sábado, 13 de diciembre de 2014

Búsqueda externa (y III): Sé práctico: vive temporalmente en la dualidad, pero no te la creas

*
Cuando uno se da cuenta de que la búsqueda externa no conduce a nada, sino que solo en nuestro interior hallaremos todo, ha de llevar todavía cuidado de no caer en fanatismos ni malinterpretaciones. Ante todo, hay que ser natural. Esto quiere decir, en cuanto a los asuntos externos, que en el mundo nos comportemos de manera sencilla y normal, sin artificios.

Por ejemplo, si sabemos que el cuerpo es ilusorio, no por ello dejaremos de lado el alimento o los cuidados higiénicos. Aunque el cuerpo y el oxígeno sean ilusorios, no dejaremos de respirar, ¿verdad? Porque mientras nuestra experiencia en la práctica sea experimentarnos como un cuerpo, haremos bien en dejar de lado fanatismos imprácticos. En vez de eso, usaremos el camino del medio: una actitud discernidora, acompañada de un comportamiento sencillo y normal en cuanto a las cosas del mundo. Se trata simplemente de no provocar artificialmente irritaciones innecesarias en nuestro ánimo. Si nos sentimos enfermos, no nos prohibimos ir al médico (o a lo que nos dé confianza); pero recordaremos que la enfermedad es ilusoria, como también el cuerpo y el médico, y el mundo de espacio/tiempo en que se desenvuelven.

De este modo nos permitimos estar abiertos a la inspiración que nos guía a cada uno de manera concreta. A unos les conviene ir al médico normal para así lidiar con el menor miedo posible, a otros les conviene algún terapeuta alternativo, otros podrían simplemente estar a gusto sin hacer caso a la ilusoria enfermedad (incluso si eso desemboca en la también ilusoria muerte). Igualmente, unos se sentirán llamados a la vida retirada, otros a la vida en ciudad, unos se casarán, otros no o incluso algunos serán célibes, unos resonarán con la dieta vegetariana, otros no, unos buscarán vías directas para el despertar, otros no, otros la "no-vía" (jejeje), etc. No hay regla fija, por eso conviene estar abiertos a la inspiración, la cual nos proveerá una guía perfectamente adecuada a nuestro particular proceso de despertar.

La actitud mental es “no te resistas”. Pero si alguien agrede a nuestro hijo, intervenimos de manera oportuna. Al haber discernimiento, se puede intervenir sin necesidad de odiar, pero con total efectividad. El discernimiento amoroso no implica debilidad, sino firmeza y fortaleza desprovistas de odio (incluso cuando surge odio, tampoco nos resistimos; lo dejamos pasar).

Si alguien te roba, puedes hacer lo que sea oportuno, incluso denunciarlo a la policía si te sientes inspirado a eso. Tal vez ese “ladrón” necesita que lo atrapen e incluso podría ser, a veces, que la cárcel sea lo mejor para él. O cualquier lugar/situación donde tenga una oportunidad de reflexionar y abandonar su actitud autodestructiva.

Por supuesto que en el fondo todo eso es ilusorio. Es imposible enfermar, que agredan a tu familia, que te roben, etc. Todo eso es irreal. Pero mientras nos experimentamos todavía como cuerpos en un mundo temporal, tendremos aparentemente experiencias corporales y temporales, y será sensato usarlas para despertar del sueño, en lugar de para reforzarlo. En un sueño de hambre, aceptar comida puede ser lo más relajante incluso si ya vislumbramos que se trata de un simple sueño. Porque privarnos artificialmente de las necesidades habituales en el mundo de la forma, no haría sino reforzar nuestro miedo. Y puesto que la dualidad es un sueño de separación y miedo, si actuamos de manera que reforcemos el miedo, estaremos reforzando el sueño. Estaremos eligiendo alargar el sueño y retrasar nuestro despertar.

Por eso somos prácticos. A nivel mental somos osados, firmes, no hacemos concesiones que vayan contra el discernimiento. O sea: a nivel mental, admitimos que el mundo de las formas separadas es un sueño, no es real y depende de nosotros despertar a la verdad. Pero a nivel de las actividades corporales, actuaremos de manera sencilla y sensata: comeremos, nos vestiremos, cerraremos con llave la puerta de nuestra casa, etc, lo que a nosotros en particular nos resulte normal... ¡o al menos respiraremos jejeje! Respirar es también ilusorio —algo relativo al cuerpo, la forma, el tiempo— pero mientras nos experimentamos aún dentro del sueño, no tratamos de negar nuestra experiencia práctica. Simplemente estamos dispuestos a ir más allá de ella y despertar a la verdad. Pero mientras tanto, respiremos sin resistirnos a nuestro proceso ilusorio de despertar. Que aunque sea un proceso ilusorio, en la práctica se despierta. Tras despertar nunca hubo sueño (ni necesidad de despertar, ni hubo realmente un despertar en términos absolutos), pero antes de despertar no conviene entorpecer el proceso de despertar... ¿Paradójico? No, más bien lo sensato en la práctica.

Sabemos que todo el bien está dentro de uno mismo. Pero no por ello nos negamos a vivir en el mundo que nos parece estar experimentando. Simplemente procuraremos no apegarnos a nada, ni siquiera a seguir viviendo corporalmente. Y así podemos seguir nuestra ruta, la que sea: tener una pareja, coche, trabajo, posesiones, etc. Pero esto sí: el apego a todo esto será menor cuanto más claro tengamos que lo externo es ilusorio y la verdad se encuentra en nuestro propio ser. Y entonces vivimos en el mundo sin ser del mundo. Porque lo externo no nos afecta —o cada vez menos, conforme el discernimiento cala en nuestra mente. Nos casamos o comemos, pero no nos apegamos a que nuestro cónyuge y la comida siempre estarán con nosotros. Al no haber apego, todo lo que nos resulte útil mientras aún siga el proceso de despertar, aparecerá. Y lo útil coincide siempre con aquello que nos ayude a despertar.

Ser prácticos nos permite simpatizar con alguien pero no desesperarnos si se va. Nos permite preferir el día soleado (o lluvioso) pero no deprimirnos si surge un día contrario a nuestra preferencia. Nos permite sabernos iguales a todos (todo es la conciencia) a pesar de que aún estemos percibiéndonos como corporalmente diferentes y separados. No negamos nuestra experiencia práctica evidente, y en cuanto a lo que percibimos hacemos lo oportuno. Pero tampoco nos lo creemos. No negamos que estemos percibiendo ilusiones, pero tampoco nos las creemos. No negamos que nos duele una muela, pero sabemos que eso es un símbolo externo de lo que se cuece en nuestro interior. Y no resistimos el símbolo. No lo detestamos, ni tampoco lo deseamos. Simplemente lo dejamos ir. Y cualquier cosa deja de molestar mucho más rápidamente cuanto menos nos resistimos y menos nos apegamos. La resistencia es apego.

La búsqueda interior significa simplemente dejar de buscar fuera. Buscar externamente nunca nos dará plenitud. La búsqueda externa nunca nos ha dado plenitud inmutable; ¿por qué la daría ahora? Lo temporal nunca será inmutable. Eso sería contradictorio. Lo inmutable solo lo encontraremos en la inmutabilidad de nuestro ser.

La búsqueda en sí misma es un concepto, pero mientras hagamos juicios, habrá búsqueda, la llamemos así o no. Dejar de juzgar acaba con la búsqueda y abre el reconocimiento de la paz. El que está en paz ya no busca porque se ha encontrado a sí mismo.

Todo se vuelve benigno cuando comprendemos que todo lo externo son meramente símbolos neutros. Depende de nuestra interpretación que algo parezca favorable o desfavorable, pero, en sí, las ilusiones son neutras. Y al ser neutras, podemos dejar que el Maestro interior se ocupe de ellas. Ante cualquier problema, miedo o duda, dejemos el asunto en manos del Maestro interior, pues Él lo sabe todo mientras que nosotros —el limitado ser ilusorio con el que nos hemos identificado— no sabemos nada. Cuando nos despertemos, será evidente que no hay diferencia entre lo que somos y el Maestro interior. El concepto de “Maestro interior” ya no será necesario, pues ya no habrá dudas ni ilusiones.

Concluyendo: seamos prácticos. Sencillos. Naturales. Así no seremos impertinentes ni con nosotros ni con los demás. Si alguien muere, no le ladraremos a sus familiares que no pasa nada porque la muerte no existe ni el mundo existe ni el cuerpo existe... Si molestamos a los demás usando la “verdad” como arma, no habremos comprendido nada. En vez de eso, respetemos el dolor de los demás. Es ilusorio, sí, como ilusoria es la circunstancia en que aparece. Pero nadie es mejor o más sabio que nadie (excepto en lo temporal, que es apariencia) y si hay quienes están manteniendo la experiencia del dolor ante una muerte, respetemos todo. No resistamos. No es importante decir nada. No es importante decir “la verdad”. La auténtica Verdad ya se ocupa de Sí Misma; simplemente Es, sin necesidad de luchar por imponerse, pues sabe que no existe nada excepto Ella. La clave es siempre lo interior. Si nos parece que algunos sufren por ignorancia, la ignorancia está en nosotros que la percibimos. Sanando nosotros mismos nuestra propia mente, soltando los juicios y las diferencias, dejando ir los miedos y la arrogancia de creernos especiales, estaremos abiertos, inspirados, y si algo ha de ser dicho o hecho a través de nuestro personaje, lo sentiremos como impulso amoroso y desinteresado, y así sucederá.

Mientras tanto, aunque seguimos comportándonos de manera sencilla y normal, la Verdad ya ES, y sonrientemente nos espera. Podemos abrirnos a Ella cuando queramos. ¿Por qué no ahora? Solamente existe un momento eternamente —y está lleno de paz: ahora.
*

2 comentarios: