pero sospechaba que no sería una buena excusa para él.

Descubrí que se había enterado de la charla porque cuando entré en su cuarto me llamó y me pidió que fuera al frente de la sala. Fui y me senté frente a él en el lugar donde los interrogadores por lo general se sientan.

— No, no —dijo—, siéntate a mi lado, frente a todos los demás.

Mi ánimo se hundió. Yo sabía que no iba a disfrutar de lo que él tuviera en mente.

— Mirad mi pequeña habitación —comenzó—. Sólo una treintena de personas vienen a oírme hablar. Pero este David de aquí ha estado dando charlas espirituales en Delhi. Cientos de personas fueron a escucharle, así que debe ser mucho mejor en esto que yo. Así que hoy David dará una charla para nosotros.

Esto era peor que cualquier cosa que yo hubiera podido imaginar cuando me llamó. Intenté sin éxito zafarme de su invitación pero, cuando me di cuenta de que no iba a dar marcha atrás, hice un resumen en cinco minutos del papel que había leído en Delhi. Se trataba de la unidad entre las prácticas de entrega y auto-indagación en las enseñanzas de Bhagavan. Uno de los traductores me pidió ir despacio para que así pudiera dar una traducción sobre la marcha para Maharaj. Durante la duración de la charla Maharaj estaba mirándome muy fijamente. Creo que estaba esperando para saltar sobre mí si yo hiciera algún comentario con el que él no estuviera de acuerdo. Llegué al final de mi resumen sin ser interrumpido por los comentarios mordaces de Maharaj. Pensé que esto en sí era todo un logro importante.

Después de mi conclusión me miró y dijo en un tono bastante suave: “No puedo discrepar con nada de lo que has dicho. Todo lo que has dicho era correcto”.

Luego se enfervorizó y dijo enfáticamente y con mucha contundencia: “Pero no vayas por ahí dando charlas sobre cómo alcanzar la iluminación a menos que estés en ese estado tú mismo. De lo contrario, puedes acabar como ese Wolter Keers”.

Ya te mencioné antes lo que pensaba de Wolter Keers y de sus actividades de enseñanza. Esa era una suerte que yo estaba decidido a evitar. Todo esto sucedió hace veintitrés años. No he dado una charla pública desde entonces.

Tengo que avanzar un poco rápido aquí y llegar al final de la historia. Regresé de nuevo a Tiruvannamalai más de dos semanas después. No tenía ingresos, ni perspectivas de recibir ningún dinero de nadie, y tenía una deuda de varios cientos de rupias que le debía a Jean. Me fui a trabajar a la mañana siguiente en la biblioteca del ashram y encontré un sobre de color naranja en mi escritorio con mi nombre en él. Lo abrí y encontré un fajo de billetes de rupias en su interior. Los conté y descubrí que era exactamente la misma cantidad que me había sido robada en Bombay: ni una rupia más, ni una rupia menos. No había ninguna mención de quién había puesto el dinero allí, y nunca nadie llegó a revelar que él o ella hubiera sido la persona responsable de esto. Que yo supiese, nadie en Tiruvannamalai sabía siquiera sobre el robo. Yo no se lo había dicho a nadie, y no habían transcurrido ni veinticuatro horas desde mi regreso a Tiruvannamalai, cuando el sobre apareció.

Pienso que todo este episodio fue orquestado por el poder que se ocupa de los asuntos de los devotos que tienen un fuerte deseo de estar con un Guru. Este poder me llevó a Bombay, robó mi dinero y mi ticket del tren, eliminó todos los rastros de mi reserva en los libros del ferrocarril, dispuso un excelente alojamiento para mí por más de dos semanas, me trajo de vuelta a Tiruvannamalai, donde entonces me devolvió todo mi dinero a través de un donante anónimo.

Harriet: ¿Dónde te quedabas normalmente cuando ibas a Bombay? ¿Qué hacían para alojarse otros devotos que también venían de visita? ¿Dónde comíais y dormíais? Lo pregunto porque no había ashram o centro donde todos los devotos de Maharaj pudiérais quedaros.

David: Todo dependía de la situación económica que tuvieras. Bombay siempre ha sido un lugar caro para vivir. Si no tenías mucho dinero, tus opciones eran muy restringidas. Algunos de mis amigos se quedaban en un ashram budista, pero eso implicaba participar en muchos de sus rituales, que era algo que muchos de nosotros no queríamos hacer porque algunos de los horarios coincidían con sesiones de Maharaj. Había algunas otras opciones baratas que, o estaban muy lejos, o que también implicaban tener que participar en alguna actividad que tú no querías, o tener que someterte a reglas extrañas que no eran convenientes. Evité todos estos lugares y siempre me alojé en un albergue barato que estaba a unos 200 metros de la casa de Maharaj, en el mismo callejón. Se le llamaba el Poornima, y muchos de nosotros que andábamos cortos de dinero acabamos allí. Me parece recordar que esto costaba Rs 22 por una habitación doble, un precio increíble para Bombay incluso en esos días. A un par de calles de distancia había un sitio que servía comidas baratas a las personas locales que trabajaban en la zona. Estaba hecho de barro y no había sillas ni mesas. Sin embargo, se podía conseguir un gran almuerzo allí —chapatis, dhal y verduras— por Rs 1.40. No puedo recordar el tipo de cambio en esos días. Creo que pudo haber sido de unas doce rupias por dólar. Eso te dará una idea de los precios.

Cuando ibas a verle por primera vez, Maharaj siempre te preguntaba dónde te alojabas. Si le decías, “Poornima”, entonces él sabía que o estabas bien escaso de fondos, o bien eras alguien muy cuidadoso con los gastos. Estaba claro que aprobaba a las personas que no derrochaban el dinero y que conseguían buenas gangas cuando iban de compras. Él había pasado toda su vida siendo un hombre de negocios que conocía el valor de la rupia, y le molestaba considerablemente ver extranjeros despilfarrando el dinero o siendo estafados.

Una mañana en la que yo estaba allí, había unos visitantes que le estaban ofreciendo flores y dulces. La gente traía flores para decorar los retratos de la Guru puja que se llevaba a cabo cada mañana, y algunas personas traían dulces que eran distribuidos como prasad en el final de la misma. Ese día, tres mujeres extranjeras estaban de pie frente a él con flores que tenían los tallos, lo que significaba que tenían la esperanza de que él las pondría en los floreros que había cerca de él. Él le preguntó a la primera de ellas que cuánto había pagado, y cuando ella se lo dijo él se sorprendió. Se enojó con ella, le dijo que había sido estafada y se negó a aceptar las flores. La segunda mujer sufrió el mismo destino. Se aceptaron las flores de la tercera mujer, porque ella había regateado un poco y había conseguido comprarlas a un precio razonable. La devoción no parecía ser un factor clave a la hora de conseguir que las flores fueran aceptadas. La mejor manera de conseguir que tus flores acabaran en su florero era negociar con ferocidad por ellas y conseguir un precio que a él le pareciera satisfactorio.

Ahora que el tema de las flores ha llegado, tengo que disgregar un poco para mencionar sobre el bhajan y el Guru puja que tenían lugar entre la meditación y la sesión de preguntas y respuestas. Era la única ocasión en que Maharaj les permitía a los devotos que le pusieran una guirnalda. Después de que le pusieran la guirnalda, se ponía de pie en el medio de la habitación, golpeando los címbalos con la melodía del bhajan que se estaba cantando. La mayor parte del tiempo sus ojos estaban cerrados. En el inicio él empezaba con unos pequeños crótalos de una o dos pulgadas de diámetro. A medida que el bhajan tomaba cuerpo él iba tomando címbalos más y más grandes, se los iba pasando un asistente [n.t: aproximadamente, era como comenzar con unas castañuelas hasta acabar con unos enormes platillos]. El mayor par eran casi del tamaño de las tapaderas de los cubos de basura. Eran enormes y el ruido que hacían era ensordecedor. Podías oírlos a varias calles de distancia. Cuando Maharaj se ponía a tocar con estos enormes platillos, él todavía llevaba encima tantas guirnaldas, que las zarandeaba y salían despedidas delante de él, a veces a una distancia de aproximadamente dos pies. No era posible golpear los platillos mayores sin destruir completamente las guirnaldas. Maharaj aporreaba y aporreaba con los ojos cerrados, y cada vez que los platillos chocaban, los pétalos saltaban volando en todas las direcciones. En el momento en que todo había terminado, el suelo estaba cubierto con fragmentos de las flores que él había roto y pulverizado por toda la habitación. Era una hermosa vista y yo nunca me cansaba de verle aplastar sus platillos uno contra el otro y de pulverizar flores en todas direcciones.

Volvamos a sus hábitos parsimoniosos. Me alojé en el Poornima en una visita que hice en 1979. Estaba pasando dos semanas con Maharaj antes de volar de vuelta a Inglaterra para visitar a mi familia por primera vez desde que había llegado a la India en 1976. Mi madre me había enviado un ticket [billete de vuelta], sintiendo, tal vez con cierta razón, que si no pagaba ella mi viaje yo nunca podría volver a casa de nuevo. Yo había acumulado pedidos de ejemplares de ‘Yo Soy Eso’ de amigos en Inglaterra. El precio británico era aproximadamente diez veces mayor que el de Bombay, por lo que todos los devotos de Maharaj que conocía en Inglaterra me habían hecho pedidos de ejemplares baratos. Yo aparecí en la habitación de Maharaj con esta enorme pila de libros y le pedí que los firmara para todas las personas que estaban esperando por ellos en Inglaterra.

Él me miró con recelo y dijo: “Pensaba que no tenías dinero. ¿Cómo puedes permitirte el lujo de comprar todos estos libros?”.

Le expliqué: “No son para mí. Son para personas en Inglaterra que no quieren pagar el precio británico. Me han enviado dinero para llevarles ejemplares baratos de la India”.

Cuando le dije cuál era el precio de venta en Londres él estaba realmente horrorizado.

“¡Llévate tantos como puedas! ¡Nadie debería pagar ese precio por un libro!”.

Sacó su pluma y felizmente firmó todos los libros.

Harriet: ¿Seguiste yendo a verle hasta que falleció? ¿Estuviste allí en los días finales?

David: No, y yo no quería estar. Yo no quería sentarme allí a observarle morir lentamente. Quería mantener en mi memoria a un hombre que era una perpetua dinamo, un centro increíblemente vital de fuerza y energía. Yo sabía que él no se consideraba a sí mismo como el cuerpo, pero no quería estar allí, observando cómo el cáncer lentamente lo reducía a un inválido. No puedo recordar la fecha de mi última visita, pero sí recuerdo que todavía estaba hablando sin muchos problemas.

No he explicado cómo Maharaj cuidaba el tráfico que fluía a través de su habitación. Necesitas saber acerca de esto para entender lo que viene después. Debido a que el espacio disponible era limitado, Maharaj generalmente sólo le permitía a la gente permanecer con él cerca de dos semanas. Nuevas personas llegaban todos los días y simplemente no había suficiente espacio para que todos se sentaran en el suelo.

Cuando Maharaj veía que la sala estaba congestionada, escogía a algunas de las personas que habían estado allí por más tiempo y les pedía que se fueran, diciendo: “Puedes irte ahora. Nuevas personas han llegado y no hay sitio”.

Las personas seleccionadas tenían que irse, pero si todavía estaban interesadas, podían reaparecer después de un par de meses y entonces quedarse otras dos semanas. Ese fue el sistema que muchos de nosotros seguimos: dos semanas allí, seguidas por dos o más meses en alguna otra parte. Por lo general, cuando yo llegaba, le decía que tenía un billete de vuelta a Madrás en el plazo de dos semanas. Él confiaba en que me fuera el día señalado.

En mi última visita, sin embargo, recuerdo que yo estaba tratando de permanecer unos pocos días más de los que había previsto inicialmente. Recuerdo que durante un par de días me senté en un rincón del fondo, esperando que él no me notara, porque sabía que mi tiempo se había terminado. Una mañana no pude llegar a tiempo a mi asiento del fondo porque algo me retrasó. Me encontré sentado muy cerca de él, bloqueando en efecto su vista de algunas de las personas que estaban inmediatamente detrás de mí. Debo mencionar que mido 6'2" y que mi espalda es desproporcionadamente larga para mi tamaño. Tengo las piernas cortas y una larga espalda, lo que significa que cuando me siento en el suelo con la espalda recta, la parte superior de mi cabeza está a la misma distancia del suelo que alguien que mida cerca de 6'4". Por supuesto, en esa mañana en particular Maharaj quería tener una conversación con la persona que estaba sentada justo detrás de mí, alguien que era mucho más bajo que yo. Intenté, sin éxito, retorcerme y apartarme de la trayectoria, y Maharaj trataba de mirar a mi alrededor buscando al interlocutor, pero no sirvió de nada porque no había espacio extra para que yo pudiera maniobrar. Estábamos empaquetados como sardinas en una lata.

Finalmente Maharaj me miró y me dijo, con cierta irritación: “¿Por qué estás todavía aquí, sentado ocupando espacio? No puedo ver a la gente detrás de ti. Tú estás lleno del conocimiento. Estás tan lleno del conocimiento que te está saliendo por las orejas y haciendo un lío en mi alfombra. Ya te puedes ir y hacer sitio para otras personas”.

Esa fue la última vez que me habló. Tomé sus irascibles comentarios como que eran una aprobación y una bendición, una especie de certificado de graduación. Salí aquel día y nunca regresé.

En los siguientes meses seguí recibiendo informes acerca de su delicado estado de salud pero nunca me sentí tentado a volver una vez más. Es decir, hasta que de repente apareció en uno de mis sueños diciéndome que fuera a verle. Fue un sueño tan contundente que me despertó. Me quedé ahí en la cama, preguntándome si realmente era él diciéndome que fuera, o si era sólo mi subconsciente manifestando un deseo secreto de ir a verle una vez más. Me quedé dormido sin resolver el dilema en un sentido o en el otro.

Unos minutos más tarde volvió a aparecer en mi siguiente sueño, mirándome: “Yo sólo te dije que vinieras. ¿Por qué no me crees?”.

Me desperté y sabía que él quería que yo fuera. Tal vez quería una última oportunidad de asaltar mi ego obstinado. No fui y no puedo dar ninguna excusa satisfactoria por mi negativa a responder a este sueño. Esto fue justo antes de que él falleciera en 1981. Podría dar una serie de razones, pero ninguna de ellas me suena verdadera ni me satisface. Cuando estudio el recuerdo de este evento, no puedo encontrar ninguna excusa que pase el examen en mi conciencia. Yo no fui, y hasta hoy no puedo recordar lo que me detuvo.

Harriet: ¿Continuaron los sueños? ¿Te pidió que fueras otra vez?

David: No, fue sólo en aquella única noche. Sin embargo, después de que él murió empecé a tener de manera regular sueños vívidos en los que yo le estaba visitando en su habitación. Subiría por las escaleras y lo encontraría allí, sentado en su lugar habitual, y enseñando en su manera usual. La lógica de mi sueño trataba de averiguar por qué él todavía estaba allí, todavía enseñando. En el sueño, una parte de mí sabía que había muerto, pero otra parte era testigo de que él aún sigue con vida, todavía enseñando en su rincón habitual. En estos sueños a veces llegué a la conclusión de que él en realidad no había muerto en absoluto, que había fingido su muerte, esperó hasta que las multitudes se habían ido, y luego volvió a la enseñanza con un pequeño grupo de personas que estaban de alguna manera en el juego. Mi inteligencia onírica inventaba todo tipo de historias como éstas, pero incluso en los sueños ellas realmente nunca me convencían. Sabía que algo andaba mal, pero no podía imaginar lo que era.

Estos sueños fueron todos a lo largo de la década de 1980 y hasta bien entrada la década de 1990. El último sueño de esta secuencia fue diferente. Encontré a Maharaj enseñando a un grupo pequeño de personas dentro de la habitación principal del dispensario de Ramanasramam. Esto era inusual porque nunca antes había soñado con él en cualquier lugar que no fuera su habitación. Además, la gente era diferente. No eran los rostros indios que poblaban su habitación en los sueños anteriores. Todos ellos eran extranjeros, todos gente que yo conocía bien. Esta vez no había dudas, ninguna confusión acerca de por qué o si todavía estaba vivo.

Miré a Maharaj, me giré hacia mis amigos que estaban sentados en el piso con él y les dije, con una gran sensación de exaltación: “¡Veis! ¡Os lo dije! ¡Está vivo! ¡Él no murió en absoluto! ¡Todavía está vivo!”.

El sueño terminó y nunca he soñado con él de nuevo.

Harriet: ¿Qué piensas de todo esto? ¿Qué significa todo esto para ti?

David: No necesito a Freud en este caso. Él no murió porque nunca nació. Él está vivo como el Ser dentro de mí. Él no puede morir. Él está dentro, esperando su momento, esperando a que las palabras que él plantó ahí acaben conmigo y con mi pequeño y limitado mundo. Yo sé que él no me ha abandonado [no ha renunciado a mí, no ha perdido la fe en mí], y también sé que algún día él prevalecerá.
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