miércoles, 11 de agosto de 2010

UG: arrojando los dardos a la cara

*
Este post es una ampliación a la breve reseña que posteé aquí sobre UG. Las citas no recuerdo si todas o la mayor parte las tomé de uno de sus libros, el que más me gustó: "La mística de la iluminación", también titulado "UG. Charlas con un iluminado contestatario". Libro descargable en estos sitios:

U.G. (Charlas con un "iluminado" contestatario) Links para descargarlo: 1) http://nytz.files.wordpress.com/2012/01/242485-u-g-krishnamurti-la-mistica-de-la-iluminacion.pdf Link alternativo para leerlo online: 2) http://www.scribd.com/doc/242485/U-G-Krishnamurti-La-mistica-de-la-iluminacion

Copio de citas y comentarios que hice hace años en un foro, cuando UG aún estaba vivo (se nota en mis comentarios). Lo dejo como estaba por pereza, así no hay que reelaborarlo jejeje... Lo del título del post, "arrojando los dardos a la cara", lo digo en alusión a su carácter intenso que muchos podrían interpretar como de ánimo confrontador, ¡casi para temer porque decía las verdades como puños, sin suavidad ni vaselina jajaj!

En fin... copio:

-->
¿Quién es U.G.? Unos dicen que es un iluminado (él niega que exista la iluminación). Otros dicen que es ateo (él ríe ante este calificativo, no le gustan las etiquetas; pero afirma que no existen los dioses ni la vida post-mortem). Algunos mencionan hechos insólitos de su vida y él se ríe de ellos llamándolos crédulos exagerados...
En otros hilos de este foro dije que abriría un tema sobre UG, y aquí está. Iré poniendo muy poco a poco frases suyas, la mayoría sacadas del libro "The Mystique of Enlightenment" (si uso citas de otro libro, lo avisaré explícitamente).
U.G. se llama Uppaluri Gopala Krishnamurti (no es pariente del famoso Jiddu Krisnamurti). Nació en 1918 y actualmente está muy mayorcito pero sigue vivo. Siempre ha dicho que no tiene ninguna enseñanza que ofrecer, porque no existe la iluminación (pese a eso, la gente le ha buscado durante años tomándole por un iluminado). U.G, practicó Yoga durante años y alcanzó todas esas experiencias (samadhi, éxtasis diversos, etc), pero dice que no sirven para nada, que te dejan igual que estabas y que no tienen más valor que el éxtasis que uno siente cuando usa drogas. Dice que si uno quiere ese tipo de experiencias, las drogas son un camino más rápido que el yoga, pero tampoco lo recomienda porque dice que todo ese tipo de experiencias no sirven para nada.
Elegiré las frases de UG que a mí me den la gana. Las que me llamen la atención. Y si es necesario sacaré alguna de contexto, porque no pienso copiar el libro completo, sino solo frases sueltas y algunos párrafos que tengan gancho.
UG no ha escrito libros, pero sus admiradores le han grabado en numerosas conversaciones y las han publicado. A UG se la trae floja cuál sea el efecto de esas publicaciones, ya que considera que no tiene nada útil que decir y si alguien crea una doctrina sobre sus palabras, allá ellos...
El siguiente aviso suele aparecer al principio de los libros sobre UG:
Mi enseñanza, si queréis llamarla así, no está sujeta a ningún tipo de derechos de autor. Sois pues perfectamente libres para reproducirla, difundirla, interpretarla, deformarla o adulterarla. Podéis hacer con ella lo que mejor os parezca. Podéis incluso atribuiros su paternidad, sin mi consentimiento ni el permiso de nadie. (U.G.)
A continuación pongo una parrafada de U.G, que resume más o menos todo cuanto tiene que decir (ya puse esta parrafada en otro hilo):
...aquellos que escuchan los "discursos espirituales", los que leen los libros religiosos, y los que esperan visiones y experiencias maravillosas, son todos como monos sentados alrededor de una mancha de ocre rojo, tratando de calentarse. Ya sabéis: el ocre es rojo, pero no emite ningún calor. Nada se puede obtener de las charlas espirituales ni de los libros religiosos. Es siempre lo que intento que comprendan todos aquellos que se molestan en escucharme: no hay nada que lograr, nada que esperar. ¿Qué queréis? ¿Qué buscáis? Ésa es mi pregunta. Si buscáis, si realmente queréis algo, lo primero que tenéis que hacer es tirar el anzuelo, la caña, el corcho y todos los aparejos a los que tan pegados estáis, de lo contrario no tenéis la mínima posibilidad de ser vosotros mismos. Si seguís una vía, cualquiera que sea, os extraviáis... Si tomáis mis palabras en consideración estáis perdidos en cuerpo y alma, y si existe un Dios, debería aunque sólo fuera por misericordia, poneros a salvo de mí. Lo que tengo que dejar claro es que no estoy aquí para liberaros. ¿Quién soy yo para liberaros? ¿Y de qué queréis liberaros? Estáis buscando lo que ya tenéis. Me limito a señalaros que estáis sobre una pista falsa y me preguntáis: "¿Cuál es la buena pista?". Esto significaría otra vez un instructor al que seguir y unas fábulas en las que creer. Y es precisamente todo eso lo que debe desaparecer. ¿Estáis preparados a tirarlo todo por la borda? ¿Eh?
Vuestro maestro debe desaparecer. Poco importa quién sea el maestro. Incluso el libro que estáis leyendo -eso es aquello de lo que tenéis que liberaros-. No os conduce a nada. Debéis ser vosotros mismos, y la vía de otros, tiende a haceros otro diferente de vosotros mismos. ¿Por qué queréis ser otro? Si no lo quisierais, no escucharíais a nadie...
U.G.
Y a partir de ahora pondré frases sueltas, normalmente muy breves, en los posteriores mensajes que iré añadiendo de vez en cuando. En realidad lo esencial ya está dicho arriba y se resume en: no seáis crédulos ni os creáis lo que dicen los demás; vivid vuestra vida a vuestra manera.
Pongo unas frasecitas más y otro día iré añadiendo algunas otras:
Se me llama "iluminado". Detesto esta palabra, pero la gente no puede encontrar otra para describir mi forma de actuar. Manifiesto, desde ahora, que no existe en absoluto esa iluminación. Puedo decirlo, porque he estado toda mi vida tratando de llegar a iluminarme y he descubierto que la iluminación no existe. Así pues, no se plantea el dilema de saber si una persona concreta está iluminada o no...
No voy a gritar por un Buda del siglo VI a.C. ni tampoco por todos los demás que tenemos entre nosotros. Son una banda de explotadores, que prosperan gracias a la ingenuidad de la gente. No hay ningún poder fuera del hombre. El hombre ha creado a Dios, movido por el Miedo, de donde se deduce que el problema es el Miedo, no Dios.
He descubierto por mí mismo y para mí mismo, que no hay ningún yo a realizar. De esa "realización" es de la que hablo. Cae como un mazazo. Has invertido todo en el mismo saco y de pronto descubres que no hay yo que decubrir, no hay yo a realizar y te dices ¡¿Qué diablos he hecho toda mi vida?! Eso te derrumba. (U.G.)
Voy a poner otro:
Pero antes voy a hacer un breve comentario. UG habla de una especie de "estado natural", en confrontación con el concepto de "iluminación". Buscar la "iluminación" es lo que despista a la gente. Lo que hay es un estado natural, que es el estado que todos poseemos espontáneamente. Pero al buscar algo diferente de lo que somos (la supuesta iluminación), entonces dejamos de vivir de forma natural nuestro verdadero estado propio. Esto es lo que dirá UG una y otra vez, usando distintas palabras. Pondré ahora unas frases más:
Todo lo que haces imposibilita lo que ya hay, dispuesto a manifestarse. Eso mismo es lo que yo califico de "estado natural". Tú estás siempre en ese estado. Lo que impide que se manifieste es la búsqueda. La búsqueda va siempre en la dirección mala y, por tanto, lo que consideras sagrado interviene contaminando tu consciencia. Tal vez no te guste la palabra "contaminación" (se ríe), pero todo lo que consideras sagrado, santo y profundo es una contaminación.
Si pudiese, estaría dispuesto a ayudar a alguien; pero eso es algo que no puedo hacer. ¿Por qué, además, iba a hacerlo? ¡Es ridículo pedir lo que ya se tiene!
No se trata de sentir. No se trata de saber. Nunca sabrás. No tienes ningún medio de saberlo por ti mismo. Se manifiesta de forma espontánea. No es nada consciente...
U.G.
Nota: lo importante no es lo que U.G. diga (él mismo reconoce que es imposible comunicar nada, excepto cosas sencillas como: ¿cuánto vale 1 Kg de patatas?). Lo importante es lo que cada uno interprete. Nuestro cerebro lo traduce todo de una forma única. Cada persona es un universo propio.
Procuraré incluir algún párrafo o frase cada vez que entre al foro. Aquí va más:
Mi formación no tiene ningún valor. No puede servir de modelo, porque la formación de cada uno es única. Cada acontecimiento de nuestra vida es único, a su manera. Nuestras condiciones de vida, nuestro entorno, todo este conjunto es diferente...
(...) Entonces, hice yoga, meditación, lo estudié todo. He tenido todas las experiencias de que hablan los libros: samadhi, super-samadhi, nirvikalpa-samadhi... El pensamiento puede crear cualquier experiencia que desees verdaderamente: felicidad, beatitud, éxtasis, disolución en la nada: todo. Pero no era eso lo que yo buscaba, ya que seguía siendo la misma persona que hace mecánicamente todo esto. Para mí, las meditaciones no sirven para nada, no me llevan a ningún sitio.
(...) A los 21 años, llegué a sentir con fuerza que todos los instructores -Buda, Jesús, Sri Ramakrishna- engañaban, forjaban ilusiones y embaucaban a todo el mundo.
U.G.
Bueno, en esta fase del libro a U.G. le han preguntado sobre su vida y la cuenta durante varias páginas. No voy a extenderme sobre esto, así que solo voy a poner 2 apartados; en el primero una pequeña anécdota en su juventud. Y en el segundo apartado explico un poco lo que él llama su "calamidad" (algo extraño que le sucedió a los 49 años). Es importante mencionar la calamidad porque puede que más adelante ponga frases suyas que resultarían incomprensibles sin conocer este suceso.
1) Encuentro de U.G. con Ramana Maharshi: Desde joven, U.G. empezó a ser considerado por sus amigos como una especie de ateo (había sido educado por los mejores maestros en hinduismo y Teosofía, gracias a los contactos de su abuelo. El problema es que al conocer tan de cerca a algunos "maestros", descubrió que la mayoría eran unos hipócritas: por ejemplo, uno predicaba severos ayunos y UG le sorprendió zampándose unos mantecados a escondidas... También conoció de cerca el entorno de Jiddu Krishnamurti y mantuvo una relación directa con ese movimiento, como conferenciante). Sus amigos se preocupaban por él y querían devolverle al buen "camino". Un amigo le insistió para que fuera a ver al famoso iluminado hindú Ramana Maharshi. Ahora voy a transcribir un largo fragmento de palabras de U.G. comentando ese encuentro. Lo importante fue la reacción emocional de U.G. ante lo que sucedió. Después de eso, nada especialmente importante pasó en su vida hasta que le llegó la "calamidad".
Así es como, a regañadientes, fui a ver a Ramana Maharshi. Me arrastró mi amigo. Me dijo: "Ve, aunque sólo sea una vez. Verás cómo sientes algo". Me dio un libro: En busca de la India secreta, de Paul Brunton. Leí un capítulo dedicado al hombre en cuestión. Bueno, no tengo nada en contra, vamos.
Cuando me encontré en presencia de aquel hombre, sentado delante de mí, me dije inmediatamente: "Bueno, ¿éste es el hombre en cuestión?". Aquel tipo que se entretenía leyendo tebeos, pelando legumbres o jugando con cualquier cosilla, ¡cómo iba a poder ayudarme! A pesar de todo, me quedé allí y no sentí nada. Lo miraba y él me miraba. "En su presencia -se me había dicho- te quedarás en silencio... desaparecerán tus preguntas... su mirada te transformará..." ¡Todo esto no eran más que chirigotas! Estuve allí sentado durante dos horas y las preguntas, estúpidas además, no desaparecían... "¡Bueno, tengo que decidirme!". He de decir que, por entonces, yo tenía muy fuertes deseos de moksha (liberación, iluminación), este moksha formaba parte de mi condicionamiento. ¡Lo quería! "Usted está considerado como un ser liberado", le dije... "¿Puede darme lo que usted tiene?" No me contestó... Al cabo de un rato, repetí esta misma pregunta. Entonces me dijo: "Yo puedo dárselo, pero ¿puede recibirlo usted?"...
¡Vaya chasco! Era la primera vez que alguien me decía que tenía algo que podía darme, dándome a entender que yo no podría recibirlo. Los demás me decían: "Haz sadhana (prácticas para iluminarse: yoga, ayunos, renuncias, meditaciones, lo que sea), ponte de cabeza, con los hombros en el suelo, cuélgate de un árbol... Renuncia a todo..." Mira por donde, es la primera vez que oigo a alguien que me dice: "Yo puedo dárselo, pero ¿puede recibirlo usted?".
Entonces me dije: "Si hay en el mundo algún individuo capaz de recibir eso, tengo que ser yo, porque hago Sadhana. ¡Siete años de Sadhana!... Él puede pensar lo que quiera sobre si puedo o no, pero yo sé que puedo. Y, si yo no puedo, ¿quién va a poder?" Ese estado de ánimo tenía yo entonces. (Se ríe). ¡Fijaos hasta qué punto estaba seguro de mí mismo!
No tenía ninguna intención de quedarme con él ni de leer sus libros, pero tenía que hacerle todavía unas preguntas: "¿Se puede -le dije- estar unas veces liberado y otras no?". "O eres libre o no lo eres en absoluto", me respondió. Hice también otra pregunta más, de la que ya no me acuerdo bien, que recibió de él una respuesta extraña: "No hay etapas en el camino que lleva a Eso". Yo no le hacía caso a estas respuestas. No me importaban.
Pero la anterior... "¡Qué arrogancia!", me decía yo. "¿Y por qué no voy a poder recibirlo, cualquiera que sea su naturaleza? ¿Qué es lo que tiene?". Esa era mi pregunta, completamente lógica. Y la pregunta fundamental era la siguiente: "¿Cuál es, pues, el estado en que se encuentra esta gente: Buda, Jesús y compañía...? Ramana está en ese estado, o por lo menos así está considerado... Sin embargo, es como yo: un ser humano. ¿En qué se diferencia de mí? Lo que dicen los demás y lo que dice él mismo no tiene ninguna importancia para mí. En cuanto a lo que hace, está al alcance de todo el mundo... No puede ser diferente a mí en nada...
(...) Mira, si alguien me hiciese hoy día una pregunta de este tipo (como la que UG le hizo a Ramana), le contestaría que no hay nada que esperar de nadie... ¿Quién soy yo para "darte" nada? Tienes lo mismo que yo.
U.G.
El apartado 2 (sobre su "calamidad"), lo pondré en el próximo mensaje.
Finalmente mencionaré lo de su “calamidad” en el apartado 3. En el apartado 2 voy a incluir el tema de su relación con Jiddu Krishnamurti. Posteriormente, en otro mensaje, contaré lo de su “calamidad”.
2) Su interacción con la Teosofía y Jiddu Krishnamurti: Como dije, U.G. tuvo acceso desde niño a los mejores maestros, a la Teosofía, etc, todo esto por mediación de su abuelo (que fue quien le crió). Ya de adulto, antes de entrar de pleno en la Sociedad Teosófica estudió psicología, filosofía oriental y occidental, etc. Pondré un fragmento de cómo describe U.G. aquella etapa de su vida:
(...) Me interesaba por la psicología, simplemente porque el problema de la mente me dejaba perplejo. “¿Dónde está esta mente?, quiero saber más de ella. Aquí, dentro de mí mismo, no veo la mente, pero todos los libros hablan de ella... ¡En fin! Vamos a ver un poco lo que los psicólogos occidentales tienen que decir de ella”. Un día, dije a mi profesor: “Hablamos continuamente de la mente. Estudiamos los libros de Freud, Adler y compañía. Todo esto lo conozco. He leído las definiciones y descripciones que hay en los libros. ¿Pero usted sabe algo, por sí mismo, de la mente?”. Él me dijo: “¡Deje de hacer preguntas impertinentes!” (Se ríe). ¡No hay duda de que son preguntas peligrosas! Si tienes que aprobar el examen, limítate a tomar apuntes, guardarlos en la memoria y repetirlos en tus ejercicios, con lo que tendrás asegurado el diploma. Y aquello no tenía interés para mí. Lo que me interesaba era descubrir la mente...
Mi posterior entrada en la Sociedad Teosófica se explica por mi condicionamiento. Mi abuelo me dejó en herencia la Sociedad Teosófica, Jiddu Krishnamurti y una buena suma de dinero. A partir de ahí, podía lanzarme a una actividad de este tipo; pero mi corazón no estaba por ello. “Todo esto es información de segunda mano...” Sin embargo, fui enrolado para dar conferencias en la Sociedad. Era un excelente orador... ¡cosa que ya no soy!... Daba conferencias por todas partes, en todos los estrados. Tomé la palabra en todas las universidades de la India. “Esto no tiene para mí ningún sentido- me decía-. Cualquiera que tenga un cerebro organizado, puede recopilar información y difundirla. ¿Qué es lo que estoy haciendo aquí? ¿Por qué voy a estar perdiendo el tiempo? Esto no va con mi forma de ser. Si se tratase de ganarme la vida, bien, lo comprendería: repites las cosas como un loro y te aseguras un sueldo; pero ese no es mi problema”. Sin embargo, en algunos aspectos, estos asuntos me interesaban...
Entonces es cuando entró en escena Jiddu Krishnamurti. Seguí durante siete años las conferencias que daba. No lo conocí personalmente por entonces, porque el “show” de “Gran Instructor del Mundo” creaba una especie de barrera alrededor de él. Yo me decía: “¿Cómo se puede producir la creación de un ‘Instructor del Mundo’? Se nace Instructor del Mundo, no se hace uno...”. Conociendo los tejemanejes de todo este asunto, me mantuve siempre en la periferia y no quise dejarme atrapar por completo. En aquel ambiente también había hipocresía. Tenían una vida superficial todos aquellos sabios, aquellos grandes cerebros, aquellas personas eminentes. “Pero –me decía yo- ¿qué hay de valor detrás de todo esto?”.
Al cabo de siete años, las circunstancias nos pusieron en relación directa. Veía a Krishnamurti todos los días y discutíamos. Yo no ponía el mínimo interés en sus abstracciones ni en sus enseñanzas. Una vez le dije: “Usted ha cogido la jerga psicológica que está de moda y trata de explicar cualquier cosa valiéndose de ella. Usted adopta el análisis y llega a un callejón sin salida. Este tipo de análisis paraliza a la gente, no le ayuda. Por lo menos, a mí no me ayuda”. Mi pregunta seguía siendo la misma: “¿Qué es lo que tiene usted? Las abstracciones con que me bombardea no me interesan. ¿Hay algo de valor detrás de todo esto?... A veces, tengo la sensación –pero puede ser una proyección por mi parte- de que, tomando una comparación tradicional que nos resulte familiar, usted, por lo menos, ha visto el azúcar, pero no estoy seguro de que lo haya saboreado”...
Nos hemos peleado así durante años (Se ríe). Teníamos divergencias personales. Yo quería sacarle respuestas directas, honestas, sobre su pasado, pero él no me las daba de una forma satisfactoria. Estaba siempre a la defensiva. Al final de nuestras conversaciones, le insistí: “¡Vamos a ver! ¿Hay, de verdad, algo detrás de estas abstracciones con que me bombardea?”. Este señorito me dijo entonces: “De ninguna forma podrá usted descubrirlo por sí mismo”. ¡Esta era la conclusión!, el final de nuestras relaciones: “Si no puedo descubrirlo por mí mismo ni usted puede comunicármelo, ¿para qué diablos discutimos? ¡Adiós! No quiero volver a verlo”. Y me marché.
U.G.
Toca hablar sobre lo que U.G. llama su calamidad. Para resumirlo, lo voy a explicar con mis palabras. Al final veré si incluyo alguna frase suelta de U.G. que refleje el funcionamiento de su sistema nervioso.
En fin, quiero mencionar también que U.G. se casó de joven, tuvo varios hijos, luego se separó de su familia, etc. Cuando abandonó la Sociedad Teosófica hubo un tiempo intermedio durante el cual acabó como mendigo por Europa, estaba en las últimas, finalmente en Suiza conoció a Valentina, con la cual no se llegó a casar pero fueron una especie de “pareja de hecho” hasta que ella murió en 1991.
3) La “calamidad” de U.G.: Quienes le consideran un “iluminado”, suelen considerar que su iluminación ocurrió en los días en los que U.G. sufrió la por él llamada “calamidad”. Algo sucedió más o menos a partir de su 49 cumpleaños. Fue un proceso muy sufrido y extraño que le cambió el funcionamiento “normal” del sistema nervioso. El proceso principal duró varias semanas (aunque en realidad ya había habido “avisos” a lo largo de su vida, por ejemplo desde los 35 años empezó a sentir fuertes dolores de cabeza con efectos secundarios extrañísimos). Y los cambios continuaron durante meses, por espacio de unos 3 años. Entre los médicos y científicos que le han visitado desde la “calamidad”, algunos le sugirieron que sería interesante que se hiciera una revisión médica para averiguar los cambios exactos que han ocurrido en su cerebro y sistema nervioso, pero U.G. no le concede demasiada importancia a eso. Le da igual qué partes de su cerebro han cambiado, si es que han cambiado; el ahora funciona de otra manera, está adaptado a eso y no se hace preguntas ni siente curiosidad por escanear su cerebro.
Los cambios que describe que le ocurrieron (y que le dejaron distinto para siempre a como era antes), a mí me parece que pueden tener alguna explicación neurológica. Cuando posteriormente leí los libros del neurólogo Oliver Sacks, encontré algunos casos que guardaban una semejanza (lejana) con algunos de los problemas que sufrió U.G. a los 49 años. Los pacientes de Sacks sufrieron diversas lesiones cerebrales (accidentes, infecciones o cánceres) y algunos resultados son sorprendentes (toqué también ligeramente el tema en el hilo sobre Inteligencia Artificial). En algunos casos, los pacientes no eran capaces de reconocer su propio cuerpo. Lo sorprendente en U.G. es que él no ha sufrido menoscabo alguno tras esos cambios, sino que siempre se ha adaptado. Aparte de que algunos de esos cambios no los había escuchado nunca. Pero él los asimiló y desde entonces funciona de esa extraña manera.
Los cambios fisiológicos de U.G. fueron durísimos (en su momento supuso un gran dolor para él). No voy a relatar los cambios (es algo muy largo de contar). Pero como curiosidad pondré algunos: suavidad de la piel, le creció un pecho (de lo que se deduce que sufrió también cambios hormonales), perdía el sentido como si estuviera a punto de morir, tremendos dolores por todo el cuerpo (especialmente la cabeza) sus ojos dejaron de parpadear (no quedó ciego gracias a que, al mismo tiempo, empezó a lagrimear y las lágrimas remojaban los ojos impidiendo que se dañaran. UG dice que lo que algunos admiradores de “santos” llaman lágrimas de beatitud, no es más que ese reflejo mecánico para lubricar los ojos cuando no parpadean), etc etc etc.
Lo que me interesa de esos cambios es que como consecuencia de ellos perdió el sentido del “yo”. Sus sentidos funcionan por separado, sin integrar todos los datos bajo un “yo” único. Por ejemplo, cuando oye una voz no relaciona espontáneamente esa voz con la persona que está moviendo los labios delante de sus narices. Cuando está en la cama, sólo es consciente de los fragmentos de su cuerpo que están en contacto con las sábanas. Al principio de su “calamidad” le sucedía que cada vez que veía cualquier cosa preguntaba: “¿Esto qué es?”. Valentina le decía, por ejemplo, “eso es una vaca”, y U.G. se decía “claro, claro”, pero en cuanto perdía de vista a la vaca olvidaba la existencia de las vacas.
Posteriormente superó esa etapa, se adaptó. Pero sigue sin tener un sentido del ”yo”. Dice que el “yo” es producto de los pensamientos y la memoria. Cuando está solo, no se siente consciente de ser “alguien”. No se hace preguntas. Pero cuando recibe visita, puede acceder a su “banco de memoria” para responder preguntas. Dice que las responde mecánicamente, como si fuera un aparato que hace uso de forma automática de los bancos de memoria que hay en su cerebro.
Más adelante pondré (supongo) algunas afirmaciones suyas donde se aprecia la manera diferente en que funcionan sus sentidos y la manera en que percibe el mundo. Él dice que “él” no percibe nada, pues no tiene un “yo”. Lo compara diciendo que es como si los ojos tomaran imágenes, los oídos sonidos, pero no hay ningún camerámam dentro de él que interprete lo que ve y oye. Él no tiene pensamientos espontáneamente. De hecho, desde entonces los pensamientos sólo los usa cuando es requerido para una circunstancia concreta: por ejemplo, si sus visitas le hacen alguna pregunta. Él compara su “calamidad” con la muerte, porque tras la “calamidad” se extinguió aquello llamado “yo”.
Para finalizar este mensaje, incluiré algunas frase de U.G. en las que hace referencia a su “calamidad”.
(...) Sí, insisto: es como una explosión nuclear que os descompone el cuerpo en piezas. No es un proceso fácil: es el fin del hombre. Es un golpe demoledor que deshace cada célula, cada nervio de tu cuerpo. He soportado con esto enormes torturas físicas. A decir verdad, no se siente la explosión en sí, sino los efectos secundarios, la recaída, que es lo que transforma toda la química de tu cuerpo.
(...) En ningún momento tengo consciencia de una diferencia entre usted y yo. ¡Jamás! Y eso es, sencillamente, porque no hay ningún punto de referencia ni ningún centro.
(...) El cuarto día, fue la vista la que sufrió el cambio. Estábamos sentados en el restaurante Rialto y empecé a notar una formidable “vistavisión”, una especie de espejo cóncavo. Los objetos se me acercaban... se revolvían... se me separaban. (...) En este momento, lo veo así. Cuando usted me lleva en su coche, soy como un operador que juega con su cámara. Los coches que vienen en sentido contrario entran en mí. Los que nos adelantan, salen de mí y, cuando se paran mis ojos en un objeto, lo fijan con toda atención, como una cámara. (...) El cuarto día noté también un cambio en la audición. Oí ladrar un perro y aquel ladrido salía de mí. Lo mismo me pasó con el mugido de una vaca y el silbato de un tren. Todos los ruidos tenían su origen en mí. Salían de mí y no venían del exterior... y me sigue pasando esto. (Nota: cuando leí a U.G. por primera vez estos cambios me sorprendieron mucho, pero posteriormente leyendo casos sobre neurología encontré otros casos parecidos en estos cambios en la vista y el oído. Lo que sigo sin conocer es otro caso en el que todos estos cambios le ocurran, todos juntos, a una misma persona).
(...) al sexto (día), yo estaba echado en un sofá, Valentina andaba por la cocina y, de repente, desapareció mi cuerpo. (¡Es tremendo! ¡Me van a llevar al manicomio...!). Me miraba la mano... “¿Es ésta?” De esto no hay ninguna duda... pero, si tocaba aquel cuerpo, no notaba más que el punto de contacto... Entonces llamé a Valentina: “¿Ves mi cuerpo en el sofá? No hay en mí nada que me diga que éste es mi cuerpo”. Ella tocó mi cuerpo. “Sí, es tu cuerpo”. Pero esta afirmación no me dio ningún alivio ni satisfacción. (Nota: éste tipo de caso es también conocido por la neurología y conozco algunos otros ejemplos).
(...) Yo llamo “calamidad” a todo este conjunto de acontecimientos, porque, para el que crea ver en ellos algo fantástico, benefactor –beatitud, amor, éxtasis- es una auténtica tortura física. Desde este punto de vista, se trata de una “calamidad”. Para mí no es una calamidad, pero sí para los que se imaginan que les va a pasar algo “maravilloso”.
(...) El octavo día, estaba sentado en el sofá y, de repente, se desencadenó una formidable energía que sacudía al mismo tiempo mi cuerpo, el sofá, el chalet y el universo entero... ¡Todo vibraba! Nadie hubiera podido producir tal sacudida por sus propios medios. Fue todo repentino. ¿Venía de fuera? ¿De dentro? ¿De arriba? ¿De abajo? No lo sé. No podía localizar su origen. Estaba por todas partes. Y aquello duró horas y horas. No podía soportarlo, pero tampoco podía acabar con ello. Me encontraba completamente impotente. Cada vez que me sentaba, empezaba de nuevo. La vibración era parecida a un ataque epiléptico. Pero aquello duró días y días...
(...) Estás acostado en tu cama y, de repente, empieza... empieza a moverse lentamente... como un hormigueo... Creí que había chinches en la cama. Saltaba de la cama y ¡nada! ¡No había chinches! Volví a acostarme y, de nuevo... se me erizaron los pelos y también se movían lentamente.
El dolor afectaba a todo mi cuerpo. El pensamiento había controlado este cuerpo de tal forma que, cuando se distraía, todo el metabolismo se alarmaba. Todo el organismo se transformaba a su manera, sin que yo interviniese. (...) Empezaron a cambiar todas las células y esto continuó sin descanso durante seis meses. Después de esto, les tocó el turno a las hormonas sexuales y ya no sabía si era un hombre o una mujer. “¿Qué es todo este lío?” Hasta empezó a salirme un pecho en el lado izquierdo. No quiero entrar en detalles: hay un registro completo de todos estos fenómenos. La cosa seguía su marcha. Tuvieron que pasar tres años para que este cuerpo adoptase por fin su ritmo propio.
(...) Hay algunas glándulas –he discutido muchas veces con médicos que se dedican a la investigación de las glándulas cerradas- que podrían ser lo que los hindúes llaman chakras y que están situadas en los mismos sitios en que los hindúes localizan los chakras. Tengamos en cuenta una glándula llamada timo, que es muy activa en el niño que tiene sensaciones extraordinarias. Cuando se llega a la pubertad, esta intensidad, según dicen, se adormece. Cuando se produce el cambio de estado –dicho de otra forma, cuando renaces- esta glándula se activa automáticamente y se sitúan en ella todas las sensaciones. Digo bien sensaciones, y no emociones o pensamientos, y entonces sientes lo que le pasa a otro. Si alguien se hace una herida en un sitio, esta herida se siente aquí. No es un dolor, sino una sensación. Automáticamente dices: ¡Ay!...
(...) Hablo como un maniático que delira: la diferencia entre un maniático y yo es el diámetro de un cabello. Por eso afirmo que usted no tiene opción a elegir entre dos actitudes: descartar mis palabras de un golpe o huir.
El interlocutor pregunta a U.G. sobre posibles puntos en común entre él y otros supuestos “iluminados”. U.G. responde:
Ese no es mi problema, aunque sí parece que es el suyo. Yo jamás me comparo con nadie.
U.G.
No me he propuesto liberar a nadie. Debéis liberaros vosotros mismos y podéis llegar a ello. Lo que yo tengo que deciros no os liberará. Lo único que quiero es describir mi estado, poner en claro la ocultación y la mitificación que la gente del “negocio sagrado” ha puesto en marcha para violar la realidad. Tal vez llegue a convenceros para que no perdáis el tiempo ni malgastéis vuestras energías buscando un “estado” que no existe más que en vuestra imaginación.
Comprendedme bien: lo que describo es vuestro estado, vuestro estado natural, y no el estado de un iluminado que dice de sí mismo que se ha convertido en Dios, ni el de un mutante, ni el de quien argumente cualquier otra fábula. Ese es vuestro estado natural y lo que le impide manifestarse a su propia manera es vuestro propio esfuerzo por convertiros en otro.
No llegáis a comprender esto: vuestras “experiencias” no pueden escapar a la influencia del pasado. Ese estado natural está libre de toda experiencia. Cualquier comunicación es imposible y hasta innecesaria. Lo que es verdaderamente real es vuestra forma de funcionar. Es inútil tratar de establecer una relación entre mi descripción y vuestra forma de funcionar. Cuando renunciáis a toda comparación, lo que queda es el estado natural. Entonces, no escucharéis ya a nadie.
U.G.
¿Existe la iluminación? Lo que existe, a mi modo de ver, es un proceso puramente físico: no hay nada de místico ni de espiritual. (U.G.)
No imparto ninguna enseñanza ni ofreceré jamás ninguna. Enseñanza no es la palabra adecuada. Toda enseñanza supone un método, un sistema, una técnica o, por lo menos, una nueva forma de pensar que pretende producir una transformación en vuestra forma de vida. Lo que yo os digo se sale del ámbito de lo que se puede enseñar: es, simplemente, la descripción de la forma en que yo funciono, una descripción del estado natural del hombre, es decir, la forma en que, libres de las maquinaciones de la mente, podéis vosotros mismos funcionar.
(...) El pensamiento se entromete en los asuntos de los sentidos, tiene una finalidad “lucrativa”: dirige la actividad de los sentidos para sacar provecho de ellos y los utiliza para asegurarse una continuidad.
Vuestro estado natural no tiene la mínima relación con los estados religiosos de felicidad, de beatitud y de éxtasis, que pertenecen al ámbito de la experiencia. Es posible que los que han guiado al hombre durante siglos en la búsqueda de la religiosidad hayan sentido estos estados religiosos. Vosotros podéis hacer lo mismo. Son estados del ser sugeridos por la mente: aparecen y desaparecen. La Consciencia de Krishna, la Consciencia de Buda, la Consciencia cristiana y no sé cuántas más, son otras tantas divagaciones: esos diversos estados dependen del tiempo. Jamás se podrá experimentar, coger o abarcar lo intemporal en su conjunto y mucho menos hacerlo objeto de una expresión verbal. Este camino tan pisoteado no os llevará a ningún sitio. No hay en él ningún oasis. El espejismo te deja clavado en el mismo lugar...
U.G.
Unos comentarios más de U.G. acerca del “estado natural”:
Este estado es la condición física de vuestro ser. No se trata de una forma de mutación psicológica. No es un estado en el que os encontráis un día y desaparece al siguiente. No podríais imaginar hasta qué punto, en estos momentos, el pensamiento perturba cada célula de vuestro cuerpo e interviene en su funcionamiento. La irrupción de vuestro estado natural fulminará cada célula, cada glándula, cada nervio. Es una transformación química. Interviene una “obra” alquímica. Pero este estado natural no tiene nada que ver con las experiencias de drogas químicas, del tipo L.S.D. Eso son experiencias; el estado natural no lo es.
U.G.
¿Existe la iluminación? Lo que existe, a mi modo de ver, es un proceso puramente físico: no hay nada de místico ni de espiritual.
(...) El estado natural es un estado de no-conocimiento. No sabéis verdaderamente qué es lo que miráis. Puede darse el caso de que me pase una hora mirando un reloj de pared, sin saber qué hora es y sin darme cuenta, ni siquiera, de que se trata de un reloj. En mí no hay más que ensimismamiento: “¿Qué es lo que estoy mirando?” Pero la pregunta no se plantea así, en frases compuestas por palabras. Todo mi ser es un enorme y único punto de interrogación. Es un estado de asombro, de perplejidad, precisamente porque no sé qué es lo que miro. El conocimiento que había adquirido en otro tiempo está relegado a un segundo plano, salvo en caso de necesidad. Se trata de un estado inconexo... Si usted me pregunta qué hora es, puedo decirle: las tres y media. La respuesta vendrá con la rapidez de una flecha y volveré inmediatamente a mi estado de no conocimiento, de admiración...
U.G.
Usted no sabría comprender la inconmensurable paz que hay dentro de usted y que es su clima natural. Su esfuerzo por establecer en usted un estado de espíritu apacible no hace más que introducir la tribulación. Puede hablar de paz, crear en usted cierto estado de espíritu y decirse que está en paz: eso no es paz, sino violencia. Es inútil “practicar” la paz. No tiene sentido “practicar” el silencio. El verdadero silencio es explosivo; no es ese silencio de muerte al que se aferran los buscadores espirituales. “¡Estoy en paz conmigo mismo! -dicen-. ¡Hay un silencio formidable! ¡Siento la experiencia del silencio!”. Todo eso no quiere decir nada. El estado natural es volcánico, está en constante ebullición: la energía, la vida, éstas son sus cualidades peculiares. Podéis preguntarme cómo lo sé. No sé... La vida es lúcida. Digamos que es consciente de sí misma.
U.G.
¿Hay en usted alguna entidad a la que llame “Yo” o “el espíritu” o el “Ego”? ¿Hay algún coordinador llamado a establecer una relación entre lo que ve, lo que oye, lo que huele, lo que saborea, y así sucesivamente? ¿Hay algo que agrupe las diversas sensaciones que emanan de un solo sentido, como el flujo de los impulsos que salen de los ojos? En realidad, hay siempre una zanja entre dos sensaciones. El “coordinador” llena el vacío y establece una solución de continuidad ilusoria...
En el estado natural no hay ninguna identidad llamada a coordinar los mensajes de los diferentes sentidos. Cada sentido funciona independientemente, a su manera. Cuando hay un requerimiento del exterior que hace necesaria la coordinación de dos o de todos los sentidos para que respondan a cualquier llamada, no hay coordinador, sino un estado temporal de coordinación. Cuando se ha satisfecho esa petición, no hay continuidad y se vuelve al funcionamiento independiente, inconexo, separado... Cuando es innecesaria la continuidad, entendiendo como tal la continuidad ilusoria, ésta finaliza.
¿Todo lo que digo tiene para usted algún significado? No es posible que lo tenga. Todo lo que sabe está comprendido en el marco de su experiencia y depende del pensamiento. Sólo pretendo hacerle sentir su naturaleza, cosa que, por desgracia, lo único que puede hacer es inducirlo a error.
U.G.
¿Se da el caso de que usted escuche a alguien? No, usted no escucha nunca más que a usted mismo. Cuando deja que actúe por su cuenta el sentido del oído, lo único que hay es la vibración pura del sonido (...). Seamos claros: usted no oye jamás una sola palabra de nadie, sea cual sea la relación de intimidad que crea tener con esa persona: no oye más que sus propias traducciones; son sus palabras las que oye. Todas las palabras pronunciadas por esta otra persona pueden ser para usted un ruido, una vibración, captado por el tímpano y transmitido al cerebro a través del nervio auditivo. Usted traduce estas palabras continuamente, tratando de comprenderlas, porque quiere sacar algo de lo que oye. Eso está bien cuando se trata de una conversación como: “Ahí está el dinero; déme medio kilo de zanahorias”, pero ese es el límite de sus relaciones, de su conversación con quien sea.
Cuando no hay traducción, todas las lenguas suenan igual... La única diferencia está en la separación de las sílabas y en la entonación. Cada lengua tiene su propia forma melódica. Es un orden de prioridades adquirido el que nos dice que la Novena Sinfonía de Beethoven es más bella que los gritos penetrantes de un coro de gatos; pero tanto lo uno como lo otro produce sensaciones igualmente válidas. También sabemos que algunos sonidos son nocivos para el cuerpo y, por encima de cierto número de decibelios, insoportables para el sistema nervioso: pueden producir la sordera; pero no es esto de lo que quiero hablar. Sin embargo, la apreciación de la música, de la poesía y del lenguaje tiene una determinación cultural. Es el producto del pensamiento...
El movimiento del pensamiento interviene en el proceso del tacto, igual que en el de los demás sentidos. Todo lo que tocamos lo interpretamos siempre como “duro”, “suave”, “caliente”, “frío”, “blando”, “seco”, etc.
Usted no se da cuenta, pero es su mente la que crea su cuerpo. Sin el proceso del pensamiento, no hay consciencia del cuerpo, lo que equivale a decir que ya no hay cuerpo en absoluto. Mi cuerpo existe para los demás, pero no existe para mí: no hay más que puntos de contacto aislados, gestos táctiles que no están coordinados por el pensamiento.
(...) Los órganos olfativos están abiertos permanentemente a los olores, pero, si uno no interviene en el sentido del olor, lo único que percibe es una irritación nasal. No hay ninguna diferencia entre una boñiga de vaca y el más caro perfume francés –te frotas la nariz y no le prestas atención.
U.G.
Mi conversación consiste en dar respuesta a las preguntas que me hagáis. Sentarme a pronunciar un discurso sobre el “estado natural” sería para mí entrar en una situación artificial. No hay nadie que pueda elaborar “pensamientos” antes de decidirse a dar una respuesta. Cuando me lanzáis una pelota, rebota y vuelve hacia vosotros. Eso es lo que llamáis “respuesta”. Pero yo no doy ninguna respuesta: es el estado natural el que se manifiesta por sí mismo. En realidad, no sé lo que digo y lo que digo no tiene ninguna importancia. Usted puede transcribir mis palabras: no tendrán ningún sentido para mí. Estarán “muertas”.
Lo que tiene ante usted es la vida. No tengo la facultad de atraparla, ni usted tampoco... Es como una flor (es la única comparación que puedo darle). Abre, está presente. Mientras dura, emite un perfume que es diferente y distinto al de cualquier otra flor. Puede que no la reconozcáis, podéis animaros a escribir odas y sonetos sobre ella... Puede comérsela una vaca que pasa o cortarla alguien que va segando hierba. También puede marchitarse y llegar a su término. Eso no tiene importancia. No podéis conservar su perfume y, aunque pudieseis, no sería más que un perfume sintético, químico, pero no la flor viva. Conservar las expresiones, la enseñanza de un hombre, no tiene ningún sentido. Su “estado natural” no tiene más que un valor: su expresión contemporánea.
La personalidad no cambia cuando se llega al estado natural. Entonces se es, ante todo, como un ordenador que actúa tal como se ha programado. En realidad, es su esfuerzo actual por transformarse lo que lo aleja de usted mismo y lo que le impide funcionar de una forma natural. La personalidad no va a cambiar. No cuente con que alguien se va a liberar de la cólera o de su idiosincrasia. No cuente con que le va a hacer una demostración de humildad “espiritual”. Ese hombre puede ser la persona más arrogante que haya visto jamás, porque está en contacto con la vida en el único punto que ningún otro ha podido tocar.
Por esta razón es por lo que cada uno de los que han llegado a este estado se expresa de una forma única en el lenguaje de su tiempo. Esta es también la razón de que dos personas que vivan en este estado en la misma época no se comuniquen jamás. No van por la calle dando saltos cogidos de la mano diciendo: “¡Estamos realizados! ¡Estamos en comunión...!”
U.G.
Las necesidades naturales de un ser humano son básicas: el alimento, los vestidos y un techo. Una de dos: o trabajas para llegar a satisfacerlas o te las garantiza otro. Si son éstas tus únicas necesidades, no es difícil satisfacerlas. Negarte a ti mismo estas necesidades básicas no es indicio de espiritualidad; exigir más de lo necesario en lo relacionado con alimentos, vestidos y techo es pasar a un estado neurótico.
¿Es el sexo una exigencia fundamental del ser humano? El sexo depende de la mente. El cuerpo, por sí solo, no tiene sexo. (...) Es el pensamiento el que interpreta las sensaciones sexuales del cuerpo y dice: “Esto son sensaciones sexuales”. Y es el pensamiento el que organiza la estructura sin la cual no es posible ningún sexo. (...).
Suprimiendo o tratando de sublimar el sexo, no se llega a ese estado natural. En tanto cuanto pienses en Dios, tendrás pensamientos sexuales. Pregunte a cualquier buscador espiritual que conozca y que practique el celibato si no sueña por la noche con mujeres. El summum de la experiencia sexual en la vida es lo más próximo a una experiencia de primera mano. Cualquier otra experiencia es de segunda mano y es más sugerida por otros que nuestra. ¿Por qué traman tantos tabúes e ideas en torno a una experiencia así? ¿Para qué destruir la alegría del sexo? No pretendo en absoluto hacer apología de la facilidad o de la promiscuidad, sino asegurar que la abstinencia y la continencia no son el medio de llegar a la realización.
U.G.
Usted no conocerá la muerte, puesto que no hay muerte para usted. No puede sentir la experiencia de su propia muerte. ¿Ha nacido? La vida y la muerte no se pueden separar. No tiene la mínima posibilidad de conocer por usted mismo dónde empieza una y dónde acaba otra. Puede tener la experiencia de la muerte de otro, pero no la suya. La única muerte es la muerte física: no hay muerte psicológica.
¿Por qué tiene tanto miedo a la muerte?
(...) Durante su vida, usted se conocía, estaba presente en ella, con lo que ha adquirido el sentimiento de su propia eternidad. Para justificar este sentimiento, su estructura mental se ha dedicado a convencerse de la posibilidad de que usted tuviese una vida después de la muerte -¿el cielo, la reencarnación, la transmigración del alma o qué? ¿Qué es lo que queda de usted que se reencarne? ¿Dónde puede estar su alma? ¿Puede conocerla, palparla, enseñármela? ¿Qué es lo que tiene usted que pueda ir al cielo? Usted no tiene más que miedo.
U.G.
Juzgar los actos propios antes y después de su ejecución, eso es lo que crea el problema moral. (...). La vida es acción. La acción sin problema es moralidad. Enjuiciar sus actos es destruir la expresión misma de la vida. Una persona que deja que la vida se desarrolle a su manera, sin el movimiento protector del pensamiento, no tiene ningún “yo” que defender.
¿Qué es lo que le impide estar en su estado natural? Está alejándose continuamente de usted mismo. Quiere ser feliz, bien sea continuamente o en un momento concreto. No está satisfecho de sus experiencias diarias: necesita otras nuevas. Quiere “perfeccionarse”, cambiar. Dirige su esfuerzo hacia la realización de un personaje que no es usted. Eso es lo que lo aleja de usted mismo...
La sociedad le ha presentado el hombre perfecto ideal. Cualquiera que sea el medio cultural en que se encuentre, usted dispone de doctrinas basadas en escrituras y de tradiciones que se le ponen al alcance de la mano para decirle cómo debe comportarse. Tiene unos mandamientos que observar, virtudes que cultivar. Se le dice que, con una práctica adecuada, hasta puede llegar al estado alcanzado por los sabios, los santos y los salvadores de la especie humana... Por eso es por lo que viene a controlar su conducta y sus pensamientos y a convertirse en un ser “desnaturalizado”.
Vivimos todos en una “esfera mental”. Sus pensamientos no son de su propiedad: pertenecen a todo el mundo. No son más que pensamientos; pero usted crea una contrapartida: el “pensador” que lee cada pensamiento. Su esfuerzo por controlar la vida ha creado en usted un movimiento secundario de pensamiento al que usted llama “YO”. Este movimiento de pensamiento que hay en usted es paralelo al movimiento de la vida, pero está separado de él, jamás puede estar en contacto con la vida. Usted es una criatura viva y, sin embargo, pone toda su vida bajo el dominio de este movimiento del pensamiento aislado y paralelo. Usted se limita la vida y eso va contra-natura.
El estado natural no es un estado sin pensamiento: ese es uno de los mayores disparates cometidos durante siglos con los pobres hindúes indefensos... Usted no estará sin pensamiento hasta que su cuerpo quede reducido al estado de cadáver, ¡un cadáver bien muerto! Para sobrevivir hay que ser capaz de pensar, pero en el estado natural el pensamiento deja de estrangularte, vuelve a su ritmo natural. Usted deja de existir para leer los pensamientos y tomarlos como “suyos”.
U.G.
¿Hay un más allá? Como no os interesa lo cotidiano ni lo que pasa en torno a vosotros, habéis inventado lo que se llama el más allá, lo Intemporal, Dios, la Verdad, la Realidad, Brahman, la Iluminación y qué sé yo, y vais en su búsqueda. Pero puede que no haya más allá... No sabéis absolutamente nada de ese más allá. Lo único que sabéis es lo que se os ha dicho y es este conocimiento el que proyectáis y sobre el que basáis la experiencia: el conocimiento crea la experiencia y la experiencia viene a reforzar el “conocimiento”.
Lo que sabéis no puede ser jamás el más “allá”. Lo que experimentáis no es el más allá. Si hay un más allá, el movimiento de vuestro “yo” está ausente. La ausencia de este movimiento es, tal vez, el más allá... ¿Por qué tratáis de experimentar lo que no se puede?
U.G.
Todas esas experiencias que va acumulando (paz, alegría, silencio, beatitud, éxtasis y sabe Dios qué) son conocimiento antiguo y de segunda mano... El mismo hecho de que se encuentre en estado de beatitud y de un formidable silencio supone que ya conoce estos estados. Se tiene que conocer una cosa para sentir su experiencia. Este conocimiento no tiene nada de maravilloso ni de metafísico. ¿Puede sentir la experiencia de una cosa tan banal como ese banco que tiene delante? No: usted experimenta el conocimiento que tiene y cuyo origen es siempre un mecanismo exterior. Se piensan los pensamientos de nuestro entorno social y se viven las experiencias de nuestra sociedad: no hay experiencias nuevas.
De esto se deduce que todo lo que el hombre ha pensado o sentido alguna vez debe salir de su organismo y usted es el producto de todo este conocimiento –eso es todo lo que es usted...
(...) Los pensamientos son lo que son: ni buenos ni malos.
U.G.
Qué es lo que hace que vuelva una persona a su estado natural, una persona y no otra distinta, no lo sé. Tal vez esté inscrito en las células. Es a-causal. No es, por su parte, un acto “voluntario”: usted no puede provocarlo. No hay nada que pueda hacer. Puede desconfiar del hombre que le diga cómo ha llegado a ese estado. Hay una cosa de la que puede estar seguro: no lo sabe ni él mismo ni tiene posibilidad de comunicárselo a usted. En la estructura del cuerpo hay un mecanismo de disparo. Si se detiene la estructura de la experiencia, automáticamente entra en funcionamiento el otro proceso. A partir de ese momento, el funcionamiento del cuerpo es completamente diferente, sin que intervenga el pensamiento, salvo cuando sea necesario para comunicarse con alguien. Usando una fórmula de boxeo, no tiene que hacer más que “tirar la toalla”. Nadie puede venir en su ayuda ni puede usted tampoco ayudarse a sí mismo.
U.G.

¡Saludos!
*

9 comentarios:

  1. Esquizofrénico total.

    ResponderEliminar
  2. ¿Él, o no nosotros? no lo defiendo. Pero pensandolo bien tal vez nosotros somos los esquizofrénicos.

    ResponderEliminar
  3. Leo a UG hace varios años, siempre lo releo y NUNCA me deja nada ... creo que su legado es NADA ... ni fú ni fá ...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. eso fue lo que el dijo.que no dejaba nada

      Eliminar
    2. No creo que este interesado en dejarte nada tampoco...

      Eliminar
  4. Yo creo que la ausencia del Yo de un “centro” ya es un estado que alcanzo de alguna manera, no llega porque sí. Personalmente creo que UG no tolero bien esta estado y lo dejo muy confuso, basta ver sus últimos videos hablando puras sandeces y de vedad parecía una persona con demencia senil, emanaba negatividad por todas partes. No es sensato comparar…ero en el caso de J. Krishnamurti el llego a sus 91 años en un estado de silencio y de inteligencia que se emanaban en cada instante. Concuerdo cuando hablaba de la aristocracia y el circulo intelectual que rodeaba a K en esos momentos, círculo social que fue parte de sus condicionamiento que le dejo la sociedad teosófica

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tu interpretación sentimentalista, te hace sentir todo eso... sin una tabla de valores, no hablarías tal cosa, como la negatividad y todas esas tonteras.

      Eliminar