miércoles, 14 de marzo de 2012

Ramana Maharshi sobre la felicidad

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Un par de fragmentos de algunas de las respuestas de Ramana Maharshi recogidas por el devoto Suami Mádhavatirth:

Pregunta: Si en el estado de nirvikalpa [el estado en el que no hay diferenciación alguna] no hay más que atman [el Ser], ¿cómo se puede experimentar ánanda [dicha suprema]?

Ramana: Lo que pasa es que tú crees que sólo puedes sentirte feliz cuando conectas con algo distinto a ti, pero eso no es cierto. Ánanda es la mismísima naturaleza del Ser. La felicidad que obtienes gracias a otras cosas forma parte de la felicidad del atman, pero siempre es incompleta. Como es necesario un objeto externo [para sentirse feliz], uno siempre siente que le falta algo pero, cuando se tiene la sensación de que sólo existe el atman, la felicidad permanente siempre está contigo.

Tomado de la página 323 del libro «El Poder de la Presencia», volumen 1, de David Godman. Y en la página siguiente, la 324, añadimos como complemento el final de otra de sus respuestas, que acaba así:

Ramana: Si enfocas la mente en tu interior, se acabará tu infelicidad. Si consideras que el mundo es una creación de la imaginación del alma individual, entonces es imprescindible desprenderse de esa imaginación. Si crees que Dios ha creado el mundo, entonces entrégale a Él todas tus responsabilidades y deja que Él se ocupe de la carga del mundo.

También el célebre Nisargadatta Maharaj habló a veces sobre el tema, como leí recientemente:

Nisargadatta Maharaj: Para un jnani el momento de la supuesta muerte es el más dichoso, debido a que va a la fuente misma de la dicha. La Eternidad es dicha, el océano de néctar mismo, inmortal. Este trocito de conversación está tomado del libro «Semillas de Consciencia», de la página 83 según la versión en PDF descargable aquí: http://nytz.files.wordpress.com/2012/02/36526648-maharaj-nisargadatta-sri-semillas-de-con-ciencia.pdf

Una breve tercera referencia es Un Curso de Milagros, donde se menciona frecuentemente la dicha y la felicidad, por ejemplo en la brevísima frase:

La dicha es eterna. (T.22.II.3.4) (Página 527)

¡Saludos!
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