jueves, 31 de mayo de 2018

Suzanne Segal - Collision with the Infinite - Despersonalización y espiritualidad

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Colisión con el infinito

 El caso de Suzanne Segal

Despersonalización y espiritualidad

Malentendidos frecuentes en espiritualidad

La idealización del ego (falsa iluminación) frente a la auténtica iluminación (la realización completa de lo Absoluto)

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Nota: Este artículo ocupa 67 páginas en formato PDF. Si alguien prefiere leerlo en ese formato, puede hacerlo aquí: https://nytz.files.wordpress.com/2018/05/colision-con-el-infinito-el-caso-de-suzanne-segal.pdf

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Ya va siendo hora de disponer de algún post en español sobre el caso de Suzanne Segal. Su libro «Collision with the Infinite - A Life Beyond the Personal Self», escrito en 1996, nunca se ha traducido al español pero el título podría traducirse como «Colisión con el infinito - Una vida más allá del yo personal».

Desde la primera vez que leí sobre la existencia de este libro me interesó el tema y sin duda lo hubiese leído antes de estar disponible en español, pero solo estaba en inglés y además nunca logré encontrar alguna versión gratuita en internet. Finalmente descubrí que podía comprarse a través de Amazon (por supuesto que en inglés) y recientemente me he animado a leerlo. Este post contiene mis reflexiones sobre el tema (y sobre unos temas relacionados, como el de la despersonalización) y también algunas traducciones relacionadas con el tema, tanto de fragmentos del libro como de comentarios encontrados en inglés en internet.

Suzanne Segal nació en 1955 y murió el 1 de abril de 1997. En mayo de 1982 tuvo su repentina experiencia de despersonalización, una pérdida del "yo" que algunas personas (psicólogos principalmente) han interpretado como un trastorno de despersonalización, mientras que otras personas lo interpretaron como un despertar espiritual e incluso como la completa realización, es decir, como que se había iluminado completamente. Ella dudó a lo largo de los años entre una postura u otra, aunque finalmente a principios de los 90 se decantó por la interpretación espiritual de que estaba iluminada (aunque como veremos más abajo en este post, dato que pocas personas conocen, en sus últimos meses de vida sufrió una intensa nueva crisis y se dio cuenta de que no estaba iluminada, haciendo algunas reflexiones interesantes; por cierto, algunos gurús famosos que mencionaremos más abajo la habían considerado como una completa iluminada... ¡buen ojo!).

En su rol de "iluminada", sus enseñanzas se parecían a las de muchos libros de neo-advaita. No pretendo que esto sea una crítica, sino simplemente tomar nota de los pros y los contras de los diversos gurús y tradiciones. Hay mucho de bueno en el neo-advaita. También en los mensajes que escribió Suzanne Segal en su día había reflexiones válidas e inspiradoras, aunque otras eran ambiguas y otras aún eran —en mi opinión— directamente confusas, confundiendo la verdadera realización del absoluto con diversos conceptos típicos de pseudo-dualidad (aunque este es un tema en el que no profundizaré más allá de cierto punto, pues hay diversidad de opiniones y no todos hacen la distinción que me gusta entre la no dualidad y la pura no dualidad).

Este post se va a centrar en el ejemplo concreto de Suzanne Segal, que es el tema principal. Pero antes vamos a tratar un par de asuntos complementarios: A) qué es la despersonalización y B) cuál es el matiz que hago entre la pura no dualidad (o verdadera realización de la Unidad) y la no-dualidad a secas (que es un paso útil en el camino espiritual, pero no llega hasta la realización final).

A) La despersonalización:

Quiero empezar hablando brevemente de la despersonalización, como un detalle hacia los posibles visitantes que en un futuro podría traer google a raíz de buscar expresiones como "despersonalización" o "trastorno de despersonalización", "disociación", etc. Porque al explorar en internet sobre este tema, vi que a veces en algunos foros aparecen personas directamente implicadas con este tipo de experiencia, a veces asustadas o deprimidas, buscando alguna orientación y/o palabras de aliento. Este blog no es de psicología (este es un sitio de posts en un contexto espiritual), pero podemos dejar alguna pequeña indicación que ojalá sea útil a alguien.

Aunque el hecho en sí de experimentar algún tipo de despersonalización no sea un problema en sí, el hecho es que la mayoría de personas que entran a este tipo de experiencias de manera espontánea lo viven como una maldición, algo incómodo, incluso horrible. Por lo que he visto en internet, hay unas pocas personas que se lo toman mejor, viéndolo simplemente como percibir de una manera diferente, y así, al no darle demasiada importancia, lo llevan relativamente bien. Pero en cuanto al resto de personas que experimentan algo así (que son la mayoría de quienes viven esto), les parece un asunto bastante sufrido. Y en este sentido, en el sentido de experimentarse como un desagradable trauma que afecta a su vida normal, es cuando podemos llamarlo un trastorno, el llamado por los psicólogos "trastorno de despersonalización".

Para los lectores que no tengan ni idea de qué se trata, pueden leer más detalles en la Wikipedia, por ejemplo:

a) https://es.wikipedia.org/wiki/Despersonalizaci%C3%B3n

b) https://es.wikipedia.org/wiki/Trastorno_de_despersonalizaci%C3%B3n

c) https://es.wikipedia.org/wiki/Desrealizaci%C3%B3n

Básicamente, la despersonalización es una alteración de la percepción en la que uno se siente separado de su propio cuerpo o de sus procesos mentales o emocionales. La desrealización es un síntoma complementario con la despersonalización y consiste en sentir una extrañeza con respecto al mundo, que puede parecer irreal. Uno se siente aislado, separado, disociado, incomodado. En algunos casos lo describen como si se hubiera quedado uno con la cabeza atascada dentro de una especie de casco de buzo o de astronauta, viendo las cosas de manera rara, como lejanas, alejadas e irreales. Uno se siente alejado (separado) y aunque los médicos del siglo XX tenían problemas para abordar este asunto con tratamientos claramente eficaces (como le pasó a Suzanne Segal en su época, que con frecuencia los médicos e incluso psicólogos ni siquiera reconocían esos síntomas ni conocían casos similares), es posible que en el siglo XXI el reconocimiento de este asunto esté mejorando.

Aunque las posibles causas que se proponen son variadas, podemos mencionar algunas de ellas. A veces ha habido consumo previo de drogas psicotrópicas. Otras veces la persona ha podido sufrir un trauma, como abusos sexuales, la muerte de un ser querido, etc. Un psicólogo le comentó a Suzanne Segal que en ocasiones incluso una buena noticia impactante también podría haberlo provocado (como ejemplo, ganar a la lotería). En ocasiones se relaciona la despersonalización con diversos diagnósticos, por ejemplo ansiedad, depresión, etc. En ese caso, el trastorno de despersonalización podría ser solo el síntoma, por lo que al tratar la enfermedad principal (ansiedad, depresión) y solucionarla, debería desaparecer también el síntoma que es su consecuencia. También se mencionan algunos tipos de epilepsia como posible causa en algunos casos específicos, y en esos casos los médicos se inclinan por tratamientos relacionados con la actividad cerebral.

Lo más prudente, si uno se siente muy afectado por un trastorno de despersonalización, es recurrir a ayuda. Puesto que es un desorden de disociación (separación), lo más apropiado podría ser buscar su opuesto (la unión), y si se tratara de mí, yo no dudaría en presentarme ante un médico, o psicólogo, o alguien que me brinde confianza. El mero hecho de unirse a alguien bienintencionadamente ya es un paso en la dirección correcta.

Y poco más puedo decir en esta dirección, puesto que esto no es un blog de medicina ni de psicología. Querido lector, si has llegado hasta aquí arrastrando un trastorno de despersonalización, ten mucho ánimo y recuerda que en muchos casos (creo que la mayoría) desaparece al cabo del tiempo, pero en los casos en que no es así, el que busca encuentra, y si uno busca al médico o psicólogo o apoyo adecuado, tarde o temprano saldrá del bache. ¡Ánimo!

Y pasemos a la temática habitual de este blog: el enfoque espiritual.

Hablemos un poquito más de la despersonalización, pero ahora en términos del camino espiritual. La palabra "despersonalización" en sí no es el problema. Puede referirse al "trastorno de despersonalización" del que ya hemos hablado, o puede referirse a una simple despersonalización sin trastorno, en cierto modo buscada en ciertas tradiciones espirituales, pero que no tiene que ver con lo que experimentan quienes padecen el trastorno. La despersonalización espiritual es simplemente la desidentificación de uno mismo con el "yo" (cuerpo, emociones, pensamientos). Es importante no confundir niveles, por lo tanto. Porque una cosa es desidentificarse mentalmente de la noción de que "soy el cuerpo, soy estas emociones, soy estos pensamientos", y otra muy diferente es percibirse aislado o separado del cuerpo, de las emociones o de los pensamientos. En la desidentificación espiritual, uno siente unión, paz y plenitud; es algo agradable. Pero en el trastorno de despersonalización uno se siente separado, aislado, nervioso e incluso defectuoso, enfermo, "estropeado".

Por lo tanto, no hay problema en darse cuenta y reconocer que no somos el cuerpo (ni sus pensamientos o emociones) o en reconocer que el cuerpo y el mundo son irreales (en términos de la espiritualidad profunda), pero sí habría problema si uno se siente separado de sí mismo o de los demás (del mundo). La práctica espiritual correcta nos conduce a una sensación de mayor unión y paz. Si caemos en la disociación y en el sufrimiento, en ese caso podemos estar seguros de que tenemos margen de mejora en nuestras actitudes, e incluso las famosas "noches oscuras del alma" tienen un fin cuando uno por fin aprende a dejar de obstaculizar la paz. Precisamente la creencia de que uno es "uno" (el cuerpo, un individuo), es uno de los mayores obstáculos para la paz y la felicidad.

Dejemos de momento el tema de la despersonalización (lo retomaremos en cierto modo cuando pasemos a hablar de Suzanne Segal) y pasemos al otro tema previo que anticipé:

B) La no dualidad frente a la pura no dualidad:

Necesariamente tenemos que tratar este tema de una manera relativamente breve, dado que profundizar requeriría todo un post en exclusiva, y en realidad podría dedicarse todo un libro. Digamos que no es oro todo lo que reluce. Hoy en día tenemos muchos esquemas (entre ellos el Neo-advaita, pero en general en todas las corrientes espirituales hay comprensiones profundas y menos profundas, y se pueden hacer algunas distinciones entre ellas). Aquí me centro en la no dualidad y la pura no dualidad porque son las etapas finales del camino espiritual. Antes de ellas están las etapas del semidualismo (que no vamos a tratar aquí), y antes que el semidualismo tenemos las actitudes primitivas del dualismo crudo (por ejemplo el materialismo de toda la vida, que sostiene el 99% de la población humana).

Pero ciñéndonos a las etapas finales del camino espiritual (el no dualismo), podemos hacer una distinción entre la completa realización del Ser (el verdadero reconocimiento de lo Absoluto) y las diversas imitaciones que ofrecen las diversas etapas previas de no dualismo. Obviamente no todos tienen por qué estar de acuerdo con los criterios que planteo en mis blogs (puede que para algunos lo que yo llamo "pura no dualidad" sea menos exacto que lo que llamo "no dualidad", y no hay problema con eso, cada uno puede sentir sus intuiciones y de todos modos probablemente estemos de acuerdo en muchos aspectos comunes a ambos enfoques). Y aquí no voy a extenderme. Dejo un link de complemento para quien quiera saber más sobre mi manera de entender la no dualidad (o en este caso pura no dualidad) a lo largo de mis blogs: ¿Qué es la no-dualidad?: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/02/que-es-la-no-dualidad.html

En este post simplemente voy a señalar que diversos maestros y corrientes espirituales (algunos enfoques del Neo-advaita, por ejemplo) parecen simplificar con demasiada ingenuidad el meollo del camino espiritual. Al final, lo que consiguen es facilitar la iluminación a costa de sustituir la verdadera iluminación por otra iluminación más barata y asequible. En última instancia simplemente ya estamos todos iluminados y no hay nada que hacer. Lo cual es cierto en determinado sentido... pero falso en otro. Es curioso, pero muchas frases de los libros espirituales son igual de válidas para referirse a lo absoluto (o a la pura no dualidad, la verdadera unidad) que para referirse a la falsa unidad en la que todavía quedan retazos de dualidad camuflados. Ejemplos de frases así:

Solo existe el Ser. 

No hay nada que hacer. 

Todo es perfecto. 

El mundo es irreal. 

Etc. 

Cualquiera de esas frases, aislada por sí sola, no nos permite saber con seguridad si quien la dice está en un enfoque puramente no dual o no. Menos aún nos permite saber si está iluminado o no.

Por ejemplo, con "el mundo es irreal" unos se refieren a que el mundo en sí mismo es irreal, mientras que otros se refieren a que el mundo sí es real pero nuestra manera de percibirlo es incorrecta. Y además la cosa cambia dependiendo de cómo defina cada uno la palabra "mundo".

Lo mismo sucede con "todo es perfecto". ¿Todo es perfecto, refiriéndose al mundo? ¿O refiriéndose a lo Absoluto como lo Único existente?

No hay nada que hacer. Si uno se conoce a Sí Mismo, sin duda que no hay nada que hacer... ¡ni siquiera hay mundo! Tampoco hay sufrimiento, pues uno no otorga realidad a las ilusiones. Pero si uno sufre y se identifica con un individuo, en la práctica ¡claro que queda mucho por hacer!, llámese autoindagación, volver la mente hacia dentro, perdón no-dual o como cada uno llame a ese hacer que más bien es un deshacer ilusiones. Si uno sufre de la ilusión de sufrir, lo compasivo y adecuado hacia uno mismo es corregir el rumbo de la mente, reconocer las ilusiones como tales (discernimiento), desapegarse de ellas y así recobrar la naturalidad de la unidad y la paz.

Y así con todo tipo de frases. En realidad todas las frases son malinterpretables por el ego.

Pero para algunos, y en el Neoadvaita se ha visto algún ejemplo (y la actitud que mantuvo durante un tiempo Suzanne Segal también incurría en esto), las cosas pueden ponerse muy "fáciles": ¡Ya estás iluminado!

— Eres el ser. Ya estás iluminado.

— Pero me duele el dedo.

— No importa, el dolor es parte de la unidad. No lo rechaces, abrázalo y fluye.

— Pero tengo muchos miedos, y ansiedades. Sufro por la muerte de un ser querido.

— No importa, tus miedos y tu sufrimiento son simplemente parte de la unidad. No rechaces esa parte de ti. Estás iluminado, y esos miedos, ese sufrimiento, son parte de la iluminación. Es falsa la idea de que la unidad no incluye el sufrimiento, pues en ese caso la unidad estaría separada del sufrimiento... ¡y eso sería dualidad!

— ¡Uy, en ese caso tienes razón! ¡Estoy iluminado! Aunque sigo sufriendo...

— No importa.

Y así se queda uno si se mantiene terco. Y no es que en este tipo de reflexiones no haya inspiraciones útiles, pero son parte del camino, no la etapa final. No se trata de la iluminación completa y definitiva, sino del proceso (y un proceso es gradual, contiene etapas) de reconocer el Ser. Aunque suelo llamar a la iluminación "la última de las ilusiones", uno no puede considerarse realmente iluminado si está sufriendo (en mi definición de iluminación). De lo contrario todo vale, incluso el materialismo que conduce al sufrimiento. Y en eso veo una confusión entre la verdadera y la falsa unidad.

El discernimiento consiste precisamente en eso: separar (discernir) lo falso de lo verdadero, distinguir las ilusiones de la verdad. Y esa separación de lo falso y lo verdadero no es dualidad, sino precisamente el reconocimiento que conduce a despertar a la verdad no-dual. Aunque el despertar sea en última instancia ilusorio (porque el Ser es; eternamente es lo que es), mientras se perciba sufrimiento uno no podrá considerarse seriamente iluminado. Y solo tras experimentar esa última ilusión del iluminado es cuando desaparece incluso eso, la puerta por la que acabamos de "pasar", pues el mundo nunca existió y siempre fuimos el Ser (el verdadero, sin sufrimiento, etc).

Podríamos seguir indefinidamente dándole vueltas a este tema y poniendo ejemplos, pero de momento basta. Ya comentaremos algunos ejemplos más abajo a raíz de algunas frases citadas del libro de Suzanne Segal.

Despidámonos de este tema de momento, con una reflexión final: el ser humano se siente carente, cree ser un individuo (incluso si a nivel intelectual ha comprendido que no lo es) y busca apoyos externos y fortaleza especial en su interior (sentirse superior), o sentirse al menos especial en algún sentido (sentirse inferior, o lo que sea con tal de reforzar la separación, la diferenciación, la individualidad). Con esta manera de funcionar, una actitud típica de especialismo es idolatrizar a alguien (a uno mismo o a alguien en quien uno proyecta sus propias ilusiones). Y así uno puede desear que fulano o mengano esté iluminado, y así uno, al ser su seguidor, se siente especial, en el buen camino, ¡y además los demás se equivocan! Pero es el ego el que piensa así.

A continuación veremos que hubo quienes idolatrizaron a Suzanne Segal. La consideraban una iluminada. Algunos todavía lo piensan (aunque probablamente la mayoría no sabe que la propia Suzanne acabó reconociendo que no fue iluminación, sino más bien algo muy opuesto: traumas infantiles, procesos psicológicos, como veremos más abajo). En cualquier caso, Suzanne tenía mucho que ofrecernos. Era intuitiva, maravillosa en muchos sentidos. Muchas de sus frases resuenan con las de los libros de autores espirituales muy famosos, especialmente del neo-advaita quizás, ya que varios gurús del neo-advaita le habían confirmado su iluminación. Solo que la propia Suzanne, en su último año de vida, acabó cambiando de opinión. Y para bien, aunque en esa vida no llegase a completar el proceso de iluminación.

Es fácil decir que todos estamos iluminados si para justificar eso nos conformamos con seguir sufriendo: con la excusa de que "el miedo y el sufrimiento son parte de la unidad". Pero esa no es la visión de iluminación que propongo en mis blogs. Mi visión de la iluminación, aunque no tengo una definición como tal, incluye entre otras ideas la de que es el fin de la ilusión del sufrimiento. Es decir, que cuando uno se ilumina deja de sufrir, y esto es así permanentemente, para siempre. El ilusorio cuerpo de uno podría enfermar, sí, pero no surge sufrimiento para quien está totalmente desidentificado de la ilusión. Y eso se cumple en el caso del iluminado.

Mi visión del iluminado, por lo tanto, implica la ausencia de sufrimiento, porque no hay identificación con la ilusión. No hay identificación con el yo personal. Ni siquiera con el Yo Global (cuya conexión algunos confunden con la iluminación). En el iluminado no surgen enfados, ni miedo, pues tanto la ira como el temor son ilusiones que han sido totalmente reconocidas como fantasías sin significado ni realidad. La paz del iluminado es constante, y este es un estado permanente, no hay vuelta atrás. Y por lo tanto, estrictamente hablando no es un estado, pues nunca cambia. Nunca hubo otra cosa, ni la habrá. Es plenitud. Totalidad. Unidad. Paz. Felicidad. Algunos consideran que esto no existe, que es una fantasía, que no existe el bienestar constante. Pero lo que yo propongo es que sí existe, es la paz de nuestro verdadero Ser, es permanente; y cuando uno lo reconoce de manera definitiva para siempre, y lo vive constantemente sin interrupción en su experiencia directa, es lo que llamo iluminación. Pero esto es el final del ilusorio "viaje" del despertar. Antes de eso tenemos muchos juegos por delante, muchas etapas. La iluminación es el final del juego. (( Si alguien quiere profundizar en comentarios más extensos sobre lo que considero iluminación, hablé sobre ello en este post: Unas metáforas sobre la iluminación: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/09/unas-metaforas-sobre-la-iluminacion.html ))

No obstante, los no-iluminados tenemos mucho que ofrecer. Lo que realmente somos (el Ser) sí está despierto desde siempre (en eso podemos estar tranquilos: no hay nada que cambiar, solo hay que trascender la ilusión de que hemos cambiado lo que es inmutable, el Ser). Pero como en la práctica creemos sufrir, está bien que de momento, como recurso o truco del camino espiritual, nos consideremos como "no-iluminados" (aunque la no-iluminación sea otra ilusión). Y aunque en realidad no exista un hacedor individual, podemos hacer mucho en favor de nuestro proceso de despertar si hasta cierto punto jugamos al hacedor, aunque sepamos que no es tal en última instancia. Solo así superaremos la trampa en que se enredan algunos (y que afectó durante unos años a Suzanne Segal) de creer que no vale la pena hacer nada, ni siquiera autoindagación, ni volver la mente hacia dentro, porque ¿quién lo va a hacer si no existe el hacedor que podría hacerlo? Una posible respuesta a esto: si te ofrecen una silla y eres capaz de sentarte (aunque tu cuerpo y mente sean ilusorios y también la silla), entonces si el Maestro interior te ofrece volver la mente hacia dentro o la autoindagación, también eres capaz. No se necesita un hacedor real (eso no existe), solo ganas de jugar a despertar. Los que juegan a despertar, despiertan. Y reconocen felizmente que nunca existieron como individuos, ni siquiera cuando creían sufrir o cuando creían jugar a despertar. Tal vez sea dificil describir este proceso/truco en palabras, pero funciona y conduce a la experiencia pura, más allá de las palabras. Si tienes intuición, ¡intúyela!

Y ahora vamos a jugar con Suzanne Segal:

Colisión con el infinito

 El caso de Suzanne Segal


Ya mencioné más arriba algunas de las fechas clave en la vida de Suzanne. Añado aquí otras:

1955: Nace Suzanne Segal.

1982: Mayo; ocurre la famosa experiencia de la parada de autobús. ¿Iluminación? ¿Trastorno de despersonalización?

1982-1992: De un psicólogo a otro, de una persona a otra y me enamoro porque me toca. Resulta curioso que tanta gente la considerara iluminada desde 1982 a pesar de que vivió estos 10 años repleta de miedos, inclinada a los amores externos, etc. 

1992-1994: Tras los muchos escarceos vividos los 10 primeros años tras la pérdida del "yo" (los años de 1982 a 1992 aproximadamente), finalmente Suzanne llega a la conclusión de que la interpretación correcta a lo que le pasa es que efectivamente está iluminada desde 1982.

1994-1996: Período "indiscutiblemente iluminada". 

1996: Escribe su libro "Colisión con el infinito". Pero después de eso, en algún momento de ese año descubrió que en realidad no estaba iluminada. Más abajo copiaremos algún testimonio traducido sobre esto.

1997: Muere de cáncer el 1 de abril. Pocos de sus seguidores llegaron a enterarse de que su "yo" finalmente volvió, y que Suzanne recobró más o menos la normalidad, tras hacer terapia sobre sus recuerdos de abusos en la infancia, tras la cual la despersonalización desapareció.

1998: Una nueva edición de su libro "Colisión con el infinito" incluye al final un añadido nuevo: un Epílogo donde se explica que sus miedos volvieron. Más abajo incluyo una traducción de casi todo ese Epílogo de la nueva edición del libro.

2017: Esto es más reciente, pero me ha parecido útil incluir también la traducción de un último testimonio que he encontrado en internet, de una amiga íntima suya que explica los últimos cambios de opinión que experimentó Suzanne con respecto a su presunta iluminación.

Por cierto, que si alguien que llegue hasta aquí se siente decepcionado o contrariado por leer en este blog que Suzanne acabó considerando que no estaba iluminada, lo siento mucho. He leído casos en internet (en inglés) de personas decepcionadas, o incluso que se niegan a admitir la posibilidad de que Suzanne no estuviese iluminada, ¡a pesar de que la propia Suzanne acabó opinando así sobre su presunta iluminación! En cualquier caso, no importa. Cada uno somos libres de tener nuestra perspectiva. Y el Ser sí está despierto eternamente y Eso somos todos como Uno. En cualquier caso, espero que algo se pueda aprender de la perspectiva compartida aquí con estos comentarios y traducciones. Por ejemplo, podemos aprender cuán fácilmente tendemos a idolatrizar, y cuán dispuestos estamos a rebajar el significado de la espiritualidad o de la iluminación, llegando incluso a aceptar las ilusiones como parte de la verdad. Considerar el sufrimiento como parte de la plenitud, es similar a considerar la separación como parte de la unión, o la ilusión como parte de la verdad (y esta última variante parece estar bastante extendida). Pero mientras aceptemos pulpo (el sufrimiento) como animal de compañía, eso tendremos: más sufrimientos, más rodeos, y más excusas, en las cuales a veces acabamos definiendo la iluminación como lo mismo que la no-iluminación. ¡Qué más da!, lo que importa es que no pongamos en cuestión al ilusorio ego...

Por fortuna todo es mucho más simple de lo que parece. Relajémonos. Pero juguemos también. Y ahora vamos a jugar un poco con la biografía y los mensajes del libro de Suzanne Segal.

Empecemos separando (¡la palabra maldita para algunos jejeje!) los períodos principales de su vida. La experiencia clave fue la famosa despersonalización sufrida en la parada de autobús en mayo de 1982. Hablemos un poco del antes de 1982. Luego pasaremos a lo que pasó en 1982, y más abajo a su vida a partir de 1982 hasta finalmente 1997 cuando fallece de un cáncer.

Antes de 1982: 

Suzanne Segal nace en 1955 y en su libro ella no menciona problemas especialmente graves en la infancia (excepto la breve mención que se hace en el Epílogo sobre los recuerdos de abusos en la infancia, recuerdos que tuvo olvidados hasta 1996, totalmente reprimidos hasta entonces. Pero ese Epílogo no lo había escrito ella; lo escribió Stephan Bodian un año después de la muerte de Suzanne).

Voy a ir recorriendo el libro por orden, comentando lo más resaltable para este post, y ocasionalmente traduciendo algunos pequeños fragmentos para comentarlos.

Collision with the Infinite comienza con un prefacio escrito por Stephan Bodian (autor también del Epílogo que se añadiría a las versiones posteriores a partir de 1998). Cuando conoció a Suzanne Segal (a principios de los años 90) Stephan Bodian era psicoterapeuta y también una persona espiritual, por ejemplo seguidor de Jean Klein, y así Suzanne fue animada a contactar con Jean Klein.

Lo más llamativo de este Prefacio es que Stephan Bodian parece exagerar acerca del despertar de Suzanne Segal. La compara con Ramana Maharshi; por ejemplo, dice (las negritas son resaltadas por mí, como en el resto de citas de este libro):

En cada época, unas pocas personas extraordinarias han aparecido para recordarnos, a través de su convicción y claridad inquebrantables, que lo que realmente somos es la incomprensibilidad misma. (...) 

Como la de Ramana, la realización de Segal ocurrió de manera abrupta, inesperadamente y sin preparación. En un momento dado ella estaba esperando un autobús, y al momento siguiente ella no era nadie. Su identidad personal como Suzanne Segal desapareció en un instante, para nunca regresar.

La parte en negrita me parece la más llamativa porque se contradice con lo que dice el libro a continuación. Suzanne describe en páginas posteriores los años en que fue seguidora de Maharishi Mahesh Yogi y su Meditación Trascendental (MT). En sus momentos más intensos, Suzanne realizaba intensas prácticas espirituales, entre meditación, pranayama, etc, que llegaban a sobrepasar incluso las 10-12 horas diarias de práctica. No me parece serio decir que Suzanne iba "sin preparación". Lo que sí es cierto es que cuando tuvo la fuerte experiencia de la parada de autobús en 1982, llevaba tiempo habiendo dejado de lado esas prácticas espirituales.

Además, de niña había estado practicando intuitivamente con su nombre como si fuera un mantra, y eso la dejaba en estados interesantes que ella disfrutaba.

Es curioso que otras veces me he encontrado con comentarios semejantes sobre otros gurús: "su despertar fue repentino y sin preparación previa; hasta ese momento no estaba interesado en espiritualidad". Y lo curioso es que a veces pude leer sus biografías y la verdad era un tanto diferente. En algunos casos sí hubo algún contacto con la espiritualidad, aunque no se le diera importancia o fuese otro tipo de espiritualidad. En otros casos se dice "despertar repentino, sin práctica" pero sin informarnos de que años antes sí se había mantenido algún tipo de práctica espiritual. Es curioso. Tal vez sea el deseo humano por facilitar la tendencia de los lectores a idealizar al gurú: es especial; su despertar fue especial; etc.

También me resulta interesante que, por lo general, la mayoría de los casos de estos despertares repentinos (los pocos sobre los que he podido seguir un poco en profundidad), aunque muchos los consideren iluminados, mi sensación al revisar sus mensajes es que no se trataba de la pura no dualidad, no era iluminación completa pues persistían algunas confusiones típicas (ya he hablado más arriba un poco sobre este tipo de confusiones).

A veces hay "despertares" espontáneos y repentinos. Sin embargo, rara vez es el despertar completo y definitivo. Son más bien tomas de conciencia, partes del camino, etapas valiosas pero no la realización final. En ocasiones, el "despertar" se originaba simplemente por haber tomado drogas psicotrópicas. Mi visión de lo que es la iluminación, como ya dije, es diferente a eso.

Por otro lado, Stephan Bodian dice: «Su identidad personal como Suzanne Segal desapareció en un instante, para nunca regresar». Por lo visto se equivocó al decir eso, pero en este caso era normal porque este prefacio (de 1996) no tuvo en cuenta los últimos meses de vida de Suzanne, en la segunda mitad de 1996 y hasta su muerte. Según la propia Suzanne (como veremos más abajo, en el Epílogo y en el testimonio final de "Java"), su opinión final sobre sí misma fue que no estaba iluminada, que se trataba de un trastorno de despersonalización (lo relacionaba con sus recuerdos recientes —recordó en 1996— de abusos en la infancia), trabajó sobre eso de un modo psicológico y finalmente su "yo" regresó, con lo que volvió más o menos a la normalidad. Aun así, era difícil ir contra corriente y decirles a los demás (que la idolatrizaban como supuesta iluminada) lo que ocurría, Lo intentó en cierta manera (como veremos en el testimonio de Java), pero su intento de comunicar el cambio final en su vida no llegó a buen puerto.

Sigamos con el Prefacio de Stephan Bodian. Fue Stephan quien tuvo gran influencia sobre Suzanne para convencerla de que su estado no era un trastorno, sino un genuino despertar espiritual. Incluso le presentó a su maestro: Jean Klein:

Cuando escuché a Suzanne describir su estado permanente de conciencia, supe inmediatamente que ella había experimentado un profundo despertar espiritual, y así se lo dije. Lo que no pude entender, sin embargo, era por qué sentía ella tanto miedo. Le propuse que le planteara sus dudas a mi maestro, Jean Klein, que casualmente estaba de visita en la zona para dar charlas de Advaita (no dualidad). 

Luego citaré algunas de las palabras que Jean Klein y otros conocidos gurús le dijeron a Suzanne, cuando lleguemos al capítulo en que ella misma cita algunas de estas conversaciones.

Los comentarios que le hizo Jean Klein la ayudaron. Sintió alivio y aprendió a convivir con su miedo. Incluso parece que idealizó el miedo: simplemente lo incorporó como normal: como parte de su iluminación. Lo veremos reflejado más adelante en las propias palabras de Suzanne, pero de momento seguimos en el prefacio y es Stephan Bodian quien describe así la situación:

Siempre creí que la presencia del miedo —que yo experimentaba a menudo y sin razón aparente— significaba que, a pesar de los años de práctica y de los numerosos insights (intuiciones, discernimientos) sobre la naturaleza del ser, yo debía de estar haciendo algo mal que me impedía integrar mis insights en mi existencia momento-a-momento. Solo con que pudiera deshacerme del miedo, razonaba, entonces sería libre. Pero cuanto más luchaba con él, tratando de respirarlo, de purgarlo o amarlo, parecía volverse más sólido y arraigado.

De lo que Suzanne me ayudó a darme cuenta es de que el miedo no significa nada, excepto que el miedo está presente. No oscurece nuestra verdadera naturaleza a menos que creamos la historia que nos cuenta o lo tomemos por lo que no es. De hecho, la conciencia infinita que es nuestra verdadera identidad contiene todo dentro de ella, incluidos todos los estados mentales y emocionales. El miedo, la ira, los celos, la tristeza y otras emociones aparentemente "negativas" están ahí también, como algas flotando sobre el océano ilimitado de nuestro ser. Simplemente no hay un yo separado al que se refieran. Después de todo, si lo infinito —que todos somos intrínsecamente— es de hecho infinito, ¿cómo podría ser de otro modo?

Suzanne se expresó de modo similar en capítulos posteriores del libro. Y por lo visto muchos piensan así, incluidos algunos gurús y escritores conocidos. En mi opinión se trata de una típica confusión en cierta etapa del camino espiritual, donde se confunde la verdadera unidad con la falsa unidad de imitación. Si aceptamos las ilusiones (miedo, ira, tristeza, sufrimiento, etc) como parte de la realidad no-dual, entonces todo se vuelve turbio. Hay quienes disfrutan de esta etapa durante años (incluso "vidas") sin notar la turbiedad, pues es una confusión muy disimulada, y si uno ya ha concluido que está iluminado, ¿qué más se puede esperar? Hasta que finalmente, en un momento u otro, en una vida u otra, uno acaba sintiéndose mal, carente, siente un chasco y vuelve a buscar la verdad que sigue más allá del velo de falsa no-dualidad con que la hemos ocultado.

«Si lo infinito —que todos somos intrínsecamente— es de hecho infinito, ¿cómo podría ser de otro modo?». Este truco nos permite autoengañarnos y concluir que ya estamos iluminados. Simplemente hemos de aceptar nuestra "realidad", "tal cual es". Pero lo que en realidad estamos haciendo es tragarnos las ilusiones. Y con ellas, tragarnos el sufrimiento, aunque lo reprimamos para perpetuar este engaño. Pero tarde o temprano, en una vida u otra, nos cansamos de sufrir, reconocemos el sufrimiento como tal y nos ponemos en camino en la dirección adecuada. Como dice Un Curso de Milagros (UCDM):

No hay nadie que no sepa de qué estamos hablando. Sin embargo, hay quienes tratan de ahogar su sufrimiento entreteniéndose en juegos para pasar el tiempo y no sentir su tristeza. Otros prefieren negar que están tristes, y no reconocen en absoluto que se están tragando las lágrimas. Hay quienes afirman incluso que esto de lo que estamos hablando son ilusiones y que no se debe considerar más que como un sueño. Sin embargo, ¿quién podría honestamente afirmar, sin ponerse a la defensiva o engañarse a sí mismo, que no sabe de lo que estamos hablando? (L.182.2)

Y de hecho, en el caso de Suzanne Segal, ella llegó a ir más allá de esta etapa (justo en sus últimos meses de vida), reconociendo el sufrimiento que había estado reprimiendo. Como dice UCDM:

El que todos acepten la Expiación es sólo cuestión de tiempo. (...) La resistencia al dolor puede ser grande, pero no es ilimitada. A la larga, todo el mundo empieza a reconocer, por muy vagamente que sea, que tiene que haber un camino mejor. A medida que este reconocimiento se arraiga más, acaba por convertirse en un punto decisivo en la vida de cada persona. (T.2.III.3.1,5-7)

Suzanne tuvo al final de su vida la honestidad de reconocer que se había estado autoengañando. Esta honestidad es un elemento importante del camino espiritual, del proceso de verdaderamente despertar.

Por cierto, que comentarios como esos que he citado de Stephan Bodian, o de Suzanne Segal y otros, son válidos, útiles e inspiradores si se utilizan en un contexto apropiado. Por ejemplo, es correcto considerar que el miedo no significa nada (pues es una ilusión), pues eso ayuda a no tomarlo demasiado en serio y así no dejarnos afectar tanto por él cuando surge. Lo negligente es cuando se confunde esa actitud sana con la iluminación. Saber lidiar con los miedos (con las emociones, o con lo "negativo" en general) sin darles importancia y sin identificarnos con ellos es una parte útil del camino espiritual. Ayuda a proseguir con el proceso de iluminación. Pero no es la iluminación en sí. Cuando hay iluminación, ya no hay miedo (ni ira, ni sufrimiento, etc), porque cuando hay luz desaparecen las ilusiones. Cuando brilla la verdad, las mentiras dejan de parecer que existen.

Volviendo al Prefacio del libro, al final de ese prefacio Stephan Bodian comenta que hacia finales de 1995 convenció a Suzanne para que aceptara reunirse con pequeños grupos de personas. Así comenzó a participar en presentaciones públicas. Ella no aceptaba (al menos formalmente) el rol de maestra, pero participaba de corazón en ese tipo de reuniones. Surgieron los seguidores. Stephan Bodian la ayudó también a sacar adelante su autobiografía (Collision with the Infinite) y a raíz de su publicación la popularidad de Suzanne aumentó, tanto que algunos se niegan incluso hoy en día a poner en duda su iluminación. Sin embargo, la propia Suzanne no solo dudó de su iluminación, sino que poco después llegó a la conclusión de que para nada era iluminación. Como ya he comentado, este tema lo tocaremos más abajo mediante el Epílogo del libro y el testimonio más reciente de su amiga "Java".

Luego del Prefacio viene la Introducción, escrita por la propia Suzanne. Es breve. En la época en que la escribió (como con el resto de este libro) ella había llegado a creer que efectivamente estaba completamente realizada, iluminada. Esto se deja sentir en sus palabras. De la introducción traduzco solamente este fragmento como muestra:

La historia que sigue es mi contribución a la versión moderna de los textos antiguos. Es un relato de los 14 años que siguieron a una ruptura completa e irrevocable de la identidad personal, una desaparición y desconexión permanente de todo lo que había llamado mi yo individual. Esta profunda transformación ha sido descrita en muchos de los textos espirituales clásicos de oriente. (...)

Habla de una transformación "permanente", aunque por lo visto al final de su vida cambió de opinión e incluso volvió a recuperar el "yo" hasta recobrar una casi normalidad. Por lo tanto, no se trata de algo tan "permanente", y por otro lado, lo que perduró durante años no era una iluminación permanente, sino una especie de confusión permante, aunque a veces disimulada o reprimida.

Es útil tomar nota de estos equívocos, porque a veces se repiten en muchos libros espirituales. Y en muchos casos, el autor de un libro no llega en esa vida a darse cuenta de la confusión. Sin embargo, lo que han escrito lo expresaron con un lenguaje confiado y contundente, como si lo supieran todo. Todo tiene su sitio y su contexto (todos estamos en el mismo barco de despertar, excepto los muy muy pocos que realmente han despertado), pero es útil que estemos más atentos por si caemos en la tentación de idealizar o idolatrizar a alguien. Muchas cosas que se enseñan son útiles, excepto que las tomemos más allá de su marco de utilidad.

En el capítulo 1, Suzanne habla de su infancia y de su juventud. Lo más reseñable de su infancia es que no menciona nada de lo que se dio cuenta después de publicar el libro (los abusos en la infancia). También es destacable como ya he mencionado antes su intuición cuando era niña, cuando a los 7 u 8 años de edad meditaba centrándose en su nombre. Cerraba sus ojos y comenzaba a repetir su nombre una y otra vez, a modo de mantram, hasta que cruzaba un umbral en que la identidad con ese nombre se rompía y la vastedad/inmensidad aparecía en su conciencia. Dice que no había una persona a la que ese nombre se refiriera; que no había ninguna identidad con ese nombre; que no había nadie. Dice que luego de eso surgía el miedo, que sus pulmones se encogían apretadamente con el agarrón del miedo. Dice que entonces se levantaba a pasear. Dice que era una experiencia aterradora para alguien de su edad.

Es curioso, porque aunque la leyenda sobre Suzanne Segal dice que su despertar de 1982 fue repentino y sin preparación previa, pareciera que ya en su infancia había vivido episodios similares. Y por sus parcas palabras no queda claro si se trataba de una experiencia espiritual genuina (es una posibilidad), o si se trataba de los primeros avisos de su posterior trastorno de despersonalización (que es la otra posibilidad y de hecho bastante probable si tenemos en cuenta que al final de su vida recordó abusos sufridos durante su infancia; tal vez esas experiencias ya en la infancia fuesen mecanismos de defensa para escapar del terrible tormento que por lo visto reprimió, pues durante la mayor parte de su vida se olvidó de lo ocurrido).

De este primer capítulo, el otro dato más destacable es su afición a la meditación en su juventud, a raíz de hacerse seguidora de Maharishi Mahesh Yogi y su Meditación Trascendental (MT). Dice que en 1973, a los 18 años de edad, empezó a meditar. En cierto momento también practicó con un mantram que le dieron en uno de los encuentros. Ella dice: «Sabía que meditaría durante el resto de mi vida». Aunque no lo cumplió (unos años después dejó de meditar) me sigue sorprendiendo que Stephan Bodian dijese en la introducción del libro que el "despertar" de Suzanne en 1982 había ocurrido sin ninguna preparación.

Al principio del capítulo 2 dice: «Por esta época yo había estado meditando durante aproximadamente ocho meses». Este segundo capítulo está centrado en su ingreso en la Meditación Trascendental (MT). Llegó a ser instruida como profesora de MT. La práctica espiritual que hacían (principalmente meditación) era intensa: 5 horas por la mañana y otras 5 por la tarde. Relata anécdotas de la convivencia durante alguno de los cursos de MT: diversos líos, posibles abusos emocionales contra algunos de los participantes, etc. Ella participó en más de un curso (de los largos; viajó a Europa para ello). Algunas ideas parecían profundas, pero posteriormente surgieron extrañas contradicciones. Por ejemplo, Maharishi les había enseñado en principio que los siddhis (poderes especiales) no debían buscarse, que eran un obstáculo para el verdadero objetivo de despertar; sin embargo, un curso posterior estaba dedicado a la adquisión de siddhis. Lo que relata resulta a la vez gracioso y sorprendente. En un momento dado había la impresión de que literalmente les iban a enseñar a volar: los condujeron a una sala toda acolchada, incluso las paredes y ventanas, como para evitar que se estrellaran al despegar. Dice que la primera reacción en los recién llegados solía ser la de reír ante la sorpresa, como pensando: ¿realmente vamos a volar? Pero los hechos posteriores fueron decepcionantes (aunque graciosos). Al final, resulta que nadie volaba, ni siquiera los veteranos más entrenados. Mientras los novatos se mantenían sentados meditando con los ojos cerrados, escuchaban ruidos grotescos a su alrededor, como de gente moviéndose que hicieran ruidos extraños: gritos, alaridos, susurros, gruñidos, risas, chillidos, gemidos. Pero cuando abrió los ojos, vio que la situación era absurda y ridícula: los veteranos hacían esos sonidos mientras saltaban (no volaban, saltaban) patosamente en posición yóguica. Suzanne lo relata así:

Pero allí estaban (los veteranos), sentados en posición de loto con los ojos cerrados, emitiendo sonidos que iban desde gritos de guerra hasta risas, dando saltos sobre las esteras de espuma, pareciendo ranas que saltaran de un nenúfar a otro. ¡Qué espectáculo!

Posteriormente las prácticas meditativas fueron aún más intensas. Cada ronda duraba unas 3 horas (entre meditación, hatha yoga y pranayama). Y posteriormente, cada ronda llegaba a durar casi 6 horas (y hacían una de estas rondas por la mañana y otra por la tarde). Suzanne se preguntaba si sería capaz de mantener ese ritmo tan intenso cuando regresara a los Estados Unidos. Por cierto, aprovecho para repetirlo una vez más: 12 horas diarias de meditación no son como para decir que ella era una persona sin ningún tipo de preparación espiritual. Por lo tanto, a pesar del comentario de Stephan Bodian en el Prefacio, parece más sensato pensar que ella había tenido bastante dedicación, por más que en los años previos a 1982 hubiese abandonado dichas prácticas.

Ya en la época en que practicaba meditación con Maharishi había comenzado el problema de Suzanne con el miedo. Maharishi le dijo que no se preocupara por el miedo, pero Suzanne señala que el miedo se volvió posteriormente (en 1982) mucho más intenso, mucho más atroz e insoportable.

También en el capítulo 2 relata sus planes de boda con su prometido Rick (otro participante de los cursos de MT), pero tras uno de los cursos (con la boda ya fijada para cuando regresaran a Estados Unidos) Rick decidió romper porque quería dedicarse de pleno a la espiritualidad. 

Ademas, Suzanne había tenido diversas decepciones con el ambiente y enseñanzas de la MT. Cerca del final del capítulo 2 comenta esto: «Los cursos de siddhis estaban empezando a pasar factura a mi paz mental». Entre unas cosas y otras, se desencantó de la MT y abandonó esa tradición, aunque durante algún tiempo siguió meditando por su cuenta.

En el capítulo 3 cuenta su viaje a París, donde conoció a Claude en 1980 y en noviembre de ese año (8 meses después de haberse conocido) se casaron. Suzanne dice que dejó completamente de meditar tras su llegada a París. Dice que se sumergieron en la vida parisina y su "culto a lo superficial". En febrero de 1982 se quedó embarazada. Dice que ella estaba poco preparada para los desafíos de un embarazo: fatiga, náuseas, etc. Acaba el capítulo 3 preparando el tema del capitulo 4, titulado como el libro, "Colisión con el infinito". Traduzco las últimas palabras del capítulo 3:

Después de aquellos primeros meses de embarazo nada volvería a ser lo mismo, ya que iba lanzada hacia una colisión con una fuerza tan misteriosa e indescriptible que nadie podría haberme preparado para su impacto. 


1982

En el primer párrafo del capítulo 4 dice:

En retrospectiva, puedo ver que el cambio radical o realidad que estaba cerca de ocurrir comenzó a darse a conocer a partir del día en que fui consciente de haber concebido.

Después sigue:

Poco después de confirmar que estaba realmente embarazada, (...) noté una sensación desconcertante. Mi cuerpo parecía estar disolviéndose, perdiendo su solidez y desintegrándose/desvaneciéndose en el aire que me rodeaba. (...) el ojo parecía ver en todas direcciones. 

Como podemos ver, esos meses previos ya estaba teniendo indicios del trastorno que se le avecinaba, el famoso acontecimiento de la "parada de autobús" en el mes de mayo de ese año, cuando perdería "definitivamente" su yo. Así que desde antes ya estaba teniendo experiencias similares, aunque temporales. Tal vez fue un proceso hasta cierto punto gradual, en este sentido.

Por cierto, que no es necesario interpretar experiencias como esa de "ver en todas direcciones" como una experiencia espiritual. Puede serlo, pero puede que no. He leído de alucinaciones y trastornos en los que suceden ese tipo de cosas (por ejemplo en el libro «Alucinaciones», de Oliver Sacks). Se sabe también de personas que tienen experiencias similares cuando se les estimula con pequeñas corrientes eléctricas en las neuronas, en el cerebro. Y también hay personas que han experimentado cosas así mediante las drogas psicotrópicas o por padecer algún trastorno que provoque alucinaciones. Hay quienes se perciben a sí mismos fuera del cuerpo, o sin cuerpo, etc.

Además, el embarazo es una época muy sensible en la que a veces, cuando hay trastornos reprimidos, pueden saltar a la luz.

En esa época sintió ya una especie de recaída (relacionada con la despersonalización), inquietante para ella porque ya no era una experiencia tan fugaz como anteriormente, sino que duraba por varios días:

La sensación de estar muy lejos se mantuvo, e iba a continuar durante varios días, así como la inequívoca percepción de que el aire estaba impregnado de una niebla brillante. Este cambio de percepción era tan angustioso que era incapaz de distraerme de lo que estaba sucediendo.

Esto son síntomas típicos descritos en ocasiones por algunas personas que padecen el trastorno de despersonalización. Es posible, incluso, que el interés principal de esta parte del libro no sea el contexto espiritual, sino el ámbito del trastorno de despersonalización, pues parece un caso bastante ilustrativo de este tema (como veremos a lo largo del extenso fragmento que voy a traducir en seguida a continuación, que constituye gran parte del capítulo 4).

Lo que Suzanne describe encaja también con un trastorno complementario: el trastorno de desrealización (el mundo parece nebuloso, irreal). Su descripción encaja muy bien con la desrealización:

Por esta época, otro cambio perceptual comenzó a manifestarse en incidentes puntuales que duraban desde varios minutos hasta varias horas. Durante estos episodios el mundo parecía ser unidimensional, como si fuera una película o decorado cortado de cartulina sin nada detrás. El paisaje parisino parecía plano, vacío, como de dibujos animados, carente de dimensión o de solidez. Además, todos los bordes distinguibles que anteriormente habían delimitado la separación entre las cosas asumieron una liquidez difusa sin una delineación clara, fluyendo juntos en un movimiento como el del océano. Objetos que previamente parecían estables ahora parecían ser más grandes y lejanos (...). Cada vez que sucedían estos cambios, inmediatamente brotaba el terror y no se iba, e incluso aumentaba mientras la experiencia duraba.

No tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo. (...) Fui incapaz de detectar qué era lo que provocaba estos cambios. Era un completo misterio. Y el misterio estaba a punto de intensificarse por mil veces.

Y llegamos al momento estelar de 1982, el que muchos parecen haber confundido con su iluminación (voy a incluir un trozo bien largo para poder hacernos una buena idea de lo sucedido ese día):

Mayo de 1982 - El suceso repentino en la parada de autobús

Fue en la primavera cuando ocurrió. (...) Era la primera semana de mi cuarto mes de embarazo, y recién comenzaba a sentir los más suaves y pequeños movimientos de mi hija moviéndose, como si me estuvieran rozando con una pluma desde dentro. El mes era mayo, y el sol me acariciaba cálidamente la cara y la cabeza mientras yo estaba esperando en la parada de autobús en la Avenida de la Grande Armée. (...) 

No iba con su marido, sino que iba sola, de regreso a casa, en París. Estaba esperando el autobús junto con las personas desconocidas que estaban también en la misma parada de autobús. 

Cuando el autobús se acercaba nos fuimos juntando en su espera, cerca del bordillo. El autobús se detuvo en seco, expulsando el olor acre de los gases de escape y a caucho caliente que se mezclaba con el aire cálido de la primavera.

Cuando ocupé mi lugar en la cola, de repente sentí que mis oídos se bloqueaban como cuando cambia la presión dentro de un avión mientras desciende. Me sentí aislada de la escena que tenía ante mí, como si estuviera encerrada en una burbuja, incapaz de actuar excepto de la manera más automática. Levanté el pie derecho para subir al autobús y choqué frontalmente con una fuerza invisible que irrumpió en mi conciencia como una silenciosa explosión de dinamita, haciendo estallar la puerta de mi conciencia habitual, que quedó abierta y sin bisagras, dejándome dividida en dos. (Nótese que esto, más que una experiencia de unión, se parece más bien a una de separación y división, lo que en psicología se llama disociación) En el espacio abierto que apareció, lo que previamente había llamado "yo" fue forzado a salir de su ubicación habitual dentro de mí hasta situarse en una nueva localización que estaba aproximadamente un pie detrás y hacia la izquierda de mi cabeza. "Yo" estaba ahora detrás de mi cuerpo, mirando el mundo sin usar los ojos del cuerpo.

Desde una posición no-localizada situada en algún lugar detrás y a la izquierda, podía ver mi cuerpo situado en frente y muy muy lejos. Todas las señales del cuerpo parecían requerir mucho tiempo antes de ser recogidas en este lugar no-localizado, como con la luz procedente de una estrella distante. Aterrorizada, miré a mi alrededor, preguntándome si alguien más había notado algo. Todos los demás pasajeros tomaban tranquilamente sus asientos, y el conductor del autobús me estaba indicando que colocara mi ticket amarillo en la máquina para que pudiéramos partir. 

Sacudí mi cabeza unas cuantas veces, con la esperanza de que mi conciencia volviera a su sitio, pero nada cambió. Me sentí desde lejos mientras mis dedos hurgaban a tientas para meter el ticket en la ranura y avancé por el pasillo en busca de asiento. Me senté junto a una mujer mayor con la que había estado charlando en la parada de autobús e intenté proseguir nuestra conversación. Mi mente se había detenido por completo tras el shock de la abrupta colisión con lo que quiera que fuese que había desalojado/dislocado mi realidad anterior.

Aunque mi voz seguía sonando coherentemente, me sentía completamente desconectada de ella. El rostro de la mujer que estaba a mi lado parecía estar muy lejos, y el aire entre nosotros parecía brumoso, como si estuviera empapado de una sopa espesa y luminosa. Ella se volvió un momento para mirar por la ventana, luego levantó la mano para estirar del cordón que avisaba al conductor del autobús para que la dejara en la siguiente parada. Cuando se levantó, me deslicé a su asiento junto a la ventana y me despedí de ella con una sonrisa. Podía sentir el sudor rodando por mis brazos y cayendo sobre mi cara. Estaba aterrada.

El autobús llegó a mi parada en la calle Lecourbe y me bajé. Mientras caminaba las tres manzanas hacia mi casa, intenté volver a juntarme en una sola pieza centrándome en mi cuerpo y queriendo regresar a él —donde pensaba que pertenecía— para recuperar la sensación previamente normal de ver a través de los ojos del cuerpo, hablar a través de la boca del cuerpo, y escuchar a través de las orejas del cuerpo. La fuerza de voluntad falló miserablemente. En lugar de percibir a través de los sentidos físicos, ahora estaba flotando detrás del cuerpo como una boya en el mar. Desconectada de la solidez sensorial, separada del cuerpo y siendo testigo de él desde una inmensa distancia, caminé calle abajo como una nube de conciencia que iba siguiendo a un cuerpo que me resultaba simultáneamente familiar y ajeno. Había un apego incomprensible hacia ese cuerpo, aunque ya no lo sentía como "mío". Seguía enviando señales de sus percepciones sensoriales, pero cómo o dónde esas señales estaban siendo recibidas era algo más allá de la comprensión.

Incapaz de dar sentido a este estado, la mente alternaba entre correr frenéticamente (en un intento de hacer volver al "yo" a su sitio y que volviera a estar junto) y cerrarse por completo, dejando solo el zumbido vacío del espacio reverberando en los oídos. El testigo era absolutamente distinto de la mente, el cuerpo y las emociones, y la posición en que se encontraba, detrás y a la izquierda de la cabeza, permanecía constante. La profunda distancia que había entre el testigo por un lado, y la mente, cuerpo y emociones por el otro, parecía despertar pánico en sí misma, debido a la sensación de estar tan tenuemente atada a la existencia física. En este estado de testigo, la existencia física se experimentaba como que estaba al borde de la disolución, y (lo físico) respondía evocando un miedo a la aniquilación de proporciones gigantescas.

Cuando entré en mi apartamento, Claude levantó la vista de su libro para saludarme y preguntarme qué tal había ido el día. El terror no fue inmediatamente obvio para él, lo que me resultó extrañamente tranquilizador. Lo saludé con calma como si no pasara nada, hablándole del cursillo de la clínica (ella había asistido a algún cursillo sobre consejos para el embarazo) y mostrándole el nuevo libro que había comprado en la librería estadounidense de camino a casa. No había forma concebible de explicarle nada de esto, así que ni siquiera lo intenté. El terror crecía rápidamente y el cuerpo estaba aterrorizado, con el sudor cayendo a chorros por los costados, las manos frías y temblorosas, el corazón latiendo furiosamente. La mente hizo clic para entrar en modo de supervivencia y comenzó a buscar distracciones. Tal vez si tomaba un baño o echara una siesta, o comía algo, o leía un libro, o llamara a alguien por teléfono.

Todo el asunto era una pesadilla de no creer. La mente (ya ni siquiera podía llamarla "mi" mente) intentaba dar una explicación para este suceso claramente inexplicable. El cuerpo se conmovió pasando del terror a un horror frenético, dando lugar a un agotamiento físico tan absoluto que dormir se convirtió en la única opción posible. Tras decirle a Claude que no quería ser molestada, me acosté en la cama y caí en lo que pensé que sería la bienvenida al olvido del sueño. El sueño llegó, pero el testigo continuó, siendo testigo del dormir desde su posición tras el cuerpo. Esta fue la experiencia más extraña. La mente estaba definitivamente dormida, pero algo estaba simultáneamente despierto.

En el momento en que los ojos se abrieron a la mañana siguiente, la mente estalló de preocupación. ¿Es esto locura? ¿Psicosis? ¿Esquizofrenia? ¿Es esto lo que la gente llama un colapso nervioso? ¿Depresión? ¿Qué había pasado? ¿Y alguna vez se detendría? Claude empezó a notar mi agitación y por lo visto estaba esperando una explicación. Intenté contarle lo que había sucedido el día anterior, pero yo estaba demasiado lejos como para poder hablar. El testigo parecía ser el lugar donde se encontraba el "yo", lo cual dejaba el cuerpo, la mente y las emociones vacíos de una persona. Era sorprendente que todas esas funciones continuaran operando en absoluto. No hubo explicación para Claude en esta ocasión, y por una vez me alegré de que él fuera el tipo de persona que no insistía en que siguiéramos hablando de un tema que yo no quería seguir.

La mente estaba tan abrumada por su incapacidad para comprender el estado actual de existencia que no conseguía distraerse. Se mantenía fija en los incomprensibles e incontestables dilemas que se generaban en una corriente ininterrumpida de este estado de conciencia testigo. Había la sensación de estar en una especie de filo, un límite entre lo existente y lo no existente, y la mente creía que si no mantenía el pensamiento de la existencia, la existencia misma cesaría. (...) La mente estaba en agonía (...).

Surgió el pensamiento de que tal vez esta experiencia de testigo fuese el estado de Conciencia Cósmica que Maharishi había descrito hacía años como la primera etapa de la conciencia despierta. Pero la mente descartó instantáneamente esta posibilidad porque parecía imposible que el reino del infierno que yo estaba experimentando tuviera nada que ver con la Conciencia Cósmica.

El resto de 1982

La conciencia-testigo persistió durante meses, y cada momento era insoportable. Vivir al borde de la disolución durante semanas es increíblemente estresante, y el único respiro era el olvido del sueño en el que me sumergía durante el mayor tiempo posible. Al dormir, la mente finalmente dejaba de bombear su incesante letanía de terror, y el testigo solamente daba testimonio de una mente inconsciente.

Después de meses con esta desconcertante conciencia de testigo, algo cambió una vez más: el testigo desapareció. Este nuevo estado era mucho más desconcertante, y por consiguiente más aterrador, que la experiencia de los meses anteriores. Uno podría imaginar que un gran peso se habría levantado cuando el testigo desapareció, pero sucedió todo lo contrario. La desaparición del testigo significó la desaparición de los últimos vestigios de la experiencia de identidad personal. El testigo tenía al menos una ubicación para un "yo", aunque distante. En la disolución del testigo literalmente no había la experiencia de ningún yo en absoluto. La experiencia de la identidad personal se apagó y nunca volvería a aparecer.

(Recordemos que este libro lo escribió en la primera parte de 1996. En la segunda parte de 1996, como veremos más abajo, parece que las cosas cambiaron e incluso su "yo" volvió).

El yo personal había desaparecido, sin embargo aquí había un cuerpo y una mente que todavía existían, aunque vacíos sin nadie que los ocupara. La experiencia de vivir sin una identidad personal, sin una experiencia de ser alguien, un "yo" o un "mí", es extremadamente difícil de describir, pero es absolutamente inconfundible. No se puede confundir con tener un mal día, contraer la gripe o sentirse molesto, enojado o grogui. Cuando el yo personal desaparece, no hay nada dentro que pueda ser localizado como tú. El cuerpo es solo un contorno, una silueta vacía de todo aquello que previamente lo había hecho sentir tan lleno.

La mente, el cuerpo y las emociones ya no se referían a nadie —no había nadie que pensara, nadie que sintiera, nadie que percibiera. Sin embargo la mente, el cuerpo y las emociones continuaron funcionando intactos; aparentemente no necesitaban un "yo" para seguir haciendo lo que siempre hacían. Pensar, sentir, percibir, hablar, todo continuaba como antes, funcionando con una suavidad que no daba ninguna indicación del vacío que había tras ellos. Nadie sospechaba que se hubiera producido un cambio tan radical. Todas las conversaciones se llevaban a cabo como antes; el lenguaje se usaba de la misma manera. Se podían plantear y responder preguntas, conducir vehículos, cocinar comidas, leer libros, responder a las llamadas telefónicas y escribir cartas. Todo parecía completamente normal desde fuera, como si la misma vieja Suzanne estuviera haciendo su vida como siempre.

Intentando comprender lo que había ocurrido, la mente empezó a trabajar horas extra, generando interminables preguntas, todas incontestables. ¿Quién pensó? ¿Quién sintió? ¿Quién tenía miedo? ¿Con quién hablaban las personas cuando me hablaban? ¿A quién estaban mirando? ¿Por qué había un reflejo en el espejo, dado que no había nadie ahí? ¿Por qué estos ojos se abrían por la mañana? ¿Por qué este cuerpo continuaba? ¿Quién estaba viviendo? La vida se convirtió en un largo e ininterrumpido koan, por siempre irresoluble, completamente fuera del alcance de la capacidad de la mente para comprender.

Los momentos más extraños ocurrían cuando se hacía referencia a mi nombre. Si tenía que escribirlo en un cheque o firmar una carta, me quedaba mirando las letras sobre el papel y la mente se inundaba de perplejidad. El nombre no se refería a nadie. Ya no había una Suzanne Segal; quizás nunca la había habido. Hay un giro hacia dentro que ocurre cuando la mente busca información interna, ya sea sobre sentimientos, pensamientos, la conexión a un nombre o la experiencia interna de cualquier tipo que sea. Esto generalmente se conoce como introspección. Sin un yo personal, el "dentro" o lo interior no existía. El movimiento de la mente girando hacia dentro se convirtió en la experiencia más extraña cuando una y otra vez encontraba un vacío total donde previamente había encontrado un objeto para percibir, un concepto de "yo".

Cuanto más desconcertada se volvía la mente, mayor era el miedo. Por esta época, el cuerpo se había encerrado en una cancha de terror que generaba una sudoración copiosa y temblores continuos en las extremidades. Mi ropa estaba constantemente húmeda del sudor, y había que colgar las sábanas de la cama todas las mañanas para que se secaran. Lo peor de todo, simultáneo con el cese de la identidad personal, era que la experiencia del dormir había cambiado radicalmente, dejándome sin escapatoria de la conciencia constante de vacío del yo. Dormir y soñar no contenían ahora la conciencia de nadie que durmiera o soñara, del mismo modo que el estado de la conciencia de vigilia contenía la conciencia de que no había nadie que estuviera despierto.

A continuación sigue relatando los hechos que siguieron: finalmente, meses después del fatídico día de "la colisión de la parada de autobús", finalmente le contó a su marido Claude lo que ocurría. Pronto visitó al primer psicólogo (o en este caso, concretamente un psiquiatra) de una larga lista de psicólogos y psiquiatras que iría visitando a lo largo de los años siguientes.

Al visitar al primer psiquiatra, cuenta que:

Le hablé del terror que nunca se detenía y de cómo no había nadie que sintiera el terror, a pesar de que el cuerpo y la mente seguían generándolo.

Pero este primer psiquiatra ni siquiera reconoció los síntomas del trastorno de despersonalización (puede que ni siquiera supiera de la existencia de este trastorno, pues en esa época era tan raro que pocos psicólogos y psiquiatras estaban al tanto de tal tipo de trastorno).

Luego viajó de París a Estados Unidos junto a su marido (todavía embarazada), con la esperanza de que ver a su familia podría hacerla volver en sí. No dio resultado. Cuando habló con uno de sus hermanos:

Me dijo que él ocasionalmente tenía una experiencia similar, que él describía como "espaciosidad", en la que era incapaz de relacionarse con tener un cuerpo o sentir que estuviera realmente allí.

Cuando llegó su otro hermano y hablaron, él recomendó a Suzanne que visitara a su propio terapeuta, y a ella le pareció buena idea probar suerte. Dice que visitar a un psicoterapeuta y describirle la cesación de la identidad personal fue una experiencia que repitió muchas veces a lo largo de los siguientes diez años. No obtuvo resultados. (Aunque aquí podríamos hacer una reflexión, que es que ella presentó fuerte resistencia a varios de los psicoterapeutas que visitó, abandonándolos repentinamente cuando algo no iba como a ella le parecía oportuno. Rechazó incluso a los que sí conocían el trastorno de despersonalización, especialmente a los que podían ayudarla a tomar conciencia de los traumas reprimidos. Parece que en sus últimos meses de vida, Suzanne pensó de manera similar: que se había equivocado al rechazar algunas de estas ayudas, precisamente por el miedo a desvelar los recuerdos de abusos en la infancia que tenía tan profundamente reprimidos).

Luego volvieron a París. Allí se acordó de un psiquiatra que había conocido hacía años y que era seguidor del gurú Meher Baba. Le llamó por teléfono y le describió su experiencia, rogándole que la ayudara a entender lo que estaba pasando y la tranquilizara. Él escuchó atentamente y, para sorpresa de Suzanne, la felicitó:

«¡Qué maravilloso!», exclamó. «La gente pasa años en cuevas tratando de obtener esta experiencia. ¡Con una experiencia así, en todas partes te van a condecorar con estrellas de oro de conciencia!».

«Pero Alan», me quejé, «no lo entiendes. Esto no podría ser un despertar espiritual. Esto es horrible. Quiero que se vaya. Estoy aterrada, y quiero volver a ser como era antes».

«Toma el nombre de Baba y repítelo», dijo. «Las cosas mejorarán».

Me aseguró que esto no era de ninguna manera un estado patológico, que no debería preocuparme, que se trataba verdaderamente de una experiencia espiritual muy codiciada. Pero me fue imposible creerle, porque cada una de las ideas que había adquirido a lo largo de los años sobre el desarrollo espiritual se basaba únicamente en las nociones de dicha y éxtasis. Parecía inconcebible que una experiencia espiritual genuina pudiera ser tan horrible como el estado en el que me encontraba.

«Si las personas pasan años en cuevas tratando de lograr esto», le dije, «entonces están locas».

Eso era todavía 1982. Diez años después, hacia 1992, Suzanne acabó dejándose convencer por este tipo de postura, como veremos más abajo. Y así acabó considerándose tal como otros también la consideraban: completamente realizada, iluminada. Esa postura parece que la mantuvo aproximadamente entre 1992 y 1996. También en 1996 fue cuando publicó el libro en el que cuenta todo esto (Colisión con el infinito). Como veremos también más abajo, fue también en 1996, pero en la segunda parte de ese año, cuando de nuevo le vinieron dudas y finalmente llegó a la conclusión de que no estaba iluminada (a pesar de que un puñado de conocidos gurús habían confirmado su iluminación).

Volviendo a 1982, lo más relevante que queda de este año es que en noviembre dio a luz a su hija Arielle.

A partir de 1982 (1983-1992)

Suzanne pasó una década sufriente en la que seguía desconcertada, saltando de psicólogo en psicólogo, sin que el miedo y la perplejidad desaparecieran. Cuando su hija tenía 8 meses (alrededor de julio de 1983) se dio cuenta —dice— de que era hora de abandonar París. Aunque siguieron en París unos meses, finalmente en 1984 se establecieron en Estados Unidos. A la larga se rompería su matrimonio. Este período lo relata en el capítulo 5 del libro. Ahí dice:

En la primavera de 1984, casi dos años después de que comenzara la experiencia del no-yo, nos fuimos de París y volvimos a la región de Chicago porque esperaba que vivir en un entorno familiar fuera de ayuda para calmar el miedo. Pero no fue así.

Suzanne seguía con miedo, sin felicidad, llena de confusión, y esa confusión parecía reflejarse en los acontecimientos de su vida. Se separó de su marido, luego conoció a un maestro espiritual canadiense del que se decía que estaba iluminado, perteneciente a la rama de la Meditación Trascendental. Este maestro le dijo que ella era muy especial, que fuera a Canadá a estar con él en su grupo, etc. A Suzanne le pareció interesante y allá se fue, y aunque se enamoró de otro de los integrantes de la secta (y fue mutuo, pues él también se fijó en ella), finalmente la cosa salió bastante desagradable. Por lo visto, las proyecciones psicológicas de esa gente eran todavía más descabelladas que las de la propia Suzanne y la cosa acabó mal cuando ella les habló de su constante experiencia sin-yo, con el jefe de la secta (el "iluminado" que la había invitado y que la había considerado "especial") asustado y considerando que Suzanne era poco menos que el demonio, siendo expulsada sin contemplaciones y añadiéndole el motivo de "ser judía" (para ese entonces el iluminado que dirigía la secta había llegado a la conclusión de que los judíos eran malos). Pero el motivo principal del miedo a Suzanne que sentía el líder de la secta era que se había sentido "raro" después de que una noche Suzanne les había hablado de su experiencia de despersonalización. Y el tipo aquel creyó que ella le había atacado o hecho algo para afectarle y despersonalizarle a él o algo por el estilo, deduzco. La guinda de esta anécdota desgraciada es que también la rechazó el tipo con el que se llevaba tan bien. Aunque habían estado enamorados, aquel tipo la rechazó sin titubear a partir de que le informaron de que el gurú de la secta había determinado que Suzanne era mala y que la expulsaba del grupo. En fin, cosas que pasan cuando en un grupo hay proyecciones tan intensas y alguien con poder para decidir en nombre de todos qué se hace.

También por esas fechas Suzanne se enteró de que su padre había fallecido (había sufrido Alzheimer durante muchos años y no reconocía a nadie; Suzanne no le había visto normal desde que ella era joven, antes de su primer matrimonio en París).

En el capítulo 6 del libro Suzanne nos relata sus siguientes experiencias con la psicoterapia. El primer psiquiatra al que visitó tras el chasco de la secta fue un momento relevante, porque ese psiquiatra sí conocía el trastorno de despersonalización. Fue la primera vez que a Suzanne le hablaron de ese trastorno (en 1986). A Suzanne le sentó bien esa noticia. Parece que sintió un cierto grado de alivio al saber que no era algo que sufriera ella sola, sino un trastorno conocido y del que había esperanzas de curación. A los tres meses, Suzanne comenta que notó que este psiquiatra comenzó a dirigirse a ella de otra manera, con más intimidad... contando detalles de su vida... algunas insinuaciones... Y Suzanne, que estaba encantada con haber conocido por fin a alguien que había reconocido su problema, se sintió muy inclinada hacia él. En fin, que se enamoraron... o más o menos.

Incluyo aquí un fragmento de la conversación en que Suzanne supo por primera vez de la existencia de un trastorno llamado "de despersonalización":

«Se llama trastorno de despersonalización», dijo (el psiquiatra), sin cambiar su expresión. «Es común que las personas tengan esta experiencia tras sufrir un shock profundo, como cuando muere alguien a quien aman, o cuando escuchan noticias muy malas, o incluso cuando sucede algo abrumadoramente positivo, como ganar la lotería. Generalmente aparece y desaparece a las pocas horas, o en algunos días como mucho. Francamente, nunca he escuchado que dure tanto tiempo como en tu caso. Pero estoy seguro de que se trata de eso y de que puedo ayudarte con ello».

«¿Ayudar a que se vaya?», le pregunté.

«Sí», contestó. «Debería desaparecer con el tiempo si podemos ayudarte a descubrir cuál fue el intenso shock que lo originó. Puede haber sido algo ocurrido hace mucho tiempo en tu infancia, o algo más reciente que sucediera por ejemplo en París. Pero si cuando hablemos sobre tu pasado conseguimos llegar a la raíz de esto, el trastorno debería detenerse. Evidentemente puede requerir algo de tiempo. Es difícil saber cuánto».

Cinco meses después de haber empezado la terapia, este psiquiatra dio por terminada la relación terapéutica (interrumpiéndola antes de haber obtenido resultados) y le dijo que quería comenzar con ella una relación de pareja, en vez de ser su terapeuta. Suzanne aceptó e iniciaron una relación romántica que duró 6 meses. Acabó de hecho con algunos malentendidos: ella había dejado de hablarle de su despersonalización (ya que ahora él no era su terapeuta, sino su pareja) y él pensó que Suzanne estaba curada. Al final de la relación Suzanne le dejó las cosas claras (la despersonalización continuaba) y pusieron fin abruptamente a la relación. Ella buscaría nuevos terapeutas. Haber conocido a este, sin embargo, le había servido en varios aspectos: por un lado le sentó bien saber sobre el trastorno de despersonalización, pues fue un alivio para ella saber que su experiencia no era algo desconocido: ese trastorno tenía un nombre, y le sucedía a otras personas también. Por otro lado, a raíz de esta relación Suzanne se interesó intensamente en aprender sobre psicología (al cabo de los años acabaría convirtiéndose ella misma en psicoterapeuta). Suzanne dice que tras su relación con aquel psiquiatra empezó a dedicar tiempo a leer sobre trastornos disociativos, incluidas la despersonalización, la desrealización y la disociación. Ella seguía con dudas, sin tener claro si pudiera tratarse de eso llamado trastorno de despersonalización, o si por el contrario fuese algo espiritual. Comenta que de vez en cuando le venían fugaces recuerdos de lo que le había dicho una de las personas que ya hemos mencionado más arriba: quien le dijo que lo suyo era una experiencia espiritual maravillosa que muchos buscan y desean: gente meditando en cuevas para alcanzar ese estado, etc. Poco a poco, Suzanne fue inclinándose hacia esa hipótesis espiritual. Pensó que la siguiente vez que consultara a alguien, sería conveniente que fuese alguien con algún nexo con la espiritualidad. Encontró a Sam, un terapeuta que tenía preparación tanto en el ámbito de la psicología clínica como en el de la psicología transpersonal (la versión espiritual de la psicología). Concertó una cita y se conocieron.

Tras escucharla, Sam le dijo que veía dos posibilidades para su experiencia: una opción era que se tratara de una experiencia espiritual (como las de apertura del séptimo chakra), y la opción alternativa era que se tratase de un estado disociado de conciencia (un trastorno) mediante el cual Suzanne estaría intentando huir de la realidad (por ejemplo, huir de recordar la triste realidad de una infancia con abusos de algún tipo). Suzanne le preguntó que esas dos posibilidades no le servirían de mucho a menos que él pudiera determinar cuál de las dos posibilidades era la correcta. Sam contestó que determinar eso no era una tarea fácil, pero que si empezaban a trabajar juntos, durante las sesiones de terapia podría acabar resultando obvio cuál de las dos posibilidades era la acertada.

Suzanne dice que pasó 3 años teniendo sesiones de terapia con Sam, analizando y desenterrando recuerdos y sentimientos de la infancia. Pero pronto quedó claro que Sam se decantaba por una de esas dos posibilidades respecto a la experiencia de Suzanne:

Pronto durante el tratamiento, Sam descartó la posibilidad de que se tratara de una experiencia espiritual, y procedimos con la suposición (no declarada explícitamente) de que el no-yo era un estado en el que yo había entrado, en palabras de Sam, «para escapar de mis sentimientos de miedo, de la tristeza y de otras emociones difíciles». Era, en otras palabras, un mecanismo de defensa, una estrategia psicológica para la supervivencia.

Finalmente, parece que Suzanne se resistió a la terapia, que acabó abruptamente con una especie de discusión y diversos malentendidos. Al leer esta parte del libro resulta difícil deducir cuánta parte de responsabilidad tuvo Suzanne y cuánta Sam. Parece que Suzanne proyectó sus miedos sobre él. Y tal vez él también proyectó sobre ella, o puede que no supiera manejar convenientemente un fenómeno psicológico llamado contratransferencia. Me da la impresión de que durante estos años de 1982-1992 nunca estuvo Suzanne tan cerca de llegar al meollo de su problema, y que probablemente se resistió a profundizar en ese tipo de terapia por miedo a seguir excarvando en sus recuerdos de la infancia. Deduzco esto por lo que pasó en los meses finales de su vida, cuando por fin logró poner en práctica una terapia que finalmente funcionó, y que fue similar a esta que le propuso Sam.

En fin, que tuvieron algunos desencuentros, discutieron, Sam habló de un presunto deseo inconsciente de Suzanne de sentirse especial, incluso de haberle utilizado para sus propósitos de sentirse especial. Ella, por su parte, se enfadó con Sam, le acusó de no saber realmente adónde conducir la terapia, y en un arranque de ira, Suzanne se largó para no volver a verse jamás. Quién sabe qué podía haber sucedido de haber continuado con la terapia. Por otro lado, tal vez este psicoterapeuta no fuese del todo el idóneo. Quién sabe.

En cualquier caso, Suzanne abandonó con cierta brusquedad a este terapeuta. Y no sería la última vez en reaccionar así. A los dos siguientes terapeutas también los abandonó abruptamente. El primero de ellos era una psicóloga clínica, a la que también dejó tras ciertas confrontaciones. Parece ser que Suzanne ya había elegido cuál enfoque quería que fuera cierto (la teoría espiritual), por lo que se enfadaba cuando los terapeutas le hablaban de la otra explicación posible: el trastorno. Y tarde o temprano, Suzanne abandonaba la psicoterapia. Al final de su vida, ella misma se dio cuenta de que sus miedos la habían impulsado a abandonar los enfoques que abordaban adecuadamente su problema. Esto se conoce como resistencia, y es una manera que tiene el ego de protegerse (incluso montando un "espectáculo" de experimentar una ausencia aparente de ego, el no-yo). Parece ser que en aquellos años (1982-1992) Suzanne se asustaba cuando se abordaba demasiado seriamente el origen de su experiencia (recuerdos de la infancia, escarbar en el sistema del ego, etc), o se enfadaba y entonces interrumpía la terapia (lo cual sería una huida, otro truco del ego).

Suzanne se sentía atacada (y por eso reaccionaba frecuentemente con ira o con miedo y cortaba las terapias). Por ejemplo, cuando un terapeuta avanzaba claramente por el asunto del trastorno de despersonalización, ella sentía que se la estaba patologizando innecesariamente. Por lo tanto, el camino estaba aplanado para lanzarse al otro enfoque, la teoría de que su experiencia era una experiencia espiritual, incluso una de iluminación.

Y precisamente es en ese enfoque en el que se centra el resto de capítulos que escribió, a partir del capítulo 7 del libro.


1992 y los años posteriores

Suzanne comienza el capítulo 7 recapitulando brevemente sobre los 10 años anteriores:

Ya había transcurrrido una década (1982-1992) desde que el punto de referencia personal había desaparecido, una década dedicada a intentar comprender lo sucedido mientras al mismo tiempo estaba atormentada por el miedo.

Luego viene un párrafo donde nos deja entrever su actitud, donde podemos ver que a estas alturas ella ya ha decidido cuál enfoque va a considerar el correcto para tratar de explicar su experiencia:

Aunque bien intencionados, todos los terapeutas con los que hablé estaban aprisionados por sus ideas sobre cómo debe interpretarse la vida y eran incapaces de estar abiertos a la posibilidad de que la realidad pudiera experimentarse de muchas maneras diferentes. Al fin y al cabo, ninguno estaba dispuesto a admitir que simplemente no sabían.

Me parece que el anterior párrafo es un claro ejemplo de proyección. No podríamos saber esto por leer el párrafo en sí aisladamente, pero si tenemos en cuenta la información que Suzanne ya nos ha dado anteriormente a lo largo del libro, da la impresión de que está describiéndose a sí misma pero proyectando sus "acusaciones" sobre los demás. Independientemente de que haya parte de razón en lo que dice, parece que ella exagera: dice que "todos" los terapeutas estaban aprisionados por sus creencias, que eran "incapaces de estar abiertos", que "ninguno" estaba dispuesto a admitir que estaban equivocados... todo ello podría aplicarse igualmente a Suzanne.

Sabemos que ella exagera porque ella misma nos informó en el capítulo anterior sobre Sam, un terapeuta que escapa a esa crítica: Sam estaba familiarizado con la psicología transpersonal (espiritual), por lo tanto estaba abierto a la posibilidad de ese otro modo de ver las cosas, ¡de hecho al principio de la terapia le había hablado a Suzanne de las dos posibilidades! Sam tuvo en cuenta ambas opciones, y aunque finalmente se decantó por una de ellas (la que Suzanne no quería), no por ello parece que podamos acusarle de no estar abierto a otros enfoques (¡él mismo propuso el otro enfoque como igualmente posible, al principio, antes de investigar más a fondo el caso concreto de Suzanne!). Por lo tanto, no es cierto que todos los terapeutas que ella conoció fueran cerrados de mente. Es posible que fuese la propia Suzanne (independientemente de que muchos terapeutas también) la que debido al miedo era incapaz de abrirse del todo a la posibilidad de la terapia clínica, y por lo tanto, es posible que también Suzanne estuviera incurriendo en lo que señalaba a otros: no estar dispuesta a admitir que simplemente no sabía con certeza cuál enfoque era el correcto.

Se deduce, pues, que aquí Suzanne ya tenía claro a cuál caballo apostaría. El resto era cuestión de tiempo. Pronto empezó a volcarse a leer libros espirituales y a escuchar con gusto a todo aquel que reforzara con sus palabras la teoría de que su experiencia era muy espiritual y un resultado de su iluminación.

En la primavera de 1992, un año después de terminar la escuela de postgrado (esto se refiere a cuando consiguió el título de psicóloga o terapeuta de algún tipo), empecé a buscar una perspectiva espiritual en referencia al vacío de un yo personal. Leía vorazmente, merodeando por las librerías incesantemente en busca de cualquier cosa que pudiera arrojar luz sobre mi experiencia. Estos esfuerzos dieron generosos resultados cuando descubrí el budismo. Había volúmenes enteros escritos sobre anatta (no-ser) y shunyata (vacío), páginas y páginas dedicadas a describir, debatir e investigar la experiencia con la que había vivido durante los diez últimos años.

Leí todo lo que pude encontrar. Era sorprendente que, hasta ese momento, en los años previos no hubiera descubierto nunca nada de este material. Me llamó especialmente la atención el siguiente pasaje del Dalai Lama: «La ausencia de yo (no-yo) no se refiere a que algo que existió en el pasado se vuelve ahora inexistente. Se refiere a que este tipo de "yo" es algo que nunca existió».

Descubrí que en los círculos budistas uno no se encuentra con miradas de confusión y horror al describir el no-yo. De hecho, me daba la impresión de que mi experiencia no solo se consideraba positiva, sino que se consideraba el objetivo de cada persona que se embarca en el camino budista.

Un aspecto de mi experiencia que el budismo fue particularmente útil para explicar era que aunque la identidad individual se había esfumado, todas las funciones de la personalidad permanecían completamente intactas. Ahora, sin embargo, esas funciones flotaban en una vastedad/inmensidad que no se refería a nadie. Seguían ocurriendo las mismas experiencias cotidianas, solo que no había un yo a quien le estuvieran ocurriendo. Y las respuestas apropiadas simplemente ocurrían también, surgiendo de sí mismas y luego desvaneciéndose en sí mismas. Todo aparecía y desaparecía en la amplia pantalla del infinito: interacciones, emociones, conversaciones, acciones de todo tipo. Sin un yo individual que dirigiera la acción o el discurso.

Como ya mencioné en la parte introductoria de este post (en el apartado B), unas mismas frases espirituales pueden interpretarse de maneras diferentes según el sistema conceptual que maneje cada lector. Las palabras que escribe Suzanne Segal en el último párrafo que hemos citado son palabras válidas también para la verdadera iluminación. El problema es que Suzanne aplicaba tales palabras no a un caso de iluminación real, sino al suyo, de modo que estaba proyectando ese tipo de significados para aplicarlos a su trastorno de despersonalización. Esto es similar a por ejemplo leer las palabras "el iluminado es felicidad", y que entonces alguien borracho aplique esas mismas palabras pero refiriéndose a su propia experiencia, confundiéndola con la iluminación: «Como me siento feliz con esta borrachera, estoy iluminado. Y lo confirmo: "el iluminado es felicidad". ¡Yo mismo soy la prueba!».

Y eso es lo que ocurre con muchos de los mensajes que dejó escritos Suzanne. No todo eran equivocaciones. Había también muchos aciertos y no es de extrañar que muchas de las cosas que escribió resultaran inspiradoras a muchas personas. En verdad son mensajes inspiradores. Luego están esos otros mensajes más confusos, como los de justificar el miedo con la excusa de que la iluminación no significa que no haya miedo, etc.

Poco a poco Suzanne nos va presentando su sistema de pensamiento sobre el tema: 

La ausencia de miedo es considerada como una de las señales de un despertar espiritual válido. Junto con el amor infinito, la dicha, la alegría y el éxtasis, la ausencia de miedo se considera uno de los marcadores indiscutibles de una vida iluminada. (...)

Nos hemos convencido de que la presencia de determinados pensamientos, sentimientos y acciones es la única forma en que podemos saber realmente si alguien está iluminado. La lista de atributos para verificar si alguien está iluminado es larga y compleja. ¿Es esto realmente amor?, preguntamos en presencia de un ser supuestamente iluminado. ¿Tienen pensamientos los iluminados, dado que hemos escuchado que una mente vacía de pensamientos es sin duda un signo de avance espiritual? —queremos saber. ¿Y cuál es este? (el avance espiritual; el caso del iluminado) ¿Está el miedo presente? Bien, la presencia del miedo demuestra que no se trata de una verdadera experiencia espiritual. Sin embargo, en realidad la presencia del miedo significa únicamente que el miedo está presente, y nada más.

Esa última frase que he resaltado en negritas presenta la opinión de Suzanne, una opinión muy conveniente para justificar con facilidad la propia iluminación. Si para iluminarse no es necesario haber transcendido el miedo o el sufrimiento, entonces iluminarse se convierte en algo fácil.

Luego comenta que un viejo amigo de sus tiempos en la Meditación Trascendental le recordó algo: que el gurú de ese movimiento, Maharishi Mahesh Yogi, había dicho determinadas frases mencionando 3 etapas espirituales: la de la Conciencia Cósmica, la de la Conciencia de Dios, etc, indicando que se necesitaba que el gurú verificara dicho estado para que la siguiente etapa de la conciencia pudiera revelarse a sí misma. Parece que esto hizo pensar a Suzanne que efectivamente podría haber alcanzado la etapa final, pero que al no haber tenido un gurú que la verificara, tal vez se había liado un poco y por eso no la había sabido reconocer en los primeros 10 años tras el "golpe de autobús" de 1982.

Y a continuación se acelera todo. En las siguientes páginas, Suzanne relata que conoció a Stephan Bodian (ya le hemos citado antes, es quien escribió el prefacio del libro de Suzanne, así como el Epílogo que se añadió a la segunda edición tras la muerte de Suzanne). Stephan le presentaría a continuación a Jean Klein, y a partir de ahí todo se aceleró hasta que Suzanne quedó convencida de que, efectivamente, estaba iluminada.

Stephan Bodian era un terapeuta que estaba también muy bien relacionado con la espiritualidad: era editor de una revista espiritual bien conocida, y era también seguidor de Jean Klein. Suzanne contactó con Stephan y quedó encantada con lo que este le dijo. Veámoslo con sus palabras:

Stephan tenía una presencia calmada y tranquila, y me pareció sorprendentemente fácil hablar con él. Le describí la experiencia del vacío tan detalladamente como pude, mencionando el tremendo miedo y ansiedad. Me hizo varias preguntas aclaratorias y luego dijo algo que jamás pensé que lo escucharía de un psicoterapeuta: «Parece que has experimentado un profundo despertar espiritual. Esto parece ser el estado de libertad que describen todas las tradiciones espirituales, particularmente la tradición advaita (no dual). ¡Se trata de algo maravilloso!».

Cuando le pregunté por qué pensaba que en mi caso estaba experimentando tanto miedo, dijo que no lo sabía, pero me recomendó que hablara con su maestro, Jean Klein, quien venía a Berkeley la semana siguiente para dar algunas charlas. Dijo que Jean enseñaba —en la tradición de Ramana Maharshi y otros grandes sabios del advaita— que el yo individual es simplemente una fabricación de la mente, y que el verdadero Ser es una conciencia impersonal y todo-inclusiva.

Diez días después conoció a Jean Klein. El primer encuentro con Jean no fue en privado, sino en una charla pública de Jean Klein, a la que Suzanne asistió. Al final de la charla, durante el turno de preguntas, Suzanne se puso de pie y preguntó a Jean si podría comentar algo de una experiencia que ella había tenido durante los 10 años anteriores.

—Hace diez años, de manera muy abrupta, mi sensación de ser un yo individual se disolvió, se detuvo, se apagó —empecé—. Desde entonces, nunca más he vuelto a sentir que ahí haya un "yo". Cuando conduzco un automóvil, pronuncio estas palabras o camino por la calle, nunca hay una experiencia de que una persona esté haciendo estas cosas. Ya no hay ninguna persona.

—¿Quieres decir que no hay una experiencia de un "yo"? —preguntó Jean.

—Eso es —contesté—, no hay un "yo". Solía haber uno, pero ya no lo hay.

—Bueno, eso es perfecto. Perfecto. 

—Pero Jean, ¿por qué hay tanta ansiedad? ¿Y por qué no hay alegría?

—Debes detener la parte de la mente que constantemente intenta mirar en retrospectiva la experiencia —respondió—. Deshazte de esa parte y entonces la alegría llegará.

Suzanne se sintió ayudada con esas palabras. Dice que efectivamente había una parte de la mente que seguía volviéndose introspectivamente hacia dentro, enviando el mensaje de que algo andaba mal en su experiencia.

Lo que Jean me enseñó esa tarde fue crucial, y le estoy eternamente agradecida.

Cuando acabó la charla, uno de los estudiantes de Klein le transmitió a Suzanne una invitación para reunirse con Jean la semana siguiente y así poder hablar más detenidamente. Suzanne aceptó, y así pronto tuvo ocasión de conversar con Jean Klein más tranquilamente, durante un rato largo.

Jean me saludó cuando me acerqué y me indicó que me sentara a su lado. Me pidió que le contara toda la historia del cambio de conciencia, lo cual hice, mientras él escuchaba atentamente, sonriendo dulcemente y asintiendo con la cabeza mientras yo hablaba. Luego hizo algunos comentarios en referencia a que yo estaba percibiendo de manera pura, de una manera fresca, por la inmediatez de lo que es.

Estuvimos hablando aproximadamente durante cuarenta y cinco minutos, luego él preguntó por mi salud. Le dije que mi salud era excelente, y él respondió que se alegraba de eso. Nos sentamos uno al lado del otro en silencio durante otros quince minutos antes de que me levantara para irme. Me dio la mano y me dijo lo feliz que estaba de saber que yo estaba viviendo en el "conocimiento".

De manera que primero Stephan Bodian le había dicho a Suzanne que estaba iluminada, y posteriormente Jean Klein no fue tan explícito pero la animó a considerar su experiencia como una importante experiencia espiritual. Después de estos dos encuentros con Jean Klein, Suzanne empezó a contactar con otros maestros espirituales cuyos libros o artículos hacían mención del vacío de un yo personal.

Escribí a un puñado de los maestros budistas e hindúes más conocidos, describiendo mi experiencia en detalle y pidiéndoles que me hicieran algún comentario. De todos ellos recibí cartas maravillosas e interesantes llenas de elogios y emoción. Cada uno a su manera dejó claro que lo que me sucedía era maravilloso. Cada una de las cartas verificaba tal experiencia como la realización de la verdadera naturaleza de toda la creación.

Sentí un profundo alivio con la lectura de cada una de las cartas. Pero la experiencia en sí todavía no traía alegría, y el miedo seguía presente. ¿Cómo es posible? Les respondí y me comuniqué con varios maestros para pedirles su respuesta a esta pregunta clave: Si lo que estoy experimentando es un verdadero despertar, ¿dónde está entonces la alegría, y por qué sigue surgiendo el miedo?

Christopher Titmuss, un maestro inglés de meditación budista vipassana, me habló de la importancia de darse cuenta de la insustancialidad del "yo". Con respecto a mi temor de que tal experiencia significaba que yo estaba loca, él escribió: «En el lenguaje espiritual, locura es la ausencia de experiencias como la tuya, ya que eso (la ausencia de tal experiencia) otorga una autoridad absoluta a la cultura del "yo, yo, yo". La locura de creer en esa cultura (del "yo, yo, yo") tiene consecuencias personales, sociales y globales».

Christopher le dijo también que la razón de que no sintiera alegría y no apreciara en profundidad la experiencia era que ella no la comprendía. «¿Cómo podrías haberla entendido?», le preguntó. Indicó que la dificultad era que ella carecía de referencias que la ayudaran, así que le recomendó que entrara en contacto directo con alguien de su región, alguien del que Suzanne sintiera que entendía bien tal experiencia.

Posteriormente ella y Christopher tuvieron conversaciones durante un retiro veraniego que él dio en California. Allí Christopher le habló de que si aceptaba calmadamente su experiencia, inevitablemente surgiría un aquietamiento de los pensamientos que producían el miedo. Le dijo que necesitaba tranquilizarse, que le vendría bien que alguien la confortara y le transmitiera tranquilidad para así integrar la experiencia. Suzanne comenta que ella había estado completamente sola (en cuanto a este tipo de ayuda) en estos años.

Luego se reunió con un maestro zen llamado Reb Anderson, que le dijo que la experiencia del vacío del yo (la vacuidad) es felicidad, así que ella estaba en felicidad, aunque no se diera cuenta:

Reb Anderson: «La experiencia de la vacuidad del ser es felicidad. La vacuidad conociéndose a sí misma es felicidad, pero es una felicidad que no es la misma que la felicidad relativa. Para mí es evidente que estás completamente feliz en este mismo momento».

Posteriormente conoció al maestro zen Jack Kornfield y a Ram Dass, el conocido escritor, conferenciante y discípulo de Neem Karoli Baba; ambos le enviaron palabras de ánimo.

Ambos me recordaron que se necesitan años para poder adaptarse e integrar un cambio tan profundo de la conciencia. En una conversación telefónica, Jack dijo: «Se trata de una experiencia maravillosa. No hay nada que temer... En oriente se usa la palabra akinchina para describir a la persona que está completamente despierta. Esa palabra se traduce como refiriéndose a alguien que no tiene nada, no anhela nada, no se apoya en nada y se convierte en nada».

Ram Dass le dijo que lo había hecho bastante bien, pues había sido capaz de funcionar en su vida, con su familia, etc. Le dijo también que «compartimos el no-yo juntos, junto con Maharaji».

Hameed Hali (A. H. Almaas), escritor y psicólogo orientado espiritualmente, respondió a Suzanne así:

«Reconozco tu experiencia como algo real, como un despertar espiritual. Definitivamente no es algo patológico, y es lógico que muchas personas no lo entiendan. He tenido despertares similares como parte de un proceso continuo y, por lo tanto, tus descripciones me resultan familiares».

Luego Suzanne descubrió a Ramana Maharshi y resonó con él:

Pero el reconocimiento más claro que recibí sobre mi experiencia vino de un maestro espiritual que ya no estaba vivo. Cuando "conocí" a Ramana Maharshi a través de sus diálogos con sus discípulos, supe que había encontrado a mi padre espiritual. Él describió mi experiencia de una manera tan simple y directa que no cabía la menor duda sobre lo que yo estaba experimentando.

Luego de citar algunos pasajes de Ramana Maharshi, Suzanne menciona a otros tres maestros espirituales: Papaji, Gangaji y Andrew Cohen:

Poonjaji (Papaji), un conocido y respetado discípulo de Ramana Maharshi, escribió que «entre la llegada del autobús y la espera para subir a él, estaba el Vacío en el que no hay pasado ni futuro. Este Vacío se reveló a sí mismo. Esto se debió a los méritos que acumulaste en muchas vidas anteriores. Esta es una experiencia maravillosa. Tenía que quedarse eternamente contigo... Esta es la perfecta libertad... Has alcanzado la liberación (moksha) de los sabios realizados».

Gangaji, una maestra del linaje de Ramana Maharshi y Poonjaji, contestó claramente entusiasmada por lo que le había descrito. «Me emocioné al recibir tu carta», dijo Gangaji. «Por supuesto que debemos encontrarnos. Estoy muy, muy feliz de que hayas descubierto de manera directa que no eres un "yo" individual. Esta realización del vacío inherente —que es la conciencia pura— de todos los fenómenos, es la verdadera realización. En vista de la conciencia condicionada, se puede sentir inicialmente mucho miedo. En última instancia, el miedo acaba también por revelarse como únicamente esa misma conciencia vacía».

Andrew Cohen, un maestro espiritual que también estudió con Poonjaji y que había escrito varios libros describiendo su experiencia de despertar a la conciencia de que no existe un yo personal, respondió que le encantaría reunirse conmigo para hablar de la experiencia que le había descrito en la carta. Pasamos varias horas hablando del vacío del yo personal. Me transmitió lo emocionante que es vivir con la conciencia de que no hay ni nunca ha habido ningún punto de referencia personal con respecto a ninguna cosa.

Le escribí de nuevo para compartir lo deliciosa que había sido nuestra charla y cómo la conciencia de «no ser nadie comenzaba a mostrarse como la conciencia del misterio no-localizable que siempre había sido el hacedor de todo». Después de mi charla con Andrew empecé a ver que el vacío de un "yo" estaba lleno de exquisito infinito. Esta conciencia se profundizó y pasó radicalmente a primer plano en el mes siguiente.

Andrew escribió de nuevo para decir que estaba «encantado de escuchar que nuestro encuentro haya tenido un profundo efecto sobre tu estado ya despierto. La primera vez que hablamos sentí que sabías más sobre la iluminación de lo que eras consciente de saber. Eres de hecho alguien raro/excepcional porque en la mayoría de los casos los individuos que han llegado tan lejos como tú (lo cual es raro/excepcional en sí mismo) generalmente adoptan de manera inconsciente una actitud ante su experiencia que hace difícil, si no imposible, avanzar más. Tu apertura y receptividad es un signo de verdadera humildad, que es lo único que hace que todo sea posible».

Suzanne finaliza el capítulo 7 del libro contándonos su interacción con Richard McGuire, un maestro zen al que conoció en el verano de 1993 y del que le habían dicho que era un guía espiritual muy competente. Al principio se entendieron bien:

Desde la primera vez que me encontré con Richard McGuire, supe que había encontrado a un amigo comprensivo y con conocimiento.

Cuando Suzanne le describió su experiencia de despersonalización informándole del miedo que no desaparecía, Richard le dijo que por lo visto ella estaba todavía en la etapa del invierno de esa experiencia. Suzanne se sintió bastante animada, porque Richard le explicó que tras el invierno, tarde o temprano llegaría la primavera de la experiencia (cuando ya no habría miedo sino alegría).

Richard le habló de los antiguos maestros chinos del Zen (Chan) y le dijo que ella estaba teniendo la misma experiencia clásica que esos maestros ancestrales. Ese comentario hizo reír a Suzanne, que tras la risa añadió: «¡Y yo que pensaba que estaba loca!». Entonces Richard respondió: «Eso es clásico también».

Según Suzanne, el mayor regalo que le brindó Richard fue ese concepto de las estaciones espirituales (invierno, primavera), ya que eso la animó y le dio esperanzas. Suzanne reflexionaba que su invierno espiritual ya duraba once años, así que la primavera no debería andar lejos:

Un invierno que dura once años es difícil de soportar. La declaración de Maharishi de que se necesita la ayuda un gurú que te confirme «¡Sí, OK, esta es la experiencia!» indica la medida en que cuando uno está solo (sin la ayuda de un gurú) puede quedar a merced del miedo y quedar abrumado al hacer pasar el miedo por la verdad. Los aspectos aparentemente personales que aún permanecen, incluso en el vacío de un yo personal, se ven constantemente afectados por el miedo.

Suzanne sigue explicando que el miedo que brota de esos aspectos aparentemente personales que todavía persisten es como un disco rayado, como una pauta (de miedo, etc) que se repite una y otra vez. Pareciera que ella se hubiese atascado en el vacío, como una especie de círculo vicioso de miedo, y que a raíz de eso se aisló debido al miedo, lo cual solo sirvió para producir aún más miedo y aislamiento.

Richard le explicó que generalmente se llega a esa experiencia (de ausencia de yo) de un modo gradual, y que en su caso la dificultad era que el proceso había ocurrido de manera abrupta. En consecuencia, la mente se asusta del cambio tan brusco de conciencia y no es extraño incluso que llegue a pensar que algo va mal o que uno se está volviendo loco.

Aunque todas estas explicaciones del invierno espiritual y la primavera espiritual aliviaron en alguna medida a Suzanne, parece que sus dudas no terminaban de resolverse, porque volvió a insistir a Richard en por qué surgía el miedo, y parece que la respuesta de Richard le desagradó, se enfadó y cortó abruptamente la interacción con él. Citemos sobre este tema:

Seguí preguntando a Richard por qué el miedo seguía surgiendo. Él adoptó el enfoque budista tradicional de que la presencia del miedo significaba que algo estaba incompleto, y empezó a sugerir prácticas que yo podría llevar a cabo para deshacerme del miedo. Respondí diciéndole que no había nadie que pudiera hacer ninguna de esas prácticas, ya que no había un hacedor localizable para ser el practicante.

Este período se convirtió en el punto de inflexión de nuestra amistad.

En seguida vamos a retomar las palabras de Suzanne, pero primero comentemos esto un poco. Reforzada por los diversos gurús que le habían hablado de que ella ya estaba iluminada, ella se había hecho ilusiones con este enfoque que la hacía tan especial y por lo tanto se resistía o incluso enfadaba cuando alguien le llevaba la contraria al respecto. Esto pudo costarle la continuación de esta amistad con Richard.

Las excusas que usa Suzanne me parecen justificaciones poco convincentes. Dice que como había tomado conciencia de que no hay un hacedor personal, entonces no podía realizar las prácticas espirituales (o psicológicas en el caso de los psicólogos que vio en los años anteriores) que algunos le recomendaban. Pero esta excusa es muy débil, pues no se requiere que haya un hacedor personal para poder realizar acciones o practicar lo que sea (como ella misma reconoce en otras partes del libro, aunque aplicándolo a lo que en cada momento le interesa). Por ejemplo, si te ofrecen una silla, te puedes sentar, y que no exista el hacedor no impide que te sientes (incluso si estás genuinamente iluminado: puedes aceptar la sugerencia y sentarte). Del mismo modo, si te ofrecen la posibilidad de realizar una terapia o una práctica espiritual, si uno realmente quiere, puede aceptar el ofrecimiento. Negar esa libertad —a nivel práctico— de elegir es dejarse llevar por la resistencia, que es la trampa del ego.

Lo que no es sensato es negarse a practicar y luego quejarse de que uno se siente mal, sufriendo y con miedo. Sabemos que estas justificaciones de Suzanne eran una especie de verborrea de excusas porque, además, en los meses finales de su vida, después de que ya había publicado este libro (sobre todo en la segunda mitad de 1996) ella volvió al otro enfoque y comenzó a aceptar algunas prácticas, y ni siquiera eran prácticas espirituales, sino de terapia: trabajó de nuevo con los recuerdos de la infancia, recordó abusos en la infancia y al parecer finalmente se recuperó del trastorno de despersonalización, aunque por esas fechas terminó contrayendo un cáncer que pondría fin a su vida en 1997.

Por lo tanto, si uno quiere practicar, es libre de hacerlo (y no digo que sea necesario, pero sí digo que no es válida la excusa de que "no puedo practicar porque me he dado cuenta de que no existe un hacedor"). Además, el hacedor no existe en nadie (ni siquiera en quienes no han reconocido la inexistencia del hacedor), y sin embargo las acciones ocurren, y las prácticas que convengan también.

Puede ser útil lo que decía Ramesh Balsekar: «Date cuenta de que no eres el hacedor, ¡pero compórtate como si lo fueras!». En parte es a eso a lo que se refiere Kenneth Wapnick cuando invita a los buscadores espirituales a que «sean normales». De lo contrario podemos enredarnos en los artificiales malabarismos conceptuales del ego, diseñados para prolongar su aparente existencia y resistirse lo máximo posible al proceso de despertar.

No hay nada de malo en «simplemente fluir», porque de hecho, cuando el proceso de despertar está muy avanzado, puede darse el caso de que desaparezca la práctica espiritual formal. Implícita o informalmente siempre hay práctica (o búsqueda, que en cierto modo es lo mismo) —aunque sea inconsciente— mientras no se esté totalmente iluminado, pero cuando el proceso de despertar está avanzado la práctica puede volverse tan informal como para que ni siquiera se vea como una práctica. Por ejemplo, el mero hecho de reconocer humildemente que uno todavía no está iluminado puede ser toda la formalidad necesaria (pues a esas alturas el resto de factores ya están integrados y de ser necesarios se desarrollan por sí solos, sin un esfuerzo deliberado). Uno podría entonces decir que no está llevando a cabo ninguna práctica (formalmente hablando). Sin embargo, en ningún momento se niega que uno es libre de practicar formalmente si ve la idoneidad de ello. Y esta libertad, que aprovechamos tarde o temprano en el proceso de deshacer el ego, implica que el destino del ego está sellado: su final está garantizado, pues es una ilusión y, al no ser verdad, acaba desapareciendo cuando se ilumina mediante la toma de conciencia. La luz disipa las sombras del miedo. Como dice UCDM: «En el amor perfecto no hay miedo». (T.12.II.8.1)

Retomamos los comentarios de Suzanne al final del capítulo 7, donde podemos ver que ella insiste en sus justificaciones:

Este período se convirtió en el punto de inflexión de nuestra amistad. Al sugerirme que encontrara algún modo de deshacerme del miedo, era obvio que Richard estaba operando bajo la presuposición de que había un hacedor personal que podía llevar a cabo esta tarea. También estaba dando a entender que la presencia del miedo significaba que algo andaba mal y que debía ser eliminado. Al parecer, él no había experimentado realmente el vacío de la "yoidad" personal. (Nota: podría darse el caso de que esto signifique simplemente que Richard no padecía un trastorno de despersonalización). Él estaba interpretando que la presencia del miedo significa que debe haber un punto de referencia personal que esté asustado. Sin embargo, en todo este tiempo que estuve discutiendo con él sobre mi experiencia, yo siempre había insistido en que el miedo nunca estaba referido a un alguien que temiera.

De nuevo tenemos el tema que hemos comentado antes, ya sea hablando del hacedor (de prácticas/acciones) o de un padecedor (de miedo, sufrimiento). Suzanne se queja de que en ella no hay un punto de referencia personal que pueda realizar prácticas o al que se pueda vincular con sus sentimientos de miedo, criticando con esto los intentos de Richard para ayudarla. En realidad no importa si decimos que existe o no ese centro de referencia ilusorio personal. Si hay miedo, hay miedo: no importa si uno interpreta que el miedo pertenece a una persona o le parece que es un miedo suelto no-localizado. Sigue siendo la ilusión del miedo, y ahí seguirá mientras no se trascienda mediante el deshacimiento del ego. Además, en el caso de Suzanne podríamos decir que sí que había en ella un punto de referencia personal, aunque ella lo había reprimido profundamente. Es decir, ella podía no ser consciente de la continuidad (inconsciente, en segundo plano) de su individualidad, pero esto no niega la posibilidad de que esa ilusión de individualidad persista, escondida/reprimida en el sótano de su inconsciente. Y de ser así, ella no había trascendido la individualidad sino que la había reprimido, lo cual es muy diferente (lo que explica que hacia el final de su vida, su personalidad "volviera").

El ego es miedo y el miedo es ego. Mientras hay miedo, no hay duda de que hay ego (aunque siempre sea una ilusión, pero una que hay que deshacer con la luz de la verdad, si uno quiere ser libre de sus nefastos efectos ilusorios de sufrimiento). Y mientras haya ego, habrá miedo (incluso si uno no lo nota durante una época en que tenga el miedo reprimido en lo profundo de la mente inconsciente). Puede sentirse miedo incluso más allá de la forma personal, porque el ego no es solo la forma personal: el ego profundo es mucho más inmenso e incluso ha sido confundido en ocasiones con la iluminación (la confusión entre la verdadera unidad y la falsa unidad).

Vamos a incluir a continuación las palabras con que Suzanne da fin al capítulo 7 de su libro (primero del penúltimo párrafo, y más abajo añadiré el último párrafo):

(...) Richard no podía ayudarme con el miedo porque él no entendía plenamente el vacío. También se vio influido por las teorías psicológicas y por la creencia del zen de que uno tiene que hacer un "trabajo con el personaje" para poder evolucionar. Cuando Richard comenzó a decirme que yo necesitaba trabajar en mi personaje, supe que su consejo se basaba en la suposición de que hay un hacedor individual que puede trabajar en su personaje. Yo había tomado conciencia de que tal hacedor no existía, por lo que la idea de trabajar en el personaje me parecía absurda.

Resulta curioso que este libro fue escrito en la primera parte de 1996 y que en la segunda parte de ese año Suzanne acabó dándose cuenta de que sí necesitaba terapia, e incluso le sentó bien. En cuanto a trabajar con el personaje, no sabemos a qué se refería Richard, tal vez Suzanne le malinterpretó, pero hablando en general podemos decir que durante la mayor parte del camino espiritual, la apariencia que uno percibe es que es como si estuviera trabajando desde el personaje: incluso si uno ya sabe intelectualmente que el personaje es ilusorio, todavía sigue pareciendo que la vida transcurre desde el personaje, excepto en los tramos más avanzados del proceso de despertar. Por lo tanto, en términos prácticos, no es erróneo trabajar desde el personaje, siempre que uno no caiga en la trampa de creer que el objetivo es mejorar al personaje. Pero si uno sabe que el personaje es ilusorio y que simplemente se sigue usando mientras todavía parece estar ahí, no habrá peligro en utilizar el personaje —de la manera más desapegada posible— como un truco provisional para deshacer la creencia/percepción de que hay un personaje. Tal vez esta es la parte que en esta época no captó Suzanne.

Como dice Ken Wapnick, en realidad no tomamos decisiones como personas, sino como lo que él llama el "tomador de decisiones" (el ego profundo, que algunos han confundido con el Sí Mismo o conciencia absoluta de la iluminación). Pero mientras nos percibamos como humanos, parecerá que es el personaje el que tomas las decisiones. Sin embargo, si nuestra práctica espiritual está bien diseñada, el resultado final de eso será, cuando el proceso avance, que la apariencia de que hay un personaje quedará totalmente deshecha finalmente.

Y cerremos este capítulo 7 con el último párrafo que escribió Suzanne en ese capítulo:

Le recordé (a Richard) que yo no experimentaba un "yo" que pudiera hacer el trabajo interior. Como una cuestión de hecho, no había ningún "interior" sobre el que trabajar. (Nota: parece que ella no reconoció que su miedo era ese "interior"; y si no se trabaja para deshacer el miedo, una de dos: o el miedo se queda, o bien se reprime, en cuyo caso parece desaparecer temporalmente, pero tarde o temprano el miedo vuelve a la conciencia hasta que lo deshagamos mediante un genuino discernimiento que lo vea como la ilusión que es y permita su definitiva desaparición). Una vez que quedó claro que Richard no compartía la experiencia que yo estaba describiéndole, le agradecí el acompañamiento que me había brindado y me largué.



Completando la integración de su experiencia de "no-yo"


En el capítulo 8 Suzanne habla de lo que supuestamente debía ser la etapa final de integración de su experiencia (en el libro se presenta más o menos así, pero en su vida real no fue así, pues tras publicar el libro, y aunque murió un año después, en esos meses finales de vida volvió el miedo, las dudas y los problemas, por lo que difícilmente se puede hablar de un caso de iluminación. Pero así se presenta su caso en esta fase final del libro, pues en la época en que el libro se escribió se desconocía el destino final de su biografía vital).

Suzanne menciona de nuevo alguno de los conceptos que aprendió de Richard: el de las estaciones de la espiritualidad: del invierno espiritual a la primavera espiritual. Conceptos que le habían servido de alivio y tranquilización. Ella reflexiona sobre que en su caso, en vez de ser un proceso gradual desde el invierno hasta la primavera espiritual, el suyo fue un caso de progreso repentino. Y comenta que la felicidad (o el fin del miedo, en definitiva la "primavera espiritual") le llegó de manera también abrupta (sin embargo, como ya he comentado, esta primavera espiritual desapareció también de manera abrupta en la parte final de su vida).

Suzanne dice que en esta fase empezó a describir el vacío/vacuidad con otro nombre: "inmensidad" (o "vastedad"). Relata algunas experiencias de este período, mencionando por ejemplo que no solo no había "yo", sino que también notó que no había "otros"; mencionando también que una vez mientras iba conduciendo se dio cuenta de que estaba conduciendo a través de ella misma: que ella era todo. O que en esa época empezó de nuevo a meditar intensamente. Y otro ejemplo más, que el miedo no se iba, pero que eso era todo: había presencia del miedo, simplemente, sin darle importancia, sin tratar de luchar contra él, aceptándolo como parte de su iluminación. (Es decir que, como reflexión mía, me parece que la primavera espiritual no fue tanto un final del miedo como un conformarse con que el miedo siguiera ahí, reprimiéndolo lo máximo posible, fingiendo que todo marchaba bien...).

Pero entresaquemos algunas citas donde ella misma explica este tipo de cosas con sus propias palabras:

En medio de una semana particularmente ajetreada, estaba conduciendo hacia el norte para encontrarme con unos amigos cuando de repente me di cuenta de que estaba conduciendo a través de mí misma. Durante años no había habido nadie en absoluto, sin embargo aquí, en esta carretera, todo era yo misma y estaba conduciendo a través de mí para llegar adonde ya estaba. En esencia, no estaba yendo a ninguna parte porque ya estaba en todas partes. El vacío infinito en el que me reconocía a mí misma apareció ahora como la sustancia infinita de todo lo que veía. (Nota: tal vez por este contraste entre vacío infinito y sustancia infinita es por lo que Suzanne empezó a preferir la expresión de "inmensidad", en vez de "vacío" o "vacuidad").

Tras la estela de esta transición a la inmensidad del vacío, comencé a meditar intensivamente. (Nota: si recordamos del capítulo 7, Suzanne se había enfadado con Richard precisamente porque él había sugerido que tal cosa como la que ahora hace Suzanne era posible). Pasaba horas cada mañana y horas también cada noche simplemente sentada en la inmensidad, cuando las flores (supongo que se refiere a la "primavera espiritual") comenzaron a aparecer en el árbol del vacío. Surgió un fuerte impulso de acudir a un solitario retiro, así que hice los arreglos para quedarme un largo fin de semana de mediados de enero en un centro de retiro budista en las montañas de Santa Cruz.

Mientras conducía a través del paisaje invernal en mi camino hacia allí, todo parecía más fluido. Las montañas, los árboles, las rocas, los pájaros, el cielo, estaban perdiendo sus diferencias. Mientras miraba, lo primero que vi fue cómo eran uno; luego, como en una segunda ola de percepción, vi las distinciones. Pero la percepción de la sustancia de la que todos estaban hechos no ocurría a través del cuerpo físico. Más bien, la vastedad/inmensidad se percibía a sí misma por sí misma en cada punto de sí misma. Una encantadora calma lo impregnaba todo: sin éxtasis, sin dicha, solo calma.

Al mismo tiempo, comenzó a surgir algo más que continúa hasta este día, algo que solo puedo describir como un "engrosamiento en la unidad" que era a la vez experiencial y perceptual. Desde ese día en adelante he tenido la experiencia constante de moverme y estar hecha de la "sustancia" de todo. Esto es lo primero que se experimenta: el contenido de la unidad, su textura, su sabor, su sustancia. Esta sustancia infinita no localizada puede percibirse no con los ojos, oídos o nariz, sino por la sustancia misma, por sí misma. Cuando la sustancia de la unidad se encuentra a sí misma, se conoce a sí misma a través de su propio órgano de los sentidos. La forma es como un dibujo en la arena de la unidad, donde el dibujo, la arena y el dedo que dibuja son todos uno.

A solas con la inmensidad, encontré precisamente la intuición (insight) que hizo el trabajo de exponer el miedo y liberarme de su agarre. Me di cuenta de que la mente había estado aferrándose tenazmente a la noción errónea de que la presencia del miedo significaba algo sobre la validez de la experiencia del no-yo. El miedo había engañado a la mente para que tomara su presencia para que significara algo que no era cierto. El miedo estaba presente, sí, ¡pero eso era todo! La presencia del miedo de ninguna manera invalidaba la experiencia de que no existía el yo personal. Solo significaba que el miedo estaba presente.

El miedo no necesitaba irse a ninguna parte para que el yo personal se percibiera como inexistente. Después de todo, ¿a dónde podría ir? Nunca había existido. Nada necesitaba cambiar o ser erradicado; nada tenía que hacer otra cosa que ser. Todo ocurre simultáneamente: forma y vacío, dolor e iluminación, miedo y despertar. Una vez visto, parecía tan increíblemente simple.

Hago un alto para reflexionar jocosamente que sí, todo se vuelve increíblemente simple si aceptamos el miedo y el dolor como parte de la verdad o de la iluminación. ¿Pero de verdad tiene valor una "iluminación" así? ¿De verdad vamos a valorar digna de buscarse una "iluminación" donde sigue habiendo sufrimiento, miedo e ilusión? ¿De verdad es deseable una "iluminación" que no es permanente sino que es temporal?

Cuando nos conformamos con la falsa unidad (que sigue siendo ilusión, aunque algunos la llamen "no-dualidad"), estamos aceptando nuevamente el engaño de lo temporal. Cuando aceptamos la falsa iluminación que contiene sufrimiento y miedo, estamos aceptando nuevamente el engaño de lo temporal. Porque ese tipo de "iluminación" no es real, y por lo tanto no es permanente sino que es temporal. Y cuando se pasan sus aparentes "efectos", esa falsa iluminación desaparece y lo que aparece en su lugar son las cosas ilusorias que habíamos reprimido, por ejemplo aún más miedo, tal como le pasó a la propia Suzanne meses después, a pesar de que en el libro que había escrito antes diga cosas como:

El agarre del miedo ahora se rompió, y la alegría surgió de inmediato. La experiencia del vacío había renunciado a su secreto. Se vio que el vacío no era nada más que la sustancia misma de todo. Finalmente vi lo que había estado frente a mí todo el tiempo, vi lo que el miedo me había oscurecido anteriormente: no solo no hay un yo individual, sino que tampoco hay ningún otro. Sin yo, sin otro. Todo está hecho de la misma sustancia de la inmensidad.

No hace falta decir que nada ha vuelto a ser lo mismo desde entonces. El hecho de que el "yo" ya no existía, de que ya no hubiera ninguna persona, dio lugar final y completamente a la realización de que no hay nada que no sea yo misma. Lo que queda cuando no hay yo es todo lo que es.

A continuación comenta que las 3 etapas de la espiritualidad que había mencionado Maharishi Mahesh Yogi (recordando su etapa en el movimiento de la Meditación Trascendental) ahora sí parecían cobrar sentido: La Conciencia Cósmica, la Conciencia de Dios y la Conciencia de Unidad. Sin embargo, parece que Suzanne hacía con los nombres de esas etapas lo que hacemos todos con cualquier tipo de nombre con el que no estamos familiarizados: simplemente proyectar sobre esos nombres los significados que nos parecen correctos.

El resto del capítulo 8 podemos saltárnoslo.

El capítulo 9 es el último capítulo numerado (ya que luego hay una sección de preguntas y respuestas —que parece que era el Epílogo de la primera edición del libro; después viene una breve sección de agradecimientos, y finalmente viene el Epílogo relevante, el Epílogo que añadieron en 1998 a la siguiente edición del libro, un epílogo escrito por Stephan Bodian para actualizar informaciones muy relevantes: la muerte de Suzanne, el hecho de que Suzanne volvió a verse aterrada con un miedo aún mayor meses después de haberse publicado la 1ª edición del libro, etc).

En este capítulo 9 (al igual que en la siguiente sección de preguntas y respuestas) Suzanne escribe desde un lenguaje en el que se asume que está completamente realizada. Algunas de las cosas que dice resultan inspiradoras. Sin embargo, como de costumbre, se siguen repitiendo las confusiones ya comentadas: la glorificación ocasional del miedo o de las emociones "negativas", la confusión entre la verdad y las ilusiones (unidad verdadera y falsa), etc.

Citamos algunos fragmentos:

Ahora esta vida es vivida en una conciencia constante y siempre presente de la inmensidad infinita que soy. En este estado no hay absolutamente ningún punto de referencia, sin embargo una gama completa de emociones, pensamientos, acciones y respuestas están presentes simultáneamente. Lo infinito, que es a la vez la sustancia de todo y el océano dentro del cual todo surge y desaparece, es consciente de sí mismo constantemente, ya sea que la mente y el cuerpo estén durmiendo, soñando o en el estado de vigilia.

En todo momento, este circuito cuerpo-mente está participando conscientemente en el órgano sensorial a través del cual lo infinito se percibe a sí mismo. (...)

(Nota: En realidad, el verdadero infinito —lo Absoluto, la verdadera Unidad— no necesita para nada del cuerpo para conocerse a sí mismo, y de hecho en el Absoluto no hay cuerpos. Pero esto es un error sutil en muchos escritores y gurús, por lo que no vamos a entrar en sutilezas aquí).

En la parada de autobús en París (lo de 1982), el "yo" fue aniquilado y nunca reapareció de ninguna forma (nota: resulta curioso que parece ser —como veremos en el testimonio final más abajo— que finalmente sí reapareció su "yo" unos meses después de escribir este libro). Con esta aniquilación hubo la realización de que nunca ha existido un "yo" que sea el hacedor de lo que ha parecido ser "mi" vida. En los años más recientes también se ha vuelto claro que no solo no hay un "yo", sino que tampoco hay un "otro". La "no-otredad" es tan dominante ahora que no se percibe nada más. La vida está siendo vivida por la sustancia infinita de la que está hecha, y esta sustancia, que es lo que somos y quien somos, es constantemente consciente de sí misma por sí misma. ¡Qué forma tan extraordinaria de vivir!

La presencia de cualquier tipo de pensamientos, sentimientos o acciones nunca se interpreta como otra cosa que el hecho de que simplemente están presentes. La inmensidad percibe puramente que los pensamientos son pensamientos, los sentimientos son sentimientos, las acciones son acciones. Ya no hay dudas sobre si un pensamiento en particular es correcto o incorrecto. De hecho, nunca surge ningún juicio sobre bueno o malo o correcto o incorrecto; todo es simplemente lo que es.

En este estado nunca se experimenta nada como un problema. Para ver algo como un problema, uno debería asumir que algo tiene que cambiar o desaparecer para que el problema se resuelva. Pero nunca me relaciono con las circunstancias, las experiencias o las personas como si necesitaran ser algo distinto de lo que son —porque lo que son es la infinita inmensidad. La inmensidad es siempre quien y lo que todo es.

Tomemos, por ejemplo, la relación con emociones fuertes, como la ira. La relación entre la inmensidad y la ira es similar a la relación del océano con las algas marinas que flotan en él. El océano nunca se quejaría de la presencia de las algas marinas ni insistiría en que deben ser eliminadas para que el océano sea el océano. De manera similar, la inmensidad nunca se quejaría de la presencia de ira o cualquier otra cosa que surge en ella —y que está simultáneamente hecha de ella— ni insistiría en que cese este surgimiento. La inmensidad nunca se altera, no importa cuán numeroso o intenso sea lo que surja. Nada de lo que ocurre se considera jamás como un problema.  

(Nota: insisto una vez más en el dato contextual de que unos meses después de que Suzanne publicara esto, sufrió una recaída tan intensa —el miedo reapareció y más fuerte que nunca— que cambió de opinión y se puso a hacer terapia, renunciando a la idea de que hubiera estado alguna vez iluminada. Muchas frases de este libro son bonitas, pero a veces es útil ponerlas en contexto).

La forma existe simultáneamente como esa inmensidad y en esa inmensidad, como un dibujo en la arena en el que el dibujo en sí está hecho de la misma sustancia que lo que está "dentro" y "fuera" de él. De la misma manera, todo lo que parece ser forma no está separado de la vastedad.

(...)

También en las relaciones todas las funciones continúan como antes, excepto que los pensamientos, emociones y sensaciones referidas al "yo" han dejado de surgir. Por ejemplo, la sexualidad todavía funciona, pero sin la lujuria o el anhelo que son aspectos referidos a un "yo". El sexo no se debe a un deseo personal y no tiene un significado más profundo que lo convierta en cualquier cosa excepto lo que es en el momento. Como todas las otras funciones, la función sexual se activa cuando la inmensidad lo considera obvio, para un propósito misterioso e impersonal. Cuando se hace el amor, nadie hace el amor con nadie. ¿Cómo podría esto ser comprensible para la mente?

(...)

La alegría y el placer también son impresionantes en sus apariencias impersonales. Vivir en la inmensidad del estado natural es bañarse en el océano del placer y la alegría impersonales. Esta alegría y placer, que no pertenecen a nadie, son diferentes de cualquier alegría o placer que parezca referirse o pertenecer a alguien. El vacío es tan completo, tan total, tan infinitamente dichoso para sí mismo.

Estos ojos ven la increíble benevolencia del universo, que es completamente confiable en todos los aspectos. No hay nada que temer. Todo en cada momento está muy bien cuidado —y siempre lo ha estado.

(...)

La realización del infinito está fuera de la esfera de la mente. Lo infinito se realiza a sí mismo por sí mismo.

Esto plantea la cuestión del valor de llevar a cabo prácticas espirituales, estudiar textos antiguos o incluso vivir una vida "espiritual". La mayoría de las prácticas implican la existencia de un "yo" que puede hacer la práctica y finalmente lograr un objetivo en particular. Pero si la práctica es llevada a cabo por un "yo" de este tipo para lograr la inmensidad no-localizable del ser impersonal, entonces se presenta un acertijo o paradoja: se presupone que existe un hacedor personal que haga las prácticas de manera adecuada para lograr la comprensión de que no hay un hacedor personal. 

Pero esta referencia a un hacedor personal va totalmente en contra de la existencia del infinito. En esta vida (la de Suzanne, que en esta frase se expresa sin usar la primera persona verbal), desde la experiencia de la parada de autobús (1982) ha estado siempre claro que nunca existe ni ha existido un hacedor personal en ninguna parte. Las técnicas y los estilos de vida prescritos que insinúan un "yo" que tiene que "hacer" algo para que ocurra el despertar presuponen una relación de causa y efecto que simplemente no existe. ¿Cómo puede un "yo" personal que no existe ser quien debe hacer algo para que ocurra el despertar?

Además, la mayoría de las prácticas espirituales presuponen que el despertar está en alguna otra parte y que tiene que ser logrado o alcanzado. Pero siempre somos la inmensidad, ¡siempre! Es el estado humano ocurriendo de manera natural. ¿Adónde podría irse la inmensidad? ¿Dónde podría esconderse el infinito? ¿Qué podríamos hacer para convertirnos en la inmensidad, cuando ya lo somos?

Muchas técnicas también sugieren que algo debe ser eliminado, detenido o purificado para que podamos convertirnos en lo que realmente somos. Pero la inmensidad es todo en todos los momentos. Nada existe fuera de ella, y no es necesario excluir nada de ella. Al fin y al cabo, de lo que estamos hablando aquí es del infinito.

En particular, hay tradiciones espirituales que presuponen que la mente debe ser detenida para que pueda tener lugar la realización de la inmensidad. La suposición es que la actividad relativa de la mente se correlaciona con el despertar. Por supuesto, si se lleva a cabo una práctica para detener o calmar la mente, el resultado puede ser una mente calmada. Pero el infinito no se percibe ni se comprende mediante la mente. El infinito se realiza a sí mismo.

En esta vida (la de Suzanne), el despertar no ocurrió porque la mente se detuviera. No se utilizó ninguna técnica psicológica o espiritual (luego lo comento al final del párrafo, pero señalemos brevemente aquí que Suzanne se olvida convenientemente de cuando dedicaba diez horas diarias de meditación y prácticas), ni había ninguna causa aparente o localizable. En vez de eso, la inmensidad se mostró a sí misma de una manera misteriosa: yo simplemente estaba esperando en una parada de autobús. ¿Cómo puede entonces argumentarse que se requiere algún método o técnica particular para que ocurra el despertar?

Vamos a ver. No es el momento para extendernos demasiado en un tema que podría tratarse más extensamente en otra parte, pero aclaremos un poco esto. Por un lado, su "despertar" no fue un verdadero despertar (al menos no lo que llamaríamos la "completa realización"). Pero incluso dejando eso aparte, Suzanne parece tener aquí una memoria selectiva: olvida lo que no le interesa recordar. Dice que no utilizó ninguna técnica, olvidando la parte del libro en la que ella misma nos relata (como hemos visto más arriba en este post) las intensas prácticas que hizo en los años de su juventud, con meditaciones, hatha yoga, pranayama, etc, a veces superando las 10 horas diarias. ¡Incluso de niña ya practicaba de modos intuitivos, como hemos visto también! Es cierto que una práctica en particular no garantiza nada si uno está centrado en los resultados y la dirige desde su identidad humana. La mejor práctica es la que es dirigida por el Maestro interior. Por supuesto, el ego siempre se nos cuela (solo los iluminados están completamente libres de ego). Pero podemos decir que cuanto más permitimos que sea el Maestro interior Quien dirije nuestra práctica, menos espacio le estaremos concediendo al ego para que meta sus narices para torpedearla.

Por otro lado, es cierto que Suzanne había dejado de practicar tiempo antes de ese evento "del autobús" de 1982. Sin embargo, es frecuente que alguien practique intensamente durante una época, luego se detenga, y en ese período en que ha dejado de practicar ocurra un despertar parcial, alguna experiencia inspiradora, o incluso la iluminación. O si no detiene la práctica, a veces el factor relevante no fue lo que se practicó los últimos días, sino lo practicado años atrás que por fin se activa años después a posteriori.

En cualquier caso, es cierto que uno no puede decir: voy a practicar con este método, y tal día concreto estaré iluminado. No funciona así; eso sería enfocar la práctica desde el ego. Suele ser un proceso más fluido, más natural. Uno simplemente resuena con determinado enfoque (puede que no sea el enfoque definitivo en la vida de uno, pues el proceso de despertar es muy flexible y fluido). Y comienza a explorar por ahí. Podría decirse que con frecuencia es más la práctica la que nos busca a nosotros que nosotros quienes buscamos a la práctica. Cuando buscamos nosotros, a menudo es el ego quien está dirigiendo. Cuando la práctica nos busca ella misma y nos encuentra receptivos, eso es la señal de que viene con la bendición del Maestro interior. (Tampoco tomemos demasiado literalmente esto de que "la práctica nos busque", pues evidentemente estoy expresándome en un lenguaje altamente metafórico, como de costumbre en el fondo).

Dicho esto, seguimos con Suzanne, quien en el siguiente párrafo sigue en la misma tónica:

Como no seguí ninguna técnica prescrita para tomar conciencia de la ausencia del yo personal, ahora no puedo animar a nadie a seguir prácticas. (Sigamos matizando, aunque esto parezca un poco repetitivo: Suzanne nos relató hace varios capítulos del libro su época de intensas meditaciones. Puede que se refiera a que ella no sabía exactamente adónde conducían tales prácticas, pero esto es común a todos: nadie sabe a ciencia cierta adónde conducen exactamente, excepto que haya tenido un insight de los gordos —una revelación/samadhi. Uno por ejemplo practica para algún día ser receptivo al reconocimiento completo de lo que siempre es —el verdadero ser—, pero cuando ocurre, si uno no ha tenido el vislumbre previo, puede resultar sorprendente —agradablemente sorprendente. Por otro lado, en el caso de Suzanne su "despertar" tiene la alta probabilidad de que se tratara simplemente de un trastorno de despersonalización —aunque incluso eso puede acabar siendo útil si uno intuye cómo entregárselo al Maestro interior—, y si fue un trastorno de despersonalización, se vuelve surrealista incidir en el asunto de si fue mediante una técnica/práctica o no: porque en el caso de Suzanne, según ella misma —su opinión en la segunda parte de 1996 cuando se dio cuenta de que no estaba iluminada sino que era un trastorno— parece que acabó pensando que la causa eran los abusos en su infancia. Y evidentemente, aquí descarrilaríamos del todo: ¡nadie se interesaría por prácticas para sufrir un trastorno, y menos si esas prácticas consisten en ser abusado! Pero volviendo al tema de los despertares genuinos —totales o parciales—, no hay nada malo en utilizar técnicas que nos resuenen, siempre y cuando no nos apeguemos a ellas. Dicho esto, seguimos con el párrafo que habíamos interrumpido). Las prácticas estrictas pueden alentar la creación de más ideas sobre a qué se parece el estado de despertar, a medida que la mente intenta descifrarlo, conjeturarlo, aproximarlo. Pero ¿cómo puede la mente aproximarse a lo que no puede comprender? La inmensidad es inimaginable. Aunque siempre está presente, la mente no puede reconocerlo porque el infinito no se puede percibir a través de la mente. El infinito se percibe a sí mismo.

De ninguna manera, sin embargo, estoy sugiriendo que las prácticas no se deben hacer, solo que no hay ningún practicante que sea el hacedor detrás de ellas. Esto es cierto de cada actividad: no hay paseante, pero el paseo ocurre; no hay conductor, pero la conducción ocurre; no hay pensador, pero el pensamiento ocurre. El hecho de que no haya un practicante (y de que nunca lo haya habido) no significa que la práctica no tenga lugar.

Efectivamente, esto es cierto para todos. No existe ningún hacedor personal. Incluso quienes se identifican con un supuesto hacedor personal, en realidad están tomando las decisiones desde un punto del que solemos ser inconscientes: la mente profunda del ego global (podríamos decir el hacedor ontológico, pero esto resulta poco práctico ya que donde la mayoría estamos centrados es en nuestra identidad personal, por ficticia que sea). Por otro lado, incluso este ego ontológico o global es también ficticio. Si nos referimos a lo único verdaderamente real, lo Absoluto, con más razón ahí no hay hacedor: ni hacedor personal ni Hacedor ontológico. Lo Absoluto es inmutable, y en Eso ya todo está hecho, por así decir. No hay mundo, ni formas, ni se requiere un hacedor que se engañe con ellas.

Sin embargo, todos los no-iluminados (lo cual es otra metáfora, como casi todo) están identificados con el hacedor en un nivel u otro, ya sea con la identidad personal, con la identidad ontológica (el hacedor global inconsciente) o con alguna de las sombras/espejos de cualquiera de ellas. Esto quiere decir que si uno no está iluminado, entonces está identificado con algún punto de la ilusión, y es correcto por consiguiente arrancar desde ahí nuestra práctica, por motivos prácticos. Por lo tanto, si nuestra identidad está —como sucede con la mayoría— centrada en la identidad personal humana, podemos comenzar la práctica desde ahí, aunque intelectualmente sepamos que en realidad se trata de una ficción provisional. En definitiva, si me ofrecen una silla soy capaz de sentarme a pesar de estar identificado con el falso hacedor humano. Del mismo modo, si el Maestro interior me ofrece algún enfoque para practicar, también seré capaz de utilizarlo a pesar de que esté aún muy centrado en la identidad personal. Lo que uno no capte aún, el Maestro interior lo compensará del mejor modo posible, ayudándonos gradualmente a abrir nuestro discernimiento. Al final, aunque el humano no existe, lo que empezó con la apariencia de un humano practicando finalizará con la desaparición de la ficción de que alguna vez hubo un humano, al menos si uno adopta una práctica finamente diseñada. Al final, uno ve que nunca hubo humano, pues el practicador fue siempre la mente ontológica. Y al final del final, se ve que incluso la mente ontológica es otra ilusión que nunca existió. Nadie practicó nunca. Nunca fue necesario despertar. Porque el Ser está eternamente despierto.

Seguimos con las citas del capítulo 9:

La inmensidad conlleva un deseo impersonal de experimentarse a sí misma. Este parece ser el propósito de la vida humana: que la inmensidad se conozca a sí misma en todas partes. La noción de crecimiento personal o desarrollo interno es contraria en todos los aspectos a la manera en que existe la inmensidad. La búsqueda del despertar implica una sensación de futuro que impide disfrutar lo que de hecho está justo ahora.

Visto desde una perspectiva puramente no dual, la vida humana podríamos decir que no tiene propósito, porque no es real, sino ilusoria. O como mucho podríamos decir que su propósito es utilizarla para despertar: el tiempo siendo usado para deshacer la ilusión del tiempo; la vida humana siendo usada para deshacer la ilusión de la vida humana; etc.

La primera frase («La inmensidad conlleva un deseo impersonal de experimentarse a sí misma») puede tener sentido si la interpretamos en el sentido de que lo Absoluto se conoce a Sí Mismo, y nada más que a Sí Mismo (pero en el Absoluto no hay formas, ni tiempo, ni vidas humanas, con propósito o sin él).

Las dos últimas frases son válidas si se las entiende correctamente. Efectivamente, la noción de crecimiento personal suele ser una trampa del ego: el ilusorio intento de mejorar al personaje, en vez de deshacerlo mediante el reconocimiento de su ilusoriedad. Nuestro verdadero Ser es inmutable (el Absoluto), por lo que el despertar se basa simplemente en despojarnos de las creencias ilusorias con que hemos ocultado al Absoluto. Una vez soltadas todas las ilusiones, el Absoluto sigue ahí tan inmutable como siempre, revelándose eternamente a Sí Mismo como lo eternamente despierto.

Aunque parece que Suzanne interpreta esas frases de manera más centrada en el plano ilusorio, porque ese párrafo continúa así:

No puedo ver el valor de ningún método que implique el tener que llegar a algún sitio diferente o convertirse en algo diferente. Tan pronto como uno se embarca en un camino hacia alguna parte, la maravilla de lo que es, aquí y ahora, deja de estar disponible. Más importante aún, el lugar al que las personas intentan llegar es en realidad no localizable, puesto que está en todas partes todo el tiempo.

Estas palabras todavía tienen sentido (según se interpreten), pero en el siguiente párrafo veremos más claramente hacia dónde se está dirigiendo la propuesta de Suzanne. Las palabras que acabo de citar tienen sentido si las interpretamos desde el punto de vista de centrar la realidad en el Absoluto. En efecto, nuestro verdadero Ser ya es, es lo único que existe, y no tiene sentido tratar de cambiar o de ir a alguna parte si somos el Ser inmutable (nunca cambia) que abarca el Todo (¿adónde podría ir lo infinito que ya lo es Todo?). El problema es que Suzanne parece centrarse más bien en un plano todavía ilusorio (por ejemplo la llamada a veces Conciencia Cósmica, que es útil en cierta etapa, pero ilusoria). Esto se relaciona con la sutil distinción entre la verdadera Unidad y la falsa unidad o Conciencia Cósmica (o como se la quiera llamar: Sí Mismo, Unidad, Inmensidad, Lo Que Es, etc... siendo todos esos nombres válidos también para la verdadera Unidad o Absoluto, de ahí la confusión). En el Absoluto no hay vida humana ni mundo de las formas, en cambio en la ilusoria Conciencia Cósmica sí puede haber mundo y formas, y si uno no ve su ilusoriedad puede quedar fácilmente apegado a algún aspecto de la ilusión (lo cual no es grave pero retrasa la revelación de la última de las ilusiones: el despertar).

Esto se relaciona también con lo que Suzanne había dicho anteriormente sobre que el propósito de la vida humana es el deseo impersonal de la inmensidad por experimentarse a sí misma... ahí se intuye que Suzanne podría estar centrándose más bien en la falsa unidad o Conciencia Cósmica, donde sí caben ese tipo de planteamientos. Hay muchos gurús, no obstante, que comparten con Suzanne ese enfoque. De hecho supongo que son una aplastante mayoría. Quienes señalan hacia la verdadera Unidad o Absoluto son realmente pocos. En cambio, quienes señalan hacia una mezcla, o hacia la Conciencia Cósmica (falsa unidad) son muchos. Pero dejemos claro que esto no tiene nada de malo, e incluso son visiones útiles para la mayoría de los buscadores. El proceso de despertar consta de diversas etapas y todas son útiles en su momento; todas tienen sus puntos inspiradores.

Pasemos al siguiente párrafo, que contiene algún concepto que puede ser útil para el ego y su propósito de distraernos con sus trucos:

Todas las ideas sobre lograr el despertar espiritual se basan en la suposición de que existe un alguien, un tú, que puede realizar las prácticas y lograr el objetivo. Pero este alguien no existe.

Ya vimos citas similares más arriba, y hemos hablado del tema del hacedor. Ella misma reconoce en alguna parte que las prácticas pueden llevarse a cabo aunque en realidad no exista un hacedor personal haciéndolas. Que no exista la persona humana no significa que no haya prácticas que colaboren favorablemente para disipar la percepción de que existe la vida humana, incluso cuando a menudo tales prácticas comienzan desde la perspectiva/apariencia de un humano practicando. Durante el proceso mismo del despertar, el aparente humano que aparentemente comenzó el camino espiritual se irá deshaciendo poco a poco (pues siempre fue una simple creencia).

El aviso útil sí es el hecho de que nos conviene estar atentos (¿quién?, ¡quien sea, pero estate atento!) a no conceder al humano más realidad de la que ya de por sí le estamos concediendo por el mero hecho de seguir muy identificados con él. Hay infinidad de prácticas que están demasiado centradas en el humano como centro de referencia, y eso sí suele ser un error (programas de superación personal, intentos de iluminación personal, terapias en general, etc), aunque incluso en esos casos suele ser útil en varias etapas del proceso de despertar (porque todo es útil hasta cierto punto), pero a partir de cierta etapa este tipo de actitudes van volviéndose más inconvenientes y uno acaba soltándolas poco a poco, aspecto por aspecto.

Ahora Suzanne incluye ejemplos, y ahí vemos mejor el enredo:

Toma, por ejemplo, la noción espiritual popular de que necesitamos "quitarnos de en medio para que el infinito pueda simplemente fluir a través de nosotros". Eso está basado en un alguien inexistente que puede averiguar cómo rendirse o entregarse.

Aunque hay muchos que realizan erróneamente ese tipo de prácticas, esto no quiere decir que tales prácticas en sí estén equivocadas (la entrega, por ejemplo, fue recomendada por Ramana Maharshi y otros eminentes maestros). Suzanne parece pensar (ahí, porque en otras partes del libro se expresa diferentemente) que la práctica no puede funcionar debido a que practicar implica al individuo (inexistente) que supuestamente estaría practicando. Pero esa es una noción ingenua de la práctica (a pesar de que la mayoría de quienes practican lo que sea, parten de esa noción ingenua de que son una persona practicando). Sin embargo, el verdadero practicador no es el individuo humano, no es la persona, sino que el practicador es la Conciencia Cósmica (o un aspecto de ella) tratando de despertarse a Sí Misma (una ilusión en parte, porque esa Conciencia Cósmica no existe y el verdadero Ser está siempre despierto) o a veces tratando de seguir engañándose a Sí Misma (utilizando prácticas para reforzar la ilusión o incluso para fortalecer la creencia de ser una persona humana).

Conviene también tener en cuenta que aunque Suzanne dice que no existe el "alguien" o "hacedor personal" que realice las prácticas («se basan en la suposición de que existe un alguien», «Pero este alguien no existe», «un alguien inexistente que puede averiguar cómo rendirse o entregarse»), sin embargo unos meses después de escribir y publicar este libro, la propia Suzanne volvió a las prácticas, y ni siquiera espirituales sino prácticas del ámbito psicológico: psicoterapia pura y dura (recuerdo de abusos en la infancia, tratamiento para superar el inmenso miedo, etc). ¿Qué pasó? ¿Apareció de repente el inexistente "alguien" para practicar, el inexistente "hacedor personal"? No, simplemente ocurre lo que ocurre siempre (algo que la propia Suzanne señaló en otra parte de su libro y que ya hemos mencionado antes, por ejemplo: «De ninguna manera, sin embargo, estoy sugiriendo que las prácticas no se deben hacer, solo que no hay ningún practicante que sea el hacedor detrás de ellas»), que cuando las prácticas ocurren, ocurren. Y el que no exista realmente un practicador personal no es obstáculo para ello, puesto que el practicador siempre es la Conciencia Cósmica impersonal (o algún aspecto de ella), que aunque es un aspecto profundo de la mente (que algunos llaman "conciencia" y que frecuentemente se confunde con la iluminación), sigue siendo algo perteneciente al ámbito del ego, y por lo tanto ilusorio, aunque útil durante el proceso de despertar en muchos aspectos.

Por lo tanto, tanto la entrega como cualquier otra práctica es posible, incluso cuando el practicador cree ser una persona humana practicando (lo cual es simplemente la Conciencia Cósmica identificada con la fantasía o falsa creencia de ser un individuo humano). Si la práctica es correcta, finalmente desaparecerá el practicador en cada uno de sus aspectos: desaparecerá la apariencia de haber una persona humana que practica, luego desaparecerá también la Conciencia Cósmica que es la practicadora en última instancia, entonces se experimentará la última de las ilusiones o "despertar", y lo que quedará finalmente es lo único que siempre ha existido y existirá: el Absoluto brillando por Sí Mismo y para Sí Mismo, sin mundos, sin formas, sin miedos, sin sufrimientos, sin ilusiones. Solo plenitud gozando de Sí Misma.

Seguimos citando a Suzanne (repito un par de frases iniciales para mantenernos más fácilmente en contexto): 

Toma, por ejemplo, la noción espiritual popular de que necesitamos "quitarnos de en medio para que el infinito pueda simplemente fluir a través de nosotros". Eso está basado en un alguien inexistente que puede averiguar cómo rendirse o entregarse. Necesitamos ver que las prácticas espirituales y psicológicas, cada una de ellas, se basan en adoptar ideas sobre quiénes somos para así ser la verdad de quienes somos. La idea de que somos el hacedor detrás de nuestras acciones no nos convierte en el hacedor, sin importar cuán frecuentemente nos engañemos para tomar esta idea como verdad.

Y efectivamente no somos el hacedor personal. Somos (aunque también es una ilusión) el "practicador profundo", el "experimentador profundo", la "Conciencia Cósmica" que es la que en realidad está siempre practicando, aunque muchas veces finja ser un individuo humano. En cualquier caso, la práctica puede ocurrir y también funcionar (cuando la Conciencia Cósmica va dándose cuenta de que es una tontería seguir engañándose a Sí Misma). Finalmente, al ser también ilusoria, la Conciencia Cósmica también desaparece y lo que queda es el Absoluto, lo real, y ahí sí que no hay práctica ni nunca la hubo realmente, puesto que lo real nunca necesitó hacer nada para ser Ello Mismo, pues es inmutable, siempre pleno, siempre despierto. El juego del despertar es de la Conciencia Cósmica, no del Absoluto, si bien es un juego necesario mientras nos percibamos identificados todavía con las ilusiones, pues ese juego pone fin al chiste de las ilusiones y podríamos decir que es el juego que revela (o al menos permite la revelación) al Absoluto.

Luego está la noción de que debemos detener la mente para ser libres. Pero ¿quién detendrá la mente? Como todo lo demás, la mente es simplemente lo que es. Una mente que genera pensamientos no es un problema; simplemente está haciendo lo que hacen las mentes. La mente está hecha del mismo vasto vacío que todas las demás cosas.

Antes de citar el resto del párrafo, comentemos un poco. Es cierto que "una mente que genera pensamientos no es un problema" en sí. Incluso los iluminados (quienes están experimentando la última de las ilusiones y simultáneamente disfrutando de la Verdad) pueden hablar, escribir, pensar... los pensamientos no son el problema. Pero hay dos matices: 1) Suzanne pregunta, "¿quién detendrá la mente?", y hay una respuesta a ello: la Conciencia Cósmica, que es la que toma las decisiones, si Ella quiere, puede hacer lo que sea, incluido detener la mente. 2) Y el segundo matiz, más relevante, es que cuando Suzanne dice que "una mente que genera pensamientos no es un problema", se está refiriendo también a una actitud que implica identificarse con la falsa unidad, porque Suzanne se refiere también (como hemos visto en otras partes de su libro) a que cualquier contenido de la mente (pensamientos, emociones) forma parte de la "inmensidad", lo que incluye las emociones "negativas" como el miedo, la ira, etc, como ya vimos en citas anteriores más arriba.

El problema es que eso puede interpretarse como lo intentó interpretar Suzanne: como que si hay miedo, simplemente es lo que es y no es necesario deshacerse de él, porque forma parte de la unidad/inmensidad (esta manera de verlo sería lo que llamo la falsa unidad, donde sí cabe la ira, el miedo, incluso la percepción del mundo de las formas). Suzanne tuvo el problema pocos meses después de publicar esto de que su miedo retornó más intenso que nunca y finalmente se vio impulsada a rectificar y aceptar llevar a cabo terapia (según dicen, no le fue mal del todo en este aspecto, e incluso "recuperó" la identidad personal). Este tipo de tema es sutilmente delicado, porque un aspecto sí es muy útil: no darle al miedo una importancia que no tiene (no luchar obsesivamente contra él, pues al fin y al cabo no existe realmente, es una ilusión), pero otro aspecto es un truco del ego (aceptar que el miedo sea una parte de la verdad, porque en ese caso estamos ocultando el miedo de la luz del discernimiento, y al no ver su ilusoriedad, el miedo consigue aparentar que existe y que sigue ahí... las sombras parecen existir mientras nos neguemos a mirarlas con la luz de la verdad/discernimiento).

Ya sea que la mente esté activa o quieta, este vacío nunca cambia. Tampoco el infinito espera que la mente haga o deje de hacer algo para que la inmensidad se revele a sí misma. Si la mente se detiene, simplemente lo hace como parte del misterio insondable.

Simplemente señalar que da la impresión de que Suzanne intuía aspectos de la Conciencia Cósmica, pero no estaba completamente consciente de tal Conciencia Cósmica. Si así fuese, no hablaría en este asunto de un "misterio insondable", pues para la Conciencia Cósmica ni es misterio ni tiene nada de incomprensible: Ella Misma decide qué va a experimentar, decide acelerar o detener la mente "individual", decide si seguir engañándose a sí misma o si comienza a dejar de resistirse al despertar, etc. Pero la Conciencia Cósmica suele ser inconsciente en alta medida para casi todos quienes creen vivir en un mundo de formas.

Y en cuanto a que «este vacío nunca cambia», en el caso de Suzanne la palabra "vacío" (o "inmensidad" en otras partes del libro) no se refiere a la verdadera realidad inmutable (lo Absoluto), sino a la falsa unidad de la Conciencia Cósmica. Lo digo porque en ese equívoco puede llegar a aceptarse el miedo (o la ira, el sufrimiento, las formas, etc) como si fuese parte de la realidad, o a veces el ego es más astuto y esconde más su intención, afirmando: «El miedo (o el sufrimiento, la ira, las formas, etc) es irreal, pero no obstante forma parte de la no-dualidad: es el Lilah o Juego de Dios». Todo eso son justificaciones fundadas en la confusión entre la verdadera y la falsa unidad. El miedo no es el Juego del Absoluto (el Absoluto nunca ha sabido nada sobre el miedo o las formas o el dormirse de la Verdad); más bien podría decirse que el miedo (las ilusiones) es el Juego de la Conciencia Cósmica, pero recordando que la Conciencia Cósmica es también una ilusión (aunque Esa ilusión es la puerta a la que debemos dirigirnos para poner fin a todas las ilusiones, incluida ella misma).

Decir que el miedo o el sufrimiento forman parte de la realidad, es lo mismo que decir que lo falso forma parte de la verdad, o que la ilusión forma parte de la realidad, o que la no-iluminación forma parte de la iluminación. Claro que, si la no-iluminación la consideramos como iluminación, ¡entonces qué fácil es iluminarse!: ¡Ya estamos todos iluminados, incluso como humanos!, pues el ser humano también valdría como parte de la verdad. Sin embargo, este tipo fácil de "iluminación" resulta poco útil cuando de verdad nos escuece el sufrimiento, por lo que tarde o temprano todos acabaremos dejando de lado cada uno de los aspectos de las ilusiones, al ritmo debido. El sufrimiento es ilusorio, pero, mientras nos aferremos a él, aparentemente nos escocerá (aunque logremos reprimirlo temporalmente en ocasiones). Y cuando nos escueza, tendremos una oportunidad de cambiar de actitud, dejando de aferrarnos a las ilusiones del ego y estando dispuestos a sustituir eso por una apertura a la posibilidad de verdaderamente despertar.

La inmensidad es rigurosamente no-patologizante porque es incapaz de percibir nada como erróneo.

No existe una palabra en español para traducir el verbo "patologizar" en inglés (pathologize). Aquí he traducido "non-pathologizing" como "no-patologizante". Una patología es algo considerado erróneo o enfermo (fuera de lo aceptable, fuera de lo normalmente aceptado como salud). Ya hemos visto en partes anteriores del libro las tensiones de Suzanne con algunos psicólogos o guías espirituales cuando le decían que en su caso era conveniente algún tipo de práctica o terapia. A Suzanne le disgustaba especialmente, como vimos más arriba, cuando le señalaban la posibilidad de que padeciese un trastorno de despersonalización (eso es una patología, pues se considera algo a eliminar, en el sentido de que quienes la padecen no suelen poder llevar una vida normal). Suzanne se esfuerza en diversos pasajes del libro en justificar el que no se toquen estas cosas: que nadie intente decirle que debe (o que puede) desprenderse del miedo, o que puede hacer terapia sobre su trastorno de despersonalización. Para ella era más atractivo simplemente quedarse con "sus cosas" (miedo, sufrimiento, etc) si eso le permitía seguir sintiéndose especial con la suposición de que estaba iluminada, tal como diversos gurús le habían sugerido.

Por otro lado, el concepto de no patologizar es válido en el sentido de no menospreciar a nadie por el mero hecho de que su funcionamiento sea diferente a la mayoría, incluso en los casos extremos como los trastornos. Pero una cosa es no menospreciar, y otra caer en la confusión de niveles de conceder a las ilusiones el rango de verdad. Es decir, que si alguien padece un trastorno, no es respetuoso (y aún menos espiritual) despreciarle por su funcionamiento anómalo. Tampoco es amoroso considerar a la persona como "errónea" o "defectuosa". Sí, puede que haya defectos (todos los tenemos en el plano ilusorio), y es correcto desprenderse de ellos si uno siente la llamada a desapegarse de ellos, pero una cosa es considerar que el miedo (o un trastorno) es algo "erróneo" en el sentido de que refuerza la ilusión del sufrimiento, y otra muy diferente es basarnos en eso para despreciar a esa persona. Es más apropiado centrarnos en la verdadera realidad de esa persona, que es la misma de todo: lo Absoluto, lo inmutablemente puro, lo que nunca jamás será defectuoso. El resto son sombras ilusorias, apariencias temporales sin importancia intrínseca. No es malo considerar las sombras como "erróneas" en el sentido de que dificultan el despertar, pero uno puede orientarse en favor del despertar y al mismo tiempo no despreciar a la persona. Es más, el mero hecho de "la persona" podemos considerarlo un "defecto", pues es una ilusión, algo falso. El problema no es que la persona tenga tal o cual defecto en concreto, o tal o cual trastorno, sino el mero hecho de creerse una persona. Esa es la noción errónea básica, pero se puede eliminar gradualmente sin necesidad de despreciar a nadie. Simplemente los "defectos" no son nada, no debemos concederles demasiada importancia porque son meras ilusiones. Podemos irnos desprendiendo de ellos de manera tranquila, simplemente mediante el sereno reconocimiento de que son ilusiones. Al dejar de creer en ellos se desvanecerán sin que tengamos que hacer nada en especial. Las ilusiones no pueden continuar por mucho tiempo una vez que se deja de creer en ellas.

Es absurdo pensar que tenemos que deshacernos de ciertos aspectos de nuestra experiencia para ser aceptables. Como se mencionó anteriormente, sería como si el océano dijera que simplemente no puede ser el océano mientras haya algas flotando en él. El océano es el océano, sin importar lo que contenga. Somos la inmensidad y lo contenemos todo: pensamientos, emociones, sensaciones, preferencias, miedos, ideas e incluso identificaciones. Nada tiene que ir a ninguna parte. En cualquier caso, ¿adónde iría?

El problema es que el "océano" de Suzanne no es el Absoluto, sino la falsa unidad de la ilusoria Conciencia Cósmica. Sin darse cuenta, Suzanne está tratando de proteger algunas de sus ilusiones: protegiendo el miedo en vez de trascenderlo al reconocer su ilusoriedad.

Ella dice: «Somos la inmensidad y lo contenemos todo: (...) miedos, (...) e incluso identificaciones». Esto es una noción errónea compartida en no pocos círculos espirituales. Se ha expresado de diversas maneras, como por ejemplo que la no-dualidad contiene en sí las ilusiones, a modo de Lilah/Juego de Dios. Visto así, se afirma que las ilusiones son como burbujeos ilusorios que brotan de la Realidad. Esto es falso porque la Realidad no tiene ninguna relación con las ilusiones. Superar esta confusión es uno de los aspectos que separan el enfoque no-dual del enfoque puramente no-dual. Como ya dije más arriba, si hay miedo, hay ego y por lo tanto uno sigue confundido en la ilusoriedad, apegado todavía a determinados aspectos (creencias) del ego. Este tipo de confusión se debe a nuestra resistencia inconsciente a despertar (una parte de nuestra mente inconsciente tiene miedo a despertar).

En cuanto a la pregunta final que hace Suzanne: «Nada tiene que ir a ninguna parte. En cualquier caso, ¿adónde iría?». ¿Adónde irá el miedo cuando sea superado? ¿Adónde irán las ilusiones cuando sean reconocidas como tales? Un Curso de Milagros ofrece una respuesta, en la medida en que se puedan dar palabras para señalar un proceso que va mucho más allá de las palabras: ¿Adónde irán las ilusiones, o el miedo?:

Pero si te niegas a adorarlo, sea cual sea la forma en que se presente ante ti, o el lugar donde creas verlo, desaparecerá en la nada de donde provino. (T.10.IV.1.9)

Si nos negamos a adorar lo ilusorio (el miedo, el sufrimiento, lo temporal), una vez que dejemos de alimentarlo desaparecerá en la nada de donde provino. En realidad nunca existió.

Con estos comentarios quiero dejar claro simplemente que el miedo puede superarse, como todas las ilusiones. Y que en la verdadera iluminación (la última de las ilusiones) ya no queda ni una sola gota de miedo/sufrimiento. Sin embargo, Suzanne se aferraba en esta época a la creencia de estar iluminada, aunque ello conllevara en su caso el precio de tener que seguir con el miedo, unas veces reprimido y otras veces con el miedo asomando su fea cabeza a la superficie, como le ocurrió a la propia Suzanne unos pocos meses después de la publicación de este libro.

Las directivas psicológicas que apuntan a una cura implican que ciertos pensamientos o emociones son una señal de que no somos aceptables.

Ahí se refleja la fuerte resistencia de Suzanne a cualquier mínima sugerencia de terapia. No es que no seamos aceptables por tener algún problema patológico, pero de todos modos en muchas ocasiones lo más útil es desprendernos de la dificultad, cuando hay un medio disponible. Por ejemplo, si me duele insoportablemente una caries, no es erróneo acudir al dentista; si me duele el apéndice, no es erróneo consultar al médico y si se trata de apendicitis tampoco es erróneo permitir que el cirujano me "resuelva" el problema extirpándolo; si me falla la visión, no es erróneo ir a que me gradúen la vista y me pongan gafas; si un trastorno de despersonalización me hace la vida poco menos que imposible, no es erróneo sondear a quienes pudieran ayudarme con ello. Todas estas cosas no significan que uno no se acepte a sí mismo (ponerle gafas al cuerpo, por ejemplo, no significa que no aceptemos nuestro verdadero ser, que es lo Absoluto y es inmutablemente perfecto; eso siempre y cuando no confundamos nuestro cuerpo con nuestro ser).

Lo negligente es la actitud de aferrarse innecesariamente a las ilusiones con la excusa de que como son ilusiones no debo hacer nada sobre ellas. Este tipo de actitud negligente obedece a una confusión de niveles. Si no nos aferramos a los resultados entonces no hay nada de malo en abordar algunas tareas de mantenimiento para cuidar del cuerpo/personalidad, siempre que no confundamos nuestra identidad con el cuerpo/personalidad —es solo un instrumento útil mientras sigamos percibiendo aún la dualidad—, igual que no hay nada malo en hacer un mantenimiento a nuestro coche siempre que no confundamos nuestra identidad con el coche ni nos aferremos a los resultados.

A veces puede haber un masoquismo inconsciente en la actitud de renunciar a abordar algunas ilusiones en su propio nivel, a pesar de que nos produzcan una molestia que se eliminaría fácilmente si hiciésemos lo que las personas "normales" hacen al respecto. Por eso, no tiene nada de malo hacer alguna terapia psicológica si lo vemos oportuno, ni ponerle gafas al cuerpo si lo vemos oportuno, ni cruzar cuando el semáforo está en verde si lo vemos oportuno. Aunque si al mismo tiempo estamos siguiendo un enfoque espiritual no-dual, debemos llevar cuidado en procurar no identificarnos con ese nivel ilusorio ni aferrarnos a los resultados. Simplemente fluimos, pero sin masoquismos innecesarios que solo ralentizarían nuestro proceso de despertar.

Este tema puede ilustrarse con la parábola del elefante (adaptada para esta ocasión): Los discípulos estaban en el camino cuando llegaba un elefante. Todos los discípulos se apartaron excepto uno, confiando en la enseñanza del gurú que decía que el mundo es irreal y por lo tanto no podía causar ningún daño real. Pero el elefante le pasó por encima y le dejó dolorido. Tiempo después, el discípulo acudió a ver al gurú para quejarse: «Me enseñaste que el mundo era irreal, ¡pero el elefante me pasó por encima y me dejó magullado!». El gurú respondió: «Mientras aún estés identificado con lo irreal —tu cuerpo, ¡ten cuidado con lo irreal —el elefante!». Y nuestros elefantes pueden ser una caries, una emoción dolorosa (por ejemplo el miedo), un trastorno de despersonalización, etc. Recordemos de nuevo el consejo habitual de Kenneth Wapnick: «¡Sed normales!». Si algo no te molesta, entonces puedes dejarlo pasar. Pero si te hace la vida imposible, no hay nada de malo en abordarlo cuando hay un medio posible, ya se trate de miedo, de una caries o de lo que sea que nos resulte doloroso. El miedo era un "elefante" para Suzanne pero, como tenía prejuicios contra deshacer el miedo, se quedaba delante del elefante sin hacer nada para evitar que le pasara por encima.

A nivel Absoluto, siempre somos el Ser inmutable, eternamente aceptable (es lo que verdaderamente somos y bien podríamos estar siempre contentos y agradecidos por ello). Pero al nivel del plano ilusorio (que es lo que solemos experimentar cuando aún no hemos despertado completamente de la dualidad), uno puede tratar de manera práctica con las ilusiones (ir al dentista, al óptico, al psicólogo, a un amigo, cambiar los pañales o darle leche a nuestro bebé si llora, o cualquier acción que uno vea oportuna) y al mismo tiempo seguir paralelamente el enfoque espiritual que está siguiendo, si es que sigue alguno.

De lo contrario, cuando sintamos miedo (o cualquier sufrimiento), simplemente nos conformaremos resignadamente, en vez de ser compasivos con nosotros mismos y nuestros seres queridos cuando hay algún medio disponible, y al mismo tiempo seguir con el proceso (mental) de ir deshaciendo nuestras creencias de que el miedo (o cualquier sufrimiento o limitación) sea verdad. Si un elefante se nos echa encima, apartarnos de en medio no está reñido con mantener nuestra convicción de que el elefante —al igual que nuestro cuerpo/individualidad— es irreal. No comprender esto es un ejemplo de confusión de niveles.

De todas formas, del dicho al hecho hay un buen trecho y aunque Suzanne aquí escribe contra las terapias que se enfocan en la curación, ella misma unos meses después recurrió de nuevo a terapia para superar el trauma de los abusos en su infancia y el trastorno de despersonalización. Incluso cuando nos resistimos a desenmascarar el miedo, tarde o temprano el miedo se vuelve tan insoportable que finalmente nos decidimos a abrirnos a la posibilidad de ponerle fin. Como ya cité más arriba (de Un Curso de Milagros, frase que volveré a citar una tercera vez):

La resistencia al dolor (o al miedo) puede ser grande, pero no es ilimitada. (T.2.III.3.5)

Seguimos con Suzanne:

Las directivas espirituales que apuntan a una meta llamada realización o trascendencia sugieren que ciertos pensamientos o emociones son impedimentos para el desarrollo espiritual. Al fin y al cabo, dicen, ¿cómo podemos ser la inmensidad si estamos experimentando confusión o miedo, ira o tristeza? Pero la presencia de los pensamientos y sentimientos significa únicamente que los pensamientos y los sentimientos están presentes.

Por si quedara alguna duda, en el siguiente párrafo Suzanne insiste en su punto de vista:

No hay ninguna experiencia cuya presencia sea una indicación de que no eres la inmensidad. Por lo tanto, no hay necesidad de deshacerse de nada.

En realidad eso es en parte cierto: no hay necesidad de deshacerse de nada (excepto de la ilusión del sufrimiento, pero que al ser una ilusión, no es realmente deshacerse de algo).

Ciertamente, ninguna circunstancia significa que no seamos nuestro verdadero ser. Siempre somos lo que realmente somos, nuestro ser absoluto, lo inmutable. Sin embargo, mientras aceptemos creer en las ilusiones, nuestro verdadero ser parecerá quedar oculto a nuestra conciencia, por lo que nos parecerá haber perdido nuestro bienestar/plenitud.

El sufrimiento no es causado por la presencia de determinadas circunstancias o experiencias, sino por la interpretación que la mente hace de ellas.

Esto es exacto. Y además es muy practico tenerlo en cuenta. El sufrimiento no es una causa (no significa nada: es ilusorio), es más bien una especie de efecto (ilusorio), el efecto, como dice Suzanne, de la interpretación que hace la mente. Esto, por cierto, es aplicable en diversos niveles de profundidad. Por ejemplo, a nivel superficial, si me duele una muela o un vecino me niega el saludo, según cómo interprete esas circunstancias mentalmente, estaré en paz o me dejaré afectar por la ilusión del sufrimiento. Por otro lado, a un nivel más profundo, la interpretación mental (incluso al nivel de la mente inconsciente) de que soy un individuo separado, o incluso de que estoy separado de algo más abstracto, separado de mi Ser, de la Plenitud, del inmutable Absoluto, esa es la interpretación mental que produce todos los demás efectos ilusorios y todos los aparentes problemas, desde la apariencia del mundo y de los seres humanos incluidos en él, hasta cada uno de los problemas, accidentes y enfermedades o problemas concretos que se den en cualquier rincón del universo de lo ilusorio. Verdaderamente, ¡qué importantes son las interpretaciones! Y no nos olvidemos del matiz ya comentado más arriba del tema del hacedor personal, etc. Las interpretaciones, incluso cuando en el nivel superficial puedan parecer interpretaciones personales, nunca son personales realmente, nunca son interpretaciones del inexistente individuo humano, sino que es la también ilusoria Conciencia Cósmica la que lleva a cabo todas las interpretaciones, y en la medida en que entremos en contacto con esta Conciencia Cósmica (algo que nos enseñan algunas espiritualidades como por ejemplo UCDM), al tomar conciencia de Ella podremos comenzar a dar la vuelta a la tortilla del ego y así aceptar el despertar.

Finalicemos las citas de este capítulo 9 con otra más, que está cerca del final del capítulo:

El propósito de la vida humana ha sido revelado. La inmensidad creó estos circuitos humanos para tener una experiencia de sí misma por sí misma que no podría tener sin ellos. A través de esta humanidad, la sustancia de la que todos estamos hechos tiene la oportunidad de amarse a sí misma.

Lo que ahí se describe corresponde a lo que a veces llamo "falsa unidad", ya que en la auténtica realidad —lo Absoluto— no hay "circuitos humanos", ni tiempo, ni formas, ni limitaciones, ni sufrimiento. La humanidad es una apariencia o ilusión, por lo que su único propósito, de insistir en que tenga uno, podría ser el utilizarlo como una herramienta en favor del despertar.

Lo Absoluto es pleno, inmutablemente perfecto, por lo que no necesita de ilusiones para poder conocerse o amarse a Sí Mismo.

Y con esto dejamos atrás el capítulo 9 del libro de Suzanne. Ya no hay más capítulos numerados. El siguiente es una sección de preguntas y respuestas (de la que voy a aportar algunas citas en seguida) y luego al final del todo está la sección más importante, el Epílogo final que fue añadido a la edición de 1998 del libro (la 2ª edición), que es relevante para poner en contexto el resto del contenido del libro. Este Epílogo del final, escrito por Stephan Bodian, es tan relevante de tener en cuenta que voy a incluir una traducción casi completa de esa sección.

Pero como decía, antes del Epílogo, sopesemos algunas citas de la sección de preguntas y respuestas. En el libro se puso a esta sección el título de "Conversaciones con la inmensidad".


Conversaciones con la inmensidad 
(sección de preguntas y respuestas)

Detrás de la mayoría de las prácticas espirituales está la creencia de que tienes que llegar a un lugar en el que no estás: un destino llamado realización o iluminación. Pero la realización no está en algún otro lugar; es el estado humano presente de forma natural. No le pertenece a nadie. Es quien todos somos. Las prácticas espirituales también dan lugar a muchas imágenes o suposiciones sobre a qué se parece este estado. Por ejemplo, cuando describí cuánto miedo había, la gente me decía que el miedo significaba que algo debía estar mal, porque el miedo era una indicación de no estar en el estado adecuado. Pero el miedo es lo que es, y está ahí también, en la inmensidad de lo que somos.

Ya hemos comentado sobre este tema, así como con lo que pasó unos meses después cuando el miedo volvió a incomodar a Suzanne hasta el punto de abandonar la idea de estar "en el estado adecuado" —"iluminada"— y volver a algún modo de terapia (como veremos al final), así que simplemente sigamos con más citas:

La inmensidad definitivamente experimenta el placer de experimentarse a sí misma. De hecho, este placer parece ser el propósito de la vida humana —hacer que los circuitos humanos colaboren conscientemente en el órgano sensorial de la inmensidad de la que están hechos.

De ese tema ya hemos hablado también más arriba.

Pasemos a una respuesta que da que me resulta interesante, y con la que estoy especialmente de acuerdo, sobre todo interpretándola como diré. Le preguntan nuevamente sobre las prácticas espirituales, y tras insistirle, finalmente Suzanne acepta dar un par de sugerencias, que me parecen además sensatas, inspiradoras y oportunas. Extraigo las dos líneas principales y comento yo mismo un contexto interpretatorio que pueda ser útil para esas dos sugerencias:

Solo dos sugerencias. 1) La primera es ver las cosas tal como realmente son. (...) 2) La segunda sugerencia, que en realidad es una no-sugerencia, es seguir lo obvio.

Naturalmente, como ya dije en la parte inicial del post sobre que las frases, incluso las frases espirituales, pueden ser interpretadas de modo diferente por cada persona, esto por lo tanto puede interpretarse de diversas maneras, algunas de ellas intermezcladas entre sí. Hay un significado básico en esas frases que todos compartimos, pero luego vienen los posibles matices. Por ejemplo, Suzanne a buen seguro usaba esas ideas como justificaciones para mantener sus puntos de vista: por ejemplo, "ver las cosas tal como realmente son" significaría verlas como ella las ve: que la iluminación incluye la emoción del miedo, que no hay la menor necesidad o utilidad en las prácticas espirituales, etc. Y "seguir lo obvio" a ella le podía venir muy oportuno para seguir sus impulsos: cada vez que interrumpía la terapia y abandonaba de golpe a un psicólogo, ella "seguía lo obvio" (en alguna ocasión lo expresa literalmente así en el libro). Igualmente, tomar como cierto lo que le dijeron algunos gurús (que ella había alcanzado la realización completa de los grandes sabios, aquello por lo que tantos buscadores se han esforzado meditando en cuevas, etc), sería también para ella una creencia muy cómoda que le parecería natural, obvia: ¡a seguir lo obvio!

Pero esto pasa con cualquier tipo de consejo, idea o sugerencia: que incluso cuando son válidos, no siempre los usamos adecuadamente. Cualquier consejo podemos usarlo guiados por el discernimiento que nos brinda el Maestro interior, o por el contrario podemos mal-usarlo dejándonos llevar por el criterio del ego, quien siempre trata de emborronar la validez de cualquier consejo, mezclándolo con interferencias que nos vayan sacando del camino del despertar (el ego siempre se resiste a que pongamos fin a la ilusión de que hay un ego... aunque esto suene paradójico, y de hecho es en gran parte metafórico, como todo lo que se expresa en palabras).

Pero las dos sugerencias que propone Suzanne me gustan. La primera, «ver las cosas tal como realmente son», podríamos expresarla también con las palabras «no juzgar» (o no juzgar mediante el ego; y siempre que juzgamos sin la guía del Maestro interior, automáticamente estamos juzgando con el ego). Y eso incluye al miedo. Si juzgamos (de acuerdo con el ego) que el miedo es parte de la verdad, quedaremos enredados en la confusión hasta que soltemos dicho juicio/creencia.

La segunda sugerencia, «seguir lo obvio», podríamos expresarla también con las palabras «fluir», o «abrirnos suavemente a la intuición». En realidad, seguir la dirección del despertar es más fácil de lo que parece (y más benigno), excepto cuando dejamos que nuestra resistencia, basada en el miedo inconsciente a despertar, nos impulse a seguir aferrados a la individualidad o a la separación en cualquiera de sus aspectos.

En el fondo, ambas sugerencias son una y la misma. Fluir es lo mismo que no juzgar, porque cuando uno está fluyendo, todo ocurre suavemente y al haber paz, uno se siente bien y no siente el impulso de juzgar. Por otro lado, cuando no juzgamos, automáticamente estamos fluyendo. Esto va en las dos direcciones: si juzgo, no puedo fluir. Si dejo de juzgar, automáticamente estoy fluyendo. Si estoy fluyendo, automáticamente no estoy juzgando. Si dejo de fluir, automáticamente estoy juzgando algo, ya sea a nivel consciente o ya sea que tengo alguna creencia juzgadora reprimida en la mente inconsciente. En cualquier caso, mientras quede un solo juicio egoico sin deshacer, la iluminación —la última de las ilusiones— no tendrá lugar. El mero hecho de creer que el universo material existe —o que lo humano existe, o que el sufrimiento existe— es en sí un juicio que tarde o temprano desharemos en algún punto de nuestro proceso de despertar.

El infinito no pide que nada tenga que ser eliminado. La presencia de cualquier pensamiento, sentimiento o comportamiento no afecta a la infinitud del infinito.

Y lo anterior es cierto si estamos refiriéndonos al Absoluto, pero Suzanne no había captado lo Absoluto, sino que estaba más orientada hacia la falsa unidad (y ni siquiera parecía haberla captado en profundidad). En términos de lo Absoluto sí que es cierto que lo Absoluto no pide que se elimine nada, pues Ello sabe que no hay nada excepto Ello Mismo (lo Absoluto). No hay mundo, no hay sufrimiento, no hay miedo, no hay ilusiones que eliminar. Todo es plenitud.

Por el contrario, si por "infinito" nos referimos a algún aspecto de la ilusión (sea la Conciencia Cósmica o cualquiera de sus reflejos), entonces no va a funcionar la frase esa que dice Suzanne: «La presencia de cualquier pensamiento, sentimiento o comportamiento no afecta a la infinitud del infinito». La propia Suzanne es el ejemplo, pues al menos ella sí se vio fuertemente afectada, si tenemos en cuenta lo que pasó unos meses después (que veremos en mayor detalle más abajo), cuando se vio inundada de miedo y decidió volver a hacer terapia, dejando de lado la teoría de que estuviera iluminada (como veremos más abajo, parece que incluso llegó a escribir un segundo libro para explicar estas confusiones que propagó en su primer libro, aunque el destino de ese segundo libro fuese el que fue —seguiremos luego con esto en el testimonio que copiaré al final de una amiga cercana de Suzanne). Solo alguien completamente iluminado está permanentemente libre de todo tipo de sufrimientos. Solo un iluminado está siempre inafectado por no importa que ilusiones puedan aparecer durante lo que podríamos llamar el "último papel del iluminado", esa última actuación en el escenario o teatro del mundo, un papel lleno de paz y plenitud para el iluminado, que experimenta así la última de las ilusiones (todavía percibiendo el mundo, pero libre de sufrimiento) y al mismo tiempo degustando también la verdad del Ser Absoluto, que es lo único que quedará finalmente (y lo único que siempre ha habido realmente) cuando la obra de teatro en su totalidad, el sueño de la dualidad, parezca llegar a su fin (y digo "parezca" no porque no acabe, sino porque en realidad nunca empezó).

El sufrimiento ocurre cuando algo se toma por lo que no es, en vez de por lo que es.

Esto es cierto. El sufrimiento aparece cuando uno toma las ilusiones como verdad, en vez de por lo que son realmente: nada. La frase de Suzanne ya la hemos visto expresada antes en el libro con otras formas, por ejemplo en una de las sugerencias que dio: «ver las cosas tal como realmente son». De hecho, el discernimiento consiste en eso, en el sentido de ver las ilusiones como ilusiones, y no confundirlas con la verdad. Parece ser que en el caso de Suzanne sus palabras se vuelven contra ella misma en cierto modo, porque dice que «El sufrimiento ocurre cuando algo se toma por lo que no es», y por lo tanto ahí queda en evidencia que ella no había entendido en totalidad lo que las cosas realmente son, porque el sufrimiento reapareció en su vida pocos meses después de publicar este libro, y de manera más intensa que nunca antes.

Y acabemos esta sección con una última cita, antes de pasar al famoso Epílogo escrito por Stephan Bodian para la segunda edición del libro.

Si las ideas, creencias o sentimientos negativos simplemente se ven tal como son, no hay sufrimiento. Pero cuando se los toma como que son lo que soy, existe la sensación de que algo debe andar terriblemente mal en mí y, a menos que cambie y me deshaga de esta negatividad, mi vida no será aceptable.

Esas palabras en sí son muy válidas. De hecho es una idea que ofrece también Un Curso de Milagros, expresándola de este modo: 

Lo único que necesitas hacer es ver el problema tal como es, y no de la manera en que lo has urdido. (T.27.VII.2.2)

Vemos las cosas tal como son cuando las vemos de acuerdo con el Maestro interior. Cuando no es así, es porque las estamos urdiendo siguiendo algún criterio patrocinado por el ego.

Es cierto lo que dice Suzanne de que si las cosas «se ven tal como son, no hay sufrimiento». Unos meses después de publicar este libro el sufrimiento reapareció en la vida de Suzanne. Podríamos deducir que, en su caso, ella no había logrado ver con claridad las cosas «tal como son». Afortunadamente, a partir de ese momento se puso manos a la obra. Y esto es válido para todos nosotros: tarde o temprano nos cansaremos de jugar a sufrir, y aceptaremos cada vez con más intensidad el despertar, dándole cada vez más la bienvenida.

La siguiente sección del libro es una breve sección de agradecimientos, seguida del Epílogo que es lo que vamos a incluir aquí. Nos saltaremos los agradecimientos y vamos a centrarnos en la información ofrecida por Stephan Bodian en el Epílogo, narrando algunos aspectos del final de la vida de Suzanne.



1996-1997 — La desaparición de la "iluminación"

Ya hemos abordado todo el contenido de lo que fue la primera edición de «Colisión con el infinito», de Suzanne Segal. Lo que queda es un interesante Epílogo, escrito por Stephan Bodian (quien escribió también el prefacio del libro y que ha aparecido mencionado por Suzanne en algunas de las citas que hemos brindado más arriba), epílogo que fue añadido a la segunda edición del libro. La 1ª edición se publicó en la primera parte de 1996, si no recuerdo mal en la primavera. Luego vino la recaída de Suzanne, el retorno del miedo y del sufrimiento emocionales (recuerdos de abusos en la infancia principalmente, y experiencias intensísimas de despersonalización), finalmente surgió otro tema diferente: contrajo cáncer y todo acabó rápido: murió el 1 de abril de 1997.

Su libro «Colisión con el infinito» se convirtió en un clásico en los años posteriores, hoy todavía muchos consideran que Suzanne Segal estaba totalmente iluminada, algunos entre quienes piensan esto nunca llegaron a leer el Epílogo que incluimos a continuación, y menos aún se enteraron de la opinión de la propia Suzanne en sus meses finales.

El libro «Colisión con el infinito» se nos presenta como información de "nivel iluminado". Refleja la época en que Suzanne se dejó influir por las opiniones de quienes le dijeron que estaba iluminada. Algunos maestros y escritores conocidos contribuyeron a esta confusión, al considerar a Suzanne como iluminada o casi. Hemos mencionado más arriba a algunos de estos maestros a medida que Suzanne escribía sobre ellos en el capítulo correspondiente, como ya hemos visto. Algunos de estos maestros (que en mi opinión no estaban iluminados) son:

Maharishi Mahesh Yogi fue el primer gurú con el que Suzanne entró en contacto, aunque este lo fue en la época anterior al incidente de Suzanne en la parada de autobús en 1982 (la "colisión con el infinito"). Fue la época en la que Suzanne practicó meditaciones intensivas (llegando a superar las 10 horas diarias) y también en la que se llevó la decepción vivida en el movimiento de Maharishi Mahesh Yogi: la Meditación Trascendental (MT).

Otros maestros con los que Suzanne contactó posteriormente (ya después del incidente de 1982) y que contribuyeron de un modo u otro a que Suzanne optara por la idea de que estaba iluminada fueron: Jean Klein, Gangaji, Andrew Cohen, Jack Kornfield, Ram Dass, entre otros (menciono principalmente a los que ya conocía, que para mí son los maestros "conocidos").

Ya de paso, saliéndome del contexto concreto de la vida de Suzanne, aprovecho para mencionar a una serie de maestros de los que he leído o escuchado sus mensajes (normalmente libros, en algún caso vídeos) y que aun siendo en muchos aspectos muy inspiradores, voy a compartir mi impresión particular con respecto a que ninguno de ellos me pareció estar completamente iluminado cuando lo leí/escuché. Esto no tiene nada de particular, de hecho es lo normal porque la inmensa mayoría de los escritores y gurús no están iluminados, independientemente de que sean muy conocidos o no. Es de suponer que los iluminados son muy muy pocos. Muchas veces he comenzado a leer el libro de algún famoso maestro con las ganas de encontrarme ante un iluminado, pero una y otra vez acabo llegando a la conclusión, especialmente con la rama llamada "neoadvaita", de que aunque muchos de ellos son muy útiles e inspiradores, no llegan al grado de distinguir con precisión la no dualidad de la pura no dualidad, y sucede con ellos como ocurrió con Suzanne Segal: que algunas de sus ideas son maravillosamente inspiradoras, mientras que otras reflejan diversas confusiones, por ejemplo la confusión entre la verdadera y la falsa unidad.

Debido a que Suzanne se sintió al final de su vida en cierto modo desviada o influida por algunos maestros, puede ser útil que todos tomemos conciencia del papel de tales maestros. Tienen una inmensa utilidad en ciertos aspectos del camino espiritual, pero no llegan hasta el final.

Aquí incluyo, como posible opinión desmitificadora, algunos de los maestros que he sondeado y que me parecieron no estar iluminados (al menos en el momento en que escribieron los libros que leí de ellos). Algunos de estos maestros son: David Carse, Tony Parsons, Ramesh Balsekar, Ilie Cioara, Jeff Foster, Adyashanti, Papaji (Poonjaji), Osho, Steve Taylor (autor de "El salto"), Wayne Liquorman, Jan Kersschot, Josh Baran, Alan Watts, Rupert Spira, Mooji, Karsten Ramser, Chogyam Trungpa, Anam Thubten, Robert Wolfe, Rebekah Maroon, Sailor Bob Adamson, Alan Cohen, Gina Lake, Michael Langford, Yolande Durán Serrano, Douglas Harding, Nathan Gill, Francis Lucille, Eckhart Tolle, Melvyn Wartella, Leo Hartong, Aurobindo, Ken Wilber, David R. Hawkins , los dos Krishnamurti, etc etc etc

Hay gran diversidad entre ellos. Algunos utilizan una noción distinta de la iluminación de la que utilizo yo, como por ejemplo reconoce honestamente Adyashanti, quien indicó que la iluminación a la que él se refiere no es el final, y por eso escribió también un libro para guiar a los iluminados, pues muchos que habían llegado a esa "iluminación" le pedían ayuda para seguir resolviendo dilemas, dudas o integrando cosas. 

La mayoría de los nombres citados los he recordado revisando algunos de los libros de mi biblioteca; hay muchos más, y por supuesto hay muchísimos escritores y gurús a los que no he leído ni conocido, y que tal vez sí estén iluminados. Una lista así solo sirve como recordatorio de que la iluminación completa no es tan fácil de alcanzar como algunos piensan. Y que conste que no he dicho que los mencionados en esta lista no sean muy inspiradores en muchos aspectos. La mayoría de ellos me han ayudado bastante en varios momentos de mi camino. No es necesario que estén iluminados para que resulten inspiradores en muchas de las ideas que comparten. En mi opinión no llegan hasta el final, pero pueden ser muy útiles en muchas de las etapas del camino espiritual. Cada uno debemos sentir en qué etapa estamos y qué es lo que nos resuena.

Y ahora, pasamos al Epílogo del libro «Colisión con el infinito». (Cabe preguntarse si la información ofrecida en este Epílogo tuvo alguna influencia sobre el hecho de que ningún editor se haya animado a traducir el libro de Suzanne al español, tal vez porque pudiera parecer menos atractivo para los lectores al conocerse la información contenida en este Epílogo, que apunta a que Suzanne no hubiese alcanzado la iluminación; en cualquier caso, sigue siendo un libro interesante, aunque sea desde la perspectiva del trastorno de despersonalización y su influencia en algunas confusiones en la comunidad espiritual).

☼☼☼

Otros prefieren negar que están tristes, 
y no reconocen en absoluto 
que se están tragando las lágrimas. 
(L.182.2.3)

Traducción del 
Epílogo de «Colisión con el infinito»:

El Epílogo comienza diciendo que cuando esta biografía (Colisión con el infinito) se completó, en la primavera de 1996, Suzanne Segal había comenzado a ofrecer algunos encuentros en público y fines de semana de charlas, así como a dirigir un grupo de entrenamiento bimensual para terapeutas.

Luego dice:

A finales de la primavera (1996), Suzanne comenzó a tener una serie de potentes experiencias energéticas en las que, tal como ella lo expresó, "la vastedad (la inmensidad del vacío) se hizo aún más vasta (grande, inmensa)". Ella chistosamente las llamaba "golpes de autobús" (refiriéndose a su despertar original en la parada de bus en 1982). Aunque al principio eran experiencias agradables, parecía estar cada vez más molesta por ellas y con frecuencia tenía que detenerse y descansar después de un acontecimiento particularmente intenso. Al mismo tiempo le resultaba cada vez más difícil relacionarse con la noción de "otro". (...)

Poco después los "golpes de autobús" empezaron a suceder de manera frecuente, y hacia finales del verano Suzanne se dio cuenta de que estaba físicamente exhausta y que tendría que retirarse temporalmente de la vida pública para recuperarse. Los médicos a quienes consultó coincidieron en que su energía vital se había agotado y le recetaron hormonas y otros suplementos para ayudarla a recuperarse. Aproximadamente por las mismas fechas ella notó también que el miedo, que había desaparecido varios años antes, ahora había regresado.

Suzanne puso fin abruptamente a todos sus grupos y apariciones públicas, a excepción del grupo de terapeutas, que continuó durante todavía un mes más. A algunos del grupo les pareció que ella había perdido contacto con la vastedad/inmensidad y que su (de Suzanne) presencia había disminuido notablemente. En un momento dado, ella se bajó de su silla y se unió a los demás, que estaban sentados sobre el suelo, abdicando simbólicamente de su rol como guía y fuente de inspiración. Y aunque antes sus amigos habían accedido fácilmente a ella para charlar por teléfono o pasear por la playa, en cambio ahora ella se apartó de casi todo el mundo y se retiró en soledad, en aislamiento y privacidad, prácticamente se recluyó.

Durante todo el otoño pasó la mayor parte del tiempo en su casa, sola y con su familia, dando paseos regulares por el océano y sentada en su patio mirando la laguna Bolinas en la playa de Stinson, California, donde vivía. Durante este período le vinieron recuerdos de abuso infantil, lo que parecía explicar parte del miedo que ella había experimentado durante sus 10 solitarios años de no ser nadie (1982-1992) antes de darse cuenta de que ella era todo. Cuando le sugerí que tal vez el miedo viniera de una parte de ella misma que estaba dividida o disociada de su conciencia, ella estuvo de acuerdo inmediatamente.

En un momento dado ella me llamó para describir su reciente descubrimiento de que ella de hecho sí existía —e insistió en que todos los maestros espirituales que enseñaban la inexistencia de un "yo" permanente estaban equivocados. Pasé una hora hablando por teléfono con ella explicándome la diferencia entre no tener "yo" y no existir.

Durante este período Suzanne parecía zigzaguear sin rumbo, como a la deriva, entrando y saliendo de la experiencia de verse a sí misma como la vastedad/inmensidad. A veces ella hablaba de Dios, y una vez, durante una caminata por la playa, describió haber visto ángeles. En cierto momento ella reconoció que había estado usando la vastedad/inmensidad como una defensa para protegerse de sus sentimientos y del doloroso proceso de asimilar lo sucedido en su infancia.

En los primeros meses de 1997 Suzanne se sintió cada vez menos conectada con la vastedad/inmensidad, y cada vez más desorientada, al parecer debido a todas las nuevas revelaciones (insights) que estaba teniendo. "Esta cosa de la vida humana es realmente algo, ¿no?" —a menudo reflexionaba, casi para sí misma. Aquellos de nosotros que estábamos cerca de ella esperábamos que ahora ella tendría un prolongado proceso de integración, en el que aprendiera poco a poco a ser alguien tan bien como nadie. Pero su salud no permitiría que esto ocurriera.

A finales de febrero Suzanne tenía dificultades para sostener un bolígrafo, recordar nombres familiares o valerse por sí misma sin sentirse mareada. A instancias de su quiropráctico ingresó en el hospital el 27 de febrero y los rayos X revelaron que tenía un tumor cerebral. Ella decidió que se lo extirparan pero prefirió no someterse a radiación ni quimioterapia. Cuando los cirujanos la operaron una semana más tarde, descubrieron que el tumor estaba demasiado diseminado como para eliminarlo por completo. El 8 de marzo regresó a casa y el día 10 ella y su prometido, Steve Kruszynski, se casaron en una pequeña ceremonia en su casa. Poco después viajaron a Oklahoma para buscar un tratamiento alternativo. Pero cuando Suzanne recayó, interrumpieron el viaje y quedó claro que regresaba a casa para morir.

Varios días después de regresar de su viaje, Suzanne entró en coma. Un pequeño grupo de amigos cercanos los visitaba diariamente para reunirse con su familia, sentarse con ella, respirar con ella y despedirse. Temprano en la mañana del martes 1 de abril, Suzanne Segal murió. Siguiendo una costumbre tibetana, el cuerpo fue envuelto en una tela, rodeado de flores, y lo dejaron reposar durante 3 días. Al tercer día nos sentamos junto a su cuerpo mientras un rabino local realizaba una ceremonia tradicional judía a petición de su madre.

El sábado siguiente, casi 100 personas —muchos amigos y parientes de Suzanne— se reunieron para homenajearla, agradecer los regalos que ella nos ofreció, y para compartir nuestro dolor. Al atardecer, su esposo, Steve, su hija de 14 años, Arielle, y su hermano Bob se aproximaron a las frías aguas de la primavera y esparcieron sus cenizas al viento, ofrecidas al cielo. Algunas personas dicen que vieron la forma de un ángel materializarse brevemente y luego desintegrarse en el mar.

Aquellos de nosotros que estábamos cerca de Suzanne nunca dudamos de la profundidad o la autenticidad de su realización. Sin embargo, hacia el final de su vida solo pudimos ver cómo esa comprensión/realización se le escurría entre los dedos como la arena, dejándola frustrada y confundida. No cabe duda de que su tumor cerebral ayudó a precipitar esta confusión. Pero otros factores parecieron contribuir, especialmente la aparición de recuerdos de abuso y las experiencias reveladoras (los "golpes de autobús") que se desencadenaron.

El ejemplo de Suzanne nos habla de la importancia de la integración —de lo personal con lo transpersonal, de lo psicológico con lo espiritual— y plantea interrogantes sobre la relación entre la disociación —en la que partes de la psique se separan entre sí— y el genuino despertar permanente. Al morir antes de que esta integración se completara, Suzanne nos dejó a cada uno de nosotros con el koan de descubrirlo por nosotros mismos.

Stephan Bodian
Fairfax, California
Abril de 1998

(Puede encontrarse una transcripción en inglés de este Epílogo; quien esté interesado en leerla en inglés, puede probar aquí: http://awakening.net/ALife3.html (viene precedida —y proseguida— con conversaciones sobre el tema. El Epílogo del libro es la parte que empieza con «When this extraordinary autobiography was completed» y luego tras varios párrafos acaba con la firma de Stephan Bodian, igual que mi traducción)

☼☼☼


Importante complemento final

El libro ya lo hemos abordado de cabo a rabo. Pasemos ahora a aportar como complemento un testimonio de una amiga de Suzanne cuyo comentario encontré recientemente en internet y que ofrece una serie de datos que no he visto en ninguna otra parte, por lo que lo incluyo aquí para que dispongamos de la máxima información sobre el caso de Suzanne Segal. Esta amiga suya escribió su testimonio usando como apodo el nombre "Java". Si alguien prefiere leer estos comentarios en el original en inglés, los he sacado de aquí: http://www.spiritualteachers.org/suzanne-segal/

Y ahora, vamos al asunto.

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La resistencia al dolor puede ser grande, 
pero no es ilimitada. 
(T.2.III.3.5)


Traducción de los comentarios de Java:

Comentario Java-1:
Escrito por Java, 5 de noviembre de 2017:

Suzanne era una gran amiga mía. Desafortunadamente, hay una gran cantidad de conceptos erróneos en torno a ella porque su segundo libro, que ardientemente trató de publicar antes de su muerte, fue rechazado por el editor porque su primer libro era más popular y él no quería arriesgarse a que tal libro fuera descubierto como referido a un despertar no-espiritual después de todo.

En su segundo libro ella detalló su experiencia desde una perspectiva mucho más profunda y honesta. Durante la mayor parte de los años en que ella vivió "aterrada" tras perder su sentido del "yo", ella no tenía ningún concepto erróneo acerca de que esta experiencia fuera un despertar. Solo después de que alguien (un maestro espiritual confundido) le dijo que se trataba de un despertar espiritual "que ella simplemente no entendía" fue cuando ella sintió algo de alivio y empezó a enseñar y a describir su experiencia desde ese marco de referencia.

Suzy experimentaba lo que se denomina un "trastorno de despersonalización" debido a una infancia muy traumática, algo que ella reveló posteriormente en su segundo libro inédito (no publicado). El hecho de que esto ocurrió tras quedarse embarazada no es sorprendente, porque el embarazo es un típico desencadenante de los traumas relacionados con el abuso sexual. Suzanne sufrió abusos sexuales de larga duración y, como ya he dicho, escribió extensamente sobre este tema en su segundo libro. La "despersonalización" finalmente desapareció una vez que ella logró integrar gran parte de su traumático pasado, y finalmente ella conoció la paz y la libertad, en el sentido de sentirse "entera" de nuevo, antes de su fallecimiento.

Ella tenía la firme convicción de que le debía al mundo contar su experiencia, para no descarriar a la gente (pues creía que ella había sido descarriada/desencaminada) con la equivocada idea de que la experiencia del "no-yo" era realmente la iluminación. De hecho, en su caso, en realidad se trataba de un estado de profunda disociación. Incluso lo había descrito (ya en el primer libro, como ya hemos visto mas arriba) con bastante precisión cuando, al principio de todo, sintió que estaba mirándose a sí misma desde detrás y ligeramente desde un lado. Esto duró un tiempo hasta que esa perspectiva de ser testigo de sí misma se desvaneció por completo y ya no se reconocía en absoluto. Esto siempre fue aterrador e inquietante para ella, durante muchos años. Parte de la razón por la que la terapia no la "ayudó" fue que ella había presentado una fuerte resistencia contra cualquier terapia que se dirigiera a descubrir su trauma pasado. De hecho, incluso después de convertirse en terapeuta, tendía a "no creer" a las personas que afirmaban haber sufrido abusos sexuales en la infancia. Ella todavía estaba en una profunda negación y terror de su propio pasado.

Cuando le dijeron que estaba "despierta", el alivio de no solo sentirse bien sino en cierto modo "iluminada" (en vez de la sensación de "me está sucediendo algo terriblemente malo" debido a esta experiencia) la condujo inicialmente a una profunda sensación de libertad, porque era capaz de obtener una sensación de autoaceptación debida a la atención y adulación recibidas después de escribir su libro. Esto no duró mucho tiempo, sin embargo, antes de que cayera en una profunda depresión, y fue entonces cuando comenzó su verdadera tarea.

Cuando conocí a Suzanne (nos presentó una amiga que teníamos en común y que pensaba que nos entenderíamos muy bien) me ofreció su manuscrito inédito (Collision, cuando todavía no se había publicado) para que lo leyera. Algún tiempo después de eso, tras la publicación y el sorprendente éxito de su libro, me rogó que me quedara con ella y la ayudara. Durante ese tiempo experimentamos su transformación, impulsada por su profundo y vigilante deseo de curarse realmente y conocerse a sí misma verdaderamente, junto con un conocimiento más profundo, creo, de que su tiempo sobre la tierra estaba llegando a su fin. Antes de eso, intentó encuadrar su experiencia para que encajara en el modelo de "despertar", que le habían hecho creer que era cierto.

Ella, créanme, nunca lo sintió como un despertar hasta que intentó describirlo como tal. Sus muchos temores profundos y de por vida todavía persistían en privado, y no fue hasta que empezó a encarar los orígenes de esos miedos cuando por fin pudo liberarlos y sentirse realmente "normal". Para ella esto fue jubiloso, no como la falsa alegría fabricada y superimpuesta que describe en su libro, sino la verdadera alegría de ser capaz de simplemente ser, sin todos esos conceptos que estaban encubriendo un sufrimiento más profundo.

Creo que Suzanne es un gran ejemplo de cómo la espiritualidad a menudo puede usarse para enmascarar un trauma (como pasa con el "bypass" espiritual) y así evitar encarar lo que de hecho podría liberar a la persona del veneno del trauma enterrado. También nos señala el concepto erróneo sostenido por tantas personas cuyo conocimiento es "tan profundo como la piel" (es decir, superficial), por así decir. De aquellos cuyo intelecto suplanta a la realidad hasta el punto de que la imposición de esa "verdad espiritual" causa daño a las personas porque en realidad no es la verdad espiritual, sino unos conceptos intelectuales que se imponen a quienes están realmente buscando ayuda.

La grandiosidad basada en la vergüenza siempre se manifiesta como una sensación de ser más o menos que un ser humano. Obviamente, soy consciente de que en última instancia somos más que humanos, pero si podemos aceptar verdaderamente la propia humanidad, la universalidad de nuestro verdadero ser, en última instancia no es una realidad fácil de describir, pero puede ser experimentada. Pero este es un terreno resbaladizo en el que la gente puede muy bien caer en el engaño y la negación. En el que las personas pueden además transformarse en gurús "superiores" y sabelotodos, si tienen inclinación al narcisismo (el narcisismo, dicho sucintamente, es una intensa y sobrecogedora huida de la experiencia de la vergüenza).

☼☼☼

En esos mismos comentarios en inglés hubo una breve respuesta, donde alguien dijo:

Escrito por Shawn, 5 de noviembre de 2017:

 Yo diría que eso califica como una publicación explosiva. La pregunta que todos se plantearán: ¿dónde está ese libro inédito?

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Java contestó añadiendo tres nuevos comentarios, el primero de los cuales contiene varios párrafos interesantes sobre el tema, así que traduzco esos párrafos en concreto y me salto el resto:

Comentario Java-2
Escrito por Java, 8 de noviembre de 2017:

Hola, Shawn:

Una amiga mía y de Suzanne le preguntó al editor (de Blue Dove Press) si tenía una copia del manuscrito de Suzanne, y él respondió que sí. Sin embargo, cuando mi amiga se presentó para echarle un vistazo, él le dijo que el manuscrito se había perdido. Por diversas razones ninguna de nosotras creyó eso. Pensamos que el problema era más bien que él no quería que el manuscrito fuera publicado.

El esposo de Suzanne, Steve (con quien se casó poco antes de fallecer), quedó —hasta donde yo sé— a cargo del patrimonio de Suzanne y se convirtió en el tutor legal de su —entonces adolescente— hija Arielle, puesto que él ya había sido durante muchos años una figura paterna para ella. Las pertenencias de Suzanne, incluido su libro, quedaron en su posesión. Puede que haya otras copias por ahí, pero no serían publicables sin permiso de todos modos.

Imagino que él nunca se decidió a procurar que se publicara tras el rechazo a hacerlo de la editorial Blue Dove, pero como nunca me mantuve en contacto con él no lo sé a ciencia cierta. Dado que el intentar la publicación era una responsabilidad suya, supongo que por algún motivo eligió no hacerlo. Él estuvo con Suzanne (la mayor parte del tiempo) durante muchos años antes de "Collision" y fue testigo de la popularidad que Suzanne obtuvo como maestra tras la publicación de "Collision"; en realidad no conozco sus pensamientos sobre el tema. Aunque no puedo estar segura, me imagino que tal vez decidió dejar todo este tema en paz.

Creo que lamentablemente hay una inmadurez en los buscadores espirituales de nuestra cultura y época, que revela una especie de avidez espiritual por la "gratificación instantánea", incluso en el ámbito espiritual. Los despertares espontáneos ocurren... pero a menudo son exagerados o pretenciosos, o malinterpretados por quien los experimenta. Especialmente cuando por el mundo desfilan tantas personas declarando haber despertado y amontonando seguidores. Esto, desafortunadamente, puede ser una espada de doble filo. Por un lado, qué bien que la gente pueda llegar a saber que la verdad del ser está disponible para ser experimentada ahora. Por otro lado, esto puede dar lugar a muchos malentendidos, por no mencionar las majaderías necias y las farsas de los impostores.

Una explosión de esto despegó con los neo-advaitas que vinieron después de que Andrew Cohen y Gangaji popularizaran a una persona bastante desconocida hasta ese momento: Hariwansh Lal Poonja (o Hari Vansh Lal Poonja: Papaji). Aunque Papaji estaba claramente enamorado de Andrew al principio y le pidió que saliera a propagar el mensaje, la mayoría de la gente sabe que eso no salió como se esperaba. Andrew se convirtió en un presumido líder de secta vanaglorioso que finalmente fue echado por tierra (despreciado) por sus propios seguidores, quienes denunciaron públicamente innumerables abusos, algunos de los cuales podrían considerarse como tortura. Él todavía intenta reclamar su estatura (su importancia) hasta el día de hoy con excusas baratas y excesivamente públicas acerca de haber "matado a su ego" haciendo cosas tales como servir durante unos meses en la India de la Madre Teresa (y sin hacerlo en silencio, sino haciendo que todo el mundo se enterara de sus "humildes servicios"). Este podría verse como uno de los muchos ejemplos de alguien que "se despierta" a una conciencia más expandida y que luego sale y reclama su superioridad espiritual y se pone el manto del maestro/gurú. Obviamente, en este contexto, despertar no es sinónimo de iluminación. Es algo gracioso en cierto sentido (para mí) que Papaji dijera también en numerosas ocasiones que todas estas personas (salidas de sus satsangs) que salieron a enseñar por su cuenta se estaban yendo al infierno. Ocasionalmente mencionó nombres concretos. Sin embargo, estos seguían multiplicándose.

El quid de la cuestión es la inmadurez. Y las personas que proyectan (inventan) vínculos imaginarios con maestros y gurús famosos basándose en afirmaciones que de hecho están lejos de ser precisas, y también a menudo basadas en deseos inconscientes de encontrar una figura salvadora que los empodere. Y el "bypassing" espiritual, queriendo decir, en pocas palabras, usar la espiritualidad para evitar la propia sombra de uno, por ejemplo usar la frase "de todos modos nada es real" como una excusa para vivir en la negación.

(...)

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Un breve apunte sobre la información suministrada por "Java"

Si Suzanne Segal escribió un segundo libro para deshacer el equívoco que ella misma había contribuido a propagar con su primer libro, parece que podemos deducir que ella intentó sincerarse, aunque tal vez le resultaba difícil realizar esa confesión cara a cara con quienes la idolatrizaban. Es difícil decirles directamente a la cara «En realidad al final he visto que no estoy iluminada», cuando se había pasado unos años afirmando lo contrario en sus grupos, en sus charlas y en su primer libro. Confesar algo así cara a cara puede resultar difícil, pero escribirlo en un libro probablemente resultaba mucho más llevadero. Hubiera sido interesante que los editores hubieran aceptado la propuesta de Suzanne de publicar ese segundo libro. Han pasado muchos años y ese segundo libro parece haber quedado en el olvido. Pero quién sabe... quizá algún día acabe siendo publicado, si los futuros herederos de los derechos lo ven oportuno y no han perdido la copia.

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Una breve consideración sobre el miedo

Aunque Suzanne Segal al final de su vida llegó a la conclusión de que sus aterradoras experiencias de despersonalización se debían a la represión de los recuerdos de abusos sexuales en su infancia, esto no significa que el miedo no pueda ocurrir en procesos espirituales genuinos. En primer lugar, en el fondo, todo lo que experimentamos —agradable o desagradable— forma parte de nuestro proceso de despertar (otro asunto es que seamos conscientes de ello o no). En segundo lugar, el miedo aparece a veces en algunas etapas incluso avanzadas del camino espiritual, lo que podríamos llamar "noches oscuras del alma". En tercer lugar, a veces si uno se lanza de golpe a ciertos enfoques espirituales sin tomar la precaución de acompañar el proceso con una preparación adecuada, el resultado es que uno puede acabar asustándose incluso de la verdad, por ejemplo, al tomar conciencia de hasta qué punto es literalmente cierto que la propia individualidad es una ilusión (una cosa es saberlo intelectualmente y otra comenzar a ver directamente que es así).

Esto es algo válido para todos los caminos espirituales, incluidos los de enfoque no-dual. Por ejemplo, Un Curso de Milagros comenta al respecto:

Algunos de los pasos posteriores de este curso, sin embargo, entrañan un acercamiento más directo a Dios Mismo. No sería prudente iniciar esos pasos sin una preparación cuidadosa, pues, de lo contrario, la reverencia se confundiría con el miedo, y la experiencia acabaría siendo más traumática que beatífica. La curación, en última instancia, procede de Dios. Se te están explicando cuidadosamente los medios. La revelación puede, de vez en cuando, revelarte cuál es el fin, pero para alcanzarlo, los medios son necesarios. (T.1.VII.5.7-11)

Nota: En esta cita, la palabra Dios se refiere a la Verdad Absoluta; las palabras reverencia y revelación se refieren a experiencias espirituales muy profundas (vislumbres temporales de la Verdad). Y en cuanto a la expresión «La curación, en última instancia, procede de Dios», debe entenderse en el contexto global de la enseñanza de Un Curso de Milagros: la curación (despertar del sueño de la dualidad) no viene directamente de Dios/Absoluto, puesto que lo Absoluto ni siquiera reconoce las ilusiones (y despertar es otra ilusión), no sabe nada de ellas porque no existen. Sin embargo, en última instancia el despertar (la "última de las ilusiones") tiene su causa en lo Absoluto, no porque lo Absoluto haga nada con respecto a las ilusiones (lo que no existe no existe), sino porque la Verdad (lo Absoluto) por el mero hecho de ser Ella Misma, imposibilita la presencia de ilusiones. Por lo tanto, expresado en nuestros términos podríamos decir que las ilusiones se desvanecen en cuanto dejamos de jugar a que sea posible ocultar la Verdad. En cuanto aceptamos la luz (la Verdad), en ese mismo instante se desvanecen las sombras (las ilusiones). En cierto modo, el proceso de despertar es una especie de eco de la Verdad, una traducción (en el plano ilusorio) de la Verdad, que dice: No hay nada que temer, porque soy lo único que existe: AMOR INMUTABLE.

De esta manera el Espíritu Santo reemplaza al miedo por el amor y transforma el error en verdad. (T.12.I.10.4)

Nota: Las palabras Espíritu Santo se refieren al reflejo de la Verdad en el plano de las ilusiones, un reflejo que también podemos nombrar con otras palabras, como por ejemplo Maestro interior.

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Reflexión final

El propósito de este post podría ser aportar algo de contexto para que no caigamos tan fácilmente en la tentación de idolatrizar a determinados compañeros del camino que, aunque algunos de ellos tengan muchos seguidores y sean muy inspiradores en múltiples aspectos, no por ello podemos garantizar que estén iluminados. El Maestro interior o profunda intuición interna nos ayudará a encontrar los aspectos útiles del mensaje de cada compañero en el camino (esté iluminado o no, e incluso si es alguien que no sepa nada a nivel consciente de espiritualidad, nuestro vecino por ejemplo), aprovechando lo que nos ayude en nuestro proceso, sin por ello tomar a pie juntillas todas las ideas que estos hermanos comparten con nosotros.

La verdad no está en este artículo, ni en los libros de estos u otros maestros. La verdad no está ni siquiera en las palabras escritas o pronunciadas por los iluminados. Las palabras son siempre aproximaciones, unas más útiles que otras. Aunque las palabras pueden ayudarnos a ir reconociendo gradualmente la verdad hacia la que apuntan, sin embargo en última instancia hemos de reconocer que la verdad está más allá de las palabras. Por ello, nunca la encontraremos escrita en un libro o divulgada en una charla. La verdad solo puede ser encontrada dentro de nosotros mismos. El Maestro interior nos la susurra constantemente en su inspiración más allá de las palabras. Escuchemos. Finalmente, la verdad trasciende incluso al Maestro interior, pues el Maestro interior es una metáfora, mientras que la Verdad es la verdad de nuestro propio Ser, lo único que ES.

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LINKS COMPLEMENTARIOS:

En español

Links de mis blogs mencionados a lo largo de este artículo:

¿Qué es la no-dualidad?: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/02/que-es-la-no-dualidad.html

Unas metáforas sobre la iluminación: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/09/unas-metaforas-sobre-la-iluminacion.html

Otros links en idioma español:

Despersonalización (Wikipedia): https://es.wikipedia.org/wiki/Despersonalizaci%C3%B3n

Trastorno de despersonalización (Wikipedia): https://es.wikipedia.org/wiki/Trastorno_de_despersonalizaci%C3%B3n

Trastorno de desrealización (Wikipedia): https://es.wikipedia.org/wiki/Desrealizaci%C3%B3n

Vídeo: Suzanne Segal — por Sanatha: https://www.youtube.com/watch?v=UiOHqc9k2ZA

Tema sobre la despersonalización en el foro Concordia y Plenitud: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t232-despersonalizacion-y-desrealizacion-cuando-todo-parece-un-sueno (en este hilo del foro participo —como "Toni"— en algunos comentarios, refiriéndome a Suzanne Segal en mis dos primeros comentarios, aunque en aquel entonces no disponía de la cantidad de información que he compartido ahora sobre Suzanne, pues no había aún leído su libro y en mi primer comentario me referí a ella sin siquiera mencionar su nombre porque no lo recordaba).

En inglés: 

Wikipedia en inglés — Suzanne Segal: https://en.wikipedia.org/wiki/Suzanne_Segal

The amazing story of Suzanne Segal: https://myenlightenmentdelusion.com/2017/04/26/the-amazing-story-of-suzanne-segal/

Entrevista a Suzanne Sugal: https://realization.org/p/suzanne-segal/suzanne-segal-interview.lumiere-wins.html Otro link donde ponen la misma entrevista, por si algún día uno falla, que haya otro a mano: http://www.spiritualteachers.org/suzanne-segal-interview/

Spiritual Teachers (la web donde encontré los comentarios de "Java"): http://www.spiritualteachers.org/suzanne-segal/

AMAZON — Collision with the Infinite: https://www.amazon.es/Collision-Infinite-Life-Beyond-Personal/dp/8178221136/ref=sr_1_cc_1?s=aps&ie=UTF8&qid=1525483060&sr=1-1-catcorr&keywords=Suzanne+Segal (es la web donde adquirí el libro).

Tres interesantes comentarios sobre Suzanne Segal en la AMAZON de Estados Unidos: Comentario 1 (es el principal de estos comentarios). Comentario 2. Comentario 3.

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