lunes, 27 de agosto de 2012

Felicidad

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Sacado de un relato de Lev Tolstói (León Tolstoi). Este relato se titula «Después del baile».

(...) A pesar de que era infinitamente feliz, o así me lo parecía, mi felicidad no dejaba de crecer. (...)

Tolstói
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sábado, 25 de agosto de 2012

¿No será todo un sueño?

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Trocito sacado de un largo relato de Lev Tolstói (León Tolstoi). Este relato se titula «Amo y criado».

(...) «¿No será todo un sueño?», pensó, y quiso despertar, pero ya estaba despierto. (...)

(...)

(...) Sintió que era libre y que ya nada podía retenerle.

Vasili Andreich no vio ni oyó ni sintió nada más en este mundo. (...)

Tolstói
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jueves, 23 de agosto de 2012

Historia de un caballo (Tolstói)

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Fragmento de un relato de Lev Tolstói (León Tolstoi). Este relato se titula «Historia de un caballo» y el narrador del relato es el caballo:

(...) En la vida los hombres no se guían por los hechos, sino por las palabras. Aprecian no tanto la posibilidad de hacer o no hacer algo como la posibilidad de referirse a diversos objetos con palabras convencionales. Esas palabras, que entre ellos se consideran muy importantes, son «mío» y «mía», y las aplican a toda clase de cosas, animadas e inanimadas; incluso a la tierra, a los hombres y a los caballos. Han convenido que de un objeto determinado una sola persona pueda decir: «es mío». Según ese juego que se estila entre ellos, quien está en condiciones de decir «mío» a un mayor número de cosas, se considera la persona más feliz. Desconozco la razón de todo eso. Durante mucho tiempo he tratado de explicarme esa situación suponiendo que de ella se derivaba alguna ventaja directa, pero esa interpretación se ha revelado equivocada.

Por ejemplo, muchas personas que me consideraban de su propiedad ni siquiera me montaban; lo hacían otros. No eran ellos quienes me daban de comer, sino otros. Tampoco eran ellos quienes me cuidaban, sino los cocheros, los albéitares y, en general, personas ajenas. Más tarde, cuando ensanché el círculo de mis observaciones, me convencí de que ese concepto de propiedad no tenía ningún otro fundamento que un bajo instinto animal que ellos llaman sentido o derecho de propiedad, y no sólo con respecto a nosotros, los caballos. El hombre dice «mi casa», pero nunca vive en ella; tan sólo se preocupa de su construcción y de su mantenimiento. El comerciante dice «mi tienda» o «mi pañería», por ejemplo, y el paño de sus prendas es peor que el que vende en la tienda. Hay gente que considera suya una parcela de tierra que nunca ha visto ni pisado. Hay gente que llama suyos a hombres que jamás ha visto; y toda su relación con ellos consiste en hacerles daño. Hay hombres que llaman suyas a algunas mujeres, pero esas mujeres viven con otros hombres. En la vida los hombres no se preocupan de hacer el bien, sino de poder llamar suyas al mayor número de cosas. Ahora estoy convencido de que ésa es la diferencia fundamental entre los hombres y nosotros. En suma, sin mencionar siquiera otras cualidades que nos hacen superiores a los hombres, sólo por eso podemos afirmar con toda seguridad que, en la escala de los seres vivos, nos encontramos por encima de ellos. El comportamiento de los hombres, al menos de aquellos a los que he tratado, se rige por las palabras; el nuestro, por los hechos. (...)

Lev Tolstói
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miércoles, 22 de agosto de 2012

Un guía infalible

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Sólo tenemos un guía infalible, el Espíritu Universal, que penetra en todos conjuntamente y en cada uno por separado, insuflando en todos la aspiración de lo que debe ser; es el mismo espíritu que ordena al árbol crecer hacia el sol, a la flor arrojar semillas en otoño y a nosotros estrecharnos espontáneamente unos a otros.

Tolstói (en uno de sus relatos)

Lo he leído en el libro recopilatorio titulado «Lev Tolstói: Relatos».

¡Saludos!
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martes, 21 de agosto de 2012

Sólo hay un momento importante

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Mini-fragmento de un relato de Lev Tolstói (León Tolstoi). Este relato se titula «Tres cuestiones».

Recuerda, pues, que sólo hay un momento importante: el ahora.

Tolstói
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lunes, 20 de agosto de 2012

¿Y por qué no?

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Brevísimo fragmento de un relato de Lev Tolstói (León Tolstoi). Este relato se titula «Aliosha Puchero».

— ¿No irás a morirte? —le preguntó Ustinia.
— ¿Y por qué no? No se puede vivir eternamente. A todo el mundo le llega su hora (...)

Tolstói
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domingo, 19 de agosto de 2012

Lo que esperaba sucedió

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Frase escogida de un relato de Lev Tolstói (León Tolstoi). Este relato se titula «El diablo».

Lo que esperaba sucedió.

Tolstói
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sábado, 18 de agosto de 2012

Dostoievski: El sueño de un hombre ridículo

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Lo siguiente son algunos trocitos (descontextuados) de un cuento de Fiódor Dostoievski, de 1877, titulado «El sueño de un hombre ridículo» (las ocasionales letras en cursiva son del autor del cuento):

(...) Puede que fuera por aquello de que en mi alma crecía una terrible melancolía debido a un hecho, que era infinitamente superior a mí; para ser más exactos, se había apoderado de mí la única convicción de que en el mundo todo daba igual. Lo venía presintiendo desde hacía ya tiempo, pero la convicción completa se me presentó de pronto el último año. De repente sentí que me daba igual que existiera el mundo o que no existiera en absoluto. Comencé a percibir con todo mi ser que nada existía a mi alrededor. Al principio creí que, a pesar de todo, en otros tiempos hubo muchas cosas, pero más tarde llegué a la conclusión de que tampoco antes las hubo, de que todo era una ilusión. Poco a poco me fui convenciendo de que jamás existiría nada. Entonces de pronto dejé de enfadarme con la gente, y apenas me percataba de ellos. La verdad es que eso afloraba incluso en las nimiedades más insignificantes; por ejemplo, iba por la calle y me chocaba con la gente. Y no era porque fuera ensimismado y pensativo: no tenía nada en que pensar; por aquel entonces dejé de pensar completamente: todo me daba igual. Si al menos hubiera resuelto algún problema; pero no resolví ninguno. ¡Y cuántos había! Pero todo me daba igual, y todos los problemas se apartaban de mí por sí solos.

Fue después cuando conocí la verdad. (...)

(...)

(...) de repente una niña me agarró por el codo. (...)

(...) Me senté, encendí una vela y me puse a meditar. Al lado, en otra habitación, detrás del tabique, continuaba la juerga. Llevaban así ya tres días. Allí vivía un capitán retirado, que tenía invitados —unos seis troneras— que bebían vodka y jugaban a las cartas con unos viejos naipes. La noche anterior hubo pelea, y sé que dos de ellos se habían tirado de los pelos durante un buen rato. La casera quiso presentar una denuncia, pero le tiene mucho miedo al capitán. (...) por más que puedan gritar al otro lado del tabique, y por más gente que pueda haber allí, a mí siempre me resulta indiferente. Permanezco toda la noche sentado, y la verdad es que ni los oigo, hasta tal punto me abstraigo y me olvido de que están allí. No me duermo en toda la noche hasta el amanecer; y así ha transcurrido ya un año. Durante la noche entera estoy sentado en el sillón, delante de la mesa sin hacer nada. Los libros los leo sólo durante el día. Permanezco sentado y ni siquiera pienso, sino que dejo que algunas ideas me ronden, y yo las dejo vagar a su libertad. Durante la noche se gasta toda la vela. 

Me senté despacio junto a la mesa, saqué el revólver y lo puse delante de mí. Cuando lo coloqué, recuerdo que me hice una pregunta a mí mismo: «¿Ha de ser así?», y completamente convencido me dije: «Así ha de ser». Es decir, me suicidaré. Sabía que probablemente me suicidaría aquella noche, pero ignoraba cuánto tiempo permanecería así sentado junto a la mesa. Y sin duda alguna me habría dado un tiro en la cabeza, de no ser por aquella niña.

II

Ya lo ven: aunque todo me daba igual, yo —por poner un ejemplo— sentía dolor. De haberme dado alguien un golpe, habría sentido dolor. Y lo mismo sucedía en el sentido moral: si hubiera ocurrido algo muy penoso, habría sentido la pena de igual modo que entonces, cuando todavía no todo en la vida me resultaba indiferente. (...) Se me presentaba con toda claridad que si yo era una persona, y aún no me había convertido en un cero, y hasta que ello sucediera, en tal caso, estaba vivo, y por consiguiente era capaz de sufrir, enfadarme y experimentar la vergüenza por mis actos. (...) si me suicidaba, el mundo desaparecería, al menos para mí. Por no hablar de que en realidad era probable que ya nada existiera tras mi desaparición, y que cuando se apagara mi conciencia, se apagaría y desaparecería al instante todo el mundo, como si fuera una aparición de mi conciencia, pues tal vez todo ese mundo, y toda esa gente, no eran únicamente más que yo. (...)

III

(...)

Finalmente vi y conocí a la gente que habitaba esta feliz Tierra. Se acercaron a mí. Me rodearon y empezaron a besarme. ¡Hijos del sol! ¡Eran los hijos de su sol! ¡Oh! ¡Qué maravillosos eran! Jamás había visto en nuestra Tierra hombres tan bellos. Quizás pudiera encontrarse algún reflejo de aquella belleza, aunque lejano y algo debilitado, entre nuestros niños en su más tierna infancia. Los ojos de esta gente feliz brillaban con un esplendor claro. Sus rostros irradiaban raciocinio y algún grado de conciencia reconciliadora; pero a su vez  sus caras eran alegres; en las palabras y las voces de aquella gente se percibía una alegría infantil. ¡Oh! Al instante de ver aquellos rostros, lo comprendí todo. Era una Tierra que no estaba mancillada por el pecado original, y donde vivía gente que no había caído; vivían en el mismo paraíso en que, según la tradición, también habitaron nuestros procreadores, con la única diferencia de que toda la Tierra aquí era el mismo paraíso. Esas personas, sonriendo alegremente, se acercaban a mí y me acariciaban; me condujeron consigo, y cada uno de ellos deseaba tranquilizarme. ¡Oh! No me hacían ningún tipo de preguntas, pero parecían saberlo todo, o eso es lo que me parecía a mí; deseaban borrar cuanto antes el sufrimiento de mi rostro.

IV

(...) No deseaban nada y estaban tranquilos, no ansiaban conocer la vida como lo hacemos nosotros, porque su vida había alcanzado toda la plenitud. Sin embargo, sus conocimientos eran más profundos y elevados que los de nuestra ciencia, pues ésta busca explicar la vida, tendiendo a su vez a adquirir conciencia de ella con el fin de enseñar a vivir a otros; ellos, por el contrario, sabían cómo habían de vivir incluso sin la ciencia, y yo lo entendí, pero no conseguí comprender sus conocimientos. Me mostraban sus árboles, y yo no conseguía comprender el grado de amor con que los contemplaban: parecía enteramente que hablaban con seres semejantes. Y ¿saben?: probablemente no me equivocaría si dijera que hablaban con ellos. Sí, habían encontrado su idioma y estoy convencido de que los árboles les entendían. Del mismo modo contemplaban toda la naturaleza (...) Ellos eran tan veloces y alegres como los niños. (...) Se alegraban cuando nacían sus hijos por ser nuevos partícipes de su dicha. No había disputas entre ellos, ni celos, y ni siquiera comprendían lo que eso significaba. Sus hijos eran de todos, porque todos componían una familia. (...) No tenían templos, pero sí un contacto vital e ininterrumpido con el Todo universal (...)

(...)

V

(...)


(...) ¿Acaso nuestra vida no es un sueño? (...) Lo más importante es que ames a tus semejantes como a ti mismo, y eso es lo fundamental; creo que no se necesita nada más: al instante encontrarías cómo ordenar tu existencia. (...)

Dostoievski
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viernes, 17 de agosto de 2012

La ciencia: un tipo de fantasía

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La ciencia no es sino una especie de variedad de la fantasía, una especialidad de la misma, por así decirlo, con todas las ventajas y peligros que la especialidad comporta.

Georg Groddeck
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miércoles, 15 de agosto de 2012

Las memorias de un loco

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Me ha gustado mucho el final del siguiente relato de Lev Tolstói (León Tolstoi). Este relato se titula «Las memorias de un loco» y fue escrito entre 1883 y 1884.

Copio las líneas finales:

(...) más tarde, en la salida, estaban los pobres. Y en ese instante comprendí que todo eso no debería existir. Y no sólo que no debería existir, sino que en realidad no existía. Y si eso no existía, tampoco existían la muerte ni el miedo; ya no sentía en mi interior el desgarro de antes ni tenía miedo de nada. Entonces la luz me iluminó por completo y me convertí en lo que soy. Si no había nada de todo eso, entonces tampoco existía dentro de mí. Y allí mismo, en el atrio, di a los pobres todo lo que llevaba, treinta y seis rublos, y regresé a casa a pie, conversando con los campesinos.

Tolstoi

Regreso a Casa... conversión en lo que Soy... inexistencia de lo irreal... bello relato. Lo he leído en el libro recopilatorio titulado «Lev Tolstói: Relatos».

¡Saludos!
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sábado, 4 de agosto de 2012

Entrevista a David Icke (febrero de 2012)

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La siguiente entrevista fue realizada por Trinity a Tierra en febrero de 2012. Gracias a Trinity a Tierra y a La Caja de Pandora, Lighthouse Bcn y a todas las personas que de un modo u otro han contribuido a este aporte. Incluido en este agradecimiento está también, cómo no, David Icke.

Todo este post lo he sacado de aquí: http://www.trinityatierra.com/2012/08/04/entrevista-a-david-icke-por-trinity-a-tierra-febrero-2012/

La entrevista se puede ver en forma de vídeos subtitulados, o quienes prefieran leerlo más deprisa está también en dos archivos PDF:

ENTREVISTA A DAVID ICKE

Entrevista Conducida por Trinity

Grabada el 13 de Febrero de 2012 en Casa de David Icke en la isla de Wight

Vídeo 1: (1 hora 18 minutos) http://youtu.be/9fKMdIWjedk



Vídeo 2: (1 hora 22 minutos) http://youtu.be/OIJXagv_LLU



Archivo PDF 1, primera parte de la entrevista: http://www.lacajadepandora.eu/wp-content/uploads/2012/08/David-Icke-Traduccion-1-PARTE_.pdf (Link de respaldo de seguridad, por si alguna vez falla disponer de alternativa: parte 1 bis)

Archivo PDF 2, segunda parte de la entrevista: http://www.lacajadepandora.eu/wp-content/uploads/2012/08/David-Icke-Traduccion-2-PARTE.pdf (Link de respaldo de seguridad, por si alguna vez falla disponer de alternativa: parte 2 bis)

Saludos
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