lunes, 24 de enero de 2011

Tres anécdotas con Ramana Maharshi

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Las primeras dos anécdotas son sacadas de "Conversaciones con Sri Ramana Maharshi". La tercera, del libro "Cartas desde Sri Ramanasraman". La primera refiere la visita de un tipo peculiar, quien afirmaba haber alcanzado "la consciencia transcendente". La segunda anécdota trata sobre un visitante pesado y con tendencia a debatir por debatir, mentalmente, sin escuchar realmente. En la tercera anécdota le hablan a Ramana Maharshi de alguien que poseía determinado siddhi (poder) y refiere brevemente los comentarios que hizo al respecto. Como en otros posts, en los diálogos la M se refiere a Ramana Maharshi y la D al devoto o visitante que conversa o pregunta. Pongo cada uno de los tres fragmentos (las tres anécdotas) con un color diferente cada uno.

30 de mayo de 1936

En la sala hay una ardilla a la que se tiene como mascota. Habitualmente, se retira a su jaula antes que anochezca. Justamente cuando el Maharshi le estaba diciendo a la ardilla que se retirara por la noche, un visitante que había anunciado que había obtenido la consciencia transcendente sugirió que podría ofrecérsele agua, puesto que probablemente estuviera sedienta en esta noche calurosa. Su presunción de comprender a los animales no evocó ninguna respuesta. Entonces, repitió lo dicho. Después de un silencio de unos minutos, el Maharshi dijo: —Probablemente usted esté sediento después de su larga meditación al sol abrasador sobre las rocas calientes y quiera beber un jarro de agua.

D: Así es. He tomado agua.

M: La ardilla no está tan sedienta. Debido a que usted estuvo practicando austeridades bajo el calor del sol, debe sentirse sediento. ¿Por qué prescribir eso para la ardilla?

El Maharshi agregó: —Le vi quieto sobre las rocas calientes, cara al sol con los ojos cerrados. Estuve allí un rato pero no quise perturbarle y vine aquí. Estas gentes obran como mejor les place.

D: No me propuse de antemano lo que hice. Fue espontáneo.

M: ¡Ah, ya veo! ¡Todo lo que nosotros hacemos, lo hacemos con intención! ¡Usted parece haber trascendido todo!

D: No es ésta la primera vez que lo hacía. Usted mismo me inspira y me hace hacer todas estas cosas. Sin embargo, usted me pregunta por qué lo hice. ¿Cómo es eso?

M: Comprendo. Usted está realizando acciones que están controladas por mí. Entonces, similarmente, también debería considerarse que los frutos son míos y no suyos.

D: Indudablemente, lo son. Yo no actúo según mi libre albedrío, sino inspirado por usted. Yo no tengo voluntad propia.

M: ¡Basta de tonterías! ¿Cuál es la diferencia entre ustedes dos?

D: Yo no veo ninguna diferencia. Pero yo no tengo voluntad, y actúo sin ella.

M: Usted ha subido a lo alto, por encima de la tendencia común. Nosotros obramos con voluntad personal.

D: ¿Cómo, señor? Usted ha dicho en una de sus obras que la acción puede ser automática.

M: ¡Basta, basta! ¡Usted y otro visitante se comportan como seres trascendentales! Ustedes están plenamente ilustrados. ¡No necesitan aprender más! Yo no habría dicho todo esto si ustedes no hubieran venido aquí frecuentemente. Hagan lo que les plazca. Pero estas excentricidades de la etapa de principiante se conocerán bajo su verdadera luz después de algún tiempo.

D: ¡Pero yo he estado en este estado durante mucho tiempo!

M: ¡Ya basta!

12 de marzo de 1939

Un hombre de unos 30 años, de buen aspecto, llegó a la sala con unos cuantos acompañantes. El hombre comenzó abruptamente: —Decir «yo-yo» no puede ayudar a nadie a obtener la meta. ¿Cómo puede «yo» ser señalado?

M: Debe ser encontrado dentro. No es un objeto que pueda ser mostrado por uno a otro.

D: Cuando se da la instrucción para encontrar al «yo», la instrucción debe hacerse completa mostrando lo que ello es.

M: La instrucción aquí equivale sólo a la dirección. Depende del buscador seguir la dirección.

D: El buscador es ignorante y busca instrucción.

M: Por eso es guiado a encontrar la Verdad.

D: Pero eso no es suficiente. El «yo» debe ser señalado específicamente.

El hombre asumía una actitud agresiva y no escuchaba. Sri Bhagavan trataba de explicar, pero él no permitía a Sri Bhagavan hacerlo. Finalmente, Sri Bhagavan dijo: —Esto no es la actitud de un buscador. Cuando alguien enseñe humildad al buscador, éste encontrará la vía —y no hasta entonces.

Comenzó el canto de los Vedas.

Un devoto presente se refirió casualmente a la conversación. Sri Bhagavan dijo nuevamente: —El buscador debe escuchar y tratar de comprender. Por otra parte, si él quiere ponerme a prueba, que lo haga. Yo no argumento.

El hombre comenzó de nuevo: —Mi actitud no fue comprendida adecuadamente. Yo quiero conocer al «yo». Debe serme señalado.

Pero él mostraba considerable malicia. A los demás esto les desagradó e intentaron persuadirle. Él se puso peor. Finalmente, Sri Bhagavan dijo: —Vuelva por la vía que usted ha venido. Hágalo externamente o internamente, como le cuadre.

El hombre creció en excitación y los otros también se excitaron igualmente. Finalmente fue conducido fuera de la sala y expulsado.

Más tarde se supo que el hombre era un adepto del yoga y que solía denostar a todos los demás métodos. Acostumbraba a vilipendiar al jñana y a los jñanis.


La tercera anécdota la cuenta Suri Nagamma en "Cartas desde Sri Ramanasraman". Ella escribió este comentario en julio de 1946:

Recientemente, una persona le dijo a Bhagavan que tenía un amigo que podía ver los límites de sukshma sakti (poderes sutiles), que había visto los límites del poder sutil de Mahapurushas (grandes almas), que entre ellos el sutil poder luminoso de Sri Aurobindo se extendía a una distancia de tres kilómetros, que el de Bhagavan pudo verle hasta cinco kilómetros, pero no pudo ver a qué distancia más allá se extendía y que el poder de luz de Buddha y otros no se había extendido a tanta distancia. Habiéndole escuchado pacientemente hasta el final, Bhagavan dijo con una sonrisa: «Por favor dígale que primero debe mirar a su propio poder de luz antes de mirar la extensión de los poderes sutiles de tantos otros. ¿Qué es todo esto acerca de los límites de los poderes sutiles y examinarlos? Si uno mira dentro de su propio Sí mismo, todas estas ideas necias no surgen. Para el que se realiza a sí mismo, todas estas cosas son meras fruslerías».

Bien, ya tenemos suficientes anécdotas por ahora jejeje... ¡Saludos!
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