jueves, 12 de abril de 2018

"A mi hijo", carta de Matthias Claudius

*
La siguiente carta, del poeta Matthias Claudius a su hijo Johannes (Juan), apareció en 1799 y como fue publicada influyó en numerosos lectores, entre ellos el filósofo Arthur Schopenhauer, quien recibió este texto como regalo de su propio padre (quien fallecería poco después, en 1805, cuando Arthur Schopenhauer tenía 17 años). Schopenhauer mantuvo estos consejos consigo, releyéndolos a lo largo de su vida, como una especie de legado paterno.

A MI HIJO

Querido hijo:

«No tengo oro ni plata;
mas lo que tengo, eso te doy».

(Hechos de los Apóstoles, 3:6)

Lentamente se aproxima el tiempo en que debo emprender el camino que no tiene regreso. No puedo llevarte conmigo y te dejo en un mundo en el que los buenos consejos no salen sobrando.

Nadie es sabio de nacimiento. Aquí el tiempo y la experiencia enseñan y limpian la conciencia; yo he observado el mundo más tiempo que tú.

Querido hijo, no todo lo que brilla es oro. He visto caer algunas estrellas del cielo y quebrarse muchos bastones en los cuales uno confiaba para poderse sostener, por eso, quiero darte algunos consejos y decirte lo que yo encontré y lo que el tiempo me ha enseñado.

Nada es grande si no es bueno y nada es verídico si no perdura. No te dejes engañar por la idea de que puedes aconsejarte solo y que conoces el camino por ti mismo. Este mundo material es para el hombre demasiado poco y el mundo invisible no lo percibe, no lo conoce; ahórrate pues esfuerzos vanos, no te aflijas y ten conciencia de ti mismo.

En este mundo el hombre no está en su hogar, no vale la pena apegarse demasiado a la vida, somos extraños a este mundo porque no pertenecemos a él; no se debe querer huir del mundo, pero tampoco apegar el corazón al mismo.

Considérate demasiado bueno para obrar mal. No entregues tu corazón a cosas perecederas. La verdad, querido hijo, no es gobernada por nosotros sino que nosotros debemos ajustarnos a ella. Lo que puedes ver míralo con tus propios ojos; sobre lo invisible y lo eterno, atente a la palabra de Dios. Mantente fiel a la religión de tus padres y huye de los merolicos teólogos.

No desconfíes de nadie tanto como de ti mismo; dentro de nosotros vive el juez que nos enseña y cuya voz es más importante para nosotros que el aplauso de todo el mundo y la sabiduría de los griegos y egipcios; hazte el propósito, hijo, de no actuar contra su voz y si algo piensas o intentas hacer, póntelo primero en la mente y pídele consejo a tu juez interno; al principio, él hablará únicamente en forma muy suave balbuceando como una criatura inocente. Sin embargo, si honras su inocencia soltará su lengua y te hablará en forma más perceptible.

Aprende con gusto de los demás y escucha con atención donde se hable de sabiduría, dicha humana, luz, libertad, virtud, pero no confíes inmediatamente en todo porque no todas las nubes llevan agua y existen diversos caminos para seguir.

Hay quienes creen que dominan una materia porque hablan de ella; pero no es así hijo mío, no se tienen las cosas por poder hablar de ellas, palabras solo son palabras y ten cuidado si fluyen de forma demasiado hábil y ligera, pues los caballos cuyos carros están cargados de mercancías avanzan con pasos más lentos. Nada esperes del trajín ni de los trajinantes y pasa de largo donde haya escándalo callejero. Si alguien quiere enseñarte sabiduría, mírale la cara, si lo ves enorgullecido, déjalo, no hagas caso de sus enseñanzas por más famoso que sea. Lo que uno no tiene no lo puede dar, y no es libre aquel que puede hacer lo que quiere sino que es libre aquel que puede hacer lo que debe hacer, y no es sabio el que cree que sabe sino el que se percató de su ignorancia y logró sobreponerse a la vanidad.

Piensa con frecuencia en cosas sagradas y ten la seguridad de que ello te traerá ventajas y así serás como la levadura que fermenta la masa del pan. No desprecies religión alguna puesto que están consagradas al espíritu y tú no sabes lo que pudiera estar oculto bajo apariencias insignificantes. Desdeñar algo es fácil, hijo, pero es mucho mejor comprenderlo.

No instruyas a otros hasta que tú seas instruido. Acógete a la verdad si puedes y gustosamente permite que te odien a causa de ella; has de saber, sin embargo, que si tus cosas no son cosas de verdad, cuida de no confundirlas puesto que de ser así vendrán sobre ti las consecuencias; simplemente haz el bien y no te preguntes por lo que de ello resulte.

Quiere sólo una cosa y esa quiérela de corazón. Cuida de tu cuerpo pero no de tal manera como si fuera tu alma. Obedece a la autoridad y deja que otros la discutan. Sé correcto con cualquier persona, pero no te confíes fácilmente. No te mezcles en asuntos ajenos y los tuyos arréglalos con diligencia.

No adules a persona alguna y no te dejes adular. Honra a cada quien según su rango y deja que se avergüence si no se lo merece. No debas a persona alguna, pero sé afable como si todos fueran tus acreedores. No quieras ser siempre generoso pero procura ser siempre justo. A nadie debes sacar canas (ofender), sin embargo cuando obres con justicia no te preocupes por ellas.

Desconfía de la gesticulación y procura que tus modales sean sencillos y correctos. Si tienes algo, ayuda y da con gusto, y no por ello te creas superior; y si nada tienes, ten a mano un trago de agua fresca y no por ello te creas menos.

No lastimes a doncella alguna y piensa que tu madre también lo fue. No digas todo lo que sabes, pero siempre debes saber lo que dices. No dependas de ningún poderoso.

No te sientes donde se sientan los burlones, porque ellos son los más miserables de todas las criaturas. Respeta y sigue a los hombres piadosos, mas no a los santurrones. El hombre que tiene en su corazón verdadero temor a Dios es como el sol que brilla y calienta, aunque no hable.

Haz lo que merezca recompensa, pero no pretendas obtenerla. Si tienes necesidades, quéjate ante ti mismo y ante nadie más.

Lo mejor que puedes dar a un enemigo es el perdón. A un oponente, tolerancia. A un amigo, oídos. A tu hijo, buen ejemplo. A tu madre, una conducta que la haga sentirse siempre orgullosa de ti. A tu prójimo, siempre caridad. A ti mismo, amor propio.

Ten siempre algo bueno en la mente.

Cuando yo muera, ciérrame los ojos y no me llores. Ayuda y honra a tu madre mientras viva.

☼☼☼
*

No hay comentarios:

Publicar un comentario