sábado, 3 de julio de 2010

Yo Soy el que Soy

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Comparto un texto que he encontrado:

YO SOY
No tengo principio, no tengo fin, carezco de forma y no tengo nombre

Soy una luz que traspasa las sombras, Soy una Voz que fragmenta el silencio

Soy una nota de Eterna Armonía y soy silencio, sombras y misterio

Soy un Meteoro que arraiga en la Tierra, Soy una gota que se une al Océano

Soy un color que se integra en la Iris y soy la nube, la tormenta y el rayo

Soy movimiento y oscilo en las ondas, Soy vibración que estremece las formas

y soy al mismo tiempo, sin embargo, Arquero, Arco, Flecha, Tiro y Blanco

Soy un recuerdo que se hace presente, Soy la mirada que observa lo oculto,

Soy pensamiento que piensa en sí mismo y la Conciencia de todas las cosas

Soy un gran grito que estalla en mil ecos, Soy el Testigo de todo suceso,

Soy el actor de todo personaje y las máscaras de todos los gestos,

Soy un suspiro con algo de eterno, Soy el aliento que reanima al polvo,

Soy Ave Fénix y Soy sus cenizas y Soy el fuego que se autoalimenta,

Soy la fusión permanente del Ser, que de continuo penetra en su esencia,

Soy todo centro y Soy la periferia y estando doquiera nadie me ve

Soy las raíces y también el fruto, Soy la simiente y la descendencia,

Soy el último y extraño espécimen de una especie que jamás ha nacido

Soy Total Certidumbre en lo azaroso y en la certeza Soy imponderable,

Soy el compendio de todos los tiempos y la duración que nunca transcurre,

Soy la expansión progresiva de todo, hacia el Acercamiento Infinito,

Soy el espacio que acerca y separa y aquel encuentro que nunca fue ausencia,

Soy cumbre y abismo, quietud y vértigo, Soy causa y efecto, principio y fin,

Soy lapso y distancia al mismo tiempo, música y danza,

Soy todo y nada, vacío y plenitud y siendo todo esto,

no tengo causa carezco de forma, duración y nombre,


Lo he copiado de aquí: http://canalizaciones-del-cielo.blogspot.com/2010/06/yo-soy-el-que-soy.html
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jueves, 1 de julio de 2010

Entrevista a Adyashanti (1)

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Copio íntegramente la entrevista, tal cual aparece en la edición que tengo del libro "Meditación Auténtica" (de Adyashanti), como complemento al final.

Entrevista a Adyashanti

La entrevista que sigue fue realizada después de mi primer retiro de cinco días con Adyashanti, durante el cual descubrí este radical método de meditar.

Tami Simon: Adya, tú practicaste zen durante quince años y equiparas las prácticas meditativas que hacías, meditando en zazen durante largas horas, a haberte dado cabezazos contra la pared. ¿Pero qué pasaría si la meditación zen que hiciste te hubiese preparado energéticamente para el despertar y te hubiese proporcionado las visiones que ahora enseñas? ¿No lo crees posible?

Adya: Es posible. Todo es posible. En mi experiencia, sin embargo, la práctica zen realmente me acercó a la avenida por la que, al cabo del tiempo, terminé fracasando. El cojín era el sitio en el que entraba en guerra espiritual conmigo mismo. Yo intentaba iluminarme y el cojín era el lugar en el que demostraba mi voluntad personal. En ese sentido, cuando miro atrás puedo decir que yo necesité involucrarme en esa batalla con tanta intensidad para poder fracasar. Descubrí, de una vez y para siempre, que no iba a ganar la batalla espiritual y finalmente me relajé. Así que, en ese sentido, todos esos años de práctica zen fueron años realmente útiles. Pero creo que eso no significa que todo el mundo deba seguir ese camino; eso sería un gran error. Pienso que todos llegaremos por la ruta que elijamos.

TS: Tu maestra zen fue Arvis Justi. No sé nada de ella.

Adya: La verdad es que casi nadie ha oído hablar de ella. Se formó con un buen puñado de los maestros japoneses que vinieron por primera vez a Estados Unidos el siglo pasado, principalmente Yasutani Roshi y Maezumi Roshi. Y muchos de los componentes de esta primera oleada eran excelentes maestros que vinieron a América porque el zen de Japón se había vuelto muy tradicional, muy institucionalizado. La gente acudía al templo zen (no todo el mundo) como algunas personas van a la iglesia. Ya sabes: «Es domingo, vamos a meditar al templo zen». Así que estos primeros maestros que llegaron a América buscaban sangre fresca; buscaban gente muy sincera. Y, evidentemente, si nos despertamos realmente y somos llamados a enseñar, eso es lo que queremos: enseñar a personas realmente sinceras.

En esa época en Estados Unidos no había templos zen. Así que la casa de mi maestra, en el norte de California, se llenaba con unas cuarenta personas que acudían a practicar. La gente dormía en el césped, o por cualquier parte. Al cabo del tiempo, el maestro de mi maestra le dijo: «Ya no me necesitas aquí; ha llegado tu hora de enseñar». Y así fue. No hubo ninguna ceremonia tradicional del dharma. Y mi maestra fue muy clara. Ella no se sentía preparada para la vida religiosa. En esa época ella era una mujer mayor, había educado a cinco hijos y se había dado cuenta de que, aunque el zen pudiese seguir una vía tradicional, para ella no era necesario seguir esa vía y no se sentía atraída hacia ella.

Mi maestra enseñaba en su casa y nunca se anunciaba. Al principio, ponía cojines en su cuarto de estar todos los domingos por la mañana y se sentaba a esperar, pero durante el primer año y medio no apareció nadie. Ella tenía una charla preparada y seguía poniendo cojines todas las semanas. Se sentaba a esperar, sin más, y no aparecía nadie. Evidentemente, ¿quién va a aparecer si no te anuncias? Pero ella se mantuvo firme con total dedicación. Y al cabo de un año y medio apareció una persona, así que se sentó con esa persona todos los fines de semana durante un año. Y después apareció otra persona, y así fue creciendo la cosa. Ella nunca intentó hacerse conocida y ni siquiera se consideró jamás una maestra. No tenía grandes pretensiones.

En esa época se empezaba a conocer el zen en Estados Unidos y la gente como yo se sentía atraída por los trajes, los templos, las ceremonias y todas esas cosas. Y de repente te encontrabas con esta mujercita que vestía ropa normal, te recibía en su casa por la puerta de atrás y después te hacía entrar en su cuarto de estar para que te sentaras. Desde fuera no resultaba nada impresionante. De hecho, creo que yo no comprendí lo que ella realmente ofrecía hasta que me propuso hacer un retiro largo en un templo, mi primer retiro. Cuando volví de ese retiro, que fue bastante exigente, estaba literalmente asombrado. Pensé: «Dios mío, aquí hay lo mismo que allí, incluso en mayor medida. La cocina y el cuarto de estar de esta mujercita tenían el mismo dharma, y tal vez más, que en el retiro». No puedo explicarlo bien, pero me llevé una gran sorpresa. Creo que como ella tenía tan pocas pretensiones, la mayoría de la gente no se daba cuenta. Se la perdían, se perdían lo que era y lo que podía ofrecer.

TS: Aunque tú enseñes según tu propio método, basado en tus descubrimientos sobre la Meditación Auténtica y en tus experimentos de escritura, ¿te sientes parte de algún linaje? ¿Tienes la sensación de haber heredado su linaje?

Adya: En realidad, sí, mucho. Ella ocupa un lugar muy profundo en mi corazón y, en gran medida, me siento parte de su linaje.

Mi maestra solía contar una historia sobre la primera vez que se había sentado a enseñar. No había aparecido nadie, por supuesto, pero ella se sentó en su cuarto de estar y siguió sentándose ahí todos los domingos por la mañana. Y alguien llegó a decirle en una ocasión: «Vaya, debe de haber resultado muy solitario, habrá sido duro». A lo que ella contestó: «No lo fue. Cada vez que me sentaba ahí podía sentir y, prácticamente, ver a todos los miembros que habían formado parte del linaje. Podía sentirlo». Y recuerdo haber experimentado lo mismo cuando me senté a dar mi primer retiro. Me sentía como si fuese la punta del iceberg de este linaje tan larguísimo de seres que, respondiendo a su compasión, hacen lo posible por seguir transmitiendo esto. Yo siento muy de cerca la transmisión que obtuve de ella, no sólo la transmisión del despertar, sino la transmisión de su increíble integridad como ser humano. Es casi como si se me hubiese metido dentro de una forma energética. Ella poseía una gran integridad y tenía, también, una enorme gracia. No fingía nunca; no había nada falso en ella, de ninguna forma. Tardé muchos años en ver que, lentamente, había ido heredando la comprensión de esa integridad. Yo no tengo tanta gracia como ella, pero una parte de mi cuerpo se siente prácticamente igual que su integridad, se siente energéticamente como ella. Eso fue, probablemente, su transmisión más importante.

TS: ¿Te preocupa que el camino que te condujo donde te encuentras no sea el camino que enseñas?

Adya: No, no me preocupa en absoluto. El camino que estoy enseñando es en gran medida el camino que me trajo donde me encuentro. Cuando dirijo un retiro, siempre pasamos cinco o seis días en meditación silenciosa. Pero yo descubrí que mi espiritualidad realmente empezaba a despegar cuando no confiaba exclusivamente en la práctica meditativa. Aunque seguí meditando, en un determinado momento di un giro fundamental y dejé de confiar unilateralmente en la práctica. Veía que, en mi caso, la meditación en sí y por sí misma no funcionaba. No la rechacé totalmente, pero empecé a percibir otro elemento: la indagación. Empecé a cuestionarme fundamentalmente casi todo. Empecé a observar las cosas con mucha profundidad, con mucha intensidad.

Después, por supuesto, la parte del despertar es siempre espontánea. No existe ningún abecé sobre cómo despertar. Pero al mirar atrás vi estas dos cosas: quietud y silencio, y la habilidad de ser implacablemente honesto conmigo mismo, la habilidad de no engañarme, de no decirme que sabía algo que no sabía, de seguir con mi línea de indagación. Al cabo del tiempo estos dos enfoques juntos conformaron mi camino espiritual. Y lo que yo enseño es la combinación de estas dos cosas.

TS: En ese sentido, ¿estás enseñando un camino?

Adya: Por supuesto. Un camino sin camino [risas]. Pero sí, podría decirse que es un camino. No es un camino del tipo de «uno más dos son tres», ni «limítate a seguir andando y llegarás a la cima de la montaña». No es un camino en ese sentido. No es un camino que te dé la sensación de estar progresando. Es una forma de estar con la experiencia. Es una forma de estar con uno mismo que, en realidad, deconstruye al yo personal. Aunque no lo sepas, aunque no seas consciente, el camino te va deconstruyendo. El silencio te deconstruye, pero esto no es suficiente para casi nadie. Meditar no es suficiente. Contamos con esta otra parte activa de deconstrucción, que es la pregunta y la indagación directa.

TS: En tus retiros a menudo propones a la gente la indagación a partir de la pregunta «¿qué soy yo?». Nunca había oído esa sugerencia antes. La mayoría de la gente que enseña indagación propone a los estudiantes la pregunta «¿quién soy yo?».

Adya: «¿Quién soy yo?» nunca me funcionó a mí. Aunque funcione para algunas personas, «¿quién soy yo?» implicaba, para mí, una entidad. «¿Qué soy yo?» me parece una pregunta más abierta.

TS: ¿Y no te preocupa que la gente vaya a tus retiros y no se siente derecha durante los períodos de meditación silenciosa? Tengo una curiosidad al respecto, pues va en contra de casi toda la formación que he recibido.

Adya: También va en contra de casi toda la formación que yo he recibido.

TS: ¿Entonces por qué no te preocupa? ¿No conviene sentarse para estar abierto y alerta y para que las vías energéticas del cuerpo puedan fluir libremente?

Adya: En realidad no [risas]. Lo digo porque he visto que mucha gente se ha despertado sin tener una postura erguida [risas]. Y yo siempre utilizo lo que veo, mi experiencia directa. ¿Hay que sentarse en la posición de loto para poder despertar, hay que mantener la columna vertebral erguida? No. La simple observación, el mero hecho de ver lo que realmente ocurre, en lugar de escuchar lo que diga cualquier tradición, me ha dejado claro que para despertar no se necesita nada de eso. ¿Sirve de algo sentarse con la columna derecha? Evidentemente, sirve para algunas cosas. Puede abrir determinadas vías, como has mencionado, y hay posturas que, en sí mismas, son más abiertas. Eso es cierto, por supuesto. Pero mi pasado zen me dio la oportunidad de descubrir que muchas personas se concentraban tan intensamente en la postura correcta que aunque se sentaran en una postura muy abierta (postura de loto con las manos en el mudra correcto), aunque todo estuviera bien externamente, su actitud interna era muy tensa y estaba muy cerrada. Como hemos visto, lo que importa es la actitud. Si la actitud y la postura son uno, entonces funciona. Pero cuando ponemos demasiado énfasis en la postura, aunque ésta sea la correcta, en muchas ocasiones la actitud no estará abierta. Y la actitud interna es la que contiene todo el poder. Hay una enseñanza que dice que la postura correcta dará paso a la actitud correcta, pero no es así. Al menos para mucha gente.

TS: Muchos maestros de meditación enseñan a los principiantes alguna práctica de concentración. Luego, cuando ya están acostumbrados a las prácticas básicas de concentración, les dejan relajarse un poco y explorar. Creo que muchos maestros de meditación enseñan la concentración al principio para evitar que los estudiantes se pasen el tiempo divagando en vez de meditando.

Adya: Es muy probable.

TS: ¿Pero no te asusta que la gente que asiste a tus retiros y que no ha recibido esa formación se pierda divagando en sus pensamientos?

Adya: He comprobado que la gente que acude a los retiros generalmente no ha meditado nunca o ha seguido alguna tradición de meditación. En cualquiera de los dos casos tal vez necesiten algo de tiempo para captar lo que yo enseño. Y, por supuesto, cuando dejamos de manipular la mente, muchas veces se vuelve un poco loca durante un tiempo. Pero, según mis descubrimientos, cuanto más tiempo pueda pasar la gente sin manipular (normalmente no estamos hablando de años ni de meses), más naturalmente se irán calmando las cosas. La gente me pregunta: «¿Puedo repetir mi mantra?, ¿puedo observar mi respiración?». Y les digo que por supuesto, que lo hagan si eso les funciona. Si eso te sirve, sigue adelante y hazlo. Limítate a hacer cada vez menos y menos y menos y menos.

Aunque en teoría casi siempre se aprende una práctica de concentración para poder pasar después a relajarte y a deshacerte de ella, la mayoría de la gente en realidad no se relaja. Si te pasas diez años entrenando para poder manipular tu experiencia, esa experiencia te habrá creado un surco profundamente arraigado. Deshacerse de él puede resultar muy difícil. Aparentemente funciona así, en teoría, pero muchas veces las cosas son diferentes.

Creo que la gente, y quizá ciertos maestros (aunque no lo sé a ciencia cierta), a veces temen que la mente no sepa detenerse si dejamos que se vuelva loca durante un tiempo, si dejamos de manipular la experiencia. O temen que la gente se quede perdida, de algún modo. Pero yo he podido comprobar, una y otra vez, que el estado natural realmente comienza a surgir. El maestro zen Suzuki Roshi decía que la mejor forma de controlar una vaca era dándole un campo enorme. Colocando las vallas no muy juntas. Y, en cierto modo, creo que eso es lo que estoy haciendo. Se trata de crear un campo realmente grande y, con el tiempo, la mente dejará de intentar salirse de él. La gente está acostumbrada a seguir otro proceso, pero yo veo constantemente que los que llegan a los retiros tardan un día, dos, tres, o a veces cuatro, en empezar a experimentar un proceso natural de relajación y de silencio.

TS: ¿No te preocupa que, en vez de meditar, la gente se ponga a divagar mentalmente o a alucinar?

Adya: No. Imagino que en este sentido difiero de muchos maestros. No me veo, en absoluto, en el papel de profesor o de progenitor de nadie. Yo estoy aquí para hablar del despertar a las personas que sean verdaderamente sinceras. Si todavía no tienen esa sinceridad, entonces están con la persona equivocada. Porque no van a obtener esa sinceridad de mí, y yo no voy a invertir mucha energía en su falsa sinceridad. Sé que hay muchas tradiciones en las que los maestros intentan que sus estudiantes sean sinceros. Y yo no digo que eso esté mal, de ninguna forma, sino que eso no es lo que ocurre conmigo. Mi actitud es: si eres sincero, tu sinceridad se convertirá en una fuerza realmente poderosa en tu vida. Y si no lo eres, la postura y todo lo demás realmente no tendrán mucho efecto. Así que si quieres sentarte en una hamaca y pasarte el día mirando las nubes, es asunto tuyo. ¿Entiendes lo que quiero decir? Si eso es lo que quieres hacer, eso es lo que harás. Si me preguntas, yo no voy a hacer como si eso fuera sincero y, por tanto, no haré nada que pueda llevarte al despertar. Pero yo no estoy aquí para intentar cambiar lo que la gente quiere. Yo estoy aquí, y si tú realmente quieres la verdad, entonces tenemos algo de que hablar. La sinceridad depende totalmente de ti. No es de mi incumbencia. El material de tu sinceridad dejará que te hundas o te permitirá nadar. Si lo tienes, bien. Y si no lo tienes, yo no te voy a rescatar. En ese sentido, los canguros infantiles y yo no tenemos nada en común.

TS: ¿Qué le dirías a alguien que se siente parcialmente sincero en su búsqueda de la verdad, pero que a la vez se siente parcialmente insincero?

Adya: Creo que la mayoría se siente así cuando se mete a fondo en la cuestión. Tienen esa sensación de división. Normalmente les propongo que miren en su interior y que lleven a cabo una indagación profunda, una indagación abierta en lo que quieren de verdad. Les pido que no supongan nada de lo que quieren. Y suelo decirles que no construyan lo que creen que deberían querer ni lo que les haya dicho ningún maestro sobre lo que deberían querer. Observa realmente lo que tú quieres de verdad, realmente.

Esta indagación sólo la podrás llevar a cabo si no tienes ningún «debería», si no tienes ideas preconcebidas sobre lo que deberías querer. Cuando hablo de integridad me refiero a esto: a la voluntad de averiguarlo realmente por ti mismo. Y lo que he descubierto es que si alguien observa de verdad y se involucra en esta investigación, en observar lo que realmente quiere, esta indagación podrá llevarle a un lugar mucho más unificado. Le llevará allí de un modo natural. Y para mí esto es mucho mejor que intentar llegar a un lugar mediante la disciplina, pues la gente ha oído esa clase de enseñanzas (debes desear el despertar más que ninguna otra cosa), y es cierto, pero hasta que llegues ahí no puedes fingir tu camino, no puedes hacerlo como si hubieras llegado. Y, en realidad, creo que muchas personas lo están haciendo: escuchan las enseñanzas y después fingen estar en el lugar en el que no están.

Mi forma de enseñar es totalmente diferente. Porque sé que si las personas observan su interior profundamente, encontrarán que realmente desean la verdad auténtica. Sé que si observan su interior durante suficiente tiempo, eso es lo que descubrirán. Porque es la base de su ser. también es el núcleo de su ego. Incluso el ego, en lo más profundo, desea la verdad.

TS: ¿Qué quieres decir con eso de que el núcleo del ego desea la verdad? Yo creía que mi ego deseaba cosas como la fama, el poder, el dinero, la dominación.

Adya: Y las desea. También desea todo eso, aunque en realidad sea bastante superficial. Se trata de deseos superficiales, de voluntades superficiales. Evidentemente, los egos desean todas esas cosas, pero si penetras con suficiente profundidad en el yo del ego, en lo profundo de su núcleo, te encontrarás con la verdad, te encontrarás con el divino. Su chispa se encuentra precisamente en el núcleo del ego.

Por eso le dedico tanto tiempo a darle espacio al ego. La gente me dirá: «Creo que no deseo la verdad, quiero hacer esto o quiero tener eso». Y yo digo: «Ve a por ello, hazlo». Y no deja de sorprenderme lo que ocurre cada vez que le dices a alguien lo siguiente: «Puedes hacer lo que quieras, puedes querer lo que quieras, sigue así, a mí no me importa, a Dios no le importa, no existe nada que piense que estás equivocado; dejando aparte el pensamiento, no hay nada en el universo que crea que estás equivocado por querer lo que quieres, así que sigue así». A veces resulta increíble ver que, cuando le das permiso total a ciertas personas, se hace visible algo más profundo. De repente ven esto: «Ahora que siento que realmente puedo desear cualquier cosa, creo que en realidad no quiero lo que creía. Ahora que tengo permiso, ahora que todo está bien con el universo y con Dios y con el gurú y con el divino y con todo, ni siquiera estoy seguro de que eso sea lo que realmente quiero». Porque muchos de estos deseos superficiales del ego siguen ahí principalmente porque creemos que no está bien. Es algo muy de adolescente. Los adolescentes desean teñirse el pelo de naranja siempre y cuando eso espante a sus padres. Pero si sus padres no se oponen en absoluto al pelo naranja, no se lo teñirán más de ese color, ¿no es así? Porque no les aporta ningún misticismo, ningún encanto especial. Sin embargo, cuando no sabían que no había problema alguno en el hecho de teñirse el pelo de naranja, eso era casi lo más importante del mundo.

Sé que mi enfoque se aleja por completo del camino típico que sigue quien quiere aprender a ser espiritual. Mi enfoque consiste en ayudar a la gente a conectar con su propia integridad, porque los descubrimientos espirituales sólo pueden llevarse a cabo cuando la gente está en contacto con su propia integridad. La gente no podrá llegar ahí si está atascada en lo que debería hacer o dejar de hacer.

TS: Cuando la gente dice que su verdadera naturaleza es su conciencia, a veces me suena un poco a retórica vacía, a rodeo espiritual. Aunque sepan dónde deberían llegar mediante la indagación y pronuncien ciertas palabras, en realidad yo estoy viendo a alguien lleno de rabia o a una persona que tiene los nervios destrozados.

Adya: Ésa es una de las razones por las que pongo a la gente a meditar. Considero que es un tiempo de verdad. Si te sientas en silencio durante un rato, antes o después tu negación empezará a desmoronarse, pues el hecho de quedarte ahí sentado mintiéndote sobre lo que ocurre se vuelve muy doloroso. En nuestros retiros la gente se levanta, antes o después, y se pone a hablar sobre un miedo de siempre, o sobre un asunto pendiente de resolver que nunca tuvo en cuenta, o sobre la rabia que siguen sintiendo por algo que sucedió veinte años atrás. Basta con sentarse en silencio. Al cabo de un rato la gente empieza a derrumbarse. Y ésa es una de las razones por las que enseño indagación y meditación. Si la gente cree que se ha despertado a su naturaleza verdadera y, sin embargo, no es capaz de quedarse sentada en silencio sin volverse loca, entonces no está ni la mitad de despierto de lo que creía. La meditación es como un horno que saca la verdad al exterior.

Yo suelo explicar que mi objetivo, al poner a la gente a meditar, no es conseguir que se conviertan en buenos meditadores. Cuando meditas sin manipulación (algo que, por supuesto, es nuevo para muchos meditadores), esta especie de descarga termina por producirse de forma bastante natural y la verdad puede surgir de un modo espontáneo. Normalmente descargamos un montón de material que hemos estado reprimiendo a través de la espiritualidad. Cuando te sientas sin manipular, empiezas a ver lo que necesitas y experimentas lo que tienes que experimentar. Tal vez surjan antiguas experiencias que llevan esperando treinta años, no a que las adivines o a que las analices, sino simplemente a que las experimentes con conciencia. Y con el tiempo he llegado a descubrir que cuando se produce esta descarga natural, la gente obtiene la energía necesaria para seguir profundizando.

TS: Te he oído decir que no crees que el despertar (definido como un cambio fundamental de identidad, que se aparta de la personalidad y se sumerge en la propia conciencia) sea realmente tan raro. Y que, de hecho, creer que el despertar es raro implica en sí mismo un obstáculo frente al despertar. ¿No crees que el despertar es poco frecuente?

Adya: No.

TS: ¿Por qué crees que esta idea supone un obstáculo?

Adya: Porque casi todos tenemos la sensación de que no somos los elegidos. En el fondo, la mayoría nos sentimos bastante ordinarios. Si, de forma consciente o inconsciente, crees que el despertar es sólo para personas muy extraordinarias, eso contradice por completo nuestra sensación interna. Esta idea es, posiblemente, el impedimento más poderoso para poder despertar. Nuestros ejemplos de despertares así lo ilustran. En las imágenes que tenemos de los seres despiertos éstos aparecen escondidos detrás de halos, con el pelo largo y batas flotantes, y si se dedican a algo en la vida, siempre es a enseñar, siempre tienen discípulos, siempre cuentan con gente a sus pies. Éstas son las imágenes que tenemos ahí fuera y, sin embargo, no es así. A nuestra mente le cuesta mucho creer que la iluminación pueda surgir bajo el aspecto de tu abuela o de tu tendera. El ser iluminado no tiene que parecer nada extraordinario. Algunos seres iluminados son muy carismáticos. Pero ¿sabes qué? Algunos seres no iluminados también son muy carismáticos. Pero estas imágenes realmente se ponen en medio. El despertar no lleva implícito el hecho de volverse extraordinario. En todo caso, lleva implícito el hecho de volverse ordinario. Tiene que ver con lo que somos realmente.

TS: Entre otras cosas, creo que la gente piensa que el despertar es poco frecuente porque lleva veinte o treinta años practicando y no ha llegado a los grandes descubrimientos que tú describes, así que tienen cierto malhumor o cinismo al respecto, y eso se une a la idea de que la iluminación debe de ser sólo para unos pocos. Si no, la gente creería que tienen algo que no les funciona bien, o que se han equivocado, de un modo o de otro.

Adya: Sí, su mente podría ir hacia ahí.

TS: O tal vez crean que el camino que están siguiendo no funciona.

Adya: ¡Vaya!, ésa es una idea mucho más peligrosa. Evidentemente, creo que eso es lo que contribuyó a mi propio despertar. Yo no le eché la culpa al camino, sino a mi relación con el camino. Por eso pretendo que la gente se libere de su camino, que se relaje, que lo cuestione, que se abra un poco. No tengas miedo a preguntar. Obsérvate y mira lo que no haya funcionado. Y ten el coraje de cambiar, de seguir adelante cuando algo no funcione. Observa con ojos inocentes, con ojos muy abiertos. Esa inocencia siempre está ahí. Es una especie de milagro.


Otro post con citas de Adyashanti:

La no-meditación (reflexiones sobre la meditación y el estado natural):
http://jugandoalegremente.blogspot.com/2010/06/la-no-meditacion-reflexiones-sobre-la.html

¡Saludos!
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miércoles, 30 de junio de 2010

El poema de los átomos

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Breve vídeo (2 minutos y 23 segundos) muy bello y relajante.



El link del vídeo en youtube es: http://www.youtube.com/watch?v=j_aEKbpyH1I

¡Saludos!
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martes, 29 de junio de 2010

Hágase Tu Voluntad

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Olas:

* No hay más Voluntad que la del Uno, que es la Voluntad de Dios, del amor y de la bondad.

* Padre, hágase Tu Voluntad, me entrego a Ti.

* Y aquí comienza la Paz de Dios. Y aquí recuerdo que mi verdadera voluntad es la Tuya.

Lo simple es tan simple... querer algo diferente es complicarse.
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sábado, 26 de junio de 2010

No hay nada que hacer

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Todo es obra del Único Ser existente. Para agilizar un texto podemos etiquetar al SER con diversas palabras, por ejemplo Unidad, Esto, Consciencia, Vida, Ser, Dios, Paz, Amor, Sublimidad, etc (en mayúsculas para indicar que no se trata de una "unidad" en relación a otra o en relación a la dualidad, ni de un "esto" en relación a un eso, ni de una "consciencia" en relación a una inconsciencia, etc). En este post voy a usar principalmente una de estas etiquetas: "Unidad".

En el mundo fenoménico de las apariencias todo fluye sin que tengamos que hacer nada; es innecesario tratar de controlar los acontecimientos por medio del "conocimiento" o las "acciones" de la mente limitada, la cual se decepciona ante los sucesivos reveses a su pequeña "voluntad" separada. Es sano relajarse y aceptar que los acontecimientos sucedan de la manera que sucedan. Esto no implica necesariamente quedarse sentado, sino saber que todo forma parte del fluir de la Totalidad, incluidas las acciones que parece realizar nuestro aparente cuerpo, e incluidos también los pensamientos (que aparentemente podría parecer que pertenecen a una mente separada, supuestamente nuestra y sólo nuestra), así como las emociones que aparezcan en el "campo visual" de nuestra consciencia, sensaciones, etc.

En cierto modo todo eso son como nubes que pasan. Las percepciones, los pensamientos, las emociones, las sensaciones, son como nubes que pasan, no tienen más importancia. Nada importa nada (en el sentido de "importancia" que el ego trata de usar y atribuir, inmerso en sus constantes e irrelevantes preocupaciones). En otro sentido, todo importa: sólo Lo Real existe, y todo lo Real es igualmente valioso e importante, a la vez que permanente, eternamente "protegido". Pero este post está dirigido a comentar sobre el mundo de las apariencias: ahí sí podemos decir que nada importa, porque el mundo de las apariencias surge de una interpretación errónea de la Realidad.

Así que nada importa. ¿Surgen acontecimientos? Vale, "hola acontecimiento... y adiós, un placer haberte saludado jejeje". Todo lo aparente son como nubes que pasan: no es real, no es permanente, no importa, viene y se va, aparece y se disuelve si dejamos de prestarle atención. Son nubes o fuegos artificiales a los que no hay por qué apegarse. Los fuegos artificiales relucen y se disuelven rápidamente; si nos apegamos a uno de ellos porque nos parezca bello y queremos que dure más de lo que está destinado a durar, esto causará sufrimiento pues las apariencias no están destinadas a permanecer. Sólo podemos esperar permanencia en aquello que es eterno: Lo Real.

Por ejemplo aparece en "nuestra" consciencia una mano, un pie, un cuerpo ("nuestro" o no, da igual), una habitación, un pensamiento, una sensación, etc. Y lo que suceda con todo eso, forma parte del fluir de la Unidad, lo cual sucede espontáneamente, independientemente de que "pongamos cara de esforzarnos en hacer bien las cosas" o no. Todo son como nubes que pasan, unas traen lluvia, otras simplemente pasan sin apenas dejarse notar. Las nubes aparecen y luego desaparecen sin poder causar daño alguno a Lo Real. Si no les prestamos atención acaban disolviéndose sin mayor problema. Si les prestamos atención, acabarán disolviéndose igualmente (ninguna apariencia es permanente), pero si las interpretamos mediante los puntos de vista de la mente limitada, eso conlleva confusión y sufrimiento.

No es necesario identificarnos con ninguna de esas "nubes", pues eso las "mantiene" más "tiempo" del que quizás "quisiéramos" (¡renuncio a seguir usando tantas comillas! jejeje). Pero si sucede la identificación con alguna nube, no pasa nada: esa identificación no es sino otra nube que también se disolverá en su momento. Las apariencias todas se disuelven sin que tengamos que hacer nada mediante nuestra supuesta "voluntad separada". No hay nada que hacer. Relajarse, observar, disfrutar, aceptar, rendirse a la Unidad. Todo lo cual no puede llevarlo a cabo la "voluntad separada", por ser inexistente. Sólo la Unidad puede relajarse, disfrutar, etc. Sólo la Unidad ES.

Nubes: digamos que surge la sensación de estar en un cuerpo (eso es una nube, no es algo real), acompañada de la creencia en que dicho cuerpo padece una enfermedad. Todo eso son nubes, nada de eso importa, no es real y de hecho en cuanto dejamos de prestarle atención comienza a disolverse. Digamos que surge un pensamiento, una pregunta. Si no nos identificamos con esa pregunta, si no creemos que esa pregunta nos pertenece y que debemos resolverla, simplemente fluirá y se irá (con respuesta o sin ella, pero si ha surgido la respuesta será también debido al fluir espontáneo de la Unidad, y no por los supuestos esfuerzos de una supuesta mente separada). Surge un pensamiento cualquiera, por ejemplo "yo soy un cuerpo humano", y si no lo alimentamos -identificándonos con esa nube- inmediatamente comienza su proceso de disolución.

En realidad todo es tan sumamente fácil... Nada importa. Ninguna apariencia importa. Y más allá de las apariencias se encuentra la Unidad, lo único existente, lo único que importa. Y la Unidad es eterna, inocente, juguetonamente deliciosa, invulnerable pues no existe nada diferente a Ella, no existe nada que pueda dañarla. Esto implica una alegría, una libertad, una armonía enormes. No hay obstáculos, pues todo ES la Unidad.

Se puede confiar en la Unidad (y sólo la Unidad puede confiar en Sí Misma), pues la Unidad es pura armonía, amor y bondad. Y no hay otro Ser que Ella, la cual es infinitamente generosa y bondadosa consigo misma. Es nuestro Ser, lo ilimitado, lo eterno, la paz feliz.

La sensación de obstáculos son siempre nubes sin importancia. ¡Qué felicidad y qué paz cuando miramos a través de esas nubes y captamos la Verdad de la Unidad, la inmensidad de "nuestro" Ser! ¿Pero quién mira más allá de las nubes de la apariencia? Obviamente el Único que puede mirar, el Único Ser existente: la Unidad.

No hay ninguna, ninguna, ninguna necesidad de identificarse con las nubes. Incluso si surge identificación no es problema, ¡eso es otra nube que fluirá y se disolverá por decreto de la Unidad! La única Voluntad existente es la Voluntad del único Ser existente: la Unidad. Y la Voluntad de la Unidad es puro Amor hacia el Todo que es Sí Misma. La paz y la armonía provienen de la Unidad.

Todo está bien. No hay problema alguno. Todo es bendito y sagrado. Todo es Mi Ser. ¡Qué infinitamente feliz es la Unidad!

Verdaderamente Yo Soy Paz y Armonía sin inicio ni fin.

Yo Soy la Unidad
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viernes, 25 de junio de 2010

TÉCNICA DEL HOO-PONO-PONO

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Recibí por mail lo siguiente:

TÉCNICA DEL HOO-PONO-PONO

Alexiis, 22 de junio, 2010

Una amiga, Susana Majul, grabó un audio con el resumen de la técnica del Hoo-Pono-Pono, que me fue imposible enviar como mail común, así que he tenido que recurrir a este método para facilitar a todos su acceso a esta técnica tan beneficiosa.

El audio es

http://www.megaupload.com/?d=LNEO32Y4

Espero que lo aprovechen, con amor, Alexiis

http://alexiis-vozdelaluz.blogspot.com

http://escritores-canalizadores.blogspot.com

Susana Majul susimajul@yahoo.com.ar

El audio tiene una duración de 20 minutos y viene en formato mp3 (9.28 MB). Tema relacionado: Síntesis del Perdón

Saludos
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miércoles, 23 de junio de 2010

"El cambio" ("The Shift"), película de Wayne Dyer

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Actualización: Los links del post original (posteado en 2010) han quedado anticuados y ya no funcionan (desapareció megaupload, etc). Actualmente (18 de junio de 2013) la película puede verse en youtube. La búsqueda en Google poniendo "El cambio" ("The Shift") (link de esa búsqueda: aquí) ofrece esta película , entera, en sus 4 primeros resultados (que son 4 links de youtube). Por ejemplo este link: http://www.youtube.com/watch?v=bAdUIWUOCLs (El resto del post es el post antiguo de 2010, que describe la película pero cuyo links, como decía, ya no sirven actualmente):

Interesante película de reflexión espiritual. Subtitulada en español. Duración: 2 horas. Descargable cómodamente en un archivo único de 325.74 MB (formato AVI). Copio de un mail que he recibido:

Michael Joorgian es el director de la película El Cambio (con título original inglés The Shift), cuyo protagonista principal es el Dr. Wayne Dyer y en la cual se relata de una forma muy humana sus ideas sobre el sentido de la vida, las relaciones entre las personas y la siempre presente posibilidad de que todo puede adquirir un significado. Es una propuesta para volver a descubrir nuestro verdadero yo, nuestro propósito y la vida con sentido que es nuestra verdadera vocación.

Originalmente la película fue titulada De la Ambición al Significado (Ambition to Meaning). El Dr. Dyer explora el viaje espiritual que hacemos en la segunda mitad de nuestra vida; cuando buscamos un propósito que dé sentido a nuestra existencia y en el que aportamos una contribución única y personal al mundo.

Toda la vida hemos seguido el camino del ego; marcado por la ambición; la competencia y el esfuerzo. Cuando llega la madurez; es habitual encontrarse atrapado en un callejón sin salida. Al igual que un cambio en el viento o en la marea; el anhelo que sentimos en la mediana edad es una llamada a la renovación.

En esta película Wayne W. Dyer explora el viaje espiritual de la ambición al significado, mostrando el poderoso cambio de constuir en base al ego, lo que nos han enseñado desde edad temprana nuestros padres- de acuerdo a una sociedad que promueve el logro y la acumulación - en contraste con una vida basada en el significado, centrada en el servicio y en el dar.

Con las historias entrelazadas de un hombre de negocios, de una madre de dos hijos que busca su propia expresión en el mundo, y de un director que intenta hacerse un nombre, esta película entretenida no sólo inspira, sino que también nos enseña cómo crear una vida llena de significado y de propósito.

Pueden bajarla de megaupload en:

http://www.megaupload.com/?d=J5QX2NXH [nota: el link ya no funciona]

O verla en línea aquí:

http://www.megavideo.com/?d=J5QX2NXH [nota: el link ya no funciona]
Namáste
Juan Carlos Fernández


¡Saludos!
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domingo, 20 de junio de 2010

No existen los seres no-iluminados

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Estrictamente hablando:

- No existen los seres no-iluminados.
- No existen los seres iluminados.
- Ni siquiera existe la iluminación.

Porque sólo hay UNO, y no seres separados los unos de los otros (ni iluminados ni no-iluminados). Y porque el UNO es el Ser Realizado, eternamente, desde "siempre" y "para siempre", el cual por lo tanto no necesita la iluminación: ETERNAMENTE ES LO QUE ES.

Es válido decir que ese UNO es NINGUNO, puesto que no puede ser objetivado (nada hay aparte de Él que pudiera convertirlo en un objeto de conocimiento).

EL SER ES.
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sábado, 19 de junio de 2010

Intenciones, voluntad y vida no-volitiva según Wei Wu Wei

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Copio unos fragmentos escritos por Wei Wu Wei:

Las intenciones

La mente sólo se desembarazará de los objetos evitando las intenciones. SHEN HUI

La mera evitación de las intenciones deliberadas puede conducirnos a la iluminación. SHEN HUI

Las enseñanzas de los maestros de todas las escuelas de liberación -no sólo budistas, sino también vedánticas, taoístas y hasta semíticas- afirman, de un modo u otro, el "Hágase Tu Voluntad", es decir, el intento de liberar al pseudoindividuo de las cadenas de la volición mediante el conocimiento, la práctica y la estrategia ya que, cuando se abandona la volición, desaparece la esclavitud.

Las doctrinas más puras -como las de Ramana Maharshi, Padma Sambhaba, Huang Po y Shen Hui- nos enseñan que basta con el análisis para comprender que no existe ninguna entidad que pueda tener volición efectiva u que un acto aparente de la volición, cuando está de acuerdo con lo inevitable, sólo puede ser un gesto vano y, cuando está en desacuerdo, el mero revoloteo de un pájaro enjaulado contra los barrotes de su jaula. Esta comprensión nos permite, al menos, permanecer alegremente en paz.

Cuando éramos niños, podíamos ir a la feria y fingir que conducíamos un coche en una carrera de automóviles. El coche tenía un volante que parecía reaccionar a nuestros movimientos pero, en realidad, el vehículo era conducido automáticamente desde abajo. Dado que uno giraba instintivamente el volante en la dirección en que el coche debía ir, no era difícil creer que era uno el que lo controlaba y todavía resultaba más difícil dejar de tratar de dirigirlo y permitir que se moviese por sí solo, porque eso podría haber ocasionado un desastre. Exactamente así es nuestra forma volitiva de vivir.

La vida no-volitiva es una vida plena de alegría.

Ser "vivido" como una no-entidad constituye una vida subjetiva en la que no cabe el sufrimiento, en la que no hay lugar para la preocupación y en la que todo es-lo-que-es y debe ser. Porque esta "intención" es la responsable de la concepción dualista y la comparación subsiguiente de los opuestos interdependientes, uno de los cuales es "positivo" y el otro "negativo".

Ésta es, en definitiva, la vida nouménica a la que también podemos denominar "reintegración".

La vida no-volitiva

La psicología académica ha reconocido desde hace ya mucho tiempo que el sueño es una expresión de la satisfacción de un deseo. Es innecesario recurrir a la ciencia para constatar que nuestras fantasías diurnas también constituyen una forma de satisfacción ilusoria de nuestros deseos. Tanto el sueño como el ensueño, por tanto, son manifestaciones del "ego" o el yo conceptual, es decir, de aquello que constituye la identidad egoica de nuestra individualidad fenoménica.


¿Acaso no es pensar en el futuro una modalidad de fantasía que valora muy positivamente a la probabilidad? ¿Y acaso pensar en el pasado -ya sea con satisfacción o con amargo remordimiento- no es intrínsecamente lo mismo que contemplar el futuro con esperanza o con temor? Ambos casos constituyen un ejemplo fáctico de satisfacción -positiva o negativa- de nuestros deseos y ambos son, por consiguiente, actos volitivos.

Es por ello que los maestros sostienen que no hay nada que pueda ser alcanzado, que no hay nada que pueda ser asido, poseído o atrapado y que, en consecuencia, deberíamos ignorar tanto el futuro como el pasado. Ése es también el motivo por el que se nos dice que el pasado y el futuro no existen, que no son más que suposiciones o aparatos teóricos de la vida dualista. Ambos, el futuro y el pasado son imaginarios y puesto que sólo podemos interpretarlos una vez que han ocurrido, nunca existen de otra manera más que como eventos en nuestra conciencia. Esto es algo que -según creo- ya ha quedado suficientemente explicado.

El pasado y el futuro son meros actos de la volición. Es por ello que la vida no-volitiva debe ser vivida en el presente o, como dice Robert Linssen, "Estando presentes en el presente".

¡Saludos!
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miércoles, 16 de junio de 2010

Cuentos 'Zen' y unos chistes

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Ahí van unos cuentecitos 'Zen' que tienen su chispilla de inspiración:

Había dos monjes que estudiaban en un seminario y a los dos les encantaba fumar. Su problema era: “¿Puedo fumar cuando estoy orando?”. No podían llegar a un acuerdo, de modo que cada uno de ellos acudió a consultar a su superior. Tiempo después se volvieron a reunir, y un monje le preguntó al otro si su abad le había dicho que podía fumar.

- No, me regañó mucho por el mero hecho de mencionarlo. ¿Qué te dijo tu abad?

- Mi abad estuvo encantado conmigo. Me dijo que no había problema. Pero, ¿qué le preguntaste a tu abad?

- Le pregunté si podía fumar mientras rezaba.

-Bueno, ya lo tienes. Yo le pregunté: “¿Puedo rezar mientras fumo?”.


Un mismo problema cambia según como lo mires. Otro ejemplo, otro cuentecito Zen:

El rey soñó que se habían caído todas las hojas de su árbol favorito, y que éste se había quedado desnudo. Mandó llamar a su interpretador de sueños, que le dijo: “Majestad, éste es un sueño terrible. Significa que vais a perder a todos vuestros parientes”. El intérprete de sueños fue encerrado en una mazmorra. Otra noche volvió a tener el mismo sueño y mandó llamar a otro intérprete de sueños. Éste le dijo: “Majestad, es un sueño estupendo. ¡Vais a sobrevivir a todos vuestros parientes!”.


¡Todo depende del color del cristal con que se mira!

A veces, preocupados por lo que pueda pasar, nos perdemos la vivencia de un buen momento presente. Esto es ilustrado en este otro cuento:

Un hombre viajando a través de un campo se encontró con un tigre. Huyó corriendo, mientras el tigre corría tras de él pisándole los talones. Llegando a un precipicio, se agarró de la raíz de una enredadera salvaje y se deslizó por el borde. El tigre lo olfateaba desde arriba. Temblando, el hombre miró hacia el fondo del precipicio, donde otro tigre esperaba ávido su caída para comérselo. Sólo la enredadera lo sostenía. Dos ratones, uno blanco y otro negro, empezaron a roer la enredadera. El hombre vio una deliciosa fresa cerca de él. Agarrándose de la enredadera con una mano, alcanzó la fresa con la otra. ¡Qué dulce sabía!...

¡Eso es vivir el momento y olvidarse de “paranoias” jejeje! Total, lo que tenga que pasar, pasará, pero eso no impide que disfrutemos cada momento y lo vivamos con intensidad. ¡Y las fresas silvestres están buenísimas!

Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus vecinos le consideraban afortunado porque tenía un caballo con el que podía arar su campo. Un día el caballo se escapó a las montañas. Al enterarse los vecinos acudieron a consolar al granjero por su pérdida. "Qué mala suerte", le decían. El granjero les respondía: “mala suerte, buena suerte, quién sabe”.

Unos días más tarde el caballo regresó trayendo consigo varios caballos salvajes. Los vecinos fueron a casa del granjero, esta vez a felicitarle por su buena suerte. “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”, contestó el granjero.

El hijo del granjero intentó domar a uno de los caballos salvajes pero se cayó y se rompió una pierna. Otra vez, los vecinos se lamentaban de la mala suerte del granjero y otra vez el anciano granjero les contestó: “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”.

Días más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Los aldeanos, ¡cómo no!, comentaban la buena suerte del granjero y cómo no, el granjero les dijo: “Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?”.


El maestro zen Hakuin era conocido entre sus vecinos como aquel que llevaba una vida pura.

Una jovencita japonesa muy atractiva, cuyos padres regentaban una tienda de comidas, vivía cerca de su casa. Una mañana, repentinamente, los padres descubrieron con espanto que la muchacha estaba embarazada.

Esto puso a los tenderos fuera de sí. La joven, al principio, se negaba a delatar al padre de la criatura, pero después de mucho hostigarla y amenazarla acabó dando el nombre de Hakuin.

Muy irritados, los padres fueron en busca del maestro. “¿Es así?”, fue todo lo que él dijo.

Al nacer el niño, lo llevaron a casa de Hakuin para que se hiciese cargo de él. Por entonces Hakuin había perdido ya toda su reputación, lo cual no le preocupaba mucho, pero en cualquier caso no faltaron atenciones en la crianza del niño. Los vecinos daban a Hakuin leche y cualquier otra cosa que el pequeño necesitase.

Pasó un año, y la joven madre, no pudiendo resistir más, confesó a sus padres la verdad: que el auténtico padre del niño era un hombre joven que trabajaba en la pescadería.

La madre y el padre fueron en seguida a casa de Hakuin para pedirle perdón. Después de haberse deshecho en disculpas, le rogaron que les devolviese el niño.

Hakuin no puso ninguna objeción. Al entregarles el pequeño, todo lo que dijo fue: “¿Es así?”.



Tanzan y Ekido eran dos monjes que caminaban juntos por un sendero lleno de barro. Llovía persistentemente. Al doblar un recodo se encontraron de frente con una hermosa joven vestida con un quimono de seda, la cual no se atrevía a cruzar el camino por miedo a mancharse.

“Ven aquí, muchacha”, dijo Tanzan; y tomándola en sus brazos, pasó limpiamente al otro lado a través del barro.

Ekido no dijo una sola palabra. Al caer la noche, los dos amigos encontraron alojamiento en un monasterio. Entonces Ekido no pudo contenerse más. “Se supone que nosotros los monjes debemos mantenernos alejados de las mujeres”, recriminó a Tanzan, “especialmente si son jóvenes y bonitas. No hacerlo así es peligroso. ¿Cómo pudiste llevar a aquella muchacha entre tus brazos?”.

“Dejé a la chica en el camino”, replicó Tanzan; “¿aún sigues llevándola?”.


El siguiente cuento es gracioso:

Con tal que proponga a sus moradores, y lo gane, un debate sobre cualquier aspecto del budismo, todo monje vagabundo tiene derecho a quedarse en un monasterio zen. Si, por el contrario, sale derrotado, deberá marcharse.

Dos hermanos, ambos monjes, vivían solos en un monasterio en el norte del Japón. El hermano mayor era muy docto, mientras que el pequeño era estúpido y le faltaba un ojo.

Un monje vagabundo llegó cierto día al monasterio en busca de alojamiento. Según la costumbre, desafió a los hermanos a entablar una discusión sobre la sublime enseñanza. El mayor, que se encontraba bastante cansado de tanto estudiar, pidió al más joven que ocupara su puesto. “Ve y arréglatelas para que el diálogo se haga en silencio”, le aconsejó, pues conocía su escasa habilidad con las palabras.

El joven monje y el recién llegado se dirigieron al oratorio y tomaron asiento.

Poco después, el forastero llegaba corriendo hasta el lugar donde se encontraba el hermano mayor. “Puedes sentirte satisfecho”, le dijo. “Tu joven hermano es un eminente budista. Me ha derrotado”.

“Cuéntame cómo se desarrolló el diálogo”, le rogó el hermano mayor.

“Al sentarnos”, explicó el viajero, “yo levanté un dedo, representando al Buda, el Iluminado. Él replicó levantando dos dedos, dando a entender que una cosa era el Buda y otra sus enseñanzas. Tras lo cual yo alcé tres dedos, simbolizando al Buda, sus enseñanzas y sus seguidores, llevando una vida armoniosa. Pero él entonces me lanzó un puño a la cara, indicándome que las tres cosas proceden de una comprensión única. Fue así como me ganó, y por lo tanto yo no tengo derecho a quedarme”. Dicho esto, reemprendió su camino y se fue.

De repente apareció el hermano menor, exclamando: “¿Dónde se ha metido ese tipo?”.

“Tengo entendido que ganaste el debate”, comentó el mayor.

“No gané nada. Vengo a darle una paliza a ese monje”.

“Cuéntame cuál fue el tema de la discusión”, dijo el hermano mayor.

“¡El tema!... Pues bien: Nada más sentarnos, ese tipo levantó un dedo, insultándome al insinuar que sólo tengo un ojo. No obstante, puesto que se trataba de un forastero, pensé que era mi obligación portarme cortésmente, así que le mostré dos dedos, felicitándolo por su buena suerte, que le había permitido conservar ambos ojos. Pero entonces, el muy miserable alzó impunemente tres dedos, sugiriendo que entre él y yo no sumábamos más que tres ojos. Esto me sacó de mis casillas y empecé a darle puñetazos, pero él logró escapar y así acabó todo”.

En fin, que una cosa son los hechos y otra lo que cada uno interprete de ellos jejeje…


Cierto día, estando Banzan paseando por el mercado, oyó por casualidad la conversación entre un carnicero y su cliente.

“Deme el mejor pedazo de carne que tenga”, decía este último.

“Todo lo que hay en mi tienda es lo mejor”, replicaba el carnicero. “No hallará aquí ninguna pieza de carne que no lo sea”.

Al oír estas palabras, Banzan fue iluminado.

(Se alude a que en la Vida, lo que viene, viene… ¡y no hace falta darle más vueltas! jejeje…).


Una tarde, hallándose Shichiri Kojun recitando sutras, un ladrón entró en su casa, armado con una afilada espada, y le pidió la bolsa o la vida.

“No me distraigas”, le dijo Shichiri. “Encontrarás el dinero en ese cajón”. Y reanudó la lectura.

Poco después interrumpió la recitación y llamó al ladrón. “No lo cojas todo. Necesito algunas monedas para pagar mañana la contribución”.

El intruso metió en sus bolsillos la mayor parte del dinero y se dispuso a irse. “Da las gracias cuando recibas un regalo”, añadió Shichiri. El hombre así lo hizo, y acto seguido escapó.

Algunos días más tarde, el ladrón fue detenido y confesó, entre otros, el robo perpetrado en casa de Shichiri. Al ser requerido como testigo, declaró: “Este hombre no es un ladrón, al menos en cuanto a mí concierne. Yo le di el dinero y él me dio las gracias por ello”.

Una vez cumplida su condena en la prisión, el hombre fue a ver a Shichiri y se hizo su discípulo.


Un estudiante preguntó al maestro chino Sozan. “¿Cuál es la cosa más valiosa del mundo?”.

El maestro dijo: “La cabeza de un gato muerto”.

“¿Por qué la cabeza de un gato muerto es la cosa más valiosa del mundo?”, inquirió el estudiante.

Sozan replicó: “Porque nadie puede decir su precio”.


Los estudiantes de la escuela Tendai solían practicar la meditación mucho antes de que el zen llegase al Japón. Cuatro de estos estudiantes, amigos íntimos, se prometieron el uno al otro en cierta ocasión observar siete días de absoluto silencio.

Durante el primer día, todos permanecieron callados. Su meditación había empezado con buen pie. Pero al caer la noche, como fuera que la luz de las lámparas de aceite había empezado a palidecer, uno de los estudiantes no pudo evitar decir a un sirviente: “Recarga esas lámparas”.

Un segundo estudiante se quedó estupefacto al oír hablar al primero. “Se suponía que no íbamos a decir una palabra”, observó.

“Sois los dos unos estúpidos. ¿Por qué habéis hablado?”, preguntó un tercero.

“Yo soy el único que no digo nada”, concluyó el cuarto estudiante.


Ryokan dedicó su vida entera al estudio del zen. Un día se enteró de que su sobrino, haciendo caso omiso de las advertencias de sus familiares, estaba dilapidando su patrimonio con una cortesana. Dado que éste había ocupado el lugar de Ryokan en la dirección de los asuntos de la familia, y viendo sus propiedades en grave peligro de desaparecer del todo, los parientes pidieron a Ryokan que hiciese algo al respecto.

Un largo viaje tuvo que hacer Ryokan para visitar a su sobrino, al que hacía muchos años que no veía. Éste pareció muy contento de encontrarse de nuevo con su tío, y le invitó a pasar la noche en su casa.

Ryokan estuvo sentado en la postura de meditación hasta el alba. Cuando se disponía a partir, por la mañana, dijo a su joven pariente: “Debo de estar haciéndome viejo; me tiemblan las manos y no soy capaz de atar las correas de mis sandalias de paja. ¿Querrías ayudarme?”.

El sobrino hizo lo que se le pedía gustosamente. “Gracias”, concluyó Ryokan. “Ya ves, nos vamos haciendo más y más viejos y débiles a cada día que pasa. Cuídate mucho”. Dicho esto se marchó, sin haber mencionado una sola palabra sobre la cortesana ni sobre las quejas de los parientes. Sin embargo, desde aquella mañana, el desenfreno y las disipaciones tocaron a su fin.


Los maestros zen enseñan a sus jóvenes pupilos a expresarse por sí mismos. Dos monasterios zen, vecinos entre sí, tenían cada uno de ellos un pequeño protegido. Sucedió que uno de ellos, yendo por la mañana a comprar legumbres, se encontró con el otro en el camino.

“¿Adónde vas?”, le preguntó al verlo.

“Voy a donde mis pies me lleven”, respondió el otro.

Esto dejó confundido al primer pupilo, que fue enseguida a consultar a su maestro. “Mañana por la mañana”, le aconsejó éste, “cuando vuelvas a encontrarte con ese muchacho, repítele la pregunta que le formulaste hoy. Te responderá lo mismo, y entonces le dirás: «Supón que no tuvieses pies. ¿Adónde irías entonces?». Esto lo pondrá sin duda en un buen aprieto”.

Los dos muchachos se encontraron a la mañana siguiente.

“¿Adónde vas?”, preguntó el primero.

“Voy allá donde me lleve el viento”, respondió el otro.

Esto volvió a dejar perplejo al jovencito, que contó su fracaso a su maestro.

“La próxima vez pregúntale adónde iría si no soplase el viento”, le sugirió éste.

Al día siguiente se encontraron por tercera vez.

“¿Adónde vas?”, preguntó el primero.

“Voy al mercado a comprar legumbres”, replicó el otro.


Eran muchos los pupilos que practicaban la meditación con el maestro zen Sengai. Uno de ellos solía levantarse por la noche, escalaba el muro del monasterio y marchaba a divertirse a la ciudad.

En cierta ocasión, yendo de inspección por los dormitorios, Sengai descubrió que faltaba uno de los monjes. Encontró también el taburete del que se servía el fugitivo para escalar el muro. Sengai lo quitó entonces de su sitio y ocupó su lugar.

Cuando el monje volvió, creyendo que se apoyaba en el taburete, pisó con fuerza sobre la cabeza del maestro y saltó al patio del monasterio. Al reparar en lo que había hecho, se quedó horrorizado.

Sengai le dijo: “Hace bastante frío a estas horas. Ten cuidado, no vayas a coger un resfriado”.

Después de este incidente, el monje no volvió a salir nunca por las noches.


Antaño, hace ya muchos años, se utilizaban en el Japón cierta clase de linternas hechas de papel y bambú, con una vela en su interior. Un hombre ciego, que había ido a visitar a un amigo por la noche, recibió de éste una de esas linternas para que hiciese el camino de vuelta a casa.

“¿Para qué quiero yo una linterna?”, inquirió el ciego. “Oscuridad y luz son para mí la misma cosa”.

“Sé que no necesitas una linterna para encontrar el camino”, replicó el amigo, “pero si no la llevas, algún otro podría tropezar contigo, así que es mejor que la cojas”.

El ciego partió con la linterna de la mano, pero apenas se había alejado un corto trecho cuando chocó de frente con alguien. “¡Mira por dónde andas!”, le gritó al desconocido. “¿Es que no ves la linterna?”.

“Tu linterna se ha apagado, hermano”, respondió el hombre.


Y para terminar, unos chistes:


Un cura cristiano y un rabino estan sentados juntos en un avión, en primera clase. Se les acerca la aeromoza y les pregunta qué quieren beber. El rabino contesta:

- Yo me tomaré un martini, gracias.

- ¿Y usted?

El cura contesta indignado:

- ¡Pero cómo se atreve! ¡Antes que mancillar mi cuerpo tomando alcohol cometería adulterio!

Entonces el rabino se apresura a decir:

- ¡Eh! ¡Deje lo del martini! ¡No sabía que se podía elegir!


Un sacerdote protestante, un rabino y un cura, estaban discutiendo el modo de decidir qué parte de la colecta de dinero que cada uno realizaba tenía que ser retenida para sus necesidades personales y qué parte debía ser enviada a sus respectivas organizaciones.

“Yo dibujo una línea”, dijo el protestante, “sobre el suelo. Lanzo todo el dinero al aire. El que cae a la derecha me lo quedo; el que cae a la izquierda, es del Señor”.

El cura asintió con la cabeza diciendo: “Mi sistema es esencialmente el mismo, solamente que yo empleo un círculo. Lo que cae dentro es mío; lo que cae afuera es suyo”.

El rabino sonrió y dijo: “Yo hago lo mismo. Lanzo todo el dinero al aire. Lo que coja Dios, es suyo”.


Iban Jesucristo y San Pedro en una moto a 200 por hora, cuando dice San Pedro:

- ¡Mira a Lázaro! ¡¡Mira a Lázaro!!

Jesucristo acelera y lo atropella, y se bajan descostillados de la risa.

- Pensé que no lo habías visto ¡¡¡jua jua jua!!!

- juajua ja jua.....

Luego dice Jesucristo:

- Bueno, ya. Ve Lázaro, ¡levántate! ¡Lazarooo, levántate! ¡Lazaro! ¡Levántate! ¡¡LAZARO!! ¡¡QUE TE LEVANTES!! ¡¡Mierda!! Vámonos San Pedro, ¡¡que éste no es Lázaro!!


El cura del pueblo se queja sumamente enojado al rabino:

- Alguno de tus feligreses me ha robado la bicicleta.

El rabino le responde:

- ¿Y por qué crees que ha sido alguno de mis feligreses?

- ¡Qué católico le va a robar la bicicleta al cura!

- No sé. Mira, vamos a hacer lo siguiente, yo el Sábado y tú el Domingo, cuando demos el sermón, lo haremos sobre los diez mandamientos. Seguro que cuando hablemos sobre el "NO ROBARÁS" el que lo haya hecho se arrepentirá y te devolverá la bicicleta.

Así que quedan de acuerdo en hacer lo antes dicho y reencontrarse el lunes. Ese lunes, el rabino dice:

- ¿Qué, hiciste lo que pactamos?

- Sí, fue una gran idea.

- ¿Y te devolvieron la bicicleta?

- No, ¡qué va...! Pero la he recuperado de todas formas, lo que pasó es que cuando llegué al "NO FORNICARÁS" me acordé de dónde estaba la bicicleta.


En un convento...

Dice la madre superiora: “¡Ha entrado un hombre!”
Todas las monjas: - ohhhhhhh
Una: - jejejejeje

La madre superiora: “¡Ha usado un preservativo!”
Todas: - ohhhhhhh
Una: - jejejejeje

La madre superiora: “Pero estaba roto...”
Todas: - JEJEJEJEJE
Una: - OHHHHHHHHH


El último chiste ilustra cuando nos aferramos a nuestras tradiciones de tal modo que llegamos a infravalorar e incluso odiar las tradiciones diferentes:

Un recalcitrante judío anti-cristiano estaba en su lecho de muerte. Toda su familia estaba reunida a su alrededor cuando dijo: “Traedme un sacerdote”. Todos quedaron anonadados, pero su esposa le dijo a su hijo mayor: “Ve, es su último deseo. Trae un sacerdote”. Así que el hijo trajo a un sacerdote católico, que acogió al anciano en su Iglesia, le dio las últimas bendiciones y partió. El hijo mayor, con lágrimas en sus ojos, le susurró al padre: “Papá, toda tu vida nos has educado en la creencia de que la Iglesia de Roma es anti-religiosa. ¿Cómo puedes, cuando te estás muriendo, unirte a ellos? Eres judío y siempre has creído en la tradición judía. ¿Cómo puedes hacer eso en el último momento?”.

Y con su último aliento el viejo susurró: “Así muere otro de esos bastardos”.

¡Se convirtió al catolicismo para que otro católico muriera en el mundo! Es un chiste, pero la mente nos hace realizar cosas iguales de absurdas cuanto tomamos las cosas demasiado en serio jejeje

¡Saludos Zen, jejeje!
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martes, 15 de junio de 2010

La iluminación no es algo que pueda ser alcanzado

Voy a citar un par de fragmentos del libro "El Resto es Esclavitud", de Wei Wu Wei (pseudónimo con el cual firmaba sus obras Terence Gray).

Primer fragmento:

XXII. Homenaje a Hui Hai

En el primer diálogo de su tratado, Hui Hai expone, por así decirlo, toda la verdad en una sola frase.

Él dice: «La iluminación supone la comprensión de que la iluminación no es algo que pueda ser alcanzado».

La iluminación no es una cosa, puesto que no es un objeto y no es que «no pueda ser alcanzado» -como inadecuadamente se ha dicho- porque ya la poseamos, sino porque es lo-que-somos.

En lo que respecta a lo que estamos buscando, es ilusorio porque, de hecho, es el "nosotros" que estamos buscando. Y este "nosotros" que busca no puede ser encontrado, puesto que no podemos encontrar lo-que-somos a través de la búsqueda.


Como sostiene Hui Hai, la comprensión de lo que "significa" la iluminación es el resultado de descubrir que el buscador, que es lo buscado, no puede ser encontrado en ningún lugar. ¿Por qué no puede ser encontrado? Porque el buscador no existe como un objeto y tampoco hay lugar alguno donde pueda ser localizado. No hay ningún objeto de este tipo, nunca lo ha habido y nunca lo habrá.

Hui Hai lo expone varias veces y de diferentes maneras: aquí está simplemente respondiendo con unas pocas y sencillas palabras a la principal cuestión planteada.

No hay ni iluminación ni ausencia de iluminación. No hay esclavitud ni liberación de la esclavitud.

No hay nadie que se halle esclavizado o liberado. Sólo existe una mente que, en modo alguno, se asemeja a un objeto y que, por consiguiente, careciendo de sujeto jamás puede incurrir en efecto o condición objetiva de ninguna índole.

Es mi objeto fenoménico, identificado como "yo", el que se concibe a sí mismo como "esclavizado" y busca la "liberación" pero, como jamás ha estado realmente esclavizado, jamás será liberado. En el mismo momento en el que el "yo" deja de referirse a un "eso" (sujeto a su objeto) deja de haber "esclavitud" y "libertad" porque tales nociones carecen ya de aplicación.

Wei Wu Wei

Segundo fragmento:

XXV. No-entidad

Sólo un objeto puede estar "esclavizado". El sujeto no puede permanecer esclavo ni liberado, herido ni afectado, tocado ni descuidado.

El "yo" nunca puede ser un objeto en ningún lugar y bajo ninguna circunstancia. El "yo" sólo puede ser sujeto, siempre, en todas partes y en todas las circunstancias. Pero, en lo que concierne al sujeto, no existe el "siempre" puesto que no hay tiempo, ni dónde, ni tampoco espacio, ni "circunstancias", porque no hay movimiento.

Sólo soy el Sujeto eterno y jamás podré ser conocido como una entidad, ya sea en la eternidad o en el tiempo aparente.

II

El yo-sujeto no puede ver, oír, sentir, oler, saborear o conocer, pues sólo los objetos pueden poseer órganos o atributos y no hay nadie ni nada que pueda ser aprehendido sensorialmente (visión, audición, sabor, olfato y conocimiento son manifestaciones fenoménicas heterogéneas del aspecto funcional -llamado prajna- del yo-absoluto, que siempre "retornan" al aspecto inmutable -o Dhyana- que, en realidad, jamás han abandonado).

El universo aparente es una estructura onírica informada por el sujeto y, por tanto, no puede ser nada salvo el yo-sujeto. Por esa misma razón, nada de lo que ocurre en él es capaz de afectar o alcanzar al sujeto que realmente es. El vidente y lo visto, el oyente y lo oído y el ofensor y el ofendido, todos son el Sujeto, pero no como dualidades sino como unidades. El hombre que me odia y me golpea y el yo que es odiado y golpeado no son dos "yoes" sino uno. Y, a su vez, el "yo" al que odio y devuelvo el golpe y el yo odiado* y golpeado también son el mismo "yo", pues toda posible manifestación fenoménica es objetiva y se halla informada por el yo-sujeto, mientras que el yo está completamente despojado de todo rastro de objetividad.


¿Soy entonces pura subjetividad? Ciertamente no. La subjetividad es un estado o condición conceptual, es decir, una entidad y, en consecuencia, un objeto. Pero yo no soy nada de eso, ninguna cosa de ninguna clase. El "yo" no puede ser concebido, afirmado, supuesto, sugerido, indicado ni conocido. Así pues, en lo que concierne a lo-que-soy, no soy.

Sin embargo, nunca puede haber un momento durante el cual pueda ser otra cosa que "yo", ni usted otra cosa que "yo", ni el escarabajo otra cosa que "yo". "Yo" estoy eternamente despierto y "yo" soy una no-entidad.

Nota:
Wu Wei y Yu Wei
NUNCA HA HABIDO UNA GALLINA QUE PUSIERA UN HUEVO, pero hay un inmenso número de huevos puestos por las gallinas.
NUNCA HA HABIDO UN SER HUMANO QUE ESCRIBIESE UN LIBRO, pero hay un inmenso número de libros escritos por seres humanos.
NINGÚN CUERPO HA HECHO JAMÁS NADA, pero son innumerables las acciones que se han llevado a cabo.


* Nota: parece que hay una confusión en esa línea del texto, pero lo dejo tal cual, es algo inofensivo y que además se entiende siguiendo la interpretación de lo que se dice en la frase anterior.

¡Saludos!