miércoles, 13 de noviembre de 2013

Recordando a Nisargadatta Maharaj (Parte 1)

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La siguiente entrevista a David Godman se titula «Remembering Nisargadatta Maharaj» y es bastante amena, pero no la encontraba por ninguna parte traducida al español. Así que apoyado por diversas ayudas online he tratado de sacar a flote una traducción libre por si alguien disfruta de leerla. Debido a su larga extensión (unas 45 páginas en WORD) la he dividido en dos partes. En este post tenemos la primera. Abajo del todo, aparece el link de la segunda parte. 

David Godman es conocido, entre otras actividades, por sus libros, entre ellos el célebre «Sea lo que usted es», donde recoge enseñanzas de Ramana Maharshi, y otros libros no tan conocidos pero algunos de ellos muy amenos como por ejemplo «Últimas conversaciones con Annamalai Suami» y «El Poder de la Presencia» («Reveladores encuentros con Ramana Maharshi»).

Recordando a Nisargadatta Maharaj

- Entrevista con David Godman -

Traducido del original en inglés, disponible en la web de David Godman: http://www.davidgodman.org/

En dicha web esta entrevista se publica en 6 partes, la primera aquí: http://www.davidgodman.org/interviews/nis1.shtml

Aquí va la traducción:

Hace poco tuve un encuentro con una visitante, ojeando un nuevo libro sobre Nisargadatta Maharaj que consistía en fotos y citas breves. Yo conocía a algunas de las personas de las fotos y recordé algunas historias acerca de ellos. Esto dio lugar a una amplia y larga conversación sobre algunos de los acontecimientos que pasaron en la presencia de Maharaj. Después, cuando ella se fue, me sentí inspirado a escribir algunas de las cosas que había recordado, ya que nunca antes me había molestado en guardar por escrito ninguno de mis recuerdos de Maharaj. A medida que transcribía la conversación, algunos otros recuerdos afloraron, cosas que no había pensado durante años. Esto, por lo tanto, es un registro de la charla de una tarde agradable, complementado por los recuerdos de incidentes relacionados que de alguna manera nunca se mencionaron en la conversación.

Harriet: Todos los libros que he visto sobre Maharaj, y creo que he visto la mayoría de ellos, son un registro de sus enseñanzas. ¿Nunca nadie se molesta en registrar las cosas que estaban sucediendo a su alrededor? Ramakrishna tenía el Evangelio de Ramakrishna, Ramana Maharshi tenía Día a Día con Bhagavan, y toda una biblioteca de libros de devotos hablando de la vida con su Guru. ¿Por qué Maharaj no ha generado un género similar?

David: Maharaj muy rara vez hablaba de su vida, y él no animaba a preguntar sobre eso. Pienso que se veía a sí mismo como una especie de médico que diagnostica y trata las dolencias espirituales percibidas por las personas que acudían a él para pedirle consejo. Su medicina era su presencia y sus poderosas palabras. Las anécdotas de su pasado no formaban parte de la receta. Tampoco parecía interesado en contar historias de nada ni de nadie.

Harriet: Dices que raramente hablaba de esas cosas. Eso quiere decir que debes haber oído al menos algunas historias. ¿De qué le oíste hablar?

David: Sobre todo de su Guru, Siddharameshwar Maharaj, y el efecto que había tenido en su vida. Creo que su amor por su Guru y su gratitud hacia él estaban siempre presentes en él. Nisargadatta Maharaj solía hacer cinco bhajans [n.t.: cantos devocionales] al día simplemente porque su gurú se lo había pedido. Siddharameshwar Maharaj había fallecido en 1936, pero Nisargadatta Maharaj aún continuaba con estas prácticas más de cuarenta años después.

Una vez le oí decir: “Mi Guru me pidió que hiciera estos cinco bhajans diarios, y él nunca canceló sus instrucciones antes de su fallecimiento. No necesito hacerlos nunca más, pero voy a seguir haciéndolos hasta el día que muera, porque es el mandato de mi Guru. Sigo obedeciendo sus instrucciones, aunque sé que estos bhajans son inútiles, por el respeto y la gratitud que siento hacia él”.

Harriet: ¿Habló alguna vez sobre el tiempo que estuvo con Siddharameshwar, acerca de lo que pasó entre ellos?

David: No en ninguna de las visitas que le hice. Ranjit Maharaj vino una vez a verle durante una de sus sesiones matutinas. Charlaron en marathi durante unos minutos y luego Ranjit se marchó. Maharaj se limitó a decir: “Ese hombre es un jnani. Él es un discípulo de mi Guru, pero no está enseñando”. Fin de la historia. Esa visita podría haber sido un trampolín para cualquier número de historias acerca de su Guru o sobre Ranjit, pero él no estaba interesado en hablar sobre ellos. Se puso a responder a las preguntas de sus visitantes.

Harriet: ¿Qué más supiste sobre su pasado y de la tradición espiritual de la que vino?

David: Él fue parte de un linaje espiritual que se conoce como el Navnath Sampradaya. Esto no era un secreto porque tenía fotos o imágenes de muchos de los maestros de su linaje en sus paredes. Él hacía una Guru puja [n.t.: ofrenda ritual al Guru] cada mañana, al final de la cual él ponía kum kum en la frente de todos los maestros de su linaje y en las fotos de todos los demás que él pensaba que estaban iluminados. Debo mencionar que sus paredes estaban cubiertas de retratos. Ramana Maharshi estaba allí, y también estaban muchos otros santos famosos que no formaban parte de su linaje. Mezclados con ellos había otras imágenes, como una de Sivaji, un famoso guerrero marathi de hace unos cien años.

Una vez le pregunté por qué estaba colocado Sivaji en sus paredes, y me dijo: “Mi hijo quiere que lo tenga ahí. Es el logotipo de nuestra marca de beedis. Piensa que si se mezcla con el resto de imágenes a las que hago puja, las ventas aumentarán”.

Harriet: ¿Qué fue lo que dijo sobre todas estas fotos de la gente de su linaje? ¿Nunca explicó quiénes eran?

David: Nunca. Sólo me enteré de sus nombres unos años más tarde, cuando me encontré con un libro de RD Ranade, que estaba en una rama Karnataka del sampradaya [n.t: tradición, o transmisión... referido a una cadena de maestros que a lo largo de los años van transmitiendo de unos a otros el conocimiento]. Él, o más bien su organización, sacaron a relucir un souvenir que contenía las mismas fotos que había visto en las paredes de Maharaj, junto con una breve descripción de quiénes eran.

Recuerdo una historia interesante que Maharaj dijo sobre el sampradaya. Él había estado respondiendo preguntas de la manera habitual cuando se detuvo a darnos un pedazo de la historia:

“Yo estoy sentado aquí todos los días respondiendo a vuestras preguntas, pero esta no es la forma que los maestros de mi linaje usaban para realizar su trabajo. Hace unos pocos siglos, no había preguntas ni respuestas en absoluto. El nuestro es un linaje de familia, lo que significa que todo el mundo tenía que salir a ganarse la vida. No había reuniones como ésta, donde los discípulos se reunieran en gran número con el Guru y le hicieran preguntas. Viajar era difícil. No había autobuses, trenes ni aviones. En los viejos tiempos, el Guru hacía los viajes a pie, mientras que los discípulos se quedaban en casa al cuidado de sus familias. El Guru caminaba de pueblo en pueblo para encontrarse con los discípulos. Si se encontraba con alguien que pensaba que estaba listo para ser incluido en la sampradaya, le iniciaba con el mantra del linaje. Esa era la única enseñanza dada. El discípulo repetía el mantra y periódicamente el Guru vendría a la aldea para ver lo que se estaba progresando. Cuando el Guru sabía que estaba a punto de fallecer, nombraba a uno de los devotos cabeza de familia para ser el nuevo Guru, y ese nuevo Guru entonces asumía las tareas de enseñanza: a pie de pueblo en pueblo, iniciando nuevos devotos y supervisando el progreso de los antiguos”.

No sé por qué surgió esta historia tan repentinamente. Tal vez estaba cansado de contestar las mismas preguntas una y otra vez.

Harriet: He oído que en ocasiones Maharaj daba un mantra a personas que se lo pedían. ¿Era éste el mismo mantra?

David: Sí, pero no era muy buen vendedor de esto. En una ocasión le oí decir: “Mi Guru me ha autorizado para dar a conocer este mantra a cualquiera que lo pida, pero no quiero que sientas que es necesario o importante. Lo más importante es descubrir la fuente de tu ser”.

Sin embargo, algunas personas solían pedírselo. Él solía llevarles abajo y les susurraba al oído. Era en sánscrito y bastante largo, pero sólo tenías una oportunidad para recordarlo. Él no lo escribía por ti. Si no lograbas recordarlo a la primera, nunca tenías una segunda oportunidad.

Harriet: ¿Qué otras enseñanzas le dio Siddharameshwar? ¿Fue él quien le animó a enseñar contestando preguntas, en lugar de en la forma más tradicional?

David: No tengo ni idea de si le pidió que enseñara de una manera particular. Siddharameshwar le dijo que podía enseñar y revelar el mantra del Guru a cualquier persona que se lo pidiera, pero no le permitió designar a un sucesor. Usted tiene que recordar que Nisargadatta no estaba autorrealizado cuando Siddharameshwar falleció.

Harriet: ¿Qué hay de los datos personales? ¿Maharaj nunca habló de su infancia o su familia? Ramana Maharshi a menudo contaba historias de su juventud, pero no recuerdo la lectura de un solo incidente biográfico en cualquiera de los libros de Maharaj.

David: Eso es cierto. Él no parecía interesado en hablar sobre su pasado. La única historia que recuerdo que él contara era más una broma que una historia. Un hombre que vino parecía que le conocía desde hacía muchos años. Habló con Maharaj en marathi de una manera muy libre y familiar. No se ofrecieron traducciones pero después de unos diez minutos todos los que entendían el marathi estallaron en carcajadas al mismo tiempo. Tras recibir permiso de Maharaj, uno de los traductores explicó de qué se trataba todo esto:

«Maharaj dice que cuando estaba casado, su esposa solía hacerle la vida difícil. Ella siempre estaba dándole órdenes y diciéndole qué hacer. “Maharaj haz esto, Maharaj ve al mercado y compra aquello...”».

Ella no le llamaba Maharaj, por supuesto, pero no puedo recordar cómo le llamaba.

El traductor continuó: «Su esposa murió hace mucho tiempo, cuando Maharaj tenía unos cuarenta años. Lo usual es que los hombres de esta edad que son viudos vuelvan a casarse otra vez, así que todos los parientes de Maharaj querían que encontrara otra esposa. Él se negó, diciendo: “El día que ella murió me casé con la libertad”».

Me resulta difícil imaginar a alguien dando órdenes a Maharaj, o incluso intentándolo. Era un personaje combativo que no aguantaba las tonterías de nadie.

Harriet: Por lo que he oído, “combativo” puede ser un casi un eufemismo. He oído que a veces se ponía de muy mal humor y agresivo.

David: Sí, eso es cierto, pero yo creo que esto era parte de su método de enseñanza. Algunas personas necesitan ser sacudidas un poco, y gritarles es una forma de hacerlo.

Recuerdo que una mujer le preguntó, bastante inocentemente: “Pensaba que las personas iluminadas se supone que han de ser felices y dichosas. Usted parece ser un gruñón la mayor parte del tiempo. ¿Tu estado no te da constante felicidad y paz?”.

Él respondió: “El único momento en el que un jnani se regocija verdaderamente es cuando alguien más se convierte en un jnani”.

Harriet: ¿Con qué frecuencia ocurría esto?

David: No lo sé. Esa era otra área de la que él no parecía querer hablar.

Una vez le pregunté directamente: “¿Cuántos se han iluminado por medio de tus enseñanzas?”.

No pareció dar la bienvenida a la pregunta: “¿En qué te concierne a ti eso?”, respondió. “¿De qué manera podría ayudarte saber eso?”.

— Bueno —dije—, dependiendo de tu respuesta, podría aumentar o disminuir mi nivel de optimismo. Si hay una lotería con un solo número ganador de cada diez millones, entonces no puedo ser muy optimista acerca de ganar. Pero si se trata de un centenar de números ganadores de cada mil, me sentiría mucho mejor acerca de mis posibilidades. Si pudieras asegurarme que la gente está despertando aquí, me sentiría optimista en cuanto a mis propias posibilidades. Y creo que sentir optimismo acerca de mis posibilidades sería bueno para mi nivel de seriedad.

‘Seriedad’ era una de las palabras clave en sus enseñanzas. Él pensaba que es bueno tener un fuerte deseo por el Ser y tener todas las facultades dirigidas hacia eso siempre que sea posible. Este fuerte enfoque en la verdad era lo que él llamaba seriedad.

No recuerdo exactamente lo que dijo Maharaj en respuesta excepto que sé que  no divulgó los números. No parecía pensar que fuera de mi incumbencia o de la de cualquier otra persona conocer dicha información.

Harriet: Tal vez eran tan pocos que habría sido malo para tu ‘seriedad’ que te lo dijera.

David: Eso es una posibilidad, porque no creo que hubiera muchos.

Harriet: ¿Alguna vez lo averiguaste, directa o indirectamente?

David: No ese día. Sin embargo, aguardé un tiempo y esperé una oportunidad para plantear la cuestión de nuevo. Una mañana Maharaj parecía estar más frustrado de lo habitual por nuestra incapacidad colectiva para comprender lo que estaba hablando.

“¿Por qué pierdo el tiempo con vosotros?”, exclamó. “¿Por qué nadie entiende nunca lo que estoy diciendo?”.

Aproveché mi oportunidad: “En todos los años que has estado enseñando, ¿cuántos realmente han comprendido y experimentado tus enseñanzas?”.

Se quedó en silencio por un momento, y entonces dijo: “Uno. Maurice Frydman”. Él no dio más detalles y yo no seguí insistiendo.

He mencionado antes que en la conclusión de su puja de la mañana él ponía kum kum en la frente de todas las imágenes que había en su habitación de las personas que sabía que estaban iluminadas. Había dos grandes cuadros de Maurice allí, y ambos recibían diariamente el tratamiento de kum kum. Obviamente Maharaj tenía un gran respeto por Maurice. Recuerdo en una de mis primeras visitas preguntarle a Maharaj sobre alguna declaración suya que se había registrado en ‘Yo Soy Eso’. Creo que era sobre la realización de los deseos.

Al principio Maharaj no parecía estar de acuerdo con las observaciones que se le atribuían en el libro, pero luego añadió: “Estas palabras deben ser ciertas, porque Maurice las escribió. Maurice era un jnani, y las palabras del jnani son siempre las palabras de la verdad”.

He conocido a varias personas que conocían a Maurice, y todos ellos tienen extraordinarias historias que contar acerca de él. Visitó a Swami Ramdas en la década de 1930 y Ramdas al parecer le dijo que éste sería su último nacimiento. Ese comentario fue registrado en ‘Conversaciones con Sri Ramana Maharshi’ a finales de la década de 1930, décadas antes de que tuviera sus encuentros con Maharaj. Él fue en distintas etapas de su vida un seguidor de Ramana Maharshi, Gandhi, y J. Krishnamurti. Cuando era un gandhiano se fue a trabajar para el raja de un pequeño principado y de alguna manera lo persuadió a abdicar y entregar toda su autoridad a la gente a la que había gobernado anteriormente como monarca absoluto. Toda su vida está llena de incidentes sorprendentes como estos que son prácticamente desconocidos. Me ha contado alguien (que llegó a ser un alto funcionario del gobierno indio en la década de 1960) que fue Frydman quien persuadió al entonces primer ministro de la India, Nehru, para que permitiera que el Dalai Lama y el resto de exiliados tibetanos pudieran quedarse en la India. Al parecer, Frydman le importunaba continuamente durante meses hasta que finalmente dio su consentimiento. Ninguna de estas actividades fueron reconocidas públicamente porque a Frydman le disgustaba la publicidad de cualquier tipo y siempre trataba de hacer su trabajo anónimamente.

Harriet: ¿Cómo fueron las relaciones de Frydman con Ramana Maharshi? ¿Dejó un registro?

David: No hay muchas historias en los libros de Ramanasramam, y en los pocos incidentes en los que sí constaba el nombre de Maurice, Ramana le está regañando, generalmente por intentar darle un tratamiento especial. En un artículo que Maurice escribió muy tarde en su vida, lamentó el hecho de que él no apreció plenamente ni hizo uso de las enseñanzas y la presencia de Bhagavan mientras éste estaba vivo.

Sin embargo, él hizo uso de su extraordinaria inteligencia y habilidades de edición para llevar a cabo El Evangelio del Maharshi en 1939. Esta es una de las colecciones más importantes de diálogos entre Bhagavan y sus devotos. La segunda mitad del libro contiene preguntas de Frydman y las respuestas de Bhagavan a ellas. La calidad de las preguntas y de la edición es extraordinaria.

Hace unos cuantos siglos, un matemático francés puso un problema difícil y retó a todos para resolverlo. Isaac Newton lo resolvió rápida y elegantemente y divulgó la solución de forma anónima. El matemático francés inmediatamente reconoció que Newton era el autor y, al parecer, dijo: “Un león se reconoce por sus garras”.

Me gustaría hacer los mismos comentarios sobre la segunda mitad del ‘Evangelio del Maharshi’. Aunque el nombre de Frydman nunca ha aparecido en ninguna de las ediciones del libro, estoy absolutamente seguro de que él era el editor y el preguntador.

Harriet: Que tú sepas, ¿Maharaj nunca reconoció públicamente que nadie más estuviera iluminado?

David: Puede haber habido otros, pero el único del que yo sé, ya que fui testigo de primera mano, era un canadiense —al menos yo creo que era canadiense— llamado Rudi. Yo había escuchado algunas cintas de antes de mi primera visita a Maharaj y este hombre —Rudi— tenía un lugar destacado en ellas. Tengo que decir que sonaba completamente desagradable. Él era avasallador, discutidor y agresivo; al parecer Maharaj lo echó en varias ocasiones. Yo nunca me había encontrado con Rudi, sólo le conocía de las cintas que había oído.

Entonces, un día Maharaj anunció: “Tenemos a un jnani que va a venir a visitarnos esta mañana. Su nombre es Rudi”. Me reí porque supuse que Maharaj estaba burlándose de sus pretensiones respecto a su iluminación. Maharaj podía ser bastante mordaz acerca de las personas que afirmaban estar iluminadas, pero que no lo estaban. Wolter Keers, un maestro advaita holandés, era una persona que cayó en esa categoría. De vez en cuando solía venir a Bombay para ver a Maharaj, y en cada visita Maharaj solía regañarle por presumir de estar iluminado cuando no lo estaba. En una visita Maharaj empezó a sermonear a Wolter antes incluso de que él hubiese entrado del todo en la habitación. Había una escalera de madera que conducía directamente a la habitación donde Maharaj enseñaba. Cuando la cabeza de Wolter asomó sobre el escalón más alto, Maharaj pospuso su otro asunto y comenzó a reírse de él.

— ¡No estás iluminado! ¿Cómo te atreves a enseñar en Occidente, afirmando que estás iluminado?

En otra de mis visitas Wolter estaba por llegar y Maharaj se preguntaba cuándo iba a aparecer:

“¿Dónde está? Quiero gritarle de nuevo. ¿Cuándo va a llegar?”.

En esa visita en particular yo tuve que marcharme antes de que Wolter llegara, así que no sé la forma que tuvo ese sermón, pero sospecho que se trató de uno caliente, como de costumbre.

De cualquier manera, vamos a volver a Rudi. Cuando Maharaj anunció que venía un ‘jnani’, supuse que Rudi iba a obtener el “tratamiento Wolter”. Sin embargo, ante mi asombro, Maharaj le trató como el artículo genuino, cuando finalmente apareció arriba.

Después de pasar una buena parte de la mañana preguntando cuándo Rudi iba a aparecer, cuando por fin llegó Maharaj le preguntó por qué se había tomado la molestia de venir.

“Para presentarte mis respetos y darte las gracias por lo que has hecho por mí. Me voy a Canadá y vine a decir adiós”.

Maharaj no aceptó esta explicación: «Si has venido a esta habitación, alguna duda debe quedar en ti. Si estuvieras libre de dudas, no te molestarías en haber venido en absoluto. Nunca visito a otros maestros o Gurus, porque ya no tengo ninguna duda acerca de quién soy. No necesito ir a ninguna parte. Mucha gente viene a mí y me dice: “Deberías visitar a este o aquel profesor. Ellos son maravillosos”. Pero nunca voy porque no hay nada que yo necesite de nadie. Tú debes querer algo que no has conseguido o tienes alguna duda para venir aquí. ¿Por qué has venido?».

Rudi repitió su historia original y luego guardó silencio. Yo le miraba y él me parecía ser un hombre que se encontraba en un estado interno de éxtasis o dicha que era tan convincente, que le resultaba difícil incluso hablar. Yo todavía no estaba seguro de si Maharaj estaba aceptando o no sus credenciales, pero entonces la mujer que venía con él preguntó algo.

Maharaj respondió: “Pregúntale a tu amigo más tarde. Él es un jnani. Él te dará las respuestas correctas. Mantente en silencio esta mañana. Quiero hablar con él”.

Fue en ese momento cuando me di cuenta de que realmente Maharaj aceptó que este hombre había realizado el Sí mismo. Entonces Rudi le pidió consejo a Maharaj sobre lo que debería hacer cuando regresara a Canadá. Yo pensé que esa era una pregunta perfectamente adecuada para que un discípulo la hiciera en una ocasión así, pero Maharaj parecía tener una gran objeción a la misma:

“¿Cómo puedes hacer una pregunta como esa si tú estás en el estado del Sí mismo? ¿No sabes que no tienes ninguna elección sobre lo que te gusta hacer o no hacer?”.

Rudi se mantuvo en silencio. Me dio la sensación de que Maharaj estaba tratando de provocarlo en una disputa o una discusión, y que Rudi se negaba a picar en el anzuelo.

En un momento dado Maharaj le preguntó: “¿Has sido testigo de tu propia muerte?”. Y Rudi respondió: “No”.

Maharaj se lanzó entonces a una mini-conferencia sobre cómo era necesario testificar la propia muerte de uno, en vista de que haya una plena realización del Sí mismo. Dijo que eso le había sucedido a él después de cuando él pensaba que había realizado plenamente el Ser, y no fue sino hasta después de esta experiencia de muerte que entendió que este proceso era necesario para la liberación final. Espero que alguien grabara ese diálogo en una cinta porque yo dependo de una memoria de veinticinco años desde aquello. Parece que es una parte crucial de la experiencia y las enseñanzas de Maharaj, pero nunca le oí mencionar esto en ninguna otra ocasión. Tampoco lo he encontrado en ninguno de sus libros.

Maharaj continuó hostigando a Rudi acerca de la necesidad de presenciar la muerte, pero Rudi guardó silencio y se limitó a sonreír beatíficamente. Se negó a defenderse, y se negó a ser provocado. De todos modos, no creo que él estuviera en condiciones para iniciar y sostener un argumento. Cualquier que fuese su estado, parecía estar absorbiendo toda su atención. Me dio la sensación de que le resultaba difícil incluso articular respuestas breves.

Por último, Rudi se dirigió a la pregunta y dijo: “¿Por qué te excitas por algo que no existe?”. Supuse que se refería a que la muerte era irreal, y por lo tanto, no valía la pena discutir por ella.

Maharaj se rió, aceptó la respuesta y dejó de intentar acosarlo.

¿Alguna vez has tenido un profesor como yo? —preguntó Maharaj, con una sonrisa.

— No —respondió Rudi—, ¿y has tenido alguna vez un discípulo como yo?

Los dos se rieron y el diálogo llegó a su fin. No tengo ni idea de lo que pasó con Rudi. Se fue y nunca he oído nada más sobre él. Como dicen al final de los cuentos de hadas, probablemente vivió feliz para siempre.

Harriet: Dices que Maharaj nunca visitó a otros maestros porque ya no tenía duda alguna. ¿Habló alguna vez de otros profesores y dijo lo que pensaba de ellos?

David: A él parecía gustarle J. Krishnamurti. Al parecer, lo había visto caminando por las calles de Bombay muchos años antes. No creo que Krishnamurti se fijara en él. Después, Maharaj siempre habló bien de Krishnamurti e incluso animaba a la gente a ir a verle. Un día Maharaj se tomó unas vacaciones y le dijo a todo el mundo que fuera a escuchar a Krishnamurti en su lugar. Eso, pienso yo, muestra un alto nivel de aprobación.

El maestro más famoso de la década de 1970 era Osho, o Rajneesh como se llamaba en aquellos días. Una vez escuché a Maharaj decir que respetaba el estado en que Rajneesh estaba, pero que no podía entender todas las instrucciones que les estaba dando a todos los miles de extranjeros que venían a la India para verle.

Aunque el tema sólo se tocó un par de veces mientras estuve allí, tuve la sensación de que le gustaba el maestro, pero no las enseñanzas. Cuando los seguidores extranjeros de Rajneesh se asomaban con sus batas arriba en la habitación, Maharaj generalmente les hacía pasar un mal rato. Yo vi cómo echaba a un buen número de ellos, y cómo gritaba a algunos de ellos antes incluso de que les hubiera dado tiempo de entrar en la habitación.

Escuché una historia de que también se encontró con UG Krishnamurti en Bombay. Te voy a contar la versión que oí y tú puedes sacar tus propias conclusiones al respecto. Esto me lo contó alguien que pasó mucho tiempo con UG en la década de 1970. Parece que Maurice Frydman conocía a UG y también sabía que él y Maharaj nunca se habían encontrado, y probablemente no sabían el uno del otro. Quería probar la teoría de que un jnani puede detectar a otro jnani, poniendo a ambos en una misma sala, con algunas otras personas alrededor de camuflaje. Organizó un acto e invitó a ambos a asistir. UG pasó un buen rato allí, pero Maharaj sólo vino unos minutos y en seguida se fue.

En cuanto Maharaj se fue, Maurice se acercó a UG y le dijo: “¿Has visto a ese anciano que estuvo unos pocos minutos? ¿Notaste algo especial? ¿Qué viste?”.

UG contestó: “Vi a un hombre, Maurice, pero lo importante es, ¿qué viste tú?”.

Al día siguiente, Maurice fue a ver a Maharaj y le preguntó: “¿Viste a aquel hombre que invité ayer?”. Le dio una breve descripción de cómo era y de dónde había estado situado.

Luego Maurice le preguntó: “¿Qué viste?”.

Maharaj respondió: “Vi a un hombre, Maurice, pero lo importante es, ¿qué viste tú?”.

Es una historia divertida y te la cuento tal como la escuché, pero debo decir que los relatos sobre los encuentros de UG con maestros famosos a veces no me suenan verdaderos. He oído y leído sus relatos sobre sus encuentros tanto con Ramana Maharshi como con Papaji, y en ambos casos a Bhagavan y Papaji se les describe haciendo y diciendo cosas que para mí están completamente fuera de lugar.

Cuando Maharaj le dijo a Rudi que no tenía ningún interés en visitar a otros maestros, esa fue una declaración muy cierta. Rechazó todas las invitaciones para ir a ver a otros Gurus. Mullarpattan, uno de los traductores, era un poco como un saltamontes, saltando de un Guru a otro en la década de 1970, y estaba siempre trayendo informes de nuevos maestros a Maharaj, pero nunca lo podía convencer para ir a verlos. Por eso, los informes sobre encuentros entre Maharaj y otros maestros no son comunes. Papaji terminó visitando a Maharaj y tuvimos una muy buena reunión con él. En su biografía da la impresión de que sólo fue allí una vez, pero he oído de la gente de Bombay que Papaji a menudo se llevaba a sus devotos allí. Él visitó a un buen número de maestros en la década de 1970, a menudo cuando acompañaba a los extranjeros que habían llegado a la India por primera vez. Eso era su versión de mostrarles los “lugares de interés”. Ellos nunca hacían preguntas, sino que simplemente se sentaban en silencio a ver lo que estaba pasando.

Harriet: ¿Cuál era la actitud de Maharaj hacia Ramana Maharshi y sus enseñanzas? ¿Alguna vez hablaste con él de las enseñanzas de Bhagavan?

David: Él tenía un enorme respeto tanto por su logro como por sus enseñanzas. Una vez me dijo que uno de los pocos pesares de su vida fue que nunca lo conoció en persona. Él vino al ashram a principios de la década de 1960 con un grupo de su devotos marathi. Estaban en un viaje de peregrinación por el sur de la India, y Ramanasramam fue uno de los lugares que él visitó.

En cuanto a las enseñanzas, él me dijo una vez: “Estoy de acuerdo con todo lo que Ramana Maharshi dijo, con la excepción de ese asunto de que el centro-corazón está en el lado derecho del pecho. Nunca he tenido esa experiencia yo mismo”.

Hablé con él de diversos aspectos de las enseñanzas de Bhagavan y sus respuestas siempre me resultaron muy esclarecedoras.

Una vez me preguntó: “¿Has entendido las enseñanzas de Ramana Maharshi?”.

Como yo sabía que lo que él quería decir era que si había experimentado realmente la verdad de ellas, respondí: “Cuanto más escucho a Maharaj, más comprendo lo que Bhagavan está tratando de decirme”.

Sentí que esto era cierto tanto a nivel teórico como experimental. Sus explicaciones ampliaron y profundizaron mi comprensión intelectual de las enseñanzas de Bhagavan; y su presencia también me permitió experimentar vislumbres de la verdad hacia la que apuntan.

Tengo que mencionar la visita de Ganesan aquí. V. Ganesan es el sobrino nieto de Ramana Maharshi, y en la década de 1970 era el director de facto de Ramanasramam. Actualmente es su hermano mayor Sundaram quien está a cargo. Ganesan vino a visitar a Maharaj por primera vez a finales de la década de 1970. Tan pronto como llegó, Maharaj se puso de pie y comenzó a recoger cojines. Hizo un gran montón de ellos e hizo que Ganesan se sentara en la parte superior de la pila de cojines. Luego, para sorpresa de todos, Maharaj despejó un espacio en el suelo e hizo una postración de cuerpo entero para él.

Cuando se levantó, le dijo a Ganesan: “Nunca tuve la oportunidad de postrarme ante tu tío abuelo Ramana Maharshi, así que estoy postrado ante ti en su lugar. Esta es mi postración a él”.

Harriet: ¡Es una historia extraordinaria! ¿Estabas allí aquel día?

David: Sí, yo estaba sentado a pocos metros de distancia. Pero lo verdaderamente extraordinario para mí fue lo que sucedió a continuación. Maharaj y Ganesan charlaron un rato, no puedo recordar sobre qué.

Entonces Maharaj le hizo un ofrecimiento sorprendente: “Si te quedas aquí conmigo durante dos semanas, te garantizo que saldrás de aquí en el mismo estado que tu tío abuelo Ramana Maharshi”.

Ganesan se fue ese día y no regresó. Yo no podía creer que él rechazara un ofrecimiento como ese. Si alguien de la estatura de Maharaj me hubiera hecho un ofrecimiento así a mí, me hubiera clavado de inmediato al suelo ante él. Nada habría podido inducirme a que me fuera antes de que el tiempo se hubiese agotado.

Cuando regresé a Ramanasramam le pregunté a Ganesan que por qué no se había quedado.

— No creí que fuera en serio —respondió—. Sólo pensé que estaba bromeando.

Fue durante esta visita cuando Maharaj le pidió a Ganesan que empezara a dar charlas en Ramanasramam. “He estado en Ramanasramam”, dijo, “y tenéis maravillosas instalaciones allí. Muchos peregrinos van, pero nadie les está dando enseñanzas. Es un lugar sagrado y santo, pero la gente lo está abandonando y viniendo aquí porque nadie está enseñando allí. ¿Por qué tienen que viajar miles de kilómetros para sentarse en esta habitación repleta de gente cuando tenéis un sitio tan bueno? Tienes que empezar a dar charlas allí. Tienes que empezar a explicar cuáles son las enseñanzas de Ramana Maharshi”.

Ganesan no estaba dispuesto a seguir ese consejo tampoco, o por lo menos no en aquel tiempo. Hay una fuerte tradición de que nadie está autorizado a enseñar en Ramanasramam. Ramana Maharshi sigue siendo el maestro allí y no se le permite a nadie sustituirlo. Esto no es sólo una cuestión de tener un nuevo Guru allí, sino que la dirección del ashram ni siquiera anima a nadie a explicar en público el significado de las enseñanzas de Ramana Maharshi. Ganesan no quería remover las cosas e incurrir en la ira de su familia y de los devotos que pudieran oponerse, por lo que se mantuvo en silencio. Es solamente en los últimos años cuando él ha comenzado a enseñar, pero lo está haciendo en su propia casa, en lugar de en el ashram en sí. El ashram es todavía en gran medida una zona libre de maestros.

Hablé con Ganesan recientemente acerca de Maharaj y me contó una bonita historia sobre una francesa a la que llevó allí:

«Cuando empecé a visitar a Maharaj algunos de los devotos de Bhagavan me criticaron por abandonar a Bhagavan para ir a otro Guru. Muchos de ellos parecían pensar que ir a ver a Maharaj indicaba que yo no tenía suficiente fe en Bhagavan y sus enseñanzas. Yo no lo veía de esa manera. He visitado a muchos grandes santos, y nunca sentí que estuviera abandonando a Bhagavan ni que fuese irrespetuoso con él por ir a estos viajes. Una mujer francesa, Edith Deri, era una de las mujeres que se quejó de esta manera. Estábamos en Bombay juntos y de alguna manera la convencí para que me acompañara en una visita a Maharaj. Ella vino de mala gana y parecía decidida a no disfrutar de la visita».

«Cuando llegamos, Maharaj le preguntó si tenía alguna pregunta. Ella dijo que no tenía ninguna».

«“¿Entonces por qué has venido a verme?”, preguntó él».

«“No tengo nada que decir”, respondió ella. “No quiero hablar mientras estoy aquí”».

«“Pero tienes que decir algo”, dijo Maharaj. “Habla de cualquier cosa que quieras. Sólo di algo”».

«“Si digo algo, a continuación darás alguna contestación, y entonces todos se pondrán a aplaudir porque has dado una respuesta tan maravillosa. No quiero darte la oportunidad de lucirte”».

«Fue una respuesta muy grosera, pero Maharaj no mostró ningún signo de molestia».

«En cambio, él respondió: “Al agua le trae sin cuidado si calma la sed o no”».

«Y luego repitió la frase, muy lentamente y con énfasis. Él se repetía a sí mismo con frecuencia de este modo, cuando tenía algo importante que decir».

«Edith me dijo más tarde que esta única frase destruyó por completo su escepticismo y su negatividad. Las palabras pararon su mente, volaron su determinación de ser una aguafiestas, y la puso en un estado de paz y silencio que perduró por mucho tiempo después de su visita».

Harriet: He leído en varias ocasiones que Ramana Maharshi prefería enseñar en silencio. Nunca tengo esa impresión con Nisargadatta Maharaj. ¿La gente nunca tenía la oportunidad de sentarse en silencio con él?

David: Durante los años en los que lo visité era posible meditar en su habitación temprano en la mañana. No recuerdo los tiempos exactos, pero creo que era por una hora y media. Maharaj estaría allí, pero él estaría llevando a cabo sus actividades habituales de la mañana. Él no haría nada en particular, estaría haciendo chapuzas, por ejemplo aparecería con sólo una toalla alrededor de su cintura cuando estaba a punto de tomar un baño; a veces se sentaba a leer un periódico. Nunca tuve la sensación de que estuviera haciendo un esfuerzo consciente para enseñar en silencio de la manera en que Ramana Maharshi miraba a las personas y les transmitía algún tipo de gracia. Sin embargo, él parecía estar al tanto de los estados mentales de todas las personas que estaban sentadas allí, y no con poca frecuencia se quejaba de ellos.

“Yo sé quién está meditando aquí y quién no”, anunció repentinamente una mañana, “y sé quién está haciendo contacto con su ser. Sólo una persona está haciendo eso en este momento. El resto de vosotros estáis todos perdiendo el tiempo”. Entonces continuaba con lo que estuviera haciendo.

Es cierto que muchos de los asistentes no iban allí a meditar. Ellos sólo lo veían como la oportunidad de estar con él en su casa. Podían estar sentados con las piernas cruzadas en su piso, pero la mayoría de las veces se asomaban a ver lo que estaba haciendo en vez de meditar.

Una mañana, se cansó de ser espiado de esta manera y explotó: “¿Por qué abarrotáis mi piso así? ¡No estáis meditando, estáis sólo estorbando! ¡Si queréis ir a sentaros a alguna parte, id a sentaros en el inodoro por una hora! Por lo menos allí haríais algo útil”.

Harriet: ¿Qué hay de los otros momentos del día, cuando estaba disponible para preguntarle? ¿Alguna vez se sentaba en silencio durante esos períodos?

David: Había dos períodos en los que era posible hacerle preguntas: uno hacia el final de la mañana y otro por la tarde. Había traductores disponibles en ambas sesiones. Él animaba a la gente a hablar durante estas sesiones, o al menos lo hacía cuando empecé a ir a verle. Más adelante, él utilizaría estas sesiones para dar largas charlas sobre la naturaleza de la conciencia. Él nunca se sentaba en silencio si nadie tenía nada que decir. Él solicitaba activamente las preguntas, pero si nadie quería hablar con él, empezaba a hablar consigo mismo.

Sólo tuve una oportunidad de sentarme con él en completo silencio y eso fue a principios del monzón de verano. Cuando el monzón rompe en Bombay, por lo general hacia el final de la primera semana de junio, hay lluvias muy fuertes que paralizan completamente la ciudad. Los drenajes pluviales generalmente quedan taponados, y durante un día o dos la gente va por ahí con el agua hasta las rodillas. Y no sólo el agua. El desbordamiento de las alcantarillas provoca que los animales que viven en ellas se ahoguen. Cualquiera lo suficientemente valiente como para ir a por una pala estaría vadeando a través de las aguas residuales, inundado de basura y de los cadáveres de los animales que se hubieran ahogado recientemente. El transporte público queda interrumpido, ya que en muchos lugares el nivel del agua es demasiado alto para que se pueda conducir.

Una tarde, dos de nosotros conseguimos abrirnos paso entre las aguas hasta la puerta de Maharaj. Los dos estábamos alojados en un albergue barato a unos 200 metros de distancia, así que no fue una gran caminata. Nos limpiamos la suciedad con agua de un grifo en la planta baja y nos dirigimos arriba a la habitación de Maharaj. Pareció muy sorprendido de vernos. Yo creo que él pensó que las inundaciones mantendrían a todo el mundo lejos. Él dijo en marathi que no habría sesión aquella tarde, porque ninguno de los traductores estaba allí disponible para poder hacerlo. Supongo que quería que nos fuéramos y volviéramos a casa, pero ambos fingimos que no entendíamos lo que estaba tratando de decirnos. Después de uno o dos intentos fallidos más, sin poder persuadirnos para que nos fuéramos, se dio por vencido y se sentó en una esquina de la habitación con un periódico delante de la cara de manera que no podíamos ni siquiera mirarle. No me importaba. Yo estaba feliz de estar sentado en la misma habitación que él. Yo me senté en absoluto silencio con él durante más de una hora y fue una de las más maravillosas experiencias que he tenido con él. Sentí que un intenso silencio, sólido como una roca, descendía sobre mí y se hacía más y más profundo a medida que pasaban los minutos. Era un resplandor de la conciencia que me llenaba tan completamente, que los pensamientos eran absolutamente imposibles. No te das cuenta de qué imposición monstruosa es la mente hasta que has vivido sin eso, completamente feliz, completamente en silencio y completamente sin esfuerzo durante un corto período de tiempo. Durante la mayor parte de este tiempo yo estaba mirando en dirección a Maharaj. A veces él pasaba la página y miraba en nuestra dirección, y cuando lo hacía parecía estar irritado por no habernos ido. Yo estaba sonriendo para mis adentros ante su molestia porque eso no me afectaba de ninguna manera. Yo no sentía timidez, ni vergüenza, ni la sensación de ser una imposición. Sólo estaba descansando satisfecho en mi propio ser.

Después de poco más de una hora de esto, él se levantó y nos echó a los dos fuera. Yo me postré y me fui. Más tarde, me pregunté por qué él no se sentaba en silencio con más frecuencia, ya que allí había claramente una muy poderosa energía de quietud viniendo de él cuando se quedaba en silencio. Ramana Maharshi dijo que hablar en realidad interrumpía el flujo de la energía silenciosa que estaba dando. A menudo me pregunto si ocurría lo mismo con Maharaj.

Harriet: ¿Y cuál fue tu conclusión?

David: Me di cuenta de que no era su naturaleza guardar silencio. Su método de enseñanza se orientó a hablar y debatir. Él se sentía más cómodo con ese procedimiento.

Harriet: ¿Puedes explicar eso un poco más?

David: Debo restringir lo que voy a decir al afirmar que la mayor parte de ello es sólo mi propia opinión, basada en la observación de cómo él trataba a las personas que acudían a verle. Esto no proviene de nada que le oyera decir a sí mismo.

Cuando la gente venía a verle por primera vez, él les animaría a hablar sobre sus antecedentes. Trataría de averiguar en qué camino espiritual te encuentras, y el motivo que te había traído hacia él. Enfrentados a las preguntas de sondeo de Maharaj, sus visitantes acabarían por tener que justificar su visión del mundo y sus prácticas espirituales. Este sería un nivel de la interacción. En un nivel más profundo y sutil, Maharaj estaría irradiando una energía, una sakti, que calmaba tu mente y te hacía consciente de lo que hay debajo de la mente y de todas sus ideas y conceptos. Ahora imagina estos dos procesos ocurriendo simultáneamente. Con su mente, el interrogador sólo ha construido y articulado una versión de su visión del mundo. Por debajo, sin embargo, él siente el tirón de su estado de ser, el conocimiento de lo que es verdaderamente real, en oposición a las ideas que él meramente toma por reales. La energía de Maharaj estaría aumentando la conciencia de ese sustrato todo el tiempo. En algún momento el preguntador sería extremadamente consciente de lo que parecen ser dos realidades que compiten: la estructura conceptual que él acaba de esbozar, y la experiencia real que subyace. Había una cierta mirada que aparecía en algunas de las caras de la gente cuando esto les sucedía: una especie de mirada indecisa del estilo de: “¿En qué dirección debo ir?”. A veces el preguntador se daría cuenta de inmediato de que todas sus ideas y creencias eran sólo conceptos. Los soltaría y en su lugar descansaría en el estado de ser. Esto, para mí, era la esencia de la técnica de enseñanza de Maharaj. No intentaría convencerte mediante argumentos. En vez de eso, él haría que argumentaras tú mismo en una posición que tú sintieses que fuera la verdad, y entonces él socavaría esa posición dándote  una muestra del sustrato que subyace a todos los conceptos. Si estabas preparado para eso, soltarías tu apego a los conceptos y descansarías en lo que hay debajo de ellos. Si no es así, estarías cometiendo un error, al sumergirte más y más profundo en el campo de minas de la mente. Algunas personas lo consiguieron rápidamente. Otras, que estaban desesperadas por una estructura a la cual aferrarse, volverían una y otra vez con preguntas que estaban diseñadas solamente para refinar su comprensión de sus enseñanzas.

Hablar con los visitantes y discutir con ellos era una parte esencial de esta técnica. Para que funcione eficazmente, Maharaj requería que los visitantes hablaran de ellos y de su visión del mundo, porque necesitaba que vieran que todas estas ideas eran sólo conceptos sin ninguna realidad última. Él necesitaba que la gente mirara sus propios conceptos y comprendieran su inutilidad, y entonces los rechazara en favor de la experiencia directa.

Debo mencionar aquí las limitaciones que ponía sobre los tipos de preguntas que estaba dispuesto a responder. A veces le decía a la gente nueva: “No me interesa lo que has leído o escuchado. No estoy interesado en la información de segunda mano que has adquirido en alguna otra parte. Sólo estoy interesado en tu propia experiencia de ti mismo. Si tienes preguntas sobre eso, puedes preguntarme”.

Más tarde, después de que hubieses tenido tus diálogos iniciales con él, él ponía una condición aún más estricta para las preguntas: “No estoy interesado en responder a las preguntas que presuponen la existencia de una persona individual que habita un cuerpo. No acepto la existencia de dicha entidad, por lo que para mí tales preguntas son totalmente hipotéticas”.

Esta segunda restricción era una auténtica ‘aniquiladora de conversaciones’. No se podía decir, “¿cómo puedo alcanzar la iluminación?” o “¿qué hago?”, porque todas estas preguntas presuponen la existencia de un “yo”, el supuesto que Maharaj siempre solía rechazar.

Todavía tengo recuerdos vívidos de él escuchando cómo los traductores explicaban en marathi lo que algún interrogador había dicho. Tan pronto como entendía el quid de la cuestión, la cara de Maharaj mostraba a veces el ceño fruncido. Él apretaba el puño, golpeando en el suelo mientras gritaba: “¡Kalpana! ¡Kalpana!” que significa “¡Concepto! ¡Concepto!”. A veces esa era la única respuesta que los interrogadores conseguían. Maharaj no estaba en absoluto interesado en masajear los conceptos del visitante. Él quería personas para que caigan, no para discutir con ellas.

Cuando esta segunda restricción efectivamente impedía la mayor parte de las preguntas que a la gente le gusta hacer a los Gurus, Maharaj rellenaba el vacío dando charlas sobre la naturaleza de la conciencia. Día tras día continuaba con el mismo tema, a menudo usando las mismas analogías. Él explicaba cómo se origina, cómo se manifiesta y cómo se hunde. En retrospectiva, creo que él estaba haciendo lo que los antiguos sabios de la India hacían cuando le decían a sus discípulos: “Tú eres Brahman”. Cuando un jnani que está establecido en Brahman como Brahman dice a un discípulo: “Tú eres Brahman”, no sólo le transmite un pedazo de información. Hay un poder y una autoridad en las palabras que, en ciertos casos, hace que el oyente se transforme y experimente Brahman al oír las palabras. Este es un poder y una autoridad que sólo los jnanis tienen. Otras personas pueden decir: “Tú eres la conciencia”, “Tú eres Brahman”, repitiéndolo sin fin, pero estas serán sólo piezas de información que puedes almacenar en tu mente. Cuando un jnani te dice esto, la plena autoridad de su estado, con toda la fuerza que se encuentra detrás de él, se transmiten en el comunicado. Si aceptas la entrega de dicha información en el corazón, en la conciencia, entonces experimentas ese estado por ti mismo. Si aceptas la entrega en tu mente, tú sólo lo almacenas ahí como una pieza interesante de información.

Cuando Maharaj te dice sin cesar: “Tú eres la conciencia”, si tú recibes esa información en completo silencio interior, se activa un conocimiento de la conciencia hasta tal punto que sientes: “Él no me está diciendo algo solamente, sino que en realidad está describiendo lo que soy, ahora mismo en este momento”.

Harriet: ¿Te sucedió eso a ti alguna vez?

David: Sí, y creo que es a esto a lo que se refería cuando hablaba acerca de “obtener el conocimiento”. No es un conocimiento intelectual de lo que él hablaba, y no era la realización del Ser tampoco. Era un estado en el que los conceptos se disolvían temporalmente dejando una simple conciencia del ser que subyace a ellos. Mientras duraban, estos estados eran muy útiles; te daban la convicción y la experiencia directa de que había algo real y duradero que existe tanto si la mente está ahí como si no.

Harriet: Todo esto es muy interesante, pero tal como has dicho, en gran parte se trata de tus propias conjeturas personales. ¿Alguna vez Maharaj mismo confirmó que esto es lo que estaba haciendo, o tratando de hacer, con la gente que venía a él?

David: No directamente. Él nunca explicó ni analizó sus métodos de enseñanza, o no mientras yo estaba allí. La mayoría de lo que acabo de decir viene de mi propia experiencia y mi propia interpretación de lo que vi pasando allí. Otras personas pueden tener otras teorías para explicar lo que estaba pasando. Sin embargo, los hechos en cuestión son indiscutibles. La gente venía a Maharaj, mantenía conversaciones o discusiones con él, y en algún momento abandonaban su colección de ideas, ya que habían sido convencidos de que una experiencia directa invalidaba todas sus arraigadas queridas nociones que habían acumulado.

Déjame contarte sobre una conversación que tuve con él, ya que da una buena evidencia circunstancial de lo que he estado tratando de explicar. En primer lugar, debo mencionar que a veces solía discutir con Maharaj simplemente porque sabía que le gustaba que la gente discutiera con él. Parecía que le gustaba el tira y afloja del debate, y si nadie tenía nada que decir o preguntar, yo recogía la pelota y comenzaba una discusión con él.

No puedo recordar con exactitud lo que hablamos ese día en particular, pero sí recuerdo que hablamos durante unos cinco minutos, durante los cuales estuve señalando ostensiblemente hacia lo que afirmé que eran contradicciones en sus enseñanzas. Él, por su parte, hacía todo lo posible para convencerme de que no había contradicciones involucradas. Todo transcurrió con muy buen humor y creo que él sabía que sólo estaba disputando con él porque, en primer lugar, a él le gustaba tanto hablar y discutir sobre temas espirituales y, en segundo lugar, porque nadie más tenía preguntas urgentes que hacer. Después de unos cinco minutos, sin embargo, él decidió llevar la discusión a su fin.

“No creo que realmente entiendas el propósito de mis diálogos aquí. Yo no digo las cosas simplemente para convencer a la gente de que son verdaderas. No estoy hablando sobre estos asuntos para que la gente pueda construir una filosofía que pueda ser racionalmente defendida, y que esté libre de todas las contradicciones. Cuando pronuncio mis palabras, no estoy hablando a tu mente en absoluto. Estoy dirigiendo mis palabras directamente a la conciencia. Estoy plantando mis palabras en tu conciencia. Si perturbas el proceso de la plantación al discutir sobre el significado de las palabras, no echarán raíces ahí. Una vez que mis palabras se han plantado en la conciencia, van a brotar, van a crecer, y en el momento oportuno darán fruto. Esto no tiene nada que ver contigo. Todo esto sucederá por sí mismo. Mientras tanto, si piensas demasiado en las palabras o discutes su significado, se pospondrá el momento de su realización”.

Todo esto lo dijo en un tono muy cordial. Sin embargo, en este punto, se puso muy, muy serio. Con una mirada sobrecogedora me dijo con mucha firmeza: “¡Basta de charlas! ¡Cállate y deja que las palabras hagan su trabajo!”.

Fin de la conversación.

Siempre recuerdo este intercambio con felicidad y optimismo. Siento que he sido agraciado con su presencia y además he sido agraciado por las palabras de verdad que ha plantado dentro de mí. Creo que esas palabras estarán siempre conmigo y sé que en el momento apropiado ellas florecerán.

Harriet: ¿Has seguido sus instrucciones? ¿Has dejado de pensar acerca de las enseñanzas?

David: Hasta que apareciste hoy, realmente no había pensado en las enseñanzas desde hace años. Ni siquiera he leído muchos de los nuevos libros de diálogos que han salido sobre él. La respuesta que te mencioné hace unos minutos, “Cuanto más escucho a Maharaj, más comprendo lo que Bhagavan está tratando de decirme”, se encuentra en uno de los libros pero no me enteré hasta hace unos pocos años.

Mi ex esposa Vasanta estaba leyendo el libro y me dijo: “Hay aquí alguien de Ramanasramam. ¿Sabes quién es?”.

Ella leyó unas líneas y me di cuenta de que se trataba de mí. Yo solía leer ‘Yo Soy Eso’ de principio a fin una vez al año o así, pero ni siquiera lo sigo haciendo. A veces, cuando estaba en la biblioteca de Ramanasramam, tomaba ‘Yo Soy Eso’ y leía la secuencia que comienza el capítulo veintitrés. Es una bella descripción del estado del jnani que no me canso de leer. Aparte de eso, rara vez leo o pienso más en las enseñanzas.

Dicho esto, creo que sería correcto decir que tengo más que suficientes otros conceptos en mi cabeza que están todos actuando como herbicida para las palabras de verdad que Maharaj plantó dentro de mí. Sin embargo, tengo una gran fe en el irresistible poder de las palabras de Maharaj. Tarde o temprano van a dar sus frutos.

Harriet: Ramesh Balsekar solía decir: “El único esfuerzo efectivo es la apercepción inmediata de la realidad”. Algunas personas podrían interpretar que significa que si alguien no recibe la experiencia directa del gurú, —en este caso Maharaj, pues estoy hablando contigo—, entonces no va a conseguir nada en absoluto. ¿Estás seguro de que no estás meramente sufriendo de un caso de ilusiones?

David: Hay algo en lo que dices. Si pudieras mantener tu intelecto apagado cuando Maharaj hablaba, sus palabras y la autoridad detrás de ellas harían su trabajo. Cuando él hablaba, no estaba pidiéndote que participaras en el proceso en absoluto. ¿Cómo podía estar pidiendo que hagas nada cuando él sabía que no existes? Él no estaba pidiéndote que entendieras, y no estaba diciendo: “Haz esto y serás iluminado”. Él no se estaba dirigiendo a ti en absoluto. Él estaba dirigiendo sus palabras a la conciencia dentro de ti, en un intento de que tomaras conciencia de lo que realmente eres. Sin embargo, si sus palabras no producían resultados inmediatos, él sabía que podrían entregar los bienes en el futuro. Recuerda lo que pasó en su propio caso. Siddharameshwar le dijo que él era Brahman. Nisargadatta luchó con esto durante tres años, hasta que finalmente soltó sus dudas y se dio cuenta que eso era la verdad.

Hay un poder en las palabras de un jnani, y ese poder no se disipa dos segundos después de que el jnani las ha pronunciado. Ese poder persiste y continúa siendo eficaz; continúa haciendo su trabajo.

Harriet: ¿Corroboró esto el propio Maharaj?

David: Sí. No puedo recordar cómo surgió el tema, pero le oí decir: “Las palabras de los seres iluminados tienen un poder que las hace perdurar. Los grandes santos del pasado divulgaron sus enseñanzas, y esas enseñanzas han sobrevivido porque hay un poder inherente y autoridad en ellas. Otras personas pueden estar diciendo la misma cosa al mismo tiempo, pero las palabras de esas personas se han esfumado porque no había poder en ellas. Las palabras de los jnanis han perdurado porque tienen el poder y la autoridad del Ser detrás de ellas”.

Mencioné esta respuesta a Papaji cuando le estaba entrevistando hace algunos años. Él le dio su respaldo de todo corazón.

Harriet: Cuando dices que las palabras “han perdurado”, ¿significa eso que simplemente han perdurado en los libros, como citas recordadas, o tienen ellas todavía el poder de despertar a la gente, incluso siglos después de que fueron dichas? ¿No es necesaria la inmediata presencia del Guru para eso?

David: Creo que tendría que decir que un Guru humano vivo es necesario para todos excepto para los más maduros, para realizar el Ser. Sin embargo, una vez que has visto un verdadero Guru y has estado con él, su presencia está siempre contigo. Puedes sintonizar su presencia, su gracia y su poder de muchas maneras: a través de su foto, a través de pensar en él, y a través de la lectura de sus palabras.

Harriet: Una vez más, me siento obligada a preguntar: ¿Es ésta tu propia opinión o tienes algún apoyo de Maharaj que lo respalde?

David: Recuerdo una conversación que tuve con Maharaj en mi primera visita. No recuerdo cómo llegamos al tema, pero terminamos hablando del poder del Guru y de los diferentes canales a través de los cuales se manifiesta. Yo había estado profundamente impresionado y conmovido por ‘Yo Soy Eso’, y se lo dije.

Yo: Durante varios meses he estado leyendo ‘Yo Soy Eso’. A través de esas palabras sentí una conexión muy fuerte contigo y las enseñanzas. ¿Se puede tener una relación con un Guru con sólo leer sus palabras, o es necesario venir en persona a verlo?

Maharaj: Las palabras harán su trabajo dondequiera que las escuches o las leas. Puedes venir aquí y escucharlas en persona, o puedes leerlas en un libro. Si el maestro está iluminado, habrá un poder en ellas.

Yo: En mi caso particular, he leído las palabras de un Guru que seguía vivo, y esas palabras me obligaron a venir aquí y verte. Quizás tus palabras tuvieron un efecto tan fuerte porque todavía estás vivo y enseñando. Me puse en contacto con un maestro vivo, una presencia viva. ¿Qué pasaría en un caso hipotético de que alguien adquiriera ‘Yo Soy Eso’ dentro cincuenta años, y en un país a varios miles de kilómetros de distancia? Esa persona nunca tendrá la oportunidad de verte. ¿Esas palabras tendrán todavía el poder de transformar y despertar?

Maharaj: El tiempo y el espacio existen en tu mente, no en el Ser. Ahí no hay límite al poder del Ser. El poder del Ser está siempre presente, siempre trabajando, siempre el mismo. Lo que varía es la buena disposición y la voluntad de la gente a volver su atención a eso. Si alguien toma este libro a diez mil kilómetros de distancia dentro de mil años, esas palabras harán su trabajo si el lector está en el estado adecuado para escuchar y asimilar dichas palabras.

Él no llegó a decir que uno puede alcanzar la iluminación mediante la lectura de las palabras de un Guru muerto, pero fue bastante claro en que las palabras de un ser iluminado, incluso en forma de libro, estaban cargadas de un poder que las generaciones futuras podrían sintonizar. Yo creo que hice esta pregunta en particular debido a mi relación con Ramana Maharshi. Yo era la persona hipotética de la pregunta, que había descubierto las palabras de un gran pero fallecido Guru. Supongo que realmente quería saber si Ramana Maharshi podría ser el Guru para alguien como yo, que había nacido años después de su muerte. Maharaj realmente no respondió a esa pregunta por mí, pero hizo que me convenciera de que una parte considerable del poder y la autoridad del Guru se puede encontrar en sus enseñanzas registradas.

Con el tiempo, llegué a la conclusión de que un Guru humano vivo es realmente necesario para la gran mayoría de la gente, pero al mismo tiempo tengo una gran  respeto por el poder que reside en las palabras registradas de tales personas.

Harriet: ¿Fue grabado este diálogo en particular? Creo que eso sería muy importante para las muchas personas que como yo sólo descubrieron a Maharaj en los años posteriores a su fallecimiento.

David: Lo dudo. Fue una sesión muy tranquila por la tarde, y sólo unos pocos de nosotros estábamos allí. Nunca hubo grabaciones organizadas. Los que tenían una grabadora la traían muy a lo largo, y entonces hacían una grabación dondequiera que estuviesen sentados en la sala. En el último par de años varias personas estaban haciendo esto, pero cuando fui por primera vez, casi nadie lo hacía.

Harriet: Hablaste antes de “preparación” [o: “buena disposición”] y “voluntad de escuchar” como factores clave. ¿Habló Maharaj alguna vez de cómo o por qué algunas personas tuvieron la experiencia directa, mientras que la mayoría de la gente no?

David: Hablé con él una vez sobre esto. Fue en una de mis visitas posteriores. Había ido allí con un amigo mío, Cary McGraw, y descubrí que ese día era el cumpleaños de Cary. Cuando me lo dijo estábamos sentados en un café en Grant Road, en el intervalo entre el final de los bhajans y el inicio de la sesión matutina de preguntas y respuestas. Mientras el cuarto de Maharaj estaba siendo barrido y limpiado, todos teníamos que desaparecer durante media hora más o menos. La mayoría de nosotros íbamos a tomar un té o un café en Grant Road.

Le pregunté a Cary qué le gustaría como regalo de cumpleaños y me respondió: “Volver ahí y tener una buena discusión con Maharaj. Me encantaba escucharte cuando le acosabas sobre sus enseñanzas, pero hoy en día casi no abres la boca para nada. Vuelve allí y haz que se caliente sobre algún asunto. Ese será mi regalo de cumpleaños”.

Yo no sentía muchas ganas de preguntar nada, y sin duda no tenía ganas de embarcarme en un debate en toda regla. Creo que por aquella época Maharaj había subyugado por fin mis tendencias argumentativas; yo estaba muy contento de simplemente sentarme en la parte de atrás y escuchar lo que todos los demás tenían que decir.

Fuimos de nuevo, pero no tenía ni idea de qué hablar. Cuando todos estuvieron sentados, Cary me dio un codazo y de repente me encontré hablando de por qué algunas personas alcanzan la iluminación y otras no.

“Ramana Maharshi”, le dije, “se iluminó en unos pocos minutos. A ti te llevó tres años a partir del momento en que conociste a tu Guru hasta que realizaste el Ser. Otros lo intentan durante cincuenta años y no tienen éxito. ¿Por qué es así? ¿Las personas que lo intentan durante toda su vida y fracasan, están haciendo algo mal?”.

La mayoría de los maestros hindúes responderían a una pregunta como esta diciendo que algunas personas tenían más o menos terminado su trabajo en vidas anteriores y eran, por lo tanto, capaces de realizar el Ser muy rápido en esta vida. Esto no era una opción para Maharaj porque él se negaba rotundamente a aceptar que la reencarnación tuviese lugar en absoluto. Esto en sí era un poco extraño para mí porque, en el período en el que solía visitarle, la sobrecubierta de ‘Yo Soy Eso’ reproducía un diálogo con él, en el que explicaba con bastante detalle cómo se llevaba a cabo la reencarnación. Sin embargo, en la época en la que yo le visitaba, ni una sola vez le oí aceptar la validez de la reencarnación, y en cambio él decía con frecuencia que eso no sucedía. Mi pregunta realmente era: “Si se descarta la teoría de la reencarnación, lo cual pareces hacer, ¿cómo puede alguien como Ramana Maharshi alcanzar la iluminación sin ningún deseo por ella, sin esfuerzo y sin práctica, mientras que todos los demás se esfuerzan sin éxito durante décadas y no lo logran?”.

“Es la química”, anunció Maharaj. “Algunas personas han nacido con una química pura y otras no. Las personas con una química pura alcanzan la iluminación, y las que tienen una química impura no lo hacen”.

“La química”, era una de las analogías o metáforas idiosincráticas de Maharaj. Yo creo que se deriva de la química en un rollo de película. Todos disponemos de una ‘química’ en el momento de la concepción, dijo Maharaj, y eso es nuestro destino para esta vida. En cierto sentido, es como un rollo de película, un guión que se nos ha dado para esta vida. El hinduismo tradicional enseña que tenemos prarabdha karma, un destino inmutable para esta vida, que es el resultado inevitable de las acciones que han sido llevadas a cabo en vidas anteriores. Maharaj no podía incorporar las actividades de vidas pasadas en la teoría de la ‘química’, pero él tenía una selección alternativa de factores que ofrecer.

No recuerdo si fue en esta conversación en particular o en algún otro día, pero recuerdo preguntarle acerca de los componentes de ‘la química’. Respondió que era una combinación de una amplia variedad de factores: los genes de los padres, las configuraciones astrológicas en el momento de la concepción, el futuro ambiente en el que uno iba a ser criado —estos fueron sólo algunos que él mencionó. Todos ellos se unían en un momento determinado y se emitían a un cuerpo, o mejor dicho, a un embrión, con su destino designado.

“Todo esto es muy determinista”, dije. “Si la pureza de la química determina si se alcanza o no la iluminación, entonces ¿por qué siquiera preocuparse de ella? ¿Cuál es el punto de tratar o no tratar, querer o no querer, si la pureza de la química ya ha decidido el asunto por nosotros por adelantado? En vez de esforzarnos, bien podríamos irnos todos a casa y quedarnos sentados”.

Maharaj respondió: “No, no está completamente determinado por adelantado. La gran mayoría de las personas en el mundo nacen con una química sucia. Nada de lo que ellas hagan o no hagan hará ninguna diferencia. La iluminación no es para ellas, y la mayoría de ellas ni siquiera se preocupan por estos asuntos. En el otro extremo del espectro habrá un muy pequeño número de seres muy puros que tomarán conciencia de su verdadera naturaleza sin ningún esfuerzo o inclinación”.

Él no lo dijo, pero supongo que habría puesto a Ramana Maharshi en esta categoría.

“Entre estos dos extremos —continuó Maharaj— hay un pequeño número de personas cuya química es ligeramente impura. Estas personas tienen una oportunidad de alcanzar la iluminación. Si son capaces de conocer un Guru que les pueda mostrar la verdad, y si su sinceridad y seriedad son lo suficientemente altas, pueden purificar su ligeramente sucia química y averiguar lo que realmente son. Es por eso por lo que todos nosotros estamos aquí hoy. Las personas que acuden a un maestro con una fuerte sed de libertad son los que tienen sólo unas pocas impurezas. Ellos son aquellos para quienes la liberación es posible”.

Harriet: ¿O sea que él pensaba que las personas que acudían a él eran ‘avanzadas’? Debe haber sido una mezcla de todo tipo de personas. No podrían haber sido todos candidatos a la liberación.

David: Sí, había una mezcla muy ecléctica de gente allí, desde curiosos hasta personas que habían viajado por medio mundo porque estaban desesperadamente sedientas por la liberación y pensaban que Maharaj podría ayudarlas. A veces me sentaba junto a un médico homeópata que vivía a pocas calles de distancia. Él no tenía el menor interés en la liberación y sólo veía a Maharaj como una buena fuente de entretenimiento.

“Este es el mejor espectáculo del barrio”, me dijo una vez. “Sólo vengo aquí porque me gusta ver cómo trata Maharaj a todas las personas que vienen. No creo ni una palabra de lo que dice, pero él monta un buen show”.

Este hombre, por cierto, me dijo que el lenguaje de Maharaj en el marathi original era en ocasiones muy crudo y vulgar. Me dijo que los traductores, que eran todos gente respetable de la clase media hindú, estaban probablemente demasiado avergonzados como para transmitir la fuerza de su vulgaridad. Al final de las sesiones él me llevaba aparte, afuera a la calle, y tenía un gran placer en hablarme de todas las diversas bromas sexuales e insinuaciones que los traductores habían omitido contarnos. Creo que el entretenimiento de este médico incluía observar a sus vecinos retorcerse al escuchar las declaraciones más escandalosas de Maharaj.

Maharaj determinaba hasta cierto punto la clase de gente que era probable que viniera y se quedara, al establecer el programa de lo que él estaba dispuesto a hablar y de lo que no. Él no estaba interesado en lo que él llamó “lecciones de kindergarten”. Eso significaba que por lo general se negaba a hablar de muchos de los principios del hinduismo tradicional: adoración ritual, el karma y la reencarnación, las prácticas comunes, tales como japa, cosas como esas. Una gran proporción de los extranjeros que estaban allí habían llegado porque habían leído ‘Yo Soy Eso’. Querían hablar de la liberación, no de las prácticas tradicionales hindúes ni tradiciones, y Maharaj estaba feliz de complacerlos. Las personas que querían hablar de otras cosas en seguida se marchaban en busca de un lugar más adecuado para sus inclinaciones e intereses. Algunos, sin embargo, llegaron con sus ideas tradicionales y creencias y cayeron bajo el hechizo de Maharaj y sus enseñanzas radicales, pero pienso que estas personas eran una minoría.

Recuerdo a Mullarpattan decirnos un día: “yo era un devoto tradicional de Ram [Rama] cuando llegué por primera vez aquí. Pensé que si pudiera tener una visión de Ram, sería seguro poder reunirme con él en Vaikunta [reino celestial de Ram] cuando yo muriera. El primer día que llegué, Maharaj me dijo que Vaikunta no existe. Me quedé muy sorprendido al escuchar a un Guru hablar así, pero me sentía atraído por él y me quedé. Poco tiempo después abandoné todas mis ideas acerca de los dioses y sus cielos”.

Algunas otras de las personas locales estaban muy interesadas en las intransigentes enseñanzas de Maharaj sobre la liberación, pero durante el tiempo que estuve allí, los extranjeros en general superaban en número a los locales por tres a uno en la sesión de preguntas y respuestas de la mañana. Esto podría ser porque muchos de los devotos de Bombay tenían que salir a trabajar, pero incluso los fines de semana y días de fiesta, los extranjeros siempre superaban en número a los indios.

Había una sesión separada de la tarde que se realizaba en marathi. Nosotros nunca estábamos invitados a esa, debido a que no había suficiente espacio para todos, por lo que no tengo ni idea de lo que pasaba en esas sesiones.

Harriet: ¿Tenías la sensación de que los extranjeros erais tratados de un modo un poco diferente de la población local?

David: Debería decir sólo que teníamos diferentes actitudes, diferentes procedencias y, en la mayor parte, diferentes aspiraciones. Cuando hablábamos con Maharaj, sus respuestas reflejaban estas diferencias.

Una mañana llegaron un par de indios nuevos y preguntaron a Maharaj en inglés una serie de preguntas sobre cómo vivir una vida espiritual individual, mientras estaban en medio de todas sus responsabilidades familiares y laborales. Esta es una pregunta estándar en la India y cualquiera que esté desempeñando el papel de Guru debe tener una respuesta estándar a la misma. Maharaj trató con ellos con mucha educación y respeto, y habló con ellos durante unos quince minutos. Al final de ese período, les pidió que se fueran. Esto era un poco inusual. Por lo general, cuando un interlocutor había terminado de hablar con Maharaj, volvía a sentarse y escuchaba lo que los demás tenían que decir.

En esta ocasión Maharaj los vio desaparecer escalera abajo. Él esperó unos diez segundos más antes de estallar en una risa encantada.

Dándose una palmada en el muslo, dijo: “¡Ese es el tipo de conversación aburrida que solía tener cada día antes de que vosotros los extranjeros vinierais por aquí!”.

Creo que le gustaba hablar con la gente que no se acercaba a hablar de toda su familia o sus problemas de trabajo. Él también sabía que podía ser más irreverente y subido de tono con los extranjeros, lo cual era algo que disfrutaba.

Harriet: ¿Puedes darme un ejemplo?

David: Una mañana miró a su alrededor y se dio cuenta que no había gente local allí en absoluto, excepto el traductor.

Una mirada traviesa apareció en su rostro y dijo: “Hay tres cosas que son absolutamente necesarias para la vida humana: comida, oxígeno y sexo”.

Todos nos animamos. Esto era algo diferente de la habitual conferencia sobre conciencia. Esperamos que continuara, para desarrollar su tema y explicar con más detalle, pero se negó a explicarse más pormenorizadamente.

En cambio, dijo: “¡Vamos! Que alguien dispute esa declaración. Es muy controvertida. Que alguien esté en desacuerdo conmigo”.

Parecía que quería empezar una discusión, pero no estaba claro sobre qué.

Como nadie parecía interesado en disputar su declaración, di un paso al frente para ser el chivo expiatorio:

“Si no respiras durante unos minutos, te mueres”, comencé. “Si no comes durante unas cuantas semanas, te mueres. Pero nunca he oído hablar de que nadie se muera por no tener relaciones sexuales. ¿Cómo puedes decir que eso es esencial para la existencia humana?”.

Maharaj se negó a explicarse. En su lugar, simplemente se repitió a sí mismo:

“Hay tres cosas que son absolutamente necesarias para la vida humana: alimento, oxígeno y sexo”.

No podía ver a dónde estaba él llevando la conversación, o dónde quería que me fuera con él.

“¿Estás diciendo que todos deberíamos tener sexo, porque si no lo hacemos moriremos?”.

Yo estaba tratando de provocarle para que revelara por qué había sacado de repente este tema a la palestra.

«No, no estoy diciendo eso en absoluto. Simplemente estoy diciendo: “Tres cosas son absolutamente necesarias para la vida humana: alimento, oxígeno y sexo”».

Probé un par de aproximaciones más, pero no conseguí llegar a ninguna parte y nadie más en la habitación parecía dispuesto a arrimar el hombro y ayudar. Él siguió repitiendo su declaración original. Después de unos minutos oyó pasos en la escalera. Él inmediatamente comenzó a hablar sobre la conciencia, y cuando los nuevos visitantes, un grupo de la población local, entraron en la habitación, él ya estaba bien metido en sus explicaciones estándar. Obviamente él no se sentía cómodo hablando de sexo delante de sus devotos marathi. Nunca llegué a saber cuál era el punto de su declaración, porque él nunca sacó el tema de nuevo.

Harriet: Por lo que dices me da la sensación de que Maharaj tenía un gran respeto por los extranjeros que venían, porque venían en busca de la verdad acerca de sí mismos, y no por algún paliativo, una práctica o una creencia que los mantuviera felices durante un tiempo.

David: En cierto sentido, sí. Yo le oí decir un par de veces que respetaba el hecho de que todos nosotros habíamos abandonado nuestra vida en occidente para llegar a la India en busca de la liberación, pero eso no significa que en la práctica nos tratara con respeto. A todos nos gritó en varias ocasiones, y nos riñó de vez en cuando debido a las cosas que hicimos o dijimos. Todos estábamos un poco temerosos de él porque nunca sabíamos cuándo podría suceder la siguiente erupción. Habíamos venido a expulsar las impurezas fuera de nosotros, de la misma manera que los limpiadores limpian la ropa aplastándola contra las rocas. Maharaj rompió nuestros egos, nuestras mentes y nuestros conceptos sobre la roca inamovible del Ser, porque sabía que en la mayoría de los casos esa era la única manera de ayudarnos.

Hace unos minutos te dije que Maharaj descartaba todas las teorías de la reencarnación, pero sí contó una historia que posiblemente indicaba que todos nosotros habíamos estado buscando a Dios en la India antes:

“Al final del Ramayana”, dijo, “todos los animales que habían ayudado a Ram [Rama] para ganar la guerra fueron recompensados. A los monos se les dijo que podían ir al cielo de los monos. Ahora bien, ¿qué es el cielo para un mono? Grandes cantidades de alimentos, un montón de peleas y sexo sin límites. Por eso, todos los monos renacieron como seres humanos en occidente en el siglo XX para experimentar su idea del ‘cielo’. Después de algún tiempo, sin embargo, todos ellos comenzaron a aburrirse de todo este exceso. Uno por uno, todos ellos empezaron a regresar a la India porque querían encontrar a Ram y estar con él otra vez”.

La segunda (y última) parte en que he dividido esta entrevista, podéis leerla en este link: http://jugandoalegremente.blogspot.com/2013/11/recordando-nisargadatta-maharaj-parte-2.html
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