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¡Oh, Ser infinito que resplandeces en todos los corazones como UNO!
Me inclino ante Ti en tus infinitos aspectos.
Amo tu sonrisa triple: Sabiduría, Amor y Poder.
Te saludo, oh Bhagavan, Fuente de la Sabiduría,
Verdad eterna, brillante como infinitos soles,
Océano de la Consciencia.
Te amo, oh Krishna, el Amor mismo,
Fuente de la Bondad, la Juventud y la Belleza eternas,
Océano de la Felicidad.
A Ti me entrego, oh Skanda, Voluntad divina,
Hijo de Shiva, Ser eterno, Uno inmortal,
Océano de la plenitud omnipotente.
Me inclino ante Ti en tus infinitos aspectos.
Amo tu sonrisa triple: Sabiduría, Amor y Poder.
Te saludo, oh Bhagavan, Fuente de la Sabiduría,
Verdad eterna, brillante como infinitos soles,
Océano de la Consciencia.
Te amo, oh Krishna, el Amor mismo,
Fuente de la Bondad, la Juventud y la Belleza eternas,
Océano de la Felicidad.
A Ti me entrego, oh Skanda, Voluntad divina,
Hijo de Shiva, Ser eterno, Uno inmortal,
Océano de la plenitud omnipotente.
¿Quién eres? ¡¿QUIÉN ERES?! Si sabes lo que eres, entonces estás iluminado. Y es imposible no saber lo que uno es. Sólo se puede fingir que no se sabe, para así jugar. Pero ese fingimiento no es nada, pues siempre se es lo que se es; y en el fondo, ser equivale a saber. Es imposible ser sin saber (la existencia es lo mismo que la consciencia de esa existencia). Y es imposible dejar de ser.
Ya eres lo que eres. Siempre lo has sido y siempre lo serás, pues no existe el tiempo ni el cambio, pero sí existes Tú, el Inmutable Infinito, la Gracia divina, la Bondad plena. El SER.
Ya eres lo que eres. Ya estás iluminado. Nunca has cambiado y nunca cambiarás. ¡Oh, bello inmutable sin forma, bondad sin fin!
Ya eres lo que eres. La Verdad es inmutable, es eterna, es siempre la Verdad. El «camino» a la iluminación es limpio, despejado, vacío, sin tiempo, sin obstáculos (no necesitas convertirte en lo que eres, porque, desde siempre y para siempre, ya eres lo que eres). Los obstáculos no son nada, sólo creencias-fantasías a las que uno se aferra. Al abandonar las fantasías los obstáculos desaparecen, se disuelven pues no son nada real, sino meros espejismos. ¡Los obstáculos no están ahí! ¡Deja de fingir, si quieres!
No hay obstáculos. No hay pesar. No hay camino, ni ego, ni rival. Al «soltar» las fantasías las ilusiones se disuelven y reaparece la Verdad, UNA, radiante, eternamente sonriente, como siempre es. Sólo hay la elección de «soltar» o «agarrar» (a las fantasías). Sólo hay la elección de fingir o no fingir, jugar o no jugar. Pero las fantasías no son nada, fingir no es nada. De todos modos, en todos los casos (incluso con fingimientos) en verdad no hay nada excepto SER. Sólo hay UNO, el cual ES. Ese UNO nunca cambia. Ese UNO es lo que eres. La Verdad ES. ESO. ¡ESTO-PURO! Ya eres lo que eres. Ya estás iluminado. No tú, sino Tú (¿acaso no sabes quién eres? ¡Claro que lo sabes! ¿Quién eres? Puedes soltar. Puedes dejar de fingir). ¡Oh, Dios infinito, plenísima Bondad!
Conclusión: La iluminación no existe, porque siempre se es lo que se es. ¡Lo Real nunca cambia! Sólo existes Tú. UNO. La Verdad. La Bondad. Lo Inmutable que nunca cambia, siempre igual a Sí Mismo. Siempre consciente de Sí Mismo. Siempre gozándose a Sí Mismo. Pleno de Paz.
Yo Soy Lo Que Yo Soy
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